Top-10 Lo más leído en el blog del 2015


Un año más, repasando el top de las entradas del año que más lecturas han tenido.

0. "Ou may god" (11) - Eustaquio Ramal Ware
1. Sybiliam
2. Machismo
3. El desnudo
4. Mortadelo y Filemón
5. Nueva vida, nuevos problemas (I)
6. Nueva vida, nuevos problemas (V)
7. Me miraron raro cuando dije que iría a ver 'Del revés'
8. Feliz Día del Libro (strikes back)
9. Érase un empresario
10. Nueva vida, nuevos problemas (III)

Sólo me resta desearos una feliz entrada de año ;)

editado: Acabo de darme cuenta de que el capítulo 11 de "Ouy may god" ha desbancado el que era el post más leído de 2015, de forma que actualizo la lista "chapuceramente", dejando los 10 anteriores como estaban, y añadiendo en la cumbre ese "0".

"Ou may god" (11) - Eustaquio Ramal Ware



Aquel día debía ser un día normal. Con las incidencias normales, las tonterías normales, las páginas web normales, los servidores a punto de sobrecargarse con normalidad... Un día normal. Dalia estaba preciosa, como cualquier día normal. Guillermo estaba tan normal, haciendo sus tareas normales de informático. Rafa se iba haciendo con su puesto de manera normal. Y yo vigilaba mis informes normales de que todo estaba normal, mientras veía una serie normal en el segundo monitor de mi mesa. Sobre la mesa también reposaba mi normal café. Lo que se dice, un día normal.
Y lo que pasa los días normales es que el más mínimo detalle que se sale de lo normal llama la atención. Porque uno, que no suele atender la burrocracia estándar ni aunque le pongan la recortada en la cabeza, ve ciertas cosas que no son normales. Y lo que vi fue muy extraño. El informe del antivirus me advertía de que algo no-normal invadía la red de información de la oficina. De mis dominios.

Lo habitual es que esos informes del antivirus tuviera los típicos ramalazos: de cosas que se han intentado colar cuando la gente se pone a bajar por el torrent, o de que se ponen programillas pirata, o de que intentan hacer que en la cafetera suene Isabel Espantajo mientras se preparan un cortado. Cosas con las que se lidia fácilmente con un tirón tirón de orejas, que eso caca, y que si lo vuelven a hacer me llevaré sus archivos a un servidor en China y tardarán diez veces más en hacer su trabajo.

Pero cuál fue mi sorpresa al encontrarme un detección de todo un muestrario de virus: 72 detecciones, 10 de ellas que aún no habían sido limpiadas. Impresionante. Sobre todo cuando tengo la red de la empresa tan bien vigilada. Detrás de mi apareció Dalia mientras yo me hallaba sumido en mis reflexiones sobre el tema.

-¿Qué ha pasado? -me preguntó con sorpresa. Ella tampoco había visto eso antes. Por lo menos, aquí.
-Que tenemos un juancker, parece... 72 virus que nos ha colado un alguien -respondí-. Me dan ganas de ponerle una medalla y apretar el nudo muy fuerte.
-¿Cómo lo ha hecho?
-Pues... la forma más tonta. Con un pendrive. Todo se ha detectado en una unidad que no es de los ordenadores.
-Joder... ¿y quién ha sido el pieza?

En el informe tengo cuál ha sido el ordenador infectado. Me conecto a la base de datos en un momento, y hago una pequeña búsqueda de equipo. Veamos... Scroll, scroll, scroll, y ahí lo tengo. Equipo asignado a Eustaquio Ramal Ware.

Pues a bote pronto no tengo ni puta idea de quién es la criaturica. Pero me da igual. Un telefonazo a los de RRHH y que me lo cuenten, que les tienen muy bien ubicados. O deberían al menos, que por algo me curré el programita que usan. Me ponen música de espera, y les devuelvo la pelota poniendo una de Rammstein desde mi móvil.

-¿Hola? -pregunta Román, el que lleva el tema de los contratos y todo eso, intentando hacerse oir por encima de Lindemann.
-¡Holo! -respondo, bajando el volumen de la canción para sólo oírlo yo. No me gusta dejar las canciones a medias-. ¿Lo tienes?
-Lo tengo, lo tengo... Ramal Ware, Eustaquio, está en la tercera planta, donde los pagos.

Con dos pelotas. Un ordenador infectado en el área que me paga la nómina. Pues con eso no se juega.

-Gracias, machote. Voy a verle entonces.
-De nada. Por cierto, el otro día me compré una tablet...

Uy, se ha colgado. Me pongo en pie, y vacío la taza. A continuación me estiro como si estuviera anquilosado desde hace mil años. Me pongo a hacer estiramientos.

-¿Sabes que eres un teatrero? -me pregunta Dalia.
-Sí -respondo con la mejor de mis sonrisas. Localizo con la mirada el disco duro con el antivirus actualizado en la mesa de Guillermo y se lo pillo prestado.
-Cuídalo -me dice, mientras sigue sumido en la lectura de algo tan gordo que sólo puede ser o la Biblia o Juego de Tronos.
-Descuida, sólo me lo llevo de putas. Volverá con alguna ETS.

Se ríe de mi analogía, y salgo del despacho, no sin antes dejar a Rafa entrar, cargado con una caja de ordenador, un teclado y un ratón. Que le aproveche. Yo a lo mío: a dejar mi red segura, que para algo estoy aquí.

El ascensor hace su función: dejarme en el tercer piso. Y yo voy a hacer mi función. Todo en esta empresa parece funcionar por engranajes que hacen lo que toca. Eso es maravilloso, y provoca que mi jefe pueda ir al baño como un reloj, movido por esos engranajes. Qué bella grotesca imagen.

-¿Eustaquio Ramal? -pregunto, a mi llegada. Una de las chicas que hay ahí y que ya me conoce me señala dónde está situado. Voy a por él-. ¡Buenos días! -saludo enérgico.
-Hola -me responde él. Tan concentrado está que ni me mira. O está rellenando una nómina, o la quiniela, o viendo porno.

Eustaquio Ramal Ware es un cuatro por cuatro por cuatro. Se nota que va al gimnasio, pues de lo musculado que está abulta como dos yos. Unos cuarenta años, barba de dos días, y sentado en su puesto desde hace decenios. Está en su habitat. Ahora que le veo es cuando le pongo rostro al nombre y nombre al rostro, pero o mucho me equivoco o no he tenido una llamada suya... nunca.

-Oye, mira -digo, tras sopesar que es mejor no andarme con rodeos-. He recibido un aviso de tu ordenador.
-Yo no he avisado nada.
-Yap. Ya sé que no has sido tú.
-Estoy ocupado, ¿te importa venir otro día?
-Pues me importa y mucho -digo, endureciendo un poco el tono. Lo que me faltaba, que se me ponga borde el tontopollas que ha puesto en peligro la red. Mi red-. Has vuelto loco al servidor del antivirus.

