"Ou may god" (9)

Amanece un nuevo día. El sol pega con fuerza en las ventanas de Empre S.A., pero por algún milagro hecho por un ser todopoderoso, como el Monstruo del Espagueti Volador, Pablo Iglesias, o los guionistas de 'Lost', nos han puesto unos toldos blancos la mar de majos en el nuevo despachito.

Porque sí, nos han movido a una sala algo más grande para dejar los servidores donde estábamos antes. Con el mismo mobiliario, pero no hay nada como una silla cuyo asiento ya tiene el molde de tu culo tras varios años. Y todo sea dicho: no hay nada mejor que volver de las vacaciones y toparte con ese ambiente tan amplio. Sí, me he tomado una semana libre. No me gusta pillarme las cuatro semanas de golpe, que me aburro. Sí, he ido a la playa. Y sí... Dalia se ha venido conmigo. Y nos lo hemos pasado bien. Pero eso no tiene por qué saberlo nadie de la oficina.

El tema es que al principio ni nos planteamos irnos juntos. Pero, ¡oh, otro milagro! Aparte de Enchufe, hace poco contrataron otra persona para nuestro departamento. Se llama Guillermo Puertas, y no es mal chaval. Tiene como cinco años más que yo y le cuesta una barbaridad reinventarse con los avances. Si a el le enseñaron que para navegar por una pagina hay que usar la barra de la derecha, usa la barra de la derecha en lugar del scroll del mouse. Pero es un mal menor, ya que por lo menos, lo que dice que sabe hacer, es cierto que lo hace. El caso es que tras formarle un poco logramos irnos una semanita.

Entro en el despacho y ahí le tengo, leyendo uno de sus manuales de los nuevos programas que han ido saliendo. No se salta una página ni por error. Ole esa paciencia. Lo haría mejor si fuera leyendo y usando el ordenador al mismo tiempo, pero pobre. Quién soy yo para corregirle.

- Buenos días.
- Buenos días que tal las vacaciones - él es así. Habla muy seguido, parece que le cuesta separar las frases cuando está ocupado en otra tarea. Creo que le falta RAM.
- Muy cansadas, ya tenía ganas de venir aquí para relajarme - digo con sarcasmo.
- Muy bien muy bien. Por cierto que el jefe te quiere ver cuanto antes
- ¿Y eso? ¿Tanto me echaba de menos? - le pregunto, aunque no tengo mucha confianza en que se haya enterado de lo que va la cosa.
- Que le mires el portátil a Enchufe en cuanto tengas cinco minuticos dice.
- Vaya. ¿No lo podías hacer tú?
- Yo estoy ocupado.
- Macho, te podrías haber esperado a que sacaran la película.
- Que no que tengo que encontrar el puto código de error que me ha dado.
- Llámame suspicaz, pero podrías buscarlo en Internet y tardarías menos.
- Que no que ya he mirado y no está y que eso es ir a lo fácil.

Podría empezar el debate absurdo cuando en realidad sé que no le apetece un huevo subir a ver al jefe. Las figuras de autoridad le dan miedo o algo. Pues nada. Le digo que si alguien llama al teléfono le mande al carajo y subo yo al despacho del jefe. Por el camino me topo con Dalia, que acaba de llegar. Me saluda y va para el nuevo despachito.

- Buenos días, jefe.
- ¡Menos mal! ¿Qué tal las vacaciones?
- Bien. A ver, qué le pasa al portátil.
- Bueno... - Enchufe empieza a hablar, bajo la mirada de reproche de su tío -. Pues que ayer estaba yo trabajando en la cama antes de levantarme, empezó a sonar mucho el cacharro y de pronto se acabó.
- Valep. Me lo bajo pues a echarle una mirada.

Me lo entrega con miedo.

- ¿Y mientras cómo va a trabajar?

Pues para tocarse los cojones a dos manos no creo que necesite ordenador, pienso yo. Aunque algo hará para que rente un poco tenerlo en nómina.

- Que baje a por un café, que el chico lo merece con lo que se esfuerza.

Me voy antes de que capten mi sarcasmo y regreso al despacho. Ahí están, Guillermo con la mesa llena de más manuales del programa, y Dalia echando un vistazo a la lista de incidencias. Le digo que me pase algunas que no sean muy urgentes para hacer en cuanto mire el portátil. En realidad no es nada raro lo que me imagino que me voy a encontrar.

El portátil que le había configurado no era nuevo. Ni de segunda mano. Era de quinto cursor por lo menos, pero para tareas de ofimática, de sobra. Aplico el destornillador, abro, y lo veo. O más bien, no lo veo. Todo negro. Las RAM quemadas... el disco duro creo que tiene salvación... pero vamos, que esto está más frito que un brick de tomate.

En la cama con el portátil, sobre un cojín, impidiendo que ventilara. Como si lo estuviera viendo. La madre que lo parió. Me va a tocar bajar a por otro cuando llaman al teléfono. Me debato entre Enchife y el anónimo, pero Dalia parece ocupada y Guillermo... es Guillermo. Así que me toca responder a mi.

- Buenos días, sólo por llamar entra en el sorteo de un Commodore.
- ¿Teseo?
- Debo serlo. ¿Quién es?
- Alberto Loguardo, del almacén. Que el ordenador este es una castaña.

Emplean un programa que funciona por terminal más simple que el mecanismo que un chupete. Suficiente para poner lo que entra y lo que sale. Un Lentium 3. ¿Para qué más? ¿Es que han intentado instalar el Apalabrados? Porque hasta ahora problemas con esa máquina... pocos.

