Nueva vida, nuevos problemas (IX)


 (previously...
Rafa ha conseguido el trabajo para su sorpresa)

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Capítulo IX

Si el día de la entrevista estaba nervioso, aquel primer día de trabajo fue aún peor. Cualquier fallo y todo se vendría abajo. Quizá el propio edificio. Pero intentando distraer mi mente con el gotelé de las paredes, casi grito cuando escuché una puerta a mi espalda. Me centré. Estaba en una pequeña sala dentro del departamento de RRHH en Empre S.A., de espaldas a la puerta. Era Lorenzo Zobra, con un puñado de papeles.

—Bueno, pues... aquí lo tengo todo. Contrato y confidencialidad. Tómate tu tiempo para leerlo, y firmas —dijo. Puso los papeles y un boligrafo Bic sobre la mesa y me los extendió.

Me los acerqué. Eché un vistazo. Don tal de tal... categoría tal... ¡¿tanto sueldo?! La ostia... Pensaba que iba a ser menos... Miré hacia Lorenzo, pero parecía muy ocupado jugando al Candy Crush como para darse cuenta de mi sorpresa. Joder. Qué bien. Seguí mirando. No vi nada raro. Garabateé la firma en todas las páginas, y se lo tendí a Lorenzo.

—Enhorabuena —dijo, extendiendo la mano—. Y bienvenido. Ya puedes subir al departamento, ellos ya se encargarán de decirte el tema de responsabilidades, y de como tienen todo montado.
—Perfecto.

Me acompañó al ascensor, y ahí pulsé el botón de la sexta planta. Suspiré. El ascensor paró en la cuarta planta, y entraron dos personas, hablando sin parar. No se percataron de mi presencia, pero yo sí de la suya. El hombre debía andar por los cuarenta años y tenía cara de haber bebido agua de fregar usada. La mujer... tendría dieciocho. Qué bombón. Por suerte, parecían estar discutiendo, no repararon en mi, y bajaron en la planta siguiente, sin callarse.

Al fin llegué a la planta que me tocaba. Llamé a la puerta, y me recibió Teseo, además de un intenso olor a café en la sala. Me hizo seguirle.

—Bueno, chicos, este es Rafa y se incorpora hoy a nuestro departamento —presentó—. Ella es Dalia, y él es Guillermo. Y yo no me presento porque no me gusta llamar la atención —bromeó.

Saludé a los que iban a ser mis compañeros. Luego Teseo me señaló una mesa vacía, y sacó unos papeles bastante grandes. Eran A2, por lo menos. Los extendió y me fue señalando.

—Este es el esquema general. Router, salida a internet; los switches , uno por planta; puntos inalámbricos... Ya te lo aprenderás, tranquilo. Esto —dijo, sacando otro papel— son los planos de las tomas de cada planta. Tenemos una versión con quién se sienta en cada puesto y su dirección IP en el servidor de ficheros... incompleto y desactualizado. Aquí —otro papel más— los servidores y los servicios que proveen. Este es el de dominio, el de carpetas, el FTP, el de impresoras...
—¿Me tengo que saber todo esto? —pregunté.
—No, podrás consultarlo. Recordarás donde tengas que tocar con más frecuencia.  Y eso, por un lado. Ven.

Me hizo seguirle a una pared de madera. Bastante grande, Me señaló un tirador, y lo usó para abrir aquel enorme armario. Parecía dividido en dos partes.

—Todo el material lo tenemos aquí. En este lado tenemos el cable de red de diferentes longitudes ahí, teléfonos ahí, cables de alimentación ahí, VGAs, HDMIs, teclados, ratones... Y en el otro lado, las piezas para montar los ordenadores, las herramientas, y los monitores. La mesa de antes es la tuya. Móntate un equipo y seguimos cuando termines.

