"Ou may god" (11) - Eustaquio Ramal Ware



Aquel día debía ser un día normal. Con las incidencias normales, las tonterías normales, las páginas web normales, los servidores a punto de sobrecargarse con normalidad... Un día normal. Dalia estaba preciosa, como cualquier día normal. Guillermo estaba tan normal, haciendo sus tareas normales de informático. Rafa se iba haciendo con su puesto de manera normal. Y yo vigilaba mis informes normales de que todo estaba normal, mientras veía una serie normal en el segundo monitor de mi mesa. Sobre la mesa también reposaba mi normal café. Lo que se dice, un día normal.
Y lo que pasa los días normales es que el más mínimo detalle que se sale de lo normal llama la atención. Porque uno, que no suele atender la burrocracia estándar ni aunque le pongan la recortada en la cabeza, ve ciertas cosas que no son normales. Y lo que vi fue muy extraño. El informe del antivirus me advertía de que algo no-normal invadía la red de información de la oficina. De mis dominios.

Lo habitual es que esos informes del antivirus tuviera los típicos ramalazos: de cosas que se han intentado colar cuando la gente se pone a bajar por el torrent, o de que se ponen programillas pirata, o de que intentan hacer que en la cafetera suene Isabel Espantajo mientras se preparan un cortado. Cosas con las que se lidia fácilmente con un tirón tirón de orejas, que eso caca, y que si lo vuelven a hacer me llevaré sus archivos a un servidor en China y tardarán diez veces más en hacer su trabajo.

Pero cuál fue mi sorpresa al encontrarme un detección de todo un muestrario de virus: 72 detecciones, 10 de ellas que aún no habían sido limpiadas. Impresionante. Sobre todo cuando tengo la red de la empresa tan bien vigilada. Detrás de mi apareció Dalia mientras yo me hallaba sumido en mis reflexiones sobre el tema.

-¿Qué ha pasado? -me preguntó con sorpresa. Ella tampoco había visto eso antes. Por lo menos, aquí.
-Que tenemos un juancker, parece... 72 virus que nos ha colado un alguien -respondí-. Me dan ganas de ponerle una medalla y apretar el nudo muy fuerte.
-¿Cómo lo ha hecho?
-Pues... la forma más tonta. Con un pendrive. Todo se ha detectado en una unidad que no es de los ordenadores.
-Joder... ¿y quién ha sido el pieza?

En el informe tengo cuál ha sido el ordenador infectado. Me conecto a la base de datos en un momento, y hago una pequeña búsqueda de equipo. Veamos... Scroll, scroll, scroll, y ahí lo tengo. Equipo asignado a Eustaquio Ramal Ware.

Pues a bote pronto no tengo ni puta idea de quién es la criaturica. Pero me da igual. Un telefonazo a los de RRHH y que me lo cuenten, que les tienen muy bien ubicados. O deberían al menos, que por algo me curré el programita que usan. Me ponen música de espera, y les devuelvo la pelota poniendo una de Rammstein desde mi móvil.

-¿Hola? -pregunta Román, el que lleva el tema de los contratos y todo eso, intentando hacerse oir por encima de Lindemann.
-¡Holo! -respondo, bajando el volumen de la canción para sólo oírlo yo. No me gusta dejar las canciones a medias-. ¿Lo tienes?
-Lo tengo, lo tengo... Ramal Ware, Eustaquio, está en la tercera planta, donde los pagos.

Con dos pelotas. Un ordenador infectado en el área que me paga la nómina. Pues con eso no se juega.

-Gracias, machote. Voy a verle entonces.
-De nada. Por cierto, el otro día me compré una tablet...

Uy, se ha colgado. Me pongo en pie, y vacío la taza. A continuación me estiro como si estuviera anquilosado desde hace mil años. Me pongo a hacer estiramientos.

-¿Sabes que eres un teatrero? -me pregunta Dalia.
-Sí -respondo con la mejor de mis sonrisas. Localizo con la mirada el disco duro con el antivirus actualizado en la mesa de Guillermo y se lo pillo prestado.
-Cuídalo -me dice, mientras sigue sumido en la lectura de algo tan gordo que sólo puede ser o la Biblia o Juego de Tronos.
-Descuida, sólo me lo llevo de putas. Volverá con alguna ETS.