Me mira como quien observa a una vaca pastar. Este hueso va a ser duro de roer. Pero yo lo roo igualmente.

-Imposible -me dice al final. Y vuelve a mirar la pantalla. Maleducado.
-¿Imposible?
-Si, imposible.
-Pues el servidor no miente. Aquí -digo, poniendo el dedo índice sobre la caja- se ha metido un pendrive que ha intentado infectar el sistema.
-Que no.
-Que sí.
-Que no.
-Que caiga un chaparrón.

Ramal Ware se lleva la mano al bolsillo. Me pregunto si tendrá una pistola. Pero no. Se saca un USB. Seguramente, el mismo que tiene que tener más virus que un laboratorio bacteriológico. Una reserva entera de criaturas digitales. El Mundo Digimon.

-Mira, yo uso este pendrive para llevarme el trabajo a casa -traducción mental a sus palabras: "este es el arma homicida"-. Lo uso en mi casa siempre, con mi ordenador, y el portátil. Y nunca ha pasado nada.
-Discrepo. Te digo yo que tiene virus.
-¡Que no tiene ningún virus, ostias! ¿Cómo va a tenerlos? ¡Si lo uso siempre!

El mismo pendrive usado en ordenadores distintos no tiene virus... Claro. Y el mismo pene en diferentes vaginas no tiene mas posibilidades de contraer una ETS que sólo en una.

-Me da igual lo que pienses. Es un peligro, y tengo que hacerle una limpieza. Y a tu ordenador igual.
-¡ES-TOY-O-CU-PA-DO! -pronuncia tan lentamente que no se si me insulta o tiene problemas de lag-. ¡O-CU-PA-DO!
-Meim-por-taun-co-mi-no -le respondo-. Tu máquina debe seguir infectada, así que si no lo limpio, no puede estar conectada a la red. Punto.

En ese momento se levanta. El instinto de supervivencia me exige a gritos que levante las manos para poner la guardia. Pero se abalanza sobre su propio ordenador, y pega un tirón al cable de red. Me sorprende que no lo haya arrancado de cuajo.

-¡Hala! ¿Contento el niño? ¡Ya no tengo red! ¡Déjame trabajar tranquilo!
-Muy bien... Pero recuerda que tengo controlada toda la red. Y esto me lo llevo -digo, y me llevo el pendrive. Me mira con furia furibunda-. Tranquilo, te lo devolveré curado.

Por la cara que pone, debe estar usando el Lado Oscuro de la Fuerza para intentar hacerme daño. Pero no lo logra el pobrecito. Que se joda.

Voy por el pasillo silbando la musiquilla del Kill Bill para darle dramatismo al asunto. Realmente me da curiosidad por ver qué puñetas tiene este en el pendrive. Y si dice que también lo conecta en su casa... Je. Me río yo de los laboratorios bacteriológicos. El Creeper está refugiado en su casa, seguro.

De vuelta en la leonera, me apodero del bonito visor que nos hemos agenciado, dejo la pantalla dividida en dos, y en un lado y lanzo un ping al equipo de Ramal Ware. No hay respuesta. Y espero que siga así. Lo dejo corriendo y mientras tanto voy echando un ojo al pendrive. Joder, he visto guarderías con menos caos.

-¿Que es eso? -me pregunta Rafa, saliendo de la nada.
-El pendrive de la muerte. Esto lo conectas en el Pentágono y saltan diez alertas por despacho.

Como no veo ningún archivo que sea así importante (sólo fotos, películas en screener, y cosas peligrosas como canciones de Pablo Alborán) decido que lo mejor es hacer una limpieza completa y devolvérselo a cero. No voy a molestarme en salvar en multimedia de alguien que ha quebrantado mi perímetro de seguridad.

¡Bzzzz! ¡Bzzzzzz!
-¿Ha probado a apagar y encender otra vez?
-Oiga, que tengo un problema con el correo.
-¿Se le ha olvidado poner el sello? -pregunto. Me cansa un poco eso de "tengo un problema con X". Abarca demasiadas posibilidades.
-No, ¡el del ordenador! -se rie-. Que no me llegan mensajes.
-A lo mejor no se lo están enviando bien.
-No, sí, mire... Yo entro... eme a i ele punto ge o o ge ele e...
-Un momento... -¡alerta roja!- ¿No es el correo corporativo?
-No, es el mio, que me manda mi cuñado unos powerpoin muy graciosos...
-Pues lo siento, pero a ese correo no damos soporte.
-Pero...
¡Clic!

Entre el del correo personal, el que le entró el virus de la policía en la tablet de su hija, y el que se compró una nevera USB para las latas de cocacola y me pidió que se la arreglase el día que se rompió, me cuestiono si la gente conoce el significado de las palabras "garantía", "servicio técnico oficial" o "el informático de la empresa no va a ir a tu casa a mirarte la tele, tío caradura".

-Teseo... -dice Dalia.
-Dime.
-Tienes un problemita.

Levanto la mirada y miro la pantalla. 

64 bytes from 10.16.23.14: icmp_seq=1 ttl=64 time=1.00 ms
64 bytes from 10.16.23.14: icmp_seq=2 ttl=64 time=0.804 ms
64 bytes from 10.16.23.14: icmp_seq=3 ttl=64 time=0.824 ms
64 bytes from 10.16.23.14: icmp_seq=4 ttl=64 time=0.827 ms

¡El ordenador de Ramal Ware vuelve a estar conectado a la red! Me levanto con tal ímpetu que la silla choca contra la pared. Salgo corriendo al ordenador de ese hombre nacido de un tóner pirata de impresora cara. Pasando del ascensor, voy por las escaleras, saltando los escalones de dos en dos.

Le veo en la lejanía. Tecleando a saber qué. Me da igual. Está demasiado distraído para percatarse de mi existencia. Me acerco a paso ligero y silencioso. El mas mínimo ruido podría atraer su atención y...

-¿¡QUÉ COJONES HACES?! -bramo en cuanto le tengo en frente.

Casi se cae de la silla con el susto que le doy. Que se joda. A ver si se fractura el coxis.

-¡¿De que vas?! ¡Me has dado un susto de muerte! -me dice, reponiéndose. Justo en muerte es en lo que estoy pensando ahora.
-Has vuelto a conectar el equipo a la red. Habíamos quedado -alargo la mano- en que esto fuera -suelto el cable de red.
-¿Qué haces? ¡Que necesito mandar unos correos!
-No cuando el equipo está infectado -digo, intentando mantener la seriedad. Aunque mi instinto de Rocky Balboa me pide hacer algo más físico.
-¡Que tengo que trabajar! ¡O me conectas o me chivo al jefe!
-Gracias por resumir la cuestión -y empiezo a quitarle los cables a la torre. Mouse, teclado, altavoces, corriente...
-¿Tú estás loco?
-Este ordenador queda confiscado hasta que lo limpiemos.
-¡Tú no sabes con quien te estas metiendo, ¿eh?!
-No, pero me enteraré dentro de un rato, seguro. De momento voy adelantando trabajo.

