Preparativos (+18)

Este relato contiene temática adulta. Léelo únicamente si eres mayor de edad y crees que puedes darle una oportunidad. Y si no, declino cualquier responsabilidad, pues no obligo a nadie a leerlo. Con todo, espero que quien lo lea lo disfrute. Continuación de los relatos "El encuentro esperado", "Siguiente paso", "Premiere", y "El viaje" también de temática adulta.


—¡Tenemos que ponernos de acuerdo! —dijo ella.
—¡Imposible! ¡Lo dejo en tus manos!
—¡Nooooo, tenemos que elegir juntos!

Él suspiró.

—¡De acuerdo, pues… los verdes!
—Mmmmm… no, no queda bien. ¿Mejor los azules?
—¿Y para qué me preguntas entonces? —dijo él mientras se dirigía a la cocina y volvía con una botella de vino.
—¿Y las copas? —preguntó Emma.

Por toda respuesta, él abrió la botella y se la llevó a los labios, vaciando un tercio de la misma. Ella parecía enfadada.

—Cualquiera diría que has perdido tu ilusión por la boda.
—Ya empezamos… ¡estamos así desde hace tres meses! ¡Me consultas, respondo, y opinas que no! ¿Qué sentido tiene?
—¡No me grites!

Se puso en pie, enfadada. ¿Por qué se ponía así?

—Vamos a ver —él también se puso en pie—. Tengo una total confianza en tu sentido del gusto. ¡En serio, elige tú! ¡A mi me va a parecer bien!
—¡Es decir, que te da igual todo! ¡Y fue idea tuya que nos casáramos!

El escritor suspiró.

—Emma… lo único que me apetece de la boda es casarme contigo. El hecho de decidir si invitar a diez personas o a quinientas, o si elegir un restaurante que tiene el menú de pedidos en un iPad, o si contratamos a la orquesta sinfónica de Londres son detalles irrelevantes.

Había hablado más de la cuenta. Esas cosas no se podían decir. Con lo sencillo que era todo antes del compromiso… Ella se dio la vuelta. Él intentó que le hiciera caso, pero fue en vano. Probó a ponerse enfrente de ella, pero ella volvió a girar.

—¡Déjame!
—¡No me da la gana!
—¡Cómo que no! ¡Si total parece que esto no te importa!
—¡Cómo no va a importarme! —protestó él, volviendo a ponerse frente a ella.
—¡No lo demuestras!

La chica no pudo decir una palabra más. Él la había besado. Intentó zafarse. Estebe demasiado enfadada. Pero él la había agarrado con firmeza y era más fuerte. Poco a poco la llevó hasta el sofá y la hizo caer para quedar encima suya.

Volvió a besarla, mientras acariciaba sus caderas por debajo de la camiseta. Ella aún se retorcía. No… no podía dejarle ganar esa baza de semejante forma. Pero…

—¡Es-estate quieto! —protestó.
—¿Seguro que quieres que lo haga? —inquirió él.
—… … No…

Sonrió antes de tirar de la camiseta de la chica hacia arriba. Empezó a besuquear su cuello, y ella protestó. ¿Por qué tenía que sentirse tan bien aquello? ¡Si se supone que estaba enfadada! Pero no podía pensar con claridad cuando él manejaba su cuerpo.

El chico se quitó la camisa. Hacía demasiado calor ahí como para seguir vestidos. Ella tanteó con sus manos para acariciarle el torso, y aprovechó que él se relajó para cambiar las tornas. Le echó hacia atrás y ahora ella quedaba encima de él. Sujetó sus muñecas con las manos.

—¿Y ahora qué vas a hacer? —dijo con malicia.
—Insistir en que es mejor que pasemos un buen rato en lugar de discutir. Sólo una pequeña pausa, y luego continuamos con los preparativos.
—¿De verdad?
El escritor asintió, y esta vez fue la chica quien manipuló su cuerpo. Acarició su cuerpo hasta llegar donde estaba el pantalón, y lentamente se lo quitó. Luego se sentó encima de su bulto, cubierto por el bóxer. Él se incorporó y tanteó con sus manos por la espalda de ella hasta encontrar el cierre del sostén, y lo abrió con facilidad.

Devoró sus pechos con pasión, su lengua y sus dientes se movían libres, provocando sus gemidos de placer, bien audibles. ¿Por qué normalmente lograba él dominar la situación? Pero ella sabía cómo cambiar las tornas… Empezó a mover sus caderas, provocando una reacción de sensaciones en él. Se quedó inmóvil mientras sentía el cuerpo de la chica presionando contra su erección de una forma deliciosa.

—Emma… por favor…
—¿Quieres algo? —preguntó con fingida inocencia.
—Ya lo sabes…
—¿Y vas a cumplir tu promesa de continuar luego con los preparativos?
—Por supuesto…

Ella fingió pensárselo y luego accedió. Se deshizo de su falda, y se quitó el tanga. Luego, empezó a tirar muy lentamente del bóxer del chico, que se impacientaba. Odiaba aquella lentitud, aunque supuso que era un castigo, por travieso. No le importaba mucho, la verdad. Resultaba excitante.

La chica trepó por su cuerpo, y descendió hasta sentir en su interior el miembro del chico, esa maravillosa sensación que ya conocía. Se permitió unos segundos para disfrutarlo, momento que aprovechó él para volver a llevar la iniciativa y quedar encima.

Sin embargo, no le apetecía que fuera tarea de él sólo. Quería algo más de sentimiento de por medio. Se abrazó a ella, quien cerró sus piernas alrededor suya. Él empezó a moverse, y el cuerpo de la chica siguió su ritmo. En perfecta sincronía ambos. Se abrazó a él y sus labios volvieron a juntarse.

Los gritos d eplacer aparecieron y aumentaron de tono en cuestión de minutos. Sus cuerpos se movían al mismo ritmo, que iba creciendo después de cada acometida. Sus orgasmos eran próximos. Iban a terminar y no querían. Querían continuar. Gimieron el nombre del otro al alcanzar el clímax.

Jadearon en el sofá, sin moverse de su posición, durante varios minutos. Increíble. Aquella vez sentían que había sido diferente. Quizá por la discusión previa que habían tenido. En cualquier caso, estaban encantados.

—Emma…
—Dime…
—Lo he pensado… y quiero los manteles verdes, que la orquesta toque Bach y no Mozart, y que fara finalizar la velada pongamos fuegos artificiales.
—Ni hablar a las tres —rió ella.
—¿Vas a dejar que te convenza?
—Es posible… —respondió traviesa.

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