Mentiras, sinceridad radical, y todo eso

Bueno, esto es algo que si me sigues en Twitter, verás que me ha dado por reflexionar por las noches. Sí, con dos cojones, reflexionando por la noche, con lo malo que es eso para el bienestar...

Y he pensado seriamente si debería empezar el sistema de sinceridad radical. El concepto me viene de la serie "Lie To Me", ya en el episodio piloto. Podéis ver el momento en cuestión aquí, pero por si no puedes verlo, te hago un resumen.
Cuando Ria Torres va a incorporarse al Grupo Lightman, Eli Loker nada más verla le dice que se quiere acostar con ella. Lightman explica que Loker siempre dice la verdad, algo que él mismo define como "sinceridad radical", respondiendo que es "aceptable" cuando Ria le pregunta qué tal es en la cama.
Así de sencillo. Algo tan simple como ir con la verdad por delante. Quizá no en la forma tan basta que emplea el doctor House, porque eso nos traería más de un quebradero de cabeza (y de huesos como nos topemos con algún tipo más fuerte que nosotros), pero sí poder decir con tranquilidad y con tacto lo que pensemos. Y sin represalias.

Precisamente, ayer me ví la película Increíble pero falso (2009, título original The Invention of Lying), cuyo argumento versa sobre la vida de Mark (interpretado por el genial Ricky Gervais), quien vive en un universo alterno al nuestro en el cual no existe la mentira, de forma que lo más habitual, como aparece al principio del film, es que la gente diga cosas en plan "qué bebé más feo, parece un ratón", o incluso el diálogo inicial entre Mark y Anna:
-No te esperaba tan pronto, me estaba masturbando.
+Eso me hace pensar en tu vagina.
De la forma más natural, desde luego, algo que sería impensable para nuestra vivencia en sociedad (quién no ha soñado con decirle al jefe "me tienes hasta las pelotas", a la vecina "deja de ponerte a cantar mientras limpias con la ventana abierta y no tienes ni puta idea"), sobre todo porque en su universo, las verdades son totalmente encajadas sin represalias por el resto de ciudadanos.

Pero ¿y si fuera la solución? (y ojo que estoy usando el condicional, y no afirmo que sea lo que haya que hacer). Poder decir no lo que quisiéramos, sino la verdad, porque hay que distinguir ambos conceptos... y no sólo poder, sino tenerlo de nacimiento, perder la capacidad de mentir.

Por mi parte, ya he pensado en ir de frente con el mundo, pero no lo termino de ver claro. Ya hay una a la que me gustaría haberle soltado algo similar a lo de Eli Loker... pero no puedo, soy totalmente incapaz. En nuestro universo, para poder hacerlo tenemos que desarrollar la falta de preocupación a la reacción ajena, y yo no la tengo. Me da pánico cagarla. Y me callo.

Y no sólo eso, hay cosas que me gustaría decirles a ciertas personas, y sin embargo, por el bien de la convivencia con todos, me callo de nuevo.

Y vosotros, lectores que os voy a estar spameando con esta entrada por Twitter, ¿qué opináis? ¿Deberíamos empezar todos a decir la verdad, o es mejor que continuemos como estamos?

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