Me marcho con los buenos siete kilos que debe pesar la caja del ordenador bajo el brazo, pero no siento el peso. Me siento on fire. Como V contra el Fuego Nórdico. Como Goku contra Majin Boo. Como Dalia rechazando ofertas de Timofónica.

-Rafa -le llamo en cuanto llego y pongo a mi lado el Equipo Zombi.
-Dime -se acerca rápido. Con ganitas de aprender.
-Aún no has visto cómo tenemos montado el antivirus, ¿no? -le pregunto, y niega con la cabeza-. Pues siéntate y nos ponemos.

Le estoy enseñando cómo conectarse al servidor en que almacenamos el antivirus bien actualizado cuando suena un Bzzz Bzzz que termina respondiendo Dalia.

-Hola... sí, claro... Pues Teseo... -me mira. "Es el jefe", gesticula.
-"No estoy" -gesticulo yo también.
-No está... No se, no ha vuelto... Sí, cuando llegue... Hasta luego...

-Que te quiere en su despacho. ¿Qué has hecho? -pregunta.
-Tocarle los cojones a su ahijado, será -respondo-. Pero si Ramal Ware va a intentar demostrar que la tiene mas larga que yo, va listo. No voy a entrar en ese juego.

Continúo dando la lección a mi Padawan, cuando vuelve a sonar ese Bzzz Bzzz un rato después. No se va a dar por vencido. Esta vez responde Guillermo.

-Que te pongas -me dice, extendiéndome la mano en que tiene el teléfono. Lo cojo.
-¿Quién eeees? -pregunto, fingiendo ignorancia.
-¿Quién voy a ser? ¡Te quiero en mi despacho ya!

Pues nada, habrá que darse prisa. A ver... me aprieto los cordones, me ajusto bien el cinturón, me aseguro de estar bien peinado... Saco un papelito por la impresora y estoy listo para ir a atender las cuitas del ser de jerarquía superior.

-¡Hola! ¡Buenos días!
-¿Buenos días? Anda, siéntate, que me tienes contento... -dice el jefe. Me siento al lado de Ramal Ware, que me mira con cara de orgasmo-. ¿Qué te pasa con este señor?
-Con este señor, nada -respondo.
-¡Cómo que no! -salta Ramal Ware.
-Eustaquio, cálmate -dice el jefe, conciliador, intentando mantener la compostura-. Me he enterado -añade, dirigiéndose a mi- de que te has llevado el equipo de este señor de muy malas formas.
-Así es -dice Ramal.
-Así es -afirmo yo.

El jefe me mira con enfado por un momento.

-¿Y puede saberse por qué?
-¡Por molestar! ¡Sabe que en esta época estamos hasta arriba de trabajo y el señorito no tiene otra cosa que hacer que molestarme! ¡Y mañana seguro que a otra persona! ¡Esto no puede ser!
-¿Puedo hablar? -pregunto, calmadamente-. Yo no confisco ordenadores al azar.
-¡Así que lo tenías planeado!
-Sí.

Tanto Ramal Ware como el jefe se quedan en silencio. No entienden que le esté dando la razón. Como si no me fuera a defender, claro.

-Lo planeé hace un par de horas, cuando recibí un aviso del antivirus. Este señor había puesto un pendrive...
-¡Y dale con los virus! ¡Y dale con los virus! ¡Que yo no tengo virus! -salta Ramal Ware.
-... que ha infectado el equipo, y por consiguiente puede poner en peligro toda la red de la empresa. Obviamente eso no lo podía consentir.
- ... ¿Es eso cierto? -pregunta el jefe, inquisitivo, a su pequeño trabajador de varios metros de altura.
-¡Que no! ¡Que no lo es!
-Bueno, pues o miente el señor Ramal Ware o miente el antivirus. Y los antivirus no saben mentir -digo, extendiendo la hoja que he impreso antes de llegarme hasta aquí.

El jefe lo lee. Ramal Ware se levanta con sus dos metros de altura, y da toda la vuelta para leer también la hoja.

-Eso no ha sido en mi equipo.
-Eso sí ha sido en tu equipo. Están todos identificados, y la alerta venía del que se te asignó a tí.
-Imposible.
-No tanto. A las pruebas me remito.
-¿No son esto muchas alertas? -pregunta el jefe. Empieza a venir a mi terreno.
-Joder... ¡no pude ser yo, ¿vale?!
-Para empezar... ¿para qué el pendrive? -pregunto.
-¡Para acabar el informe, listo! Me lo llevé, lo copié en mi PC, lo termine, y lo volví a copiar. ¡Ese pendrive del que hablas estuvo conectado apenas dos minutos!
-Tiempo de sobra para infectarlo -añadí-. Por no hablar que eso de llevarte archivos de la empresa no esta muy bien visto...
-¡BASTA YA LOS DOS! -dice el jefe. Parece que se ha quemado un poco-. ¿Dónde está el ordenador de este señor?
-Con el enfermero limpiándolo de ébola -digo. Parece que no es buen momento para los vaciles-. Rafa lo está desinfectando.
-Vale, pues cuando termines, se lo devuelves y no quiero oír ni una queja. ¡Ni una queja! -grita, mirando a Ramal Ware. Que se joda-. Y cuidado con los pendrives, que no quiero saber nada más de rollos de virus, ni bacerias ni la madre que los parió. ¿Estamos?

Sonrío, asiento, y me levanto. Ramal parece que quiere replicarle, pero el jefe tiene su cara de enterrador y responder parece contraproducente. Me voy adelantando al cuchitril, a ver cómo va la limpieza.

-Esto ya está, Teseo -me informa Rafa una vez me he sentado.
-Perfecto, déjamelo un momento.

Vamos a ver qué tiene este pantallazo azul de la muerte en su ordenador. Lo primero es revisar su usario. Lo compruebo en la lista de usuarios de mi red, y veo que no tiene ningún privilegio a nivel general. Perfecto. Ahora, miro los permisos de su ordenador...Parece que tiene unos cuantos... Bueno, desactivamos esto, prohibimos aquello... Y listo para entregarlo.

-Ahora sí que está. Cuidad de esto en mi ausencia. De nuevo -les digo.

Me llego hasta la mesa de Ramal Ware. La ha dejado inundada de pipas en el ínterin. Cochino. Hay papeleras. Pongo con cuidado el equipo en su sitio y reconecto los cables.

-Como me falte un sólo archivo...
-Seré capaz de recuperártelo y sin virus -respondo-. Ale, a disfrutarlo.