Se fue para su mesa. Elegí una caja normalita y empecé a buscar las piezas. Tampoco algo del otro mundo... un i5 con 8 GB de RAM y 1 tera de disco duro. Lo monté cómo ya había hecho  muchas veces en la tienda. Cuando fui a elegir un monitor, vi uno plano de 4:3, pero Teseo me indicó que mejor uno panorámico.

—Bufff... Me daba palo pillar uno de estos tan nuevos... —dije, mientas dejaba en la mesa un monitor de 20 pulgadas y lo conectaba a la caja.
—Es mejor tener espacio en la pantalla para monitorizar. Luego verás por qué —me dijo.

Luego pillamos dos cables de red, uno largo que llegara al suelo y otro más corto; y un teléfono. Lo conecté a la toma de red del suelo, y también a la torre. Al lado de la toma de red estaban los enchufes, y conecté la corriente. Teseo vino a la mesa.

—Vale, ahora entra en la BIOS... activa el Wake on Lan, ahí... vale... Reinicia... F2... Vale, selecciona PXE. Con eso arranca por red. Se conecta al servidor de imágenes... Pues ale, elige la de Windows, instala, y luego seguimos.

Volvió a su puesto mientras terminaba de configurar el ordenador. Justo antes de que le pusiera un nombre de equipo, vino Guillermo y le puso una pegatina a la torre, y otra al monitor. Le puse ese nombre, y seguí terminé con la configuración. Me volví para ver cómo iba Teseo, pero estaba hablando por teléfono.

—Le digo que no ha enviado nada a esa impresora. ¡Porque lo estoy viendo! ... No, no tengo que estar allí para verlo.
—Tranquilo —me dijo Dalia—. Te echo una mano. A ver... Vale. Únelo al dominio empre.sa.

Mientras lo hacía, volvió a su mesa, sacó algo por una impresora que tenía detrás, y volvió con un papel. Lo dejó en la mesa. Me señaló la pantalla de login.

—Vale, tu usuario es este. Tu contraseña es esta, pero te va a pedir cambiarla nada más iniciar sesión, ponemos por defecto la misma para las cuentas recién creadas. ¿Te podrás configurar el correo electrónico?

Asentí tras leer el papel. Venían todos los datos del servidor de correo, era imposible no configurarlo bien. Elegí Thunderbird, y en poco ya había configurado mi correo. Me fijé en que había una segunda cuenta de correo. Supuse que era la departamental. Me la configuré también. Y según terminé, aquella bandeja empezó a llenarse de correos electrónicos, en tres colores diferentes.

—Hola, ¿cómo vas? —preguntó Teseo—. Muy bien. Ya has visto todos los correos que recibimos... Abre el navegador.

Me señaló dónde estaban las direcciones de la intranet empresarial y de la aplicación de incidencias, sobre la que trabajaría. Me estuvo explicando un poco su funcionamiento. Cuando me quise dar cuenta, eran las once de la mañana.

—Bueno, pues si te parece, cuando Dalia y Guillermo vuelvan del café, bajamos tú y yo a por uno y luego te sigo enseñando un poco esto.

Me asomé por el lateral del monitor. Sí, estábamos sólos en el departamento en ese momento. Suspiré una vez más. Cuanta información en un sólo día. Sin embargo, Teseo se veía relajado.

—No te preocupes. No pretendo que te sepas todo esto en un mes. Tú tranquilo, y pregunta lo que no sepas. Eso sí, nada de ser borde con la gente, por lo menos hasta que tengas contrato indefinido —bromeó.
—Parece un buen sitio, la verdad —comenté.

Me repasé un poco los servidores que había en la hoja que Teseo me había pasado, y me conecté a ellos para ver cómo estaban, hasta que nos llegó el momento de ir a tomar el café y descansar un poco. Pero para mi sorpresa, en lugar de bajar a planta (donde me habían indicado que estaba la cafetería) fuimos al garaje, y salimos por la puerta de atrás. Caminamos un poco y llegamos a un bar. Entramos y pedimos dos cafés con leche.

