"Ou may god" (5)

Diciembre. Llevo ya un mes conduciendo con los putos guantes, qué frío hace. Encima el frío va en sincronía de las neuronas de mis monos. Los usuarios siguen llamando por cualquier tontería. Afortunadamente, tengo un nuevo soldado en mis filas.

Entro a la oficina un poco tarde, y Dalia ya está de bronca con uno de los monos. O una de las monas. Irrelevante, su CI no varía mucho según género:

-Pues si el programa funciona de esa manera, lo tendrá que hacer de esa manera -cuando me ve pone el manos libres.
-¡Pero si no sé! -responde lo que parece ser un ancianito entrañable en su lecho de muerte.
-Pues aprenda. El programa se ha mantenido igual durante los últimos cinco años, ha tenido tiempo de sobra para aprender.
-¡Que yo no me aclaro con estos cálculos!
-Hablaré con el jefe para que le regale un ábaco. Y ahora, si nos disculpa, estamos muy ocupados.

Y le cuelga. Decir que "estamos muy ocupados", en nuestro lenguaje interno, quiere decir que nos vamos a tomar un café. Y a eso vamos. Salimos al pasillo y nos paramos al lado de la máquina de café.

-¿En serio no llega ninguno un poco tarde para no darnos la barrila? -le pregunto.
-Eso parece. Me han traído los de Recursos Humanos...
-InfraHumanos -le corrijo.
-Uno de sus ordenadores. Lo tengo escaneando, pero me parece que va a estar lleno de virus.
-Y de porno. Son los que más problemas causan de ese tipo. Habrá que volver a limitarles la velocidad.
-¡Eh, vosotros!

El jefe aparece por el pasillo y nos ilumina con la luz que emana de esa calva tan característica suya. Me cae bien.

-He ido a buscaros al departamento y me han dicho que estábais aquí.
-Increíble, han resultado de utilidad. Se han ganado el aguinaldo -comento.
-¡No hables así de tus compañeros!
-Compañeros hay muchos, pero la única que me ayuda con los empleados que tiene usted bajo una más que elevada nómina para lo que hacen, es Dalia.

Nuevamente la chica se sonroja. Que mala costumbre tiene, se lo tengo dicho.

-De cualquier forma... la semana que viene tenemos la cena de la empresa. ¿Vais a venir?
-¿Y usted viene en persona a preguntárnoslo? Cuanto honor -bromeo. Dalia no se atreve. Los monos no le dan miedo, pero sí el que le paga el sueldo.
-¡Virtudes está enferma!

Así que la secretaria enferma. Claro, estamos a lunes, después de un fin de semana en que la buena mujer habrá salido de copas hasta las dos de la mañana buscando un maromo... resaca habemus, seguro.

-Pues sí que VAMOS a ir -recalco. La mirada de Dalia me acusa de cabrón-. ¿Día, hora y lugar?
-Viernes 21, a las nueve de la noche, en el bar de Manolo.

Desde luego, no se arruinará la empresa, no. Un bar de tapas y raciones para cenar. Claro que a mí es lo que más me gusta, todo sea dicho. Confirmado que iremos, proseguimos nuestro café.

-No deberías haberle dicho que yo iba a ir... -murmura.
-¿Por qué? Vas a hacerlo. Llevas cuatro meses aquí, y aparte de su comportamiento como monos, apenas conoces a gente en la oficina. Yo con el vino he aprendido a quererles en estado sobrio.
-No tengo mucho cuerpo para cenas...
-Han pasado dos meses, Dalia. Deberías dejarlo correr ya.

Dalia rompió hace dos meses con el novio. Llegó a la oficina como la niña de 'The Ring', balbuceando e incapaz de responder una llamada telefónica. Me la llevé al bar, y nos pasamos una larga jornada como los funcionarios, de café en café. Me contó que había estado muy a gusto con él, que los problemas habían empezado cuando entró a hacer las prácticas con nosotros... y muchos asuntos más que no vienen al caso. En fin, escuchando y apoyando a la gente soy cinturón negro con hebilla de platino. Volvimos a la oficina y logré distraerla a base de pequeñas putadas a los usuarios (borrarles las carpetas de música, cambiarles de ventana si estaban chateando mientras nos pedían ayuda... lecciones de la vida).