Y vuelvo a mi mesa, sospechando que no va a ser la última vez en el día que sé algo de este señor. Pero yo a lo mio. A revisar que nada más se ha roto mientras me ocupaba de este bobo.

Cuando llego, todo parece normal de nuevo. Guillermo se ha apoderado del visor para ver en grande cuales equipos están cumpliendo el protocolo, y Dalia echa una mano a Rafa con un PC que han abierto. Maravilloso.

Bzzzzz. Bzzzzzz. BZZZZZZ. Si no fuera imposible, juraría que el teléfono suena cada vez mas fuerte.
-¿Quién es? -pregunto, sentándome de nuevo en mi sitio.
-¡Ven aquí inmediatamente! -reconocería esa voz en medio del Santiago Bernabéu cuando se juega el clásico.
-¿Ramal Ware?
-¡Claro que soy yo! ¡Ven aquí!
-Mira, por tu culpa me he dado hoy ocho caminatas por la oficina, no voy a volver porque te haya salido un grano en el culo.
-¿Un grano en el culo? ¡A tí te voy a dar yo grano en el culo! ¡Me has roto el ordenador!
-¿Roto?
-Sí. ¡Roto, ROTO! ¿Sabes lo que es eso?
-La definición de que algo no funciona.
-¡Pues eso! ¡Que no funciona!
-¿Qué estás intentando hacer?
-¡Trabajar!
-Respuesta incorrecta -digo, mientras conecto los auriculares al teléfono, que dejo encima de la mesa, y me acomodo-. ¿Puedes abrir archivos?
-Sí.
-¿Y modificarlos?
-También.
-Pues ya puedes trabajar.
-¡Y un cuerno! ¡Necesito instalar una cosa!
-¿Cuál?
-¡Una!
-Pues nanay. No vas a instalar ni un programa salvo que esté justificadísimo. Y por supuesto olvídate de poner pendrives. Y por cierto, ay de ti como intentes hacer algo en el equipo de tus compañeros. Te tengo vigilado.
-¿Es una amenaza?
-Es un aviso. A ver si el próximo en tener que hablar con el jefe voy a ser yo.
¡Clic!

Tanta tontería en un sólo día no es recomendable.


En capítulos anteriores...
1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 5.5 (+18) 
6 - 7 - 8 - 9 - 10 

Toxina

Y termino el reto de los 12 libros de este año con uno de mis autores favoritos: Robin Cook (Contagio, Crisis, Coma). Tras meses sin echarle la mano encima a un libro de este autor, tuve la buena suerte de encontrar Toxina, y me lancé a su lectura ávidamente.

Cook nos presenta al doctor Kim Reggis, un cirujano de éxito, muy conocido, que se haya un poco enfadado desde el momento en que su hospital fue absorbido por AmeriCare (empresa de sanidad privada que creo recordar que aparece en todas las novelas que he leído de Cook). Hombre divorciado, tras ir a por su hija Becky se la lleva a comer al Onion Rings, el típico restaurante de hamburguesas y patatas fritas. Pero a partir del día siguiente, Becky empieza a encontrarse mal. Muy mal. Cuando parece que no se trata de una simple indigestión, Kim decide averiguar qué ha causado esa extraña enfermedad.

Al igual que en Coma, Cook hace una llamada de advertencia en su novela. En este caso es una denuncia social por la mayor demanda de calidad de los alimentos a menor precio, de las prácticas de cultivo agresivas a través de un narrador omnisciente.

Sí, porque gustamos no sólo de conocer lo que hace y piensa Reggis, sino también se nos enseña el oscuro camino a los lectores, el cómo se puede llegar a esa situación. Una especie de lucha de un hombre contra algo más grande que él y que le puede costar muy caro.

Un buen thriller que no rechazaría ver adaptado a una película (incluso a una de esas TV movie de sobremesa). Tengo debilidad por las novelas de misterio, y esta cumple con creces mis expectativas al respecto. Me ha enganchado y lo he leído en tiempo récord. Si el autor ha llegado a vender casi 100 millones de copias es por algo: por méritos propios.

Con esto, queda cerrado el "reto" del año... Y empezar pronto el de 2016. ¡Otros 12 libros!

Es que la tecnología...



"Es que por culpa de los smartphones la gente ya no habla en el transporte público, van embelesados y atontados mirando la pantallita y se pierde la comunicación y los comunistas nos roban a las mujeres..."

¡PAMPLINAS! He de decir que yo antes pensaba igual, pero si miramos el asunto en retrospectiva... No hay mucha diferencia entre aquel señor entrañable que se sentaba en un asiento libre y se ponía a ojear el periódico con el caballero que, yendo a la oficina, saca su tablet para mirar las últimas noticias publicadas en la web.

O entre aquella persona que iba con su walkman y la cinta de Los Pecos dando un concierto para desgracia alegría de sus conciudadanos, y el que ahora se conecta con su MP4 a Spotify y mezcla una de Michael Jackson con otra de Camela.

¿Y qué diferencia hay entre "ayer me paso esto, esto y aquello" y "mira, ayer hablando con este mira lo que me dijo y yo flipando..." (inserte aquí conversación de WhatsApp).

La tecnología se ha amoldado a nuestras vidas. Si bien es cierto que hay hábitos que se han cambiado (y que la idea del "doble check azul" ha sido algo nefasto en la comunicación) nos limitamos a hacer lo mismo que se ha hecho hasta ahora con la tecnología: aprovecharla.

Planeta Tierra, hace muchos años antes de Jotacé
-¿Te puedes creer, el de la cueva de al lado?
-¿Que le pasa?
-¡Que se ha montado un carro para llevar las cosas! ¡Con ruedas!
-Sí, lo sé... El otro día la de dos cuevas más allá, igual, usando el fuego para cocinar el mamut en lugar de hacerlo crudo.
-Si es que yo no se donde vamos a parar...

Si fuera por algunas personas, aún estaríamos usando un coche de caballos en lugar de automóviles. O contratando escribas en vez de tener imprentas. O usando energías no renovables en lugar de... oh, wait, mal ejemplo.

La evolución de la tecnología lleva acompañando al hombre desde el dominio del fuego y la invención de la rueda hasta hoy. "Ya, pero no es lo mismo, porque esas son cosas útiles...". Bueno, vale, pero... ¿qué hay de esos incendios (de dudoso origen) que queman hectáreas de bosque y monte al año? ¿O de los atropellos? Eso es también un uso irresponsable de la tecnología, y no por eso vamos a ser tan radicales de prohibirlo, ¿verdad? Pues con las tecnologías que tenemos ahora también.