Se ríe de mi analogía, y salgo del despacho, no sin antes dejar a Rafa entrar, cargado con una caja de ordenador, un teclado y un ratón. Que le aproveche. Yo a lo mío: a dejar mi red segura, que para algo estoy aquí.

El ascensor hace su función: dejarme en el tercer piso. Y yo voy a hacer mi función. Todo en esta empresa parece funcionar por engranajes que hacen lo que toca. Eso es maravilloso, y provoca que mi jefe pueda ir al baño como un reloj, movido por esos engranajes. Qué bella grotesca imagen.

-¿Eustaquio Ramal? -pregunto, a mi llegada. Una de las chicas que hay ahí y que ya me conoce me señala dónde está situado. Voy a por él-. ¡Buenos días! -saludo enérgico.
-Hola -me responde él. Tan concentrado está que ni me mira. O está rellenando una nómina, o la quiniela, o viendo porno.

Eustaquio Ramal Ware es un cuatro por cuatro por cuatro. Se nota que va al gimnasio, pues de lo musculado que está abulta como dos yos. Unos cuarenta años, barba de dos días, y sentado en su puesto desde hace decenios. Está en su habitat. Ahora que le veo es cuando le pongo rostro al nombre y nombre al rostro, pero o mucho me equivoco o no he tenido una llamada suya... nunca.

-Oye, mira -digo, tras sopesar que es mejor no andarme con rodeos-. He recibido un aviso de tu ordenador.
-Yo no he avisado nada.
-Yap. Ya sé que no has sido tú.
-Estoy ocupado, ¿te importa venir otro día?
-Pues me importa y mucho -digo, endureciendo un poco el tono. Lo que me faltaba, que se me ponga borde el tontopollas que ha puesto en peligro la red. Mi red-. Has vuelto loco al servidor del antivirus.

Me mira como quien observa a una vaca pastar. Este hueso va a ser duro de roer. Pero yo lo roo igualmente.

-Imposible -me dice al final. Y vuelve a mirar la pantalla. Maleducado.
-¿Imposible?
-Si, imposible.
-Pues el servidor no miente. Aquí -digo, poniendo el dedo índice sobre la caja- se ha metido un pendrive que ha intentado infectar el sistema.
-Que no.
-Que sí.
-Que no.
-Que caiga un chaparrón.

Ramal Ware se lleva la mano al bolsillo. Me pregunto si tendrá una pistola. Pero no. Se saca un USB. Seguramente, el mismo que tiene que tener más virus que un laboratorio bacteriológico. Una reserva entera de criaturas digitales. El Mundo Digimon.

-Mira, yo uso este pendrive para llevarme el trabajo a casa -traducción mental a sus palabras: "este es el arma homicida"-. Lo uso en mi casa siempre, con mi ordenador, y el portátil. Y nunca ha pasado nada.
-Discrepo. Te digo yo que tiene virus.
-¡Que no tiene ningún virus, ostias! ¿Cómo va a tenerlos? ¡Si lo uso siempre!

El mismo pendrive usado en ordenadores distintos no tiene virus... Claro. Y el mismo pene en diferentes vaginas no tiene mas posibilidades de contraer una ETS que sólo en una.

-Me da igual lo que pienses. Es un peligro, y tengo que hacerle una limpieza. Y a tu ordenador igual.
-¡ES-TOY-O-CU-PA-DO! -pronuncia tan lentamente que no se si me insulta o tiene problemas de lag-. ¡O-CU-PA-DO!
-Meim-por-taun-co-mi-no -le respondo-. Tu máquina debe seguir infectada, así que si no lo limpio, no puede estar conectada a la red. Punto.

En ese momento se levanta. El instinto de supervivencia me exige a gritos que levante las manos para poner la guardia. Pero se abalanza sobre su propio ordenador, y pega un tirón al cable de red. Me sorprende que no lo haya arrancado de cuajo.

-¡Hala! ¿Contento el niño? ¡Ya no tengo red! ¡Déjame trabajar tranquilo!
-Muy bien... Pero recuerda que tengo controlada toda la red. Y esto me lo llevo -digo, y me llevo el pendrive. Me mira con furia furibunda-. Tranquilo, te lo devolveré curado.

Por la cara que pone, debe estar usando el Lado Oscuro de la Fuerza para intentar hacerme daño. Pero no lo logra el pobrecito. Que se joda.