—El café de media mañana me gusta tomarlo fuera de la oficina. Me despeja y me ayuda a no pensar en lo que hay que hacer —me dijo—. Hay días que, obviamente, no podemos venir, y pido en la cafetería de la empresa, pero si puedo elegir...
—Y eso que parece haber buen ambiente...
—Sí, pero es el sitio del trabajo, al fin y al cabo. Y si tomas café donde trabajas, terminas hablando de trabajo. Y con lo que tengo que aguantar muchos días, no me apetece dedicarle más tiempo del necesario.

Sí... entendía esa situación. En la tienda, las veces que me iba un segundo a tomar un café express, agradecía que el jefe no viniera. Obviamente no podía dejar la tienda desatendida, así que mejor. Me pregunté cómo le iría a ese mamón con los becarios. Terminamos el café y volvimos arriba. Nos sentamos en mi puesto y me explicó el programa para ver y gestionar las incidencias.

—Esto es prioritario ante el teléfono —me dijo—. Te logas aquí con el usuario y contraseña de tu equipo. Vale. Ahí tienes el listado, por orden de llegada. Lo más importante, la Categoría, y la descripción... en el botón "más" lo ves completo. En esa columna, quién lo ha pedido. Y la otra columna, aparece quién se la ha asignado, o el botón para asignarsela... Mira.

En ese momento, se había actualizado la página con una nueva incidencia. Le eché un vistazo. Categoría... Red. Descripción... "A mi compañero no le va Internet. Ni el teléfono".

—Primera planta —me indicó Teseo—. Tenemos que añadirle otra columna con la ubicación, pero para eso tengo que terminar de documentar el cableado. Ya miraremos eso. ¿Te apuntas?

Asentí. Me asigné la incidencia, y fuimos al ascensor. Parecía mentira lo rápido que se estaba pasando la mañana. Cuando llegamos a la planta indicada, giramos a la derecha y atravesamos un largo pasillo para llegar a un mar de personas trabajando en mesas de a cuatro. Teseo sabía dónde íbamos. Llegamos. Teseo me presentó, y preguntó qué ocurría.

—Pues que estaba yo aquí sentado, oyendo música, y de pronto se me ha ido internet. Y luego ha venido a buscarme Tamara y me ha dicho que no le da tono cuando me llama.
—Ale, Rafa. Todo tuyo —me dijo Teseo, extendiendo los brazos.

Levanté el teléfono. Cable al PC... bien colocado. Cable al suelo... lo voy siguiendo hasta que veo la trampilla que esconde las tomas de corriente y red. Y veo el cable. No. No me lo puedo creer. Tiro de él tranquilamente... está cortado. No era un corte limpio, como con unas tijeras, sino como si lo hubieran aplastado varias veces. Se lo enseñé a Teseo, que se quedó estupefacto.

—Oye, tú tienes complejo de bailaor flamenco, ¿no? —preguntó al usuario.
—¿Yo?
—¿Golpeas el suelo con los pies al ritmo de la música?
—Sí, bueno...
—Pues estate quietecito. Mira lo que le has hecho a tu cable.

Teseo me encargó ir a por un cable de recambio al armario, y que me subiera el roto para repararlo luego. Pillé el cable nuevo y lo volví a bajar. Lo dejé conectado, y no tardó mucho en volver a estar conectado y con el teléfono funcionando. Teseo aprovechó para enseñarme cómo iban las tomas por el falso suelo. Luego me llevó a la puerta que había frente al ascensor.

—Aquí tenemos el switch de la planta, y los rack de las tomas. Hay uno en todas ellas —me dijo—. Por este punto de conecta con las otras plantas. Y si alguien que no es del departamento entra aquí, que sea lo último que haga, por favor. Y el aire acondicionado, siempre a la temperatura de Burgos en Navidad.