No hay que prohibir. Hay que educar. Enseñar que no se puede depender absolutamente para todo del móvil. Pero hoygan... Que la localización puede salvar vidas. Que la videollamada ayuda a gente con problemas de habla y/u oído a hablar con sus seres queridos a la distancia. No se, pero algo que hace cosas buenas, no puede ser tan malo.

Fulgor

Por circunstancias personales, últimamente lo de actualizar el blog ha quedado un poco de lado, pero voy a intentar aprovechar para ponerme al día con las publicaciones después de un mes y medio de abandono.

Y vengo, una vez más, con uno de los libros del reto, el 11º, siendo Fulgor. La obra más reciente de Manel Loureiro (del que ya comenté la trilogía de Apocalipsis Z: El principio del fin, Los días oscuros, y La ira de los Justos, y su novela El último pasajero). Creo que después de esta última lectura, el apodo de "el Stephen King español" le queda muy apropiado. Atención: van spoilers.

El libro nos narra una historia de intriga, en la que Casandra, una mujer cuyo matrimonio no está pasando por su mejor momento, queda en coma tras un accidente de coche dado en extrañas circunstancias. Cuando se despierta, empieza a ser capaz de percibir el aura de las personas, en su mayoría de colores vivos y brillantes. Sin embargo, su habilidad la pone en peligro con la aparición en su ciudad de lo que ella denominará los Oscuros: gente con el aura oscura que parece estar siempre cerca de los sitios donde ocurren desgracias... o incluso ellos mismos pueden provocarlas.

La historia, como no podía ser de otra forma, no se centra en la figura de Casandra. Los Oscuros también tienen sus momentos de protagonismo con el lector, para darnos una idea de lo escalofriantes que pueden ser estas personas, y ayudan a entender un poco la naturaleza de los mismos.

He de reconocer que ha sido una lectura absorbente. No es extraño que el comienzo de la misma empezó lento, pero poco tardó en arrancar la parte interesante (la trama de los Oscuros se presenta muy sutilmente al principio, pero ya ayuda a querer continuar leyendo). En las páginas del libro vamos conociendo la personalidad de Casandra, una mujer en cuyo mundo empieza a derrumbarse su matrimonio, al no encontrarse del todo feliz con su marido Daniel, un policía que parece no encontrar del todo su sitio. Ambos dos se enfrentan a una dura prueba en la novela en que ninguno de los dos parece poder confiar del todo en el otro.

Minoritariamente está la figura de Martín, el hijo pequeño del matrimonio, en el cual ambos se vuelcan. Y no podía faltar un aliado en el asunto, un paciente del centro psiquiátrico donde trabaja Casandra, de quien sospecha que podría tener información útil acerca del fulgor que puede ver y percibir. A lo largo de las páginas, Casandra pondrá en duda en varias ocasiones su propia cordura: ¿será real el fulgor? ¿Van los Oscuros realmente a por ella? ¿O es todo fruto de su imaginación, en una secuela de locura tras un coma que debería haberla matado y no fue así?

Una historia de misterio que engancha desde el principio hasta el final, añadiendo Historia del mundo en la trama (como ya hiciera con la historia de la Alemania nazi en En último pasajero) de una forma bastante interesante, y cuyo desenlace deja abierta la posibilidad de una secuela que sería por lo menos tan interesante como esta.

Onceavo libro. Estoy con el último del año. Toxina, de Robin Cook. Muy pronto...

Ola de calor

Lo prometido es deuda, y tras un largo periodo sin publicar, llega el momento de reseñar otra novela que me he leído. Y en esta ocasión ha sido Ola de calor, de Richard Castle.

Sí, Castle, el de la serie televisiva. Obviamente Nathan Fillion no ha escrito el libro... o sí, ya que el autor real del libro parece ser un asunto secreto. Aunque todo apunta, evidentemente, a que la autoría pertenece a los guionistas de la serie.

En cualquier caso, el planteamiento de la novela no podía ser más parecido al de la serie: A la detective Nikki Heat le encasquetan, por hilos de influencias, al periodista Jameson Rook, que quiere documentar el trabajo del departamento de policía en Manhattan, Nueva York, cuando un magnate inmobiliario es asesinado.

Realmente encaja muy bien, pues recuerda en todo momento a los orígenes de la relación entre Castle y Beckett (salvo alguna licencia que se tomó "Castle" sobre lo que la detective pensaba de él), y aparece casi todo el elenco de la temporada: Heat (Beckett), Rook (Castle), Raley y Ochoa (los Roach, Ryan y Esposito), el capitán Montrose (Montgomery) y Lauren (Lanie). La excepción es Alexis, la hija de Castle, que no tiene homólogo en el libro. Algo natural, si en la novela el autor sigue el "punto de vista" de Heat y no de Rook.

Entretiene, divierte... y ya. Es decir: no es la novela del año (de su año, vaya). A muy grandes rasgos, como novela policíaca es el mismo resultado de novelizar un caso cualquiera de la serie Castle. Y no lo digo como algo negativo (personalmente soy fan de la serie), pero no es una obra maestra del género. No es una novela de Holmes, no es una novela policíaca al uso. Es una adaptación del género.

¿Recomendable? Sí, si eres fan del estilo. No voy a adentrarme en analizar la trama: si disfrutas del modus operandi de la serie, el libro te va a gustar. En caso contrario, puede que esta no sea tu novela. Salvo que le quieras dar una oportunidad (pero empieza por la serie).

Como nota, se han publicado, tanto en Estados Unidos como en España, las mismas novelas que en la serie (la más reciente, Calor asfixiante). Las leeré, progresivamente, pero por lo pronto no. Será más por curiosidad que otra cosa, pero tengo unos cuantos libros pendientes, así que toca organizar la lista de lectura.

Por lo pronto, voy a volver con Manel Loureiro, que ha publicado Fulgor hace un mes y va siendo hora de que le hinque el diente ojo a dicho trabajo, que promete mucho.

1984

Lo prometido es deuda, y me sumí en la lectura de 1984. Me falta Fahrenheit 451 para completar la "trilogía de la distopía", pues ya me leí Un mundo feliz. Y desde luego, 1984 parece un mundo aún más duro del presentado en dicha novela.

La novela, de George Orwell (autor de otro libro que anduve comentando, Rebelión en la granja) nos presenta una sociedad dominada por el Partido, cuyo líder supremo es el Gran Hermano (sí, de una novela como esta se basaron para el concurso chabacano de Tele5). Este Partido regula todo lo que ocurre dentro de sus fronteras. Con el Ministerio de la Paz, el Ministerio del Amor, el Ministerio de la Verdad y el Ministerio de la Abundancia, controlan absolutamente todo.

Grandes herramientas para ello son las telepantallas, que controlan los movimientos de todos y de todo; la Policía del Pensamiento, que procuran evitar que se puedan cometer crímenes mentales (crimentales) contra el Partido, y por supuesto, una educación hacia las nuevas generaciones (¿a qué grupo me han recordado esas palabras?) a quienes se les enseña a traicionar a sus padres y a adorar al Partido.