Como puntos positivos, me gané la aliada. Dejó de seguirme casi en silencio por la oficina y se volvió alguien más activa en mi lucha y doma contra la fauna de la oficina. Aunque también me he dado cuenta que, desde que ella llegó, se comportan mejor. Sobre todo los hombres. Cabrones, se os ve en la frente las intenciones que tenéis. Pero incluso las mujeres. Me imagino que no es lo mismo tratar con una niña de 24 años recién salida del huevo que con un informático cabrón de 31 y que lleva 7 en una cruzada con ellos.

Volviendo a nuestro presente tangible, Dalia no me hace caso. Se termina su café y vuelve al despacho a seguir con su trabajo. Yo decido tomarme otro. Pero esta viene a la cena. Para un día que no voy a estar enfadado con los monos, eso al menos tiene que verlo.

El resto de los días pasan sin incidencias. Dalia me echa una mano para hacer el backup anual con todos los datos importantes de la empresa. Aunque para pedirle al jefe dinero para los discos duros extra que vamos a necesitar para ello prefiero hacerlo por mi cuenta. Es majo, pero más tacaño que el señor Cangrejo, el de Bob Esponja.

Llega el viernes, y empiezan tocando los cojones con llamaditas. Bzzzzzzzz, bzzzzzzzzz. Estos no quieren que me de tiempo a ir a la cena, seguro.

-¡Feliz Navidad! ¡Dese prisa o Papá Noel tirará una tonelada de carbón sobre su PC!
-¡Teseo! ¡Tengo un problemón! ¡Ven rápido!

No se si el espírutu de la navidad habrá poseído mi cuerpo, pero excepcionalmente voy a ir. Aunque...

-Vale. Yo voy. ¿Al súper? ¿Al puticlub? ¿A casa de tu madre?
-Ay, siempre se me olvida cómo eres. ¡Raguncio, de I+D!

¡Oooooh! Interesante. Esos tíos no suelen llamar a tocar los cojones. Sus problemas son los únicos medianamente serios que tiene la empresa. Sobre todo porque no deja de ser uno de los pilares fundamentales. Cuando salgo para allá, Dalia se sorprende.

-Si llaman ellos, no debería ser una tontería. Creo. ¿Me sigues?
Ella asiente y subimos en el ascensor hasta la planta de I+D. Es la única planta que no tiene paredes. Todo mesas, sillas, y los mejores ordenadores que pudo comprar el jefe. Por supuesto, cuando digo mejores, digo caros. Pero bueno, los de I+D querían Bac, pues toma Bac.

-¡Raguncio!
-¡Aquí!

Está en una mesa cercas de la ventana y de la máquina de café. No se su nivel de inteligencia, pero tonto no es, desde luego. Me acerco a él. Dalia me sigue. ¿No sabe ir a mi lado? Raguncio me estrecha la mano, y saluda a mi "beca".

-Dime, ¿qué te ocurre?
-Llevamos toda la mañana sin acceso a la red. Necesitamos los recursos, ya sabes.
-Podría haberlo hecho...
-He hecho ping al router y no me responde, comprobé que compañeros de otros departamentos no tenían ese problema, y la última opción ha sido llamarte a tí.

¡Jo, que bonito! ¡Que me emociono! Vadeo la mesa y le doy un abrazo. Dalia parece no saber donde meterse. Claro, la pobre no se ha acostumbrado a según qué manías mías. Y es la primera vez que me ve tan efusivo, claro.

Procedimiento habitual... me meto en su ordenador, hago ping, efectivamente, no funciona. Ni el de la mesa de al lado. Compruebo desde mi móvil que sigue todo funcionando bien fuera del departamento... Perfecto. Hora de ver los cables. Me acerco, y Dalia se pone a mi lado. Abro la caja, situada cerca de la puerta...

El olor a café llena mis pulmones. Y no, no han preparado café... ¡es que dentro del armario huele a café! ¡Y están todas las luces apagadas, claro! Me cago en...

-¡A ver! -grito.
-Cálmate un poco... -me dice Dalia, pero ya se me he enfadado.
-¿Quién ha sido el listo que ha decidido bañar en café el switch?

Una mano temblorosa se levanta.

