Aquella tarde (+18)

Este relato contiene temática adulta. Léelo únicamente si eres mayor de edad y crees que puedes darle una oportunidad. Y si no, declino cualquier responsabilidad, pues no obligo a nadie a leerlo. Con todo, espero que quien lo lea lo disfrute.

—Me estoy aburriendo —se quejó ella.

Él entendía su protesta. La película que había en la tele era muy aburrida. Los dos se habían echado en el sofá, y tenían la intención de ver algo, pero estaban a punto de quedarse dormidos. A esas horas nunca emitían nada bueno.

—Voy a cambiar de...
—No. No te molestes —le dijo la chica—. Me parece que se me ocurre una idea más divertida.

Empezó a acariciarle la pierna con las yemas de los dedos. Oh, bien. Él sabía dónde quería llegar. Juguetona. Continuó así un rato, sin volverse hacia su chico. Éste tenía su cuello cerca. Se aproximó y empezó a rozarlo con sus labios, exhalando. La chica sintió un escalofrío.

Cuando se dio la vuelta y la tuvo de frente, se besaron. Continuó acariciándole mientras éste se iba colocando encima de ella. Le retiró lentamente la camiseta a la chica.

—Traviesa... ¿tenías esto planeado? —le preguntó, dado que su novia no llevaba sostén.

Ella le dirigió una mirada de falsa inocencia. Bueno, si le apetecía jugar, eso harían. Se inclinó hacia delante para besarla, mientras sus manos le recorrían lentamente las caderas. Ella le hizo incorporarse un poco para desabrocharle la camisa. Contempló su torso, pero él no tardó en continuar con su “tarea interrumpida”.

Empezó a besarla por el cuello. Sus labios le recorrían poco a poco, descendiendo hasta llegar a sus pechos. Los lamió muy lentamente, haciendo que ella se retorciera.

—Por favor, más rápido —pero cada vez que ella le pedía ir más deprisa, él hacía justo lo contrario—. Cómo te gusta torturarme... —añadió, con voz de niña buena.
—Sí, es cierto —admitió él—, porque sé que te encanta.

Se entretuvo a continuación en su pecho izquierdo, mientras que el derecho se lo masajeaba con la mano. Ella empezó a gemir. Empezó a bajarle el pantaloncito mientras iba descendiendo por su vientre con la lengua.

Le retiró el tanga también. Ella se sonrojó. Eso aún la subía los colores. Pero a él no le importaba, le encantaba contemplarla así, desnudita y tímida. Le separó las piernas con cuidado, se acercó al sexo de la chica, y empezó a deslizar su dedo. Ella temblaba.

No tardó en sustituir el dedo por su propia lengua. La chica no pudo reprimir un gemido de placer. Se agarró a los cojines del sofá mientras él continuaba con aquello, a un ritmo lento, pero sin detenerse. Su cuerpo se retorcía levemente a causa del placer. Qué bien se sentía aquello.

—Mmmm… sí… sigue… por favor, sigue —gimió.

Él hizo caso esta vez. Pasó sus brazos bajo las piernas de ella, y continuó lamiéndole su sexo hasta que alcanzó su orgasmo. Todo su cuerpo se tensó en ese momento, pero él no se detuvo hasta pasados unos minutos.

Ella no tardó en hacer su contraataque. Le obligó a echarse hacia atrás y tomó el control. Ella siempre iba al contrario de él. Mientras su novio era alguien que prefería torturarla con su lentitud (sabía que lo había adrede), ella era más de ir a más velocidad, según tuviera el cuerpo y las ganas. Y ahora las ganas eran muchas.

Empezó mordisqueandole por el cuello y acariciándole el torso. Sus manos subieron y bajaron por el cuerpo del chico durante unos breves momentos, antes de detenerse en el pantalón. Se lo desabrochó y se deshizo de la prenda con facilidad.

De un tirón, le liberó del bóxer. Le lanzó una mirada traviesa, antes de lamerle el miembro, desde la base hasta la punta, y luego cerró sus labios alrededor del sexo del chico. Éste dio un respingo. Ella continuó con aquello, aumentando el placer que le daba, a un ritmo considerable. Empezó a masajearle por el cuerpo mientras seguía a lo suyo.

Supuso que le llevaría al menos unos minutos tener un orgasmo, pero se equivocó completamente, ya que en cierto momento él la hizo detenerse y la echó hacia atrás, para quedar nuevamente encima de ella.

—¿Qué haces? Si…
—No digas nada —le instó él—, y dime si estás lista.

Ella asintió con rapidez. El chico dirigió su miembro al sexo de la chica, y se lo introdujo acercándola a él, sujetándola por la cadera. Los jadeos no tardaron en llenar el salón mientras él la seguía penetrando. El ritmo aumentaba al tiempo que los minutos avanzaban.

Ambos estaban ya fuera de control, sus jadeos y gemidos debían llegar ya a la calle, pero no les importaba. Sólo querían que aquella situación se alargase hasta el fin de los tiempos, y a la vez, que terminase. Su deseo se vio concedido cuando ambos se corrieron.

Él logró reclinarse hacia atrás mientras recuperaba el aliento. Ella gateó hacia él´, y se tumbó encima, mirándose fijamente a la cara.

—Debemos agradecer la pésima programación de la tele— le dijo.
—Oh, ¿es que si la película hubiera sido buena nos habríamos saltado este rato de diversión? —le preguntó él, haciéndose falsamente el ofendido.
—No… sabes que tú y yo no necesitamos una excusa para que hagamos esto cuando quedamos.

Comentarios

  1. excelente relato felikis eres muy buen ecritor :D

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