Winston Smith es uno de los engranajes del Partido. Su trabajo consiste en modificar la historia: corregir ediciones pasadas del Times, para que encajen con la realidad presente. Si se previó que habría un ataque en un mes, y finalmente fue en dos meses, debe editar el original. Si alguien que un día es un héroe al día siguiente es declarado traidor, debe dejar claro que siempre lo fue.

Pero Winston no es idiota. Sin entender del todo la realidad en que vive, se empieza a cuestionar. Sobre el pasado. Sobre los sentimientos. Sobre la sociedad. Sobre la verdad. Mientras se hace preguntas, conocerá a Julia, con quien poco a poco empezará a mantener una relación, y con quien comparte muchos de sus pensamientos.

De esta forma, se nos presenta una novela interesante dividida en tres partes. SPOILERS #ojocuidao.

La primera parte nos presenta al personaje: su forma de ver el mundo, el inicio de sus preguntas e inquietudes. Winston parece estar sólo en una socidad sometida al yugo del Partido, y debe hacer lo imposible para parecer ser uno más si no quiere desaparecer. Ha oído historias sobre revoluciones, pero ¿quién sabe si son verdad? ¿En quién puede confiar?

La segunda parte ahonda en la relación entre Winston y Julia. Su visión del mundo, su intención de pelear contra el Partido aunque no sepan cómo empezar siquiera, su curiosa relación que trasciende la "camaradería" que existe en la sociedad, sin que llegue a ser amor (al menos, tal como lo conocemos en nuestra sociedad real).

La tercera parte y final es la "losa que nos arrastra". Winston es arrestado, torturado, y de esta forma, conoce y comprende la verdadera naturaleza que hay detrás del Partido. Una dolorosa verdad, y que nos deja un final abierto sobre el destino final de nuestro protagonista.

Una lectura muy interesante. El desarrollo del personaje no deja de notarse en toda la novela, diferenciándose bien el Winston que vemos en cada una de las partes. La sociedad presentada en la novela es terrorífica. Una sociedad alimentada a base de odio, de guerra, eliminando los sentimientos positivos. Escalofriante cuando se analiza. No puedo sino aplaudir la novela.

Me resulta curioso el dato de que (precisamente) en 1984, se estrenara la película, siendo John Hurt el actor protagonista. ¿Por qué es curioso? Porque 20 años después, John Hurt haría el papel de Adam Sutler, el "Gran Hermano" de la película V de Vendetta. Coindicencia... o quizá no.

Leído esto, ahora debo decantarme por mi siguiente lectura. ¿"Fulgor", de Manel Loureiro, u "Ola de calor", de Richard Castle? (sí, Castle, no has leído mal). Ya decidiré.

Redes (a)sociales



Lo que puede dar de si una chorrada en Twitter...

Los (putos) ads



Voy a decirlo sin tapujos. Navegar por la web se ha convertido en un coñazo. Quieres buscar información de cualquier cosa, y aparecen miles de anuncios molestos en la pantalla. Desde páginas que se limitan a poner un banner (las que menos) a esas que cargan tres banners, dos ventanas emergentes, el botón de Facebook, y enlace a sitios similares con más publicidad.

Señores programadores de páginas web, entiendo la necesidad de publicar algo (y recalco: algo) de publicidad para sostener una web. Alquilar el dominio, el hosting... Vale, conlleva unos gastos. Y si de paso, con el fruto de ese trabajo, se consiguen unos euros, pues tanto mejor. No tengo problema con eso.

Pero seamos serios. Los anuncios de las páginas web, los que van incrustados, se han convertido en invasivos. Es imposible navegar a gusto con esta publicidad tan molesta.
  1. Porque ralentiza el tiempo de carga. Cuantos más elementos tiene una web, más tarda en cargar. Eso es un hecho, y más cuando hay sitios en los que la publicidad carga antes que el contenido. Intolerable.
  2. Dificulta la navegación, especialmente desde un teléfono. Si ya jode entrar en un sitio web desde el teléfono y comprobar que no está adaptado para leerse en teléfonos, no te cuento ya pelearse en una pantalla táctil con los anuncios. Al final te entra hasta el tifus en el smartphone.
  3. Distrae. Afortunadamente, los que usamos Firefox tenemos ahora un "modo de lectura" que se limita a cargar el texto y sus imagenes ilustrativas, eliminando cualquier distracción. No obstante, no es suficiente: la publicidad de un sitio no puede interferir en su contenido.
  4. Quitarla es cada vez más difícil. En serio, ¿a quién no le ha pasado lo mismo que ilustro en la imagen de publicidad en los teléfonos?
  5. Es peligrosa. Tener que ver la imagen de un pene creciendo mientras intento leer las últimas novedadesd de la parrilla televisiva estadounidense ya es incómodo. ¿Qué hay de acceder a una web, y que de pronto, por la publicidad, esta te lleve a una página de esas que infectan con el virus de la policía. Entre otros ejemplos. Y me ha pasado leyendo artículos de Harry Potter, cuidado.
Así que me toca un poco los cojones que los anunciantes de internet estén haciendo un aquelarre contra los bloqueadores de anuncios. ¡Que pierden dinero! ¡Cojones! ¡Y yo pierdo mi tiempo intentando cargar una web sobre la cría de la zanahoria en invernaderos en la que cada dos por tres me sale un aviso que no hay forma de cerrar y como no de en el punto exacto de la "X" para cerrarlo me abrirá una emergente que intentará venderme viagra!

Es realmente molesto. Y eso por no hablar de las últimas "encuestas" que aparecen estos días en ciertas webs informativas. ¿Que para leer un artículo tengo que decir si soy padre, si tengo un Volkswagen,o si dedico más tiempo a ir al cine o a ver la tele?

Menos mal que parte de ese colectivo se ha dado cuenta de que ese modelo debe cambiar. El problema, me temo, es que tardaremos en ver ese cambio. Y mientras, los ads nos seguirán impidiendo acceder a nuestro contenido. Ya sea navegando, usando juegos en el teléfono...
Hace poco se anunció Pokémon Go!, un juego para Android e iOS que permitirá atrapar Pokémon usando la realidad virtual. Entre otras cosas, se ha hablado de eventos para que la gente coopere para capturar a los legendarios. Tiemblo al imaginarme a doscientas personas congregadas en Puerta del Sol, a punto de atrapar a Mewtwo, y que en el momento de lanzar la Pokéball, aparezca un anuncio en video de tres minutos que no se puede saltar. Ahí lo dejo.