Voy por el pasillo silbando la musiquilla del Kill Bill para darle dramatismo al asunto. Realmente me da curiosidad por ver qué puñetas tiene este en el pendrive. Y si dice que también lo conecta en su casa... Je. Me río yo de los laboratorios bacteriológicos. El Creeper está refugiado en su casa, seguro.

De vuelta en la leonera, me apodero del bonito visor que nos hemos agenciado, dejo la pantalla dividida en dos, y en un lado y lanzo un ping al equipo de Ramal Ware. No hay respuesta. Y espero que siga así. Lo dejo corriendo y mientras tanto voy echando un ojo al pendrive. Joder, he visto guarderías con menos caos.

-¿Que es eso? -me pregunta Rafa, saliendo de la nada.
-El pendrive de la muerte. Esto lo conectas en el Pentágono y saltan diez alertas por despacho.

Como no veo ningún archivo que sea así importante (sólo fotos, películas en screener, y cosas peligrosas como canciones de Pablo Alborán) decido que lo mejor es hacer una limpieza completa y devolvérselo a cero. No voy a molestarme en salvar en multimedia de alguien que ha quebrantado mi perímetro de seguridad.

¡Bzzzz! ¡Bzzzzzz!
-¿Ha probado a apagar y encender otra vez?
-Oiga, que tengo un problema con el correo.
-¿Se le ha olvidado poner el sello? -pregunto. Me cansa un poco eso de "tengo un problema con X". Abarca demasiadas posibilidades.
-No, ¡el del ordenador! -se rie-. Que no me llegan mensajes.
-A lo mejor no se lo están enviando bien.
-No, sí, mire... Yo entro... eme a i ele punto ge o o ge ele e...
-Un momento... -¡alerta roja!- ¿No es el correo corporativo?
-No, es el mio, que me manda mi cuñado unos powerpoin muy graciosos...
-Pues lo siento, pero a ese correo no damos soporte.
-Pero...
¡Clic!

Entre el del correo personal, el que le entró el virus de la policía en la tablet de su hija, y el que se compró una nevera USB para las latas de cocacola y me pidió que se la arreglase el día que se rompió, me cuestiono si la gente conoce el significado de las palabras "garantía", "servicio técnico oficial" o "el informático de la empresa no va a ir a tu casa a mirarte la tele, tío caradura".

-Teseo... -dice Dalia.
-Dime.
-Tienes un problemita.

Levanto la mirada y miro la pantalla. 

64 bytes from 10.16.23.14: icmp_seq=1 ttl=64 time=1.00 ms
64 bytes from 10.16.23.14: icmp_seq=2 ttl=64 time=0.804 ms
64 bytes from 10.16.23.14: icmp_seq=3 ttl=64 time=0.824 ms
64 bytes from 10.16.23.14: icmp_seq=4 ttl=64 time=0.827 ms

¡El ordenador de Ramal Ware vuelve a estar conectado a la red! Me levanto con tal ímpetu que la silla choca contra la pared. Salgo corriendo al ordenador de ese hombre nacido de un tóner pirata de impresora cara. Pasando del ascensor, voy por las escaleras, saltando los escalones de dos en dos.

Le veo en la lejanía. Tecleando a saber qué. Me da igual. Está demasiado distraído para percatarse de mi existencia. Me acerco a paso ligero y silencioso. El mas mínimo ruido podría atraer su atención y...

-¿¡QUÉ COJONES HACES?! -bramo en cuanto le tengo en frente.

Casi se cae de la silla con el susto que le doy. Que se joda. A ver si se fractura el coxis.

-¡¿De que vas?! ¡Me has dado un susto de muerte! -me dice, reponiéndose. Justo en muerte es en lo que estoy pensando ahora.
-Has vuelto a conectar el equipo a la red. Habíamos quedado -alargo la mano- en que esto fuera -suelto el cable de red.
-¿Qué haces? ¡Que necesito mandar unos correos!
-No cuando el equipo está infectado -digo, intentando mantener la seriedad. Aunque mi instinto de Rocky Balboa me pide hacer algo más físico.
-¡Que tengo que trabajar! ¡O me conectas o me chivo al jefe!
-Gracias por resumir la cuestión -y empiezo a quitarle los cables a la torre. Mouse, teclado, altavoces, corriente...
-¿Tú estás loco?
-Este ordenador queda confiscado hasta que lo limpiemos.
-¡Tú no sabes con quien te estas metiendo, ¿eh?!
-No, pero me enteraré dentro de un rato, seguro. De momento voy adelantando trabajo.

