"Ou may god" (4)

Lunes. Primera hora de la mañana. Tras un fin de semana de excesos. Estoy hecho mierda, el café en casa me ha sabido a mierda, el atasco en la carretera ha sido una mierda, y he tenido que ir al baño de la empresa a echar otra mierda. Qué maravilla. Lo bueno es que sólo puedo ir a mejor.

Bzzzzzzzzz. Bzzzzzzzzz. A priori, sólo puedo ir a mejor.
-¡Sistemas! ¡Haga su consulta!
-¡Tengo un problema con mi ordenador!
-Menos mal. Si llega a ser un problema con la cafetera nos habría mirado el mismo gafe.
-¿Cómo dice?
-Nada. ¿Qué has roto?

Esto rompe mi regla de ser más amable (hasta cierto punto) con las féminas de la oficina, pero hasta que no me baje al bar, mis usuarios van a sufrir mi café des-gustado.

-¡Yo no he tocado nada! ¡Enciendo el ordenador y se apaga sólo!
-¿Has realizado alguna ouija y quizá el fantasma salió graciosete?
-¡Tú si que eres un graciosete! ¡Ven a mirarlo o me chivo al jefe!

Me quedan dos opciones. Ir con déficit de café y humillarla, o quedarme con déficit de café en mi puesto y humillarla por teléfono.

-Muy bien, dime al menos quien puñetas eres y en qué departamento rebuznas. Para no tener que ir uno por uno entre tus compañeros mientras voy para allá.

Me llego a su oficina, y confirmo que lo que veo dan ganas de una estrangulación lenta y dolorosa. Pero mejor me contengo. No es que me de pena, es que con lo cansado que estoy, igual intento estrangular el monitor.

-¿Qué le pasa a esta mierda?-me pregunta nada más verme.
-Hola a ti también. Bueno, que un ordenador se reinicie sólo pueden ser varios fallos. Quizá la fuente de alimentación, que esté estropeada. Que hayas manoseado la BIOS, aunque no tengas ni puta idea de lo que es. Peeeero...
-¿Cómo que peeeeero? ¡Quieres arreglarmelo o no!
-A ver, monina... ¿y si pruebas a levantar la carpeta, que está pulsando el botón de 'Suspender'?

La chica en cuestión enmudece. Traga saliva. Mira a su teclado. Como si le fuera a morder, levanta la carpeta con cuidado y la pone en otro lado de la pocilga mesa. Aún así me obliga a quedarme, para que vea que aún así se va a reiniciar.

-Oye, tronca, que llevo aquí veinte minutos haciendo el gamba viendo cómo el ordenador se niega a reiniciarse por su cuenta. Si te da más problema, asegúrate que no estás usando el ratón como un pedal de máquina de coser.

Regreso al departamento. Miro el calendario. ¡Cojones! ¿No iba a entrar hoy otro tío a atender los problemas del personal en informática? ¡Yo quiero! ¡Quizá sea una morenaza tetona! ¡O una morenaza a secas! ¡O una tía! ¡O alguien que atienda conmigo a la pandilla de monos que tenemos situados entre las mesas y los ordenadores!

Bzzzzzzzz. Bzzzzzzzzz.
-¿Quién llama?
-¡El jefe! ¿Se puede saber qué haces que no vienes?
-Arreglar el conflicto de un poltergeist con su secretaria.
-¡Pues ven para acá ahora mismo y déjate de poster gays!

Este pobre hombre nació en el pleistoceno, pero afortunadamente para mí, se ha adaptado a las nuevas tenologías, y a sus 90 años (miento, son 60, pero a quien le importa) es un mérito. Mi madre no sabe ni que tiene TDT y es 15 años más joven. La verdad me alegra. Me deja "banda ancha" con los monos (según RRHH debo llamarles empleados) porque sabe que si no les doy un poco de mano dura...

Llego raudo y veloz cual gacela a su despacho, y entro como debe hacerse. Sin llamar y gritando.
-¡Alowenodiadedióóóóóóóóó! ¿Qué se cuece por aquí, jefe?
-¡Te tengo dicho que entres con seriedad!-brama.

Un vistazo rápido a la oficina. Mi jefe. A su izquierda (mi derecha), el de Recursos (semi)Humanos, un hombre que ha reventado dos veces la base de datos de los empleados. Suerte de la copia de seguridad. Y de que mi látigo de cable BNC no lo tenía a mano. Y a la derecha del jefe (mi izquierda), may niu partner.

Esta acaba de salir del huevo como poco. Joven, un cuerpo menudito, pelo castaño, liso y hasta la cintura, gafas blancas que cubren unos azules ojos, muy mona ella, y aferrándose a una carpeta como si su vida dependiera de ello. Aun así, me inspira confianza.

