Día de suerte

Aquí traigo otro relato, para amenizar el viernes. Esta vez es para todos los públicos, tranquilos ;) Aún así, no quiero llevarme más méritos de los que corresponden, este relato salió gracias a un pequeño ROL que montamos entre @XoSoGo, @CreamandMaple, @AnnaMtnez y un servidor, que he sido el encargado de redactarlo y adaptarlo para disfrute de todos. Espero que os guste.

Desde niño había sido sigiloso. Y mira qué útil me resultaba ahora para poder contemplar a la chica que me gusta… desde su jardín… detrás de los árboles… sin que se entere. Alguno me dirá: “¡eres un maníaco acosador!” Y una leche. A esto en Estados Unidos no se le llama acoso, se le llama estar enamorado.

—Jo, qué guapa es —murmuro.

¿Y si me atreviera a decirla algo? Pero para eso, lo mejor sería ir desde la puerta delantera, y no desde mi posición, ¿verdad? ¡Pues eso haré! ¡Hoy es mi día de suerte! De forma que me doy la vuelta e intento irme.

¡Tropiezo! ¡Ay! ¡Maldita raíz del árbol! Ahora sí que la he hecho buena. Efectivamente, oigo pasos acercándose, y la pobrecita grita. Oh, pues incluso así tiene una cantarina voz. Ahora me gusta más.

—¿Quién eres? ¡Pervertido! —me grita.
—N-no soy un pervertido —digo poniéndome en pie—. Estaba dando una vuelta y sin saber cómo, terminé en este jardín.
—¡Pero si hay una valla de dos metros!
Oh, porras. Pues nada, tendré que confesar. Y estirar disimuladamente los músculos, no sea que llame a la policía y tenga que salir corriendo. Y voy a hacerlo bonito. Me arrodillo ante ella y abro los brazos.

—Vine aquí para confesarte mi amor. Hace tiempo que te observo y me tienes cautivado. ¡Si tan sólo me dieras una oportunidad!

Se queda todo en silencio. Cómo odio que esto ocurra. Encima me mira cómo si estuviera loco.

—¡¿Y desde cuando me observas?! ¡¿Te has colado también en mi habitación?! —me grita—. ¡No me habrás visto mientras me ducho! —se abraza el cuerpo, como queriéndolo ocultar de mi vista.
—¡Por favor! ¡Nunca cometería semejante afrenta a tu privacidad! ¿Por quién me tomas?

Hay que ver lo bien que hablo. Aunque quizá… después de decir que la he estado mirando, preguntar por qué clase de persona me toma no es lo más indicado. Estoy torpe.

—¡Esto es muy raro! ¡Voy a llamar a la policía!

Hasta las amenazas suenan bonitas con esa voz. Pero debo hacer algo, necesito que sepa que voy totalmente en serio con lo que digo.

—Espera, por favor. No estoy mintiendo. Me has cautivado. Eres preciosa, tienes una voz maravillosa, desprendes alegría…

Agacha la cabeza. ¡Se ha puesto colorada! Sonrió, y parece que me devuelve la sonrisa. Se monta un silencio algo más tenso, hasta que…

—¡Felix, deja a Ari!

Esa voz la conozco. Miro y veo a dos mujeres acercándose por la puerta del jardín. Sí, me las había encontrado el otro día y nos habíamos puesto a hablar… ni me acuerdo de qué. Una se llamaba… María, y la otra, Anna. ¿Qué diablos harán aquí?

—¿Hay alguna razón de peso? —le pregunto a María.
—Sí, que yo soy su tutor legal, y Anna es su tía. Y además de eso, también es cinturón negro —añade, como intentando amenazarme.

Ostias, esto no me lo esperaba. ¡La de vueltas que da la vida! Pero… ¡mejor! Juraría que les había caído bien, así que…

—En tal caso, ¿me haríais el favor de concederme la mano de Ari?

Ari se esconde en ese momento. Se vuelve a quedar todo en silencio. Silencio. Silencio. …

—Y si alguien responde a la pregunta mejor, que empiezan a sonar los grillos —comento, intentando romper el hielo.
—Eso da mi respuesta por buena —me dice María.

¿Con que esas tenemos? ¡Pues yo no me rindo!

—¡En tal caso la llevaré conmigo y usted no podrá evitarlo!
—Yo sí puedo evitarlo —responde Anna, que hasta ahora sólo había observado.
—Me gustaría saber cómo —sé que nunca debería responder a ese tipo de frases, pero no puedo evitarlo.
—Felix, ¿qué cinturón eras? —pregunta María.
—Marrón.