Me marcho con los buenos siete kilos que debe pesar la caja del ordenador bajo el brazo, pero no siento el peso. Me siento on fire. Como V contra el Fuego Nórdico. Como Goku contra Majin Boo. Como Dalia rechazando ofertas de Timofónica.

-Rafa -le llamo en cuanto llego y pongo a mi lado el Equipo Zombi.
-Dime -se acerca rápido. Con ganitas de aprender.
-Aún no has visto cómo tenemos montado el antivirus, ¿no? -le pregunto, y niega con la cabeza-. Pues siéntate y nos ponemos.

Le estoy enseñando cómo conectarse al servidor en que almacenamos el antivirus bien actualizado cuando suena un Bzzz Bzzz que termina respondiendo Dalia.

-Hola... sí, claro... Pues Teseo... -me mira. "Es el jefe", gesticula.
-"No estoy" -gesticulo yo también.
-No está... No se, no ha vuelto... Sí, cuando llegue... Hasta luego...

-Que te quiere en su despacho. ¿Qué has hecho? -pregunta.
-Tocarle los cojones a su ahijado, será -respondo-. Pero si Ramal Ware va a intentar demostrar que la tiene mas larga que yo, va listo. No voy a entrar en ese juego.

Continúo dando la lección a mi Padawan, cuando vuelve a sonar ese Bzzz Bzzz un rato después. No se va a dar por vencido. Esta vez responde Guillermo.

-Que te pongas -me dice, extendiéndome la mano en que tiene el teléfono. Lo cojo.
-¿Quién eeees? -pregunto, fingiendo ignorancia.
-¿Quién voy a ser? ¡Te quiero en mi despacho ya!

Pues nada, habrá que darse prisa. A ver... me aprieto los cordones, me ajusto bien el cinturón, me aseguro de estar bien peinado... Saco un papelito por la impresora y estoy listo para ir a atender las cuitas del ser de jerarquía superior.

-¡Hola! ¡Buenos días!
-¿Buenos días? Anda, siéntate, que me tienes contento... -dice el jefe. Me siento al lado de Ramal Ware, que me mira con cara de orgasmo-. ¿Qué te pasa con este señor?
-Con este señor, nada -respondo.
-¡Cómo que no! -salta Ramal Ware.
-Eustaquio, cálmate -dice el jefe, conciliador, intentando mantener la compostura-. Me he enterado -añade, dirigiéndose a mi- de que te has llevado el equipo de este señor de muy malas formas.
-Así es -dice Ramal.
-Así es -afirmo yo.

El jefe me mira con enfado por un momento.

-¿Y puede saberse por qué?
-¡Por molestar! ¡Sabe que en esta época estamos hasta arriba de trabajo y el señorito no tiene otra cosa que hacer que molestarme! ¡Y mañana seguro que a otra persona! ¡Esto no puede ser!
-¿Puedo hablar? -pregunto, calmadamente-. Yo no confisco ordenadores al azar.
-¡Así que lo tenías planeado!
-Sí.

Tanto Ramal Ware como el jefe se quedan en silencio. No entienden que le esté dando la razón. Como si no me fuera a defender, claro.

-Lo planeé hace un par de horas, cuando recibí un aviso del antivirus. Este señor había puesto un pendrive...
-¡Y dale con los virus! ¡Y dale con los virus! ¡Que yo no tengo virus! -salta Ramal Ware.
-... que ha infectado el equipo, y por consiguiente puede poner en peligro toda la red de la empresa. Obviamente eso no lo podía consentir.
- ... ¿Es eso cierto? -pregunta el jefe, inquisitivo, a su pequeño trabajador de varios metros de altura.
-¡Que no! ¡Que no lo es!
-Bueno, pues o miente el señor Ramal Ware o miente el antivirus. Y los antivirus no saben mentir -digo, extendiendo la hoja que he impreso antes de llegarme hasta aquí.

El jefe lo lee. Ramal Ware se levanta con sus dos metros de altura, y da toda la vuelta para leer también la hoja.