- ¿Qué es lo que le pasa?
- Que al teclado le faltan teclas.
- ... - ¿comorl? - ¿Qué es eso de que le faltan teclas?
- Sí, coño, que pone aquí "Press Any Key", y no la vemos.

MUAHAHAHAHAHA. EMpiezo a descojonarme. Obviamente el chico se enfada.

- Oye, menos coñas. ¡Que tenemos que trabajar!
- Así que no tienes la tecla "Any".
- No. Tenemos Ctrl - lo pronuncia así,tal como suena. Le faltan vocales -, Alt, el otro Alt, Ini, Supr, ImpPant...
- ¿De inglés flojito, no?
- Más bien... ¿por qué? Si las teclas serán iguales en inglés que en español.
- Es que "Any" es cualquiera.
- ¿Cualquiera?
- Sí, una tecla cualquiera. La que te de mas rabia, púlsala.
- ¿Seguro? - ... -. Ah, pues sí, ya funciona... es que no suelo ser yo el que lo arranca.
- ¿Y no le podrías preguntar a un compañero?
- Sí, pero no se...

Surrealista. Le cuelgo y conecto el disco duro que he rescatado del portátil a un ordenador también del año catapúm, pero para inspeccionar lo que tiene, me sobra. Dalia se pone a mi lado, a ver qué vemos, y se me sienta sobre la pierna.

- Dijimos que aquí no.
- ¿Crees que se entera de algo?
- Porsi.

Antes de seguir discutiendo ya ha cargado. Empiezo a revisar. Muchos documentos de reuniones importantísimos de los que seguro que no hay copia de seguridad. Mi ángel malo me dice "bórralos". Mi ángel bueno dice "Tiene razón, bórralos". Dalia se levanta a responder el teléfono y mientras se enfrasca en una discusión con no me importa quien, yo sigo revisando.

Una carpeta de "pelis". Ole. Me parece bien, muchas veces me ahorro descargar yo porque ya lo hacen los compañeros y sólo tengo que hacerme una copia. Y si se portan mal, se las borro, claro. Tengo que poner un pequeño FTP para compartir películas, pienso mientras miro los títulos. Una es Habitación en Roma. Guarrooooooo. Pues nada, me bajo a por otro portátil, mismo modelo que el otro, y le coloco el disco duro.

Me voy a la máquina de café, una parada obligatoria, y oh, sorpresa, ahí está Enchufe.

-Toma, campeón.
-¿Ya está arreglado?
-No. He tenido que coger otro igualito y pasarte los archivos.
-¿Y no podrías darme uno más nuevo?

Aaaaaamigo. Que queremos un Mac o algo, ¿no?

- Imposible. Habría que reinstalar todo y no podemos perder el tiempo en eso.
- ¡Oye, que este era muy lento!
- Para manejar el procesador de texto... pero bueno, puedo subir contigo, ver cómo trabajas, y que me digas exactamente cómo es eso de que "va lento".

Parece pensárselo a fondo y luego me dice que no hace falta. Ya lo sabía yo. Voy a sacar tres cafés, pero Guillermo pasa raudo como una exhalación poniéndose la chaqueta. Pues no le voy a invitar ahora. Saco dos y le llevo uno a Dalia, que vuelve a mirar qué hay que ir arreglando.

- ¿Dónde ha ido? - le pregunto mientras dejo el café en su escritorio.
- No se, a cobrar una herencia por las prisas, supongo.
- Desde luego, se podría escribir sobre las cosas que pasan aquí - comento mientras veo una rara incidencia: "Problema de salvapantallas".
- ¿Qué tal las vacaciones?

Tengo que reirme. Tercera vez que me hacen la preguntita, pero que sea ella....

- Pues ya deberías saber que bien.
- Me alegro - responde. Parece abstraída con el ordenador, pero en realidad está más atenta a nuestra conversación.
- ¿Y las tuyas?
- Fenomenal. Las mejores en mucho tiempo.

Ay, que se está pillando. Y lo malo es que yo también. ¡A trabajar un poco, coño! Veo que lo del salvapantallas pone "No funciona", y está enviada por una de las "secres" que hay en RRsHH. Pues voy para allá. Sí, un problema de salvapantallas no debería merecer mi tiempo, pero es que no entiendo eso de que no pueda funcionar, me da curiosidad la cosa. ¿Será un bug nunca antes descubierto en la historia de los ordenadores?

Cuando llego pregunto quién tiene el problema y una señora (cincuenta y todos años) levanta la mano.

- A ver, qué pasa.
-Ay, hijo. Mira, que me enseñaron a poner el salvapantallas pero es que se ha roto.
- ¿Quién le enseñó?
- Mi hijo. Mire. Yo hago esto.

Lo configura para que al minuto de inactividad le salte una foto de su churumbel. Me parece correcto. Esperamos, y el salvapantallas se pone. AHora mueve el ratón y volvemos a ver su escritorio.

- ¿Lo ha visto?
- Nop - confieso. ¿Qué es lo que quiere?
- ¡Mire!

Vuelve a ponerlo, vuelve a aparecer, y sigo sin verlo cuando volvemos a poner el escritorio.

-Debo estar envejeciendo, porque no veo su problema.
-¡Cual va a ser! ¡Que cuando muevo el ratón se quita!

Sí, me estoy haciendo viejo. Estas cosas empiezan a exasperarme más que enfadarme. Creo que vuelvo a necesitar vacaciones.

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