-¡Muy guapa, jefe! ¡Ya me podría buscar a mi una novia así!-la chica se pone colorada y se tapa la cara con la carpeta.
-¡Déjate de tonterías! ¡Vas a instruirla y enseñarle cómo hacemos aquí las cosas! ¡Y-com-pór-ta-te! ¡Como al final del día tenga una sola queja de Dalia...!
-Le prometo que sólo la tendrá cuando termine la semana. ¿Hay que llevarla de la manita?
-¡Como sigas burlandote de tu compañera de trabajo...! -ya salió el de Recursos (casi)Humanos.
-Lo digo porque si va con la cara tapada le va a costar ver el camino.

La chica entiende y baja la carpeta. Me mira de una forma que me pregunto si no me habré vuelto vampiro, porque me mira como con miedo. ¡Pero si soy un cacho pan!

-¡Vamos, Dalia! ¡Te enseñaré la jaula donde nos tienen a los informáticos! ¡La quinta presa.

Con una cara de resignación que daría lástima a un grupo terrorista internacional, me sigue casi arrastrando los pies. No le digo nada hasta que llegamos al departamento. Le indico que se siente en una silla. Ella obedece, sin soltar la carpetita. Me pone un poco nervioso. Ya haré que la deje en la mesa.

También ella se pone nerviosa. Los otros compañeros la miran como si nunca hubieran visto a nadie que no fuera del departamento entrar. Bueno, la verdad, rara es la vez que eso ocurre. Pero ya les advierto.

-¡Me la han asignado a mi! ¡Es mía! ¡Como alguno me la toque y me la desconfigure, su lista de videos porno pasará a ser conocimiento del jefe!

Los tres informáticos vuelven a girar la cabeza. Ahora me toca activar la amabilidad, qué menos.

-Bueno, no me he presentado. Soy Teseo. Como te ha explicado el jefe, voy a encargarme de instruirte para que sepas cómo hacemos aquí las cosas. Y tranquila que no muerdo. Sólo a los monos.
-¿A los monos?
-Se hacen llamar empleados y hacen un rito común que denominan "trabajar", si bien es raro que alguno pegue palo al agua.
-¿Hablas así de tus compañeros?
-No son compañeros. Son generadores de errores. He podido corregir mil fallos, pero nunca el que hay entre la silla y el ordenador. Aprenderás a odiarles.

Me mira como si hubiera propuesto un holocausto. Que bien pensado no sería muy mala idea, pero dejémoslo por ahora.

Bzzzzzz. Bzzzzzzzz. Mira por donde, qué bien.
-Esta va a ser tu primera lección-le digo antes de descolgar el teléfono y poner el manos libres-. ¡Digamelo!
-¡Teseo! ¡El programa funciona mal! ¡Hay que cambiarlo!
-¿Tus padres no pensaban lo mismo sobre tu cerebro?

Dalia me mira con ojos como platos.

-¿Tú de qué vas, de gracioso por la vida?
-Igual eres alguien que me cae bien, pero no me has dicho quien eres. Y tampoco el programa ni nada que pueda ayudarme a solucionar tu problema.
-¡Pues que funciona mal!
-¿El qué?
-¡El programa!
-¿Cuál?
-¡Pues este!

Le cuelgo. Dalia parece no creerse lo que acaba de ocurrir. Voy a tener que poner el modo explicación.

-Aquí la gente quiere que además de informáticos seamos adivinos normalmente. Y en un porcentaje bastante elevado, los modales se los dejan en casa, que parece que se resfrían si los sacan a la calle. Así que, primera lección, que no se te suban a las barb... bueno, a la carpeta más bien.

Mi comentario tiene el efecto deseado. Deja la carpeta sobre la mesa. Tranquilos, no tenía intención de fijarme en el canalillo.

-¿Tienes alguna copia de tu currículum, para ver lo que has estudiado?

Me extiende la hoja.

-Y si no te importa, nos bajamos al bar. Coge el teléfono. Nunca se sabe cuando van a asaltarnos los monos con sus aullidos.

Dalia obedece. Se guarda el teléfono en el bolsillo, vuelve a agarrar su carpeta (lo admito, esta vez me han dado ganas de tirarsela al suelo y prohibirle que la recogiera).

-¿Y tus compañeros no responden el teléfono? -me pregunta. ¡Ostia, que sabe hablar! Qué dulce voz. Y qué inocencia para preguntar eso.
-Mis compañeros, o más bien NUESTROS compañeros se dedican a hacer cuatro chuminadas mientras yo me lo curro. No exagero. Y rara es la vez que han tenido la iniciativa de responder la llamada -llamo al ascensor-. Son rutinarios. Llegan, atienden todo lo que no es urgente, que para eso ya estoy yo, y se van a casa. O debajo de un puente. Eso ya ni lo se ni me importa.
-¿Te llevas bien con alguien de la oficina? -sigue preguntando.
-Los que me piden las cosas con educación y no entraron por enchufe en la empresa me caen bien. Y me han pedido que te instruya. Pues te dejo elegir. Puedes ser una como yo, o puedes ser una como el resto de gandules que hay por aquí.