¿Para qué querrá saberlo? Anna interviene de nuevo

—Yo soy cinturón Negro, 2º dan. Campeona internacional de kumite.
—Dispongo de más recursos aparte del karate —respondo a eso. A mí no me achanta nadie.
—Yo tengo tetas —me dice Anna.

¿Y eso que tendrá que ver? Encima me molesta eso, ni que todos pensáramos siempre en las tetas. Constantemente.

—Soy hombre, pero no creas que vas a distraerme con eso —no sé con qué intención me lo ha dicho, pero tampoco voy a preguntar.

Ari en ese momento da un saltito.

—¡La tita Anna va a zurrar a Felix!

Aaaaaaaagh.

—Pues también tengo más recursos —empieza Anna. Pero…
—Da igual… —respondo—. Ari se ha alegrado de que fueras a zurrarme. Mi vida carece ya de sentido. ¿Podéis indicarme el lugar más elevado desde el cual tirarme y poner fin a todo, por favor?

Pese a todo, Anna se ríe.

—No es por tí, Félix, es por verme en acción, jaja. Se alegraría si zurrara a cualquier otra persona. Excepto a María.
—Exacto —añade Ari—. María es intocable.
—Aún así, ya no tengo ganas de continuar después de lo ocurrido… Iré escribiendo mi epitafio.
—Y el testamento —dice Anna en tono mordaz.
—¡Pero primero termina el relato! —comenta María.
—¿Tienes algo de valor?

Vaya tela. Me dan semejante golpe emocional y ellas pensando en lo suyo. Ay…

—¡TIENE UNA NES! —se adelanta María. Cierto, se lo había contado.
—¡La quiero! I WANT!! —salta Anna.

Oooooh… podría empezar a negociar con esto… así que le interesa la NES…

—Bueno, está en buen estado, aunque la tele nueva da algún problema… Ofrecería la NES a cambio de Ari, pero una vida humana tiene más valor que la consola…
—Me parece un trato justo —me interrumpe Anna—. ¿Dónde hacemos el trueque? No es nada personal, Ari —añade, mirando a su sobrina.
—¿ME VENDÉIS POR UNA NES, PUTAS? —se escandaliza Ari, y tira su delantal.
—No... Te cambiamos —la corrige Anna.
—LA MISMA MIERDA ES. MARÍAAAAAAAA —protesta.
—Ari, tranquila, yo sabré encargarme de ti —digo, intentando conciliarla, y también que me acepte. ¿Y si sale bien?
—Amos a ver —empieza María a hablar—, yo a mi hija por menos de cuatro camellos y una oveja no la doy.
—Yo tengo droga. ¿Con eso suplo los 4 camellos? —pregunta Anna.
—Venga... la NES, seis camellos, dos ovejas, y os encargáis vosotras de los gastos del transporte.
—Y una mierda —protesta Anna. ¿Qué pasa ahora?— Tu vives en la capital, tú tienes acceso a cualquier sitio. ¡Corre tú con los gastos de transporte!
—Entonces tendré que bajar mi suculenta oferta, me temo —les digo. Menos mal que uno tiene pasta, que si no… — La había aumentado por el hecho de ahorrarme el rollazo de la burocracia.
—¡Guarra! — le grita Ari a María.
—¡Encima! Te estoy asegurando un futuro —le responde.
—Lo tomaré como un cumplido —comento ante esa afirmación.
—SOY UN ESPÍRITU LIBRE —vuelve a protestas Ari. Me encanta cómo se pone.
—¿Que qué? Vuelve a tu jaula ahora mismo —añade Anna.

¿La jaula? No se si irá en serio… a estas alturas, me puedo esperar cualquier cosa.

—LA JAULA ES DE CAÍDA, NO ME TOQUES LAS NARICES —grita Ari.
—Ari, conmigo tendrás libertad absoluta para ir donde plazcas. Eso sí, regresando todas las noches a tu habitación, no sea que me preocupe —intento consolarla.

Anna ignora a su sobrina, y me dice:

—¿Si te incluyo la jaula pagas los gastos de transporte?
—Eso depende de lo que valga la jaula.
—Es de tamaño persona, y con ruedas.
—Lo veo justo —respondo—. Por cierto, ¿esto desgrava?
—Tranquilo, te lo mandaré por sobres —me dice Anna, guiñando el ojo.