Volvimos al departamento. Me entretuve reparando el cable roto y tras dejarlo en el armario para posibles usos futuros, volví a mi ordenador a ver si había alguna incidencia nueva. Pero estaba casi vacío. Me puse a enredarlo un poco y vi que además, había una parte para tomar notas en cada caso. Algo bastante útil cuando por alguna razón no puedes intervenir en ese momento.

Llegó la hora de comer. Bajamos al bar donde habíamos tomado el café esa mañana. No estaba mal de precio. Dalia y Guillermo aprovecharon la hora de comer para someterme a un interrogatorio sobre mis conocimientos sobre informática. Respondí como buenamente pude, y parecieron quedar satisfechos con el resultado. Teseo se limitó a escuchar sin intervenir en toda la comida.

Aquella tarde hubo muy poco que hacer. Teseo me pasó un puñado de documentación para que me fuera formando en todo lo que se movía en la empresa, y habilitamos el chat local para que pudiera preguntarle dudas. Fue una lectura densa, pero me quedé con algunas cosas. Cuando llegó la hora de salir, Teseo me preguntó si me acercaba a casa.

—No, gracias, voy a ir dando un paseo.
—Mira que va a ser un paseo largo. Casi te compensa dormir aquí —bromeó.
—Pillaré el Metro —reí.

Salí a la calle y respiré profundamente. Juraría haber superado la prueba de fuego. Y la de hielo y la de trueno. Pero bueno. Primer día superado. Sólo faltaba ver cuántos quedaban. Me puse en marcha. Se notaba la llegada del frío. Empezaba a oscurecer y apenas eran las seis de la tarde. Me abroché bien la chaqueta y me encaminé al Metro.

Antes de darme cuenta (solía pasarme cuando se me enquistaba una canción en el cerebro), había llegado a mi parada. Me bajé y caminé para casa. Mi primo estaba en el salón, y lo había invadido con libros y cuadernos y folios de apuntes. Saludé cortesmente con un grito.

—Hola, primo. ¿Qué tal se ha dado? —me saludó.
—Bien. Bastante bien. Creo.
—¿Has llamado a tu madre?

Me quedé helado. No, no había llamado. Para variar, se me olvidaban esas cosas que eran normales para el resto de personas. Llamé en ese momento, y tras pedir perdón y aceptar lo desastre que era, mi madre me dijo que enhorabuena y que se alegraba mucho y todo eso. Entretanto, mi primo había recogido sus libros. Y cuando colgué el teléfono, estaba preparado para salir.

—¿Has quedado?
—Sí. Con Laura. Vamos a ir a cenar.
—Así que vais bien.
—Más o menos —respondió él—. Espero que tras lo de hoy sea "más".
—Pues nada, suerte. Aunque es un poco pronto, ¿no?
—Ya... Quiero ir a pillarle algún detalle.
—Te conozco bien. Eso es que, o te gusta mucho... O que la has cagado.
—Un poco de las dos... —admitió con fastidio—. Y me jode, tío... Es estupenda.

Tras confirmar varias veces que se había peinado correctamente, y que la ropa no le hacía tripa, salió de la casa. Yo por mi parte me metí en mi cuarto a leer un poco. Nada de manuales informáticos. Tenía la mente saturada de información y me apetecía relajarme un poco. Pillé una novela de Robin Cook y me sumí en la lectura por un amplio rato.

Cuando me di cuenta, ya era de noche. Tampoco era tarde, pero las farolas de la calle eran la única iluminación externa. Pensé que seria buena hora para prepararme algo de cena. Una tortilla o algo así, tampoco muy complicado. Pero justo en el momento en que me levanté de la cama, llamaron al timbre.

—¡Voooooy!

Abrí la puerta. Judith estaba allí.

Comentarios

  1. Respuestas
    1. En según qué sitios. Yo he tenido dos primeros días de trabajo llevaderos... Y otro absolutamente horrible.

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