No vuelve a preguntarme. Me supongo que se ha vuelto a quedar muda. Llegamos al bar.

-¿Tú quieres algo?
-C-café.
-¡Manolo! ¡Tres cafés!

Me mira extrañado cuando le pido tres cafés. Dalia también. Una vez los tenemos servidos, pillo uno de los vasos y lo vacío de un trago. Esto ya es otra cosa. Me siento persona de nuevo. Es un renacer. Parece que han usado las Dragon Ball.

-Ahora que mi estado animico vuelve a estar neutro, veamoooos...

Echo un vistazo a lo que sabe la chiquilla. Administración de entornos Lainux y Güindous nivel avanzado. Y sabe algo de hardware. Tengo que conseguir que se pase al BOFH-Zen antes de que se corrompa. Yo por suerte, soy inmune a los monos.

-Está bastante bien. Puede que por fin tenga una ayuda en el departamento. Vamos a terminar el café y nos subimos a prepararte una máquina para que trabajes.

Apuramos la bebida, y nos subimos. El jefe intenta echarle la bronca por ausentarse, pero asumo el mea culpa de ello. No voy a dejar que se la cargue ella cuando la culpa es de mi cafetera. Soy malo, pero no tanto.

En la jaula abro el armario y saco material para montarle una máquina. Caja, memorias, placas base, disco duro... última tecnología. Última tecnología de su año de fabricación, allá por la Segunda Guerra Mundial.

Bzzzzzz. Bzzzzzzz.
-¿Te apetece probar tus habilidades con los monos?

Ella asiente. Descuelgo yo y pongo el manos libres.

-Jelou! It's mi, John Doe, de Relations Públicos!
-¡Hola, John! -responde ella. Parece segura de si misma.
-Oh, mi he equivocado! ¿Es ahí las computers?
-Sí, aquí es. Me acaban de contratar.
-¿Y el señorita Teseo?

Le escribo en un papel a Dalia, para que John no me escuche: "Tengo la sífilis y estoy de baja ateomporal". Dalia contiene la risa.

-Ocupado con un problema en la red -es buena.
-¡Bueno, a ver si tu me poder ayudar! ¡Resulto que el ordenador este no reconose la printer, eeeeh impresora en español!
-Bueno... voy a asomarme si te parece...
-Yes, yes! Zenkiu, zenkiu!

Cuelga.

-Normalmente no te dejaría marchar tan rápidamente a ver un problema. Pero mejor que aprendas por ti misma lo que pasa. Vamos. Iré contigo y me quedaré en la sombra.

La acompaño hasta el departamento de Relaciones Públicas. Mientras me comenta.

-Pues este era majo, ¿no?
-Relaciones Públicas, TIENE que ser majo. Pero de ordenadores... son de mundos opuestos. Su mejor manejo es el del ábaco.

Ella entra, y por indicación mía, deja la puerta abierta. Veo perfectamente la mesa de John, pero él no repara en mi. Me acerco al marco para escucharles.

-¿Qué le pasa a la impresora?
-¡No imprime! Look!

Hace, me supongo, una prueba de impresión.

-Did you see? ¡No aparece en la listado!

Veo que Dalia se mueve. ¿Eso que ha hecho ha sido llevarse las manos a la cabeza! ¡Debo intervenir!

-A ver qué estáis liando.
-¡Teseo! You're welcome!
-Calla. A ver, Dalia, ¿qué has visto?

Miro yo también. Vale, error detectado. Nuevamente, en el mono.

-A ver... ¿cómo has intentado que el ordenador reconozca la impresora?

Por toda respuesta, John se levanta, alza la impresora, y se pone a pasearla por delante del monitor.

-¿Ves? ¡Y no la detecta! ¡Está broke!

John debería agradecer que no haya puesto el cable de la impresora al ordenador. Podría estrangularlo con él.

-¿No sabes que hay que tenerla conectada por un cable? -pregunta Dalia.
-¡Y yo que se! ¡Para eso estar vosotros!

Le llevo de la oreja al almacén, le señalo qué cable debe llevarse, y lo conecta el solito. Sin amaestrar ni nada. Soy la leche. De vuelta al departamento, comento a mi pupila.

-¿Qué has aprendido?
-A no ir a los sitios en cuanto me piden ayuda con el hardware.
-Correcto. Y con el software tampoco. Si es lo primero, lo más seguro es que ni lo hayan conectado a la corriente. Y si es lo segundo, tenemos un software muy majo que nos deja ver de forma remota la que está liando.