-Eso no ha sido en mi equipo.
-Eso sí ha sido en tu equipo. Están todos identificados, y la alerta venía del que se te asignó a tí.
-Imposible.
-No tanto. A las pruebas me remito.
-¿No son esto muchas alertas? -pregunta el jefe. Empieza a venir a mi terreno.
-Joder... ¡no pude ser yo, ¿vale?!
-Para empezar... ¿para qué el pendrive? -pregunto.
-¡Para acabar el informe, listo! Me lo llevé, lo copié en mi PC, lo termine, y lo volví a copiar. ¡Ese pendrive del que hablas estuvo conectado apenas dos minutos!
-Tiempo de sobra para infectarlo -añadí-. Por no hablar que eso de llevarte archivos de la empresa no esta muy bien visto...
-¡BASTA YA LOS DOS! -dice el jefe. Parece que se ha quemado un poco-. ¿Dónde está el ordenador de este señor?
-Con el enfermero limpiándolo de ébola -digo. Parece que no es buen momento para los vaciles-. Rafa lo está desinfectando.
-Vale, pues cuando termines, se lo devuelves y no quiero oír ni una queja. ¡Ni una queja! -grita, mirando a Ramal Ware. Que se joda-. Y cuidado con los pendrives, que no quiero saber nada más de rollos de virus, ni bacerias ni la madre que los parió. ¿Estamos?

Sonrío, asiento, y me levanto. Ramal parece que quiere replicarle, pero el jefe tiene su cara de enterrador y responder parece contraproducente. Me voy adelantando al cuchitril, a ver cómo va la limpieza.

-Esto ya está, Teseo -me informa Rafa una vez me he sentado.
-Perfecto, déjamelo un momento.

Vamos a ver qué tiene este pantallazo azul de la muerte en su ordenador. Lo primero es revisar su usario. Lo compruebo en la lista de usuarios de mi red, y veo que no tiene ningún privilegio a nivel general. Perfecto. Ahora, miro los permisos de su ordenador...Parece que tiene unos cuantos... Bueno, desactivamos esto, prohibimos aquello... Y listo para entregarlo.

-Ahora sí que está. Cuidad de esto en mi ausencia. De nuevo -les digo.

Me llego hasta la mesa de Ramal Ware. La ha dejado inundada de pipas en el ínterin. Cochino. Hay papeleras. Pongo con cuidado el equipo en su sitio y reconecto los cables.

-Como me falte un sólo archivo...
-Seré capaz de recuperártelo y sin virus -respondo-. Ale, a disfrutarlo.

Y vuelvo a mi mesa, sospechando que no va a ser la última vez en el día que sé algo de este señor. Pero yo a lo mio. A revisar que nada más se ha roto mientras me ocupaba de este bobo.

Cuando llego, todo parece normal de nuevo. Guillermo se ha apoderado del visor para ver en grande cuales equipos están cumpliendo el protocolo, y Dalia echa una mano a Rafa con un PC que han abierto. Maravilloso.

Bzzzzz. Bzzzzzz. BZZZZZZ. Si no fuera imposible, juraría que el teléfono suena cada vez mas fuerte.
-¿Quién es? -pregunto, sentándome de nuevo en mi sitio.
-¡Ven aquí inmediatamente! -reconocería esa voz en medio del Santiago Bernabéu cuando se juega el clásico.
-¿Ramal Ware?
-¡Claro que soy yo! ¡Ven aquí!
-Mira, por tu culpa me he dado hoy ocho caminatas por la oficina, no voy a volver porque te haya salido un grano en el culo.
-¿Un grano en el culo? ¡A tí te voy a dar yo grano en el culo! ¡Me has roto el ordenador!
-¿Roto?
-Sí. ¡Roto, ROTO! ¿Sabes lo que es eso?
-La definición de que algo no funciona.
-¡Pues eso! ¡Que no funciona!
-¿Qué estás intentando hacer?
-¡Trabajar!
-Respuesta incorrecta -digo, mientras conecto los auriculares al teléfono, que dejo encima de la mesa, y me acomodo-. ¿Puedes abrir archivos?
-Sí.
-¿Y modificarlos?
-También.
-Pues ya puedes trabajar.
-¡Y un cuerno! ¡Necesito instalar una cosa!
-¿Cuál?
-¡Una!
-Pues nanay. No vas a instalar ni un programa salvo que esté justificadísimo. Y por supuesto olvídate de poner pendrives. Y por cierto, ay de ti como intentes hacer algo en el equipo de tus compañeros. Te tengo vigilado.
-¿Es una amenaza?
-Es un aviso. A ver si el próximo en tener que hablar con el jefe voy a ser yo.
¡Clic!

Tanta tontería en un sólo día no es recomendable.


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