-Yo... es que ayer me iba a quedar hasta tarde y me hice un café... tuve un problema con la red y fui a mirar la caja esa, por si pasaba algo...
-Y pensaste que igual podías refrescarla echándole café por encima, ¿no?
-Me dio la tos cuando estaba bebiendo y...

Se pone rojo. Que se joda. Joder, ni en días así estamos tranquilos. Salgo de allí en dirección al almacén. Dalia me alcanza a paso ligero.

-¿No crees que te has pasado un poco? -me dice-. Se ha derrumbado en la silla.
-El problema no es que haya mojado el switch. La mitad de la empresa han mojado algún aparato electrónico. Y siguen vivos -bromeo-. El problema es que este tío se calló la boca en lugar de decir: "oye, me ha pasado esto, lo siento".

Dalia asiente. No se si me da la razón como a los tontos o comprende que tengo razón. Prefiero no preguntarselo. Entre los dos bajamos al almacén, cargamos con un router nuevo, y cable. Mucho cable. Estoy más que seguro de que se habrán jodido. Pillo también una crimpadora, y volvemos a subir a I+D.

Empiezo a sustituir el switch, mientras Dalia configura los equipos de los chicos de I+D para que lleguen al router por el Wi-Fi, y no por cable, hasta que terminemos de reinstalar. No es que me agrde la idea por motivos de seguridad, pero hay que operar cuanto antes.

Una vez que termina, ya he dejado el switch nuevo en perfecto estado de revista. Nos falta hacer los cables. Estamos unas dos horas hasta que los tenemos todos. Mientras los pongo, Dalia se levanta de pronto y se va. Yo continúo conectando cables entre los ordenadores y el switch, sustituyendo los antiguos, y etiquetándolos.

Dalia vuelve. Trae un taladro y una cerradura. Perfecto.

-¡Eh! -dice uno de los empleados que no conozco-. ¡No podéis poner cerradura en la caja! ¿Y si necesitamos cambiar un cable de puerto porque no nos funciona?
-Nos llamáis a nosotros -dice Dalia, con demasiada educación para cómo le está hablando el otro.
-¡El jefe no quiere que hagamos esa llamada! ¡Dice que también somos informáticos, que lo hagamos nosotros! ¡Vosotros, dedicaros a los demás!
-¿Y entre vuestras funciones, escupir café sobre el router está incluída?

Joder, eso me ha sonado como si Dalia le hubiera pegado una bofetada. Gracias a MEV, está empezando a expresarse. Aunque espero que no se corrompa tanto como yo.

Terminamos el cableado, y en unos minutos, hemos instalado la cerradura de la caja. Me aseguro que esté bien cerrada, y nos llevamos la llave. Raguncio se levanta de la mesa a despedirse de nosotros antes de que lleguemos al ascensor.

-Cuando llegaste no te hubiera creído capaz de decir algo así a uno de los empleados.
-Yo tampoco. Eres contagioso -se ríe.

Cuando llega la hora de comer, ambos nos vamos ya para nuestras casas. Abro el armario. La verdad, como informático, nunca he tenido que preocuparme por el aspecto. Y la cena no va a ser en el Royal Palace. Una ducha, camisa blanca, y vaqueros negros. Excelente.

A las nueve de la noche estoy ya en la mesa sentado con toda la cuadrilla del curro. El jefe presidiendo la mesa, el de Recursos Humanos a su lado, y al otro lado me ha puesto a mi.

-¡Perdón por la tardanza!

La voz de Dalia. Me giro con intención de echarla la bronca, no en serio claro. Pero no puedo. Un vestido negro hasta las rodillas subre su menudo cuerpo, y le realza el busto. Se ha quitado las gafas, llevará lentillas, por supuesto. Pintalabios rojo "carmesí". Zapato de tacón... Si no la conociera, pensaría que son perdonas distintas.

La mayoría de los presentes se han quedado tan sorprendidos como yo. Dalia sonrie, y como la silla que hay a mi lado está vacía, la ocupa ella. Alguno por ahí grita "Teseo, cabrón suertudo". Imbécil. Le ofrezco un poco de vino a Dalia.

-Quién te ha visto y quién te ve... -le comento. Por un momento casi olvido que es una compañera de trabajo.
-Bueno, para un día que salgo, me apetecía arreglarme un poco.