Parece más animada y confiada ahora. Cuando llegamos, le ayudo a montar su ordenador, y con un DVD preconfigurado (por mi), el equipo está listo en unos minutos.

-Te dejaré que respondas también al siguiente. Yo sólo observaré.
-¿Y es necesario gritarles e insultarles?
-Yo lo hago por prescripción de mi psiquiatra. Si no lo hago, me dan brotes.

Supongo que no sabe si creerse esto último, pero bueno. Le sitúo su ordenador en mi mesa, que para algo la tengo grandecita (y la mesa también), porque me apetece ir formándola en otros aspectos. Aunque no empezaré hoy, claro. Que se vaya aclimatando a nuestra jungla.

Le doy unas indicaciones para que eche un vistazo a la arquelogía de la red de la empresa, cuando llaman al teléfono. Descuelga y me permite escuchar la conversación con el manazas libres.

-Departamento de Informática, ¿en qué puedo ayudarle? -qué correcta ella. A ver lo que le dura.
-Ostia, ¿quien es?
-Me llamo Dalia, me he incorporado a Informática hoy.

Pobre. Creo que si se difunde la noticia, todos los empleados van a llamar sólo para verificar que hay una tía trabajando en informática.

-Ah, qué bien que bien qué maja. Mira, que me acabo de comprar un aIpad. ¿Podríais echarle un vistazo y dejarmelo bien configuradito?

Me mira con miedo. No sabe si debe configurarselo o no. Recurre a mi. Tapo el micrófono del aparato.

-Si es de la oficina, sí. Si es un juguete que se ha comprado, ni de coña.

Destapo el teléfono.

-¿Pero es un aIpad que te ha dado la empresa?
-¡No, es mio! ¡Que me hacía ilusión tener un cacharrito de estos!
-Pues lo bonito de esos aparatos es aprender a configurarlo por tí mismo. Buenos días.

Y cuelga. Le aplaudo. Los otros tres salen de su letargo temporalmente y aplauden también, antes de seguir solucionando gilipolleces. Me siento afortunado de poder formar a alguien con potencial.

-Te has ganado una invitación a otro café.
-Pero que sea a mediodía, que antes el jefe...
-Perro ladrador... tranquila que en realidad es muy manso. No le gusta que yo vaya por libre, pero si me ajustara al ritmo de los demás, esta empresa se hubiera estancado hace tiempo, como has podido ver. Así que vamos a repartirnos los marrones. Tienes madera.

Muy animada, empieza a leerse la documentación que le he pasado sobre la organización de la empresa. El teléfono vuelve a sonar. Me levanto y se lo pongo en la mesa a otro de los informáticos. El susto hace que se despierte, y a regañadientes, atiende la llamada.

Yo vuelvo a mi puesto. Estoy contentillo. Pero... aún me falta algo. Algún mono con el que desfogarme. Parece que no, pero cuando te acostumbras a regañarles, echas de menos poder hacerlo.

Bzzzzzz. Bzzzzzzz. MEV existe. Voy a deleitar a mi público nuevamente con el manos libres.
-¡Aló, boludo, decíme que deseás!
-¿Teseo?
-Debo serlo, porque todos me llaman así.

Dalia se rie. Qué maja. ¿Intentará hacerme la pelota?

-¡Que tengo una consulta sobre informática!
-Ya me supongo que no será de fútbol. Cuéntame -oh. Se oye como unos gemidos de fondo.
-Pues mira, que nos han traído a Almacén unos monitores para controlar los pedidos...
-Aham... -de momento todo parece en su sitio.
-...y quería saber si el pladur aguantaría su peso, que las vamos a poner unos soportes.
-...
-...
-¿Y se supone que yo tengo que saberlo?
-¡Pero si eres el informático!
-¿Y yo que se lo que aguanta el pladur! ¡Habla con Mantenimiento!
-¡Pero si eres el informático!
-¡Informático! ¡Exacto! ¡Pero ni la tele, ni la cafetera, ni el microondas con grill ni el horno entran dentro de mis capacidades! -digo mientras empiezo a revisar el log. Me lo temía. El muy guarrillo se ha metido en VideoX.com y estaba viendo una porno mientras hablaba conmigo. Se lo muestro a Dalia. Se escandaliza.
-¡Pero qué te costará venir a mirarlo!
-Qué te costará a tí llamar a los de mantenimiento, pedirles que vayan a mirarlo, y luego ir al despacho del jefe a decirle: "lo siento, no volverá a pasar lo que no ha pasado".
-¿De qué hablas?
-De que sé que tienes un video porno abierto.
-¡No te he dicho quien soy!
-Sólo tenéis un ordenador en Almacén.
-...
Pi, pi, pi, pi, pi, pi.

Ah, esto es ora cosa, ya respiro con normalidad. Pues habrá que darle un poco más al callo hasta la hora de comer.

Comentarios