"Ou may god" (5.5) [Extra]

-Dalia... -dijo, intentando escabullirme. No es que la chica no valga la pena, pero esto no es plan.
-Teseo... -responde ella sin repararse de mi.

Tengo que ponerme firme. Vamos a ser realistas. Ella 24 y yo 31. Esto no puede ser.

-Dalia, creo que has bebido mucho. Voy a acostarte, y luego me iré, ¿de acuerdo?

Dalia sonríe, se separa de mí, y asiente, como una niña buena. Lo que me faltaba, buscarme líos de oficina. ¡Que sí, que la niña está muy buena, pero estas cosas no salen bien, y menos así!

-... Dime donde está tu cuarto, claro.

Ella se pone a caminar y la sigo. Entramos en un sencillo dormitorio. Cama de matrimonio, mesilla en el lado izquierdo, un armario, un escritorio y silla de oficina. No está mal.

La ayudo a abrir la cama y ella se sienta.

-Ahora a dormir y...

Antes de que pueda continuar, ella tira de mi hacia adelante y caigo sobre ella. Evito aplastarla, pero no logro esquivar otro beso.

-Dalia, insisto, has tomado mucho alcohol...
-Exacto. Y porque lo he tomado, me atrevo a hacer esto... -dice. Parece que hace pucheros porque la estoy rechazando-. Teseo... eres un tío increíble... llegué a la empresa sóla, y me ayudaste en todo... incluso cuando peor lo pasé estuviste a mi lado...

Joder... ¿y ahora que hago yo? En otras circunstancias no preguntaría y me tiraría a la piscina, pero aquí es probable que me ostie contra el trampolín.

-Tú en realidad no quieres hacer esto...
-Es lo que quiero hacer. Y lo que quiero que me hagas... -dice ella. So voz suena casi como un suspiro, cargado de sensualidad y erotismo-. Además, no tienes compromiso, ¿verdad? ¿Qué hay de malo en lo que hagamos?
-Lo malo es que podrías hacerte ilusiones si cedo ahora.
-Te aseguro que eso no será un problema.

Vuelve a besarme. Y uno no es de piedra. Esta vez respondo al beso con firmeza. Qué demonios. Es un beso lento, diabólicamente lento. Ambos lo disfrutamos. Acaricio con la yema de los dedos sus brazos descubiertos, con los que inmediatamente se abraza a mí. Quizá porque ya estamos sobre la cama, la ropa empieza a sobrarnos a los dos. Y no lo digo yo, lo demuestra ella, que empieza a buscar los botones de mi camisa, y los desabrocha para acariciarme el torso. No recordaba lo bien que se sentía esto.
Me quito la camisa. Ella se incorpora un poco, permitiéndome alcanzar la cremallera de su vestido, a su espalda. Me apresuro en bajarla, y tiro de la prenda hacia abajo. La contemplo como nunca antes. Está justo debajo de mi, únicamente con el sujetador y un tanga finísimo... Me pregunto si lo habrá hecho expresamente. No resulta complicado quitarle el sostén, y contemplo esos pechos firmes y sinuosos. Me apetece probarlos.

Los lamo con lentidud. He acertado, me indica un gemido que Dalia deja escapar. Lo disfruto mientras continúo un rato devorando sus pechos, y jugueteando con sus pezones. Hace ya rato que siento cierta molestia en el pantalón. Sin detenerme, me quito el cinturón y lo dejo caer al suelo. Sus manos se adelantan a las mías para desabrocharme la bragueta. Quién lo iba a decir de la chica. Dejo que el vaquero resbale hasta el piso.

Aún con el boxer puesto, presiono mi erección contra su sexo, todavía cubierto con el tanga. Me contoneo ligeramente hacia adelante y hacia atrás mientras volvemos a besarnos. Separamos nuestros labios, y me susurra:

-Teseo... te quiero dentro de mi...

Esas palabras suenan muy bien. Sonrío, y bajo por su cuerpo hasta su tanga. Con cuidado, lo pillo con los dientes, y tiro hacia abajo de la prenda hasta que se lo quito. Me quedo admirando su rosado sexo, mientas ella alarga sus manos hasta llegar a mi boxer, y me lo retira, liberando mi erección. Parece satisfecha con lo que ve.

Separa sus piernas, dispuesta a recibirme. Sin pensarlo, me situo, y lentamente, deslizo mi miembro dentro de ella. Noto que se contrae levemente y gime. Tremendamente placentero. No recordaba estas sensaciones. Ella me sonríe, y me insta a continuar. No es que sea algo malo obedecerla. Me deslizo dentro y fuera de ella lentamente, disfrutando el momento. Dalia se abraza a mi. Mis embestidas empiezan a ser más rápidas y firmes, aunque no me he dado cuenta de ello hasta que Dalia ha empezado a jadear. Me mira con deseo, con lujuria.

Empiezo a notar cercano mi orgasmo. Sé que voy a terminar. ¿Y Dalia? Continúa suspirando y gimiendo. Si no le está gustando, lo disimula muy bien. Me pide ir más rápido. La asío por la cintura, y acelero el ritmo. Ella se deja hacer y gime más fuerte. Quiere más. Y yo también. Me muevo más rápido aún, y en sólo cuestión de minutos, ambos llegamos al clímax.

Me deslizo fuera de ella, y me dejo caer a su lado. Ambos nos escurrimos dentro de las sábanas, totalmente extenuados, pero satisfechos. Dalia pasa un brazo por encima mía.

-¿Ves? Incluso aquí te has comportado bien conmigo.

Prefiero no responder,y Dalia con tarda en dormirse, sin moverse de donde está. Yo me quedo reflexionando sobre lo que acaba de ocurrir. ¿Qué pasará ahora?

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