Un poco dice... y eso que venía sin ganas.

La noche pasa tranquilamente. Durante la velada, brindamos varias veces, el jefe empieza felicitando las fiestas y termina derivando en un monólogo que sólo escucha el de RRHH, Raguncio nos anima la noche con sus chistes y comentarios de "los mejores videos virales de 2013"... y cuando la gente ha bebido un poco más, alguno se acerca aquí, "alegre", para decirme aquello de "eres un tío de puta madre y te quiero mogollón".

Yo por mi parte he pasado la noche entablando conversación a ratos con el jefe, con Dalia, y con los cuatro que hay más cerca de nosotros. Por un día no salen asuntos del trabajo, sino que nos dedicamos entre todos a despellejar al Gobierno.

Después de muchas raciones, vino (cuando al jefe le llegue el video en el que aparece dandose un pico con el de RRHH por insistencia de los demás, los sueldos van a ser recortados, seguro) y mucha fiesta, nos dispersamos. Algunos todavía van a seguir de marcha a la discoteca. Yo tengo en mi casa la segunda temporada de 'Juego de Tronos' esperando para que la vea.

Me despido de la gente, que también se están levantando. Alguien me llama. Me giro. Dalia.

-Buenas noches -le digo.
-No, espera. ¿No te apetece tomar algo? -me dice.
-Va a estar todo lleno hoy -respondo. Y no es por rechazar la invitación, pero es cierto. Me duele un poco la cabeza de aguantar los ruidos del bar, y lo que menos me apetece es meterme en otro.
-Bueno, yo vivo a cinco minutos andando... podemos subir, es decir, si te apetece.

Sonrío y acepto la invitación. Ella va a por el abrigo que dejó en el recibidor. "El único bar de tapas con armario para los abrigos, tiene su guasa", pienso. Salimos y ella me guía hasta su piso. No está mal el barrio. Edificios no muy altos de varias viviendas. Entramos en uno de ellos, y subimos a la primera planta en el ascensor. Dalia parece nerviosa.

-Me sorprende tu invitación.
-Siempre tomamos algo en horario de oficina para hablar de cosas de oficina. Me apetecía cambiar un poco -bajamos del ascensor-. Y tengo que darte las gracias. Tenías razón, me ha venido bien salir.

Abre la puesta y entramos. Me sorprende el interior.

-Cualquiera diría que aquí vive una familia, y no una chica sóla... dos sofás, una gran cantidad de muebles y sillas...
-Tengo compañera de piso. Es gerente de IDEA... y como le gusta "probar" el material...
-Y sin la "p" de "probar" -bromeo.

Dalia se ríe, y saca de un mueble una botella de vino y dos copas.

-Nah, es buena gente. Se ha ido a pasar la navidad con sus padres en el pueblo.
-¿Y tú no?
-Bajarán ellos los días 24 y 25 para comer y cenar. Tengo un hermano estudiando la carrera en Estados Unidos, y no sé si vendrá también.
-Bueno, eso me gustaría a mí. Yo iré a casa de mis padres, viven al otro lado de la ciudad. Irán mis tíos, mis primos, con los churumbeles... con lo tranquilo que está uno sólo en su casa.

Rie por mi comentario, sirve las copas, y los dos bebemos.

-¿Y tu novia? -me pregunta.
-¿Novia? ¿Que es eso, se come? -bromeo-. Nah, la última vez que tuve pareja fue... -hago memoria-. Hace 5 años que terminé con ella. Empezó muy bien la cosa, pero al final del todo ninguno estaba contento con la situación.
-Vaya. ¿Y ahora?
-Ahora me dedico a trabajar, y a ver series y películas -digo con indiferencia. Y es en serio, he estado muy tranquilo este tiempo-. ¿Y cómo llevas lo tuyo?
-Lo voy pasando. Aunque creo que si no hubieras estado tú... estaría mucho peor.

Sonríe y mira un poco hacia abajo.

-No debí haberlo dicho -a veces peco de falta de tacto, y parece que eso he hecho.
-No, tranquilo, si no es por eso -dice. Parece sonreir.

Deja la copa en la mesa, se acerca un poco a mí, y susurra:

-Gracias... por todo...

No se muy bien que hacer. Pero tampoco puedo, ya que sus brazos me rodean y me besa...

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