Ser solidario



Esta imagen en realidad es una plantilla. Cada vez que hay de por medio un asunto relacionado con nuestra solidaridad, un montón de gente, gente hipócrita siendo precisos, se oponen profundamente a que seamos solidarios, pero siempre hay un caso concreto que les llega a la fibra sensible. Sólo ese. Manda cojones.
Una cosa es ser solidario, y otra es serlo a cambio de nada.
Mariano Rajoy
Mucha gente parece acogerse encantada a las palabras de Rajoy, que recogen muy bien el espíritu de lo español. He aquí otras citas célebres en la misma línea.
Una cosa es ser generoso, y otra es serlo sin pedir que te lo devuelvan, con comisiones.
Un banquero cualquiera
Una cosa es ser solidario, y otra es serlo a cambio de nada.
Tu cuñao, después de oír a Rajoy
¿A qué se debe todo este rollo de citas? Recientemente he visto en Facebook una imagen de esas compuestas por una foto y un texto sobrepuesto. El texto, en esta ocasión, rezaba: "Ante las ayudas sociales, los españoles primero". Lo se, es duro. Ve al baño, vomita, y una vez te hayas repuesto de que alguien pueda haber publicado tamaña gilipollez (y otros taitantos la compartan), continuamos.

Estuve un rato pensando... y la verdad, no se me ocurrió ningún motivo para que los españoles tengamos que tener algún tipo de "preferencia". No se, lo mismo es que tenemos la polla más grande y eso nos da el derecho, aunque lo dudo. Tanto que la tengamos más grande, como que en ese caso tuviéramos derecho.

Las ayudas sociales son para la sociedad que lo necesita. (¡Gracias, capitán Obvio!) No, no es tan obvio, o no me parece que lo sea para la gente, de ahí que tenga que explicarlo. Y antes de que me venga alguno con eso de "es que los extranjeros vienen a...", vamos a dejar claras unas cosas:
  1. En este país hay inmigrantes que necesitan las ayudas sociales para vivir.
  2. En este país hay inmigrantes que se aprovechan de las ayudas sociales.
  3. En este país hay españoles que necesitan las ayudas sociales para vivir.
  4. En este país hay españoles que se aprovechan de las ayudas sociales.
¡Y punto! ¡Que no todos los que somos originarios que aquí somos unos santos! ¡Ni todos los que vienen de fuera lo hacen para aprovecharse! ¡No se puede hacer una criba por el puto país de origen! ¡Se deben hacer esfuerzos para garantizar que esas ayudas van a ser bien aprovechadas! ¡No se puede cerrar el grifo! ¡No podemos hacer como esos bárbaros que intentaban evitar la entrada de los camiones de refugiados! ¡O la reportera húngara! ¡Por el amor de lo que más quieras! ¿Qué clase de comportamiento es ese? Si somos humanos, tengamos humanidad.

Hay un oxímoron del que formo parte. La llamada "tolerancia cero". No puedo con el racismo. No puedo con el "que pena me da el niño sirio pero no voy a dejar que entren en mi país". No puedo con el sentimiento patrio que crece hasta que la persona cree que por esa condición estamos por encima de otros.

"Pero es que en otros países...". En otros países un imputado no puede ejercer un cargo público, en otros países se ha dimitido cuando no se ha podido cumplir el programa electoral, en otros países se hacen tantas cosas que tan bien podríamos hacer en el nuestro... Pero eso ya no nos sale de los cojones, claro. Que muchos los tienen tan gordos que se los pisan cuando van por la calle.

La sociedad española tiene muchas cosas buenas (aquí entra uno y me dice: ¡fascista!) pero también tiene cosas malas (aquí entra el otro y me dice: ¡rojo!). Lo de la tolerancia es uno de esos temas. La solidaridad es el otro. Yo no voy a decir a nadie: "Oye, tenemos que ir a donar a esta ONG, que necesitan ayuda para...", no, no voy a hacerlo. Cada uno con su dinero puede hacer lo que le de la gana.

Creo que España va a acoger a 14.000 refugiados. Si hay algo que me preocupa del asunto no es el hecho de que vengan, sino qué les podría pasar cuando lo hagan... Hay mafias que operan... hay gente violenta por la vida... No creo que vayan a estar peor que en su país de origen, pero de lo que estoy seguro es de que ni el 5% podrán alcanzar (a menos a corto plazo) el nivel de vida medio de los españoles. Por mi parte sólo me queda desearles la mejor de las suertes. Y a los intolerantes, les deseo que revisen por las webs de noticias. Que vean lo que tiene que estar pasando esa gente en su país.
Los refugiados no emigran por diversión. Al igual que la gente que salta las vallas en Ceuta y Melilla. En una situación desesperada, quien no tiene la oportunidad por la vía legal, lo hará por la ilegal, más peligrosa. Supervivencia lo llamo. Pero si cualquiera de nosotros estuviera en el lugar de ellos, más de uno sería el primero en querer salir de allí.
Esta es mía.

Mortadelo y Filemón

Tras pensarlo mucho, me di cuenta de que aún no había dedicado una entrada en el blog a la mítica pareja creada por F. Ibáñez, y como eso no podía ser, era hora de corregirlo.

Mortadelo y Filemón, nacidos en 1958, la pareja de detectives (y luego, agentes secretos) más famosa del panorama español. Ríos de páginas, tinta, gags, carcajadas...Un hito en la historia de la historieta española, por peso propio.

Yo he sido de los niños que han crecido con Mortadelo y Filemón. No en su época dorada, claro, pues me dio por nacer en los años 90, y hasta finales de la década no empecé a acumular cómics de los agentes patrios más conocidos. Precisamente, "El bacilón", cuya portada ilustra esta entradilla, fue el primer álbum como tal que leí de Mortadelo. Posteriormente, conseguiría "Los secuestradores" y "El transformador metabólico", todos ellos de la actual colección Olé!. Sumándolo al número 14 de Súper Humor (repitiendo las dos anteriores, y añadiendo "Los mercenarios" y "¡A por el niño!"), fueron los orígenes de una colección que actualmente ocupa el 50% de mis estanterías (acompañados de Rompetechos, El botones Sacarino, 13, Rúe del Percebe, los Zipi y Zape de Escobar, y varias recopilaciones de historiera de la época de Bruguera).

Mortadelo y Filemón son como el buen vino: envejecen bien. Y ahora mismo, podemos elegir cualquier álbum de la época de los setenta (como la primera "larga" que fue "El sultafo atómico", o "Magín el Mago") y reírnos de aquellas aventuras.

Los agentes empezaron su andadura en 1958 como Mortadelo y Filemón, agencia de información (por aquella costumbre brugueriana de poner rimas a los títulos de sus tiras), siendo una parodia (aproximada) de Sherlock Holmes y el doctor Watson. Bueno, en realidad Filemón podía beber más de Holmes que Mortadelo de Watson (siendo Mortadelo quien heredaría -es un decir- la habilidad del disfraz de Holmes, pero de tal forma que se convirtió en el perfecto transformista).