Ari nos dedica unos cortes de manga para cada uno. Vaya, ahí pierde un poco de elegancia…

—Ari, yo te quiero, solo quiero sacarte de aquí —le insisto.
—Yo digo que si tanto te quiere —empieza María. Miedo me da— lo demuestre con un pequeño sacrificio de sus bienes materiales. ¿No dicen que lo único necesario es el amor?

No me parece mal la cosa. Si hay que demostrar algo, se demuestra.

—Muy bien. ¿Qué sacrificio pides?
—CABRONES TODOS —refunfuña Ari.

Sin embargo, no es María la que habla, sino Anna.

—Muy bien, quiero que mandes los camellos y la oveja en un camión hacia Cádiz. El camión tiene que tener un sobre forrado, obvio. Y yo quiero tus cuentas en las Islas Caimán. Que sé que las tienes. Necesito un sitio donde me ingresen el dinero de las palizas.

Poco exigente ha sido, desde luego. Pero no me importa.

—Conforme con eso. ¿María no desea añadir nada antes de decir si acepto o no esos términos?
—Sí —me dice. Claro que tiene algo más que añadir, cómo no—. Quiero que mi hija tenga un servicio de al menos tres personas para su cuidado personal.

Anda, coño. ¿Pero se esperaba otra cosa acaso?

—Eso no hacía falta añadirlo. Ya he dicho que me importa el dinero, no consentiré que le falte de nada.
—Un blanco, un negro y un chino —suelta Anna. Que tenga variedad xD
—EL NEGRO NO. QUE NO ME CABE —dice Ari.

¡Hala, qué bestia! Y como si eso fuera a consentirlo yo. ¡Ja!

—Si va a cuatro patas sí —le responde Anna—. Por cierto, Félix, si la ley de esclavos del siglo X te impide comprar blancos como esclavos, úntalos en betún y los pasas por mulatos.
—Señorita Anna, el servicio de cuidado personal estará compuesto por mujeres asexuales —eso lo tengo clarísimo.
—NOOOOOOOO. QUE YO QUIERO MARCHA PA MI BODY. AL MENOS PILLA TÍOS GAYS Y QUE ME DEN YAOI —suplica Ari.
—Para darte marcha me tienes a mi —añado, esta vez sin bromear, por supuesto.
—Ari, no entiendes de negociaciones —suspira María.

Ari se aparta un poco. Esto me ofende un poco.

—¡Venga, Ari! ¡Soy de fiar! Soy incapaz de herirte y/o abusar de ti. ¿Me aceptas entonces o no? Tú tienes la última palabra.

Obviamente, tampoco me interesa forzarla a que venga conmigo si no quiere.

—Oh, ¿lo decís después de haber acordado las condiciones del trueque? —añade Ari con ironía.
—A ver, las condiciones están sobre la mesa. Pero me interesa conocer tu opinión.
Me quedo mirándola. Todo lo que ha pasado y lo que se ha dicho depende de este momento. Procuro no fijar la vista en ningún sitio concreto.

—Pues que sí. ¿Por qué no? —dice animada.

¡Aceptó! ¡Magnífico! ¡Se adelantó la navidad para mí!

—¡Maravilloso! —digo con alegría—. ¿Estampamos las firmas entonces?
—Geme, haz los honores —le dice Anna a María.
—Espera que busque mi pluma —dice María, y empieza a rebuscar en el bolsillo de Doraemon.
—Tche, te tengo dicho que no la metas ahí —la riñe Anna—.Que luego se te derrama la tinta y la hemos líado...

Yo por mi parte saco la estilográfica del bolsillo de la chaqueta.

—La he encontrado, me la dejé en el siglo XV... —dice María saliendo de Tardis.

Pongo mi firma y la fecha en el contrato. Que ahora que lo pienso, ¿de dónde salió? Bueno, da igual. María pone también su firma.

—Muy bien. En menos de una semana tendrán los camiones con mi parte del trato, y uno de mis hombres con el papeleo de las cuentas en las Caimán. Además de una limusina para recoger a Ari.
—¿Ves, Ari? y así es como se consigue un buen partido —dice María satisfecha.
—Owwww —responde ella.
—Espero que a mis nietos no les arregles menos —me dice María en tono amenazador.
—No se preocupe por ello. Por cierto, haremos una visita mensual para que comprueben que mantengo mi promesa de cuidar a Ari.
—Awww, qué caballero —dice ella.

Perfecto todo. Logré lo que quería. Y el sacrificio de mis bienes no ha sido para tanto, dentro de lo que cabe.Desde luego, ha sido mi día de suerte.

Comentarios