De esta forma, los agentes se hicieron su hueco en la revista "Pulgarcito" como una pareja de detectives, únicos hasta que, once años después, se publicara "El sulfato atómico". Aquello fue el cambio: pasaron a ser agentes secretos por cuenta ajena, de la T.I.A. (Técnicos Investigación Aeroterráquea), añadiendo a dos personajes al elenco: el superintendente Vicente (alias, "El súper") y el doctor/profesor Bacterio, quien resultó ser el culpable de la calvicie de Mortadelo. Como nota curiosa, hasta ese momento, era Mortadelo quien realizaba los inventos catastróficos, rol que heredaría el loco profesor.

Los cuatro compartieron páginas, de forma que los casos de la pareja empezaron a ser una parodia de las aventuras de espías, a lo made in Spain. Fue en 1978 con el álbum "Los gamberros" cuando apareció el único elemento femenino "fijo" de la serie: la señorita Ofelia (que no me había olvidado de ella, leches, es que fue la más tardía), completando el quinteto que todos conocemos, y conviviendo (más o menos) hasta las fechas actuales.

Pero toda historia tiene un lado tenebroso, que es el que vemos actualmente: si bien aún, en los álbumes que (meritoriamente) Ibañez sigue publicando más de cincuenta años después, no hay duda de que ahora el estilo es bastante distinto. No se puede culpar al autor de querer usar los temas de actualidad para meter a sus personajes: es una buena forma de atraer público, pero dedicar álbumes enteros al botellón ("La litrona... ¡vaya mona!") o a las bombillas de bajo consumo ("La bombilla... ¡chao, chiquilla!") me han dejado con un sabor de boca algo amargo.

Lo mismo ocurre cuando entramos en temas de política, como la polémica de la jubilación ("Jubilación... ¡a los noventa!"), a los chanchullos políticos ("Marrullería en la alcaldía"), la prohibición del tabaco ("Prohibido fumar") o la implantación del nuevo carné de conducir ("¡El carnet, al punto") son álbumes buenos dentro de su serie, pero que lejos quedan de aquellas aventuras "a lo épico", enfrentándose a villanos como "Chapeau el esmirriau", "El gang del chicharrón", los invasores extrarerrestes... Por eso me considero niño "tardío", hubiera disfrutado mucho en los 70 y 80 con las revistas de la época. Pero me queda poder leerlas ahora, que es lo bueno.

A día de hoy sigo disfrutando de los agentes. No he leído todas las aventuras (me faltan muchas de las contemporáneas, así como algunas de décadas previas) pero uno de mis objetivos es tener la colección completa. Hasta que se acabe.

Y tiene mérito la serie: sólo en aventuras largas, que ya suman 200 (201 con la que se publique en diciembre), a 44 páginas por álbum, son 8.800 páginas, a las que hay que sumar todas las que se publicaran antes de "El sulfato atómico". Un trabajo colosal, qué duda cabe.

No puedo olvidar las apariciones en televisión y cine de los agentes. Las he visto todas, y soy capaz de disfrutarlas (aún siendo consciente de los fallos que tienen). De niño tenía (y aún lo tengo) un VHS con tres cortos de los Estudios Vara, que adaptaban libremente historietas cortas de los años 60, con una calidad bastante aceptable (así como el primer largometraje de los agentes: El armario del tiempo). También he visto los episodios de la serie de BRB estrenada en los años 90. La calidad de dibujo fue bastante mala, y la adaptación de guión suprimió demasiados chistes, pero no dejaba de ser un producto infantil (aunque la misma productora realizó esas maravillas que fueron Willi Fog y D'Artacán) que se puede disfrutar tranquilamente.

La gran aventura de Mortadelo y Filemón llevaba a los personajes al mundo de carne y hueso, dejándome una de mis películas favoritas, si bien se alejaba ligeramente de los tebeos originales. Por el contrario, Mortadelo y Filemón. Misión: Salvar la Tierra se acercaba más a los originales (argumento: "El caso del bacalao") pero el resultado final, a nivel visual, no fue del todo acertado. De Mortadelo y Filemón contra Jimmy "el Cachondo" no puedo decir una palabra en contra. Quizá por fanboy, quizá por ser la mejor adaptación de las aventuras de los agentes.

Mortadelo y Filemón han sido compañeros de viaje durante muchos años, y allá donde vaya, todos sus álbumes viajarán conmigo, aunque me toque desembolsar un extra a los servicios de mudanza. Han sido una parte importante, hasta límites insospechados a priori. Pues... ¿quién me iba a decir que en un blog sobre Mortadelo terminaría conociendo a la chica perfecta?

(Algún lector recordará que en su momento yo también tuve un blog de temática de Mortadelo y Filemón. Se puede acceder desde aquí, pero por diversos motivos, llevo sin actualizarlo desde 2013. No descarto volver a ponerme algún día, pero por lo pronto queda descartado.)

Me miraron raro cuando dije que iría a ver 'Del revés'


Parece que uno no puede ir a ver una película "de niños" sin que le miren raro. Por suerte uno sabe ignorar de esas cosas, y ayer por la tarde me planté en el cine para ver Del revés (Insout Ide Inside Out). Pixar tiene un color especial... ♫

Vale, no. Pixar tiene un "algo" que hace llamativas sus películas. Esta es la 13ª película suya que veo (de las 15 que tienen, no es mal promedio) y no lo lamento en absoluto (menos aún cuando fui en día del espectador). Todo el mundo hablaba maravillas de la película. O al menos, bien. Había, una vez más, que comprobar si era cierto que eran buenas o no.

Y por esta vez al menos la gente no estaba equivocada. Es una película muy, muy adulta. Perfectamente disfrutable para gente que "no ve cosas de niños", y para los niños también. Literalmente, una película para toda la familia: padres, madres, hijos, tíos, primos, vecinos, el del butano... Una genialidad.

Para los que no la conocen, un breve resumen del argumento: la película nos habla de Riley, una niña, desde el momento en que nace hasta que llega a la edad de empezar a madurar. Para ver el proceso nos adentramos en su cabeza, donde podemos ver las emociones representadas por cinco personajes: Alegría, Tristeza, Ira, Miedo y Asco (o Desagrado, según traducción y/o preferencias), y la evolución de las mismas.

Sin entrar en terreno de los spoilers, creo que la película es la metáfora perfecta del funcionamiento de nuestro cerebro. Sin ser en absoluto "técnico", se llega a entender muy bien el funcionamiento de los recuerdos, de qué manera se guardan, el subconsciente... Un viaje a una cabeza representada en forma de un pequeño mundo regido por los personajes principales, y un buen puñado de "secundarios" (pues, aunque se van mostrando progresivamente, no dejan de ser realmente importantes para nuestras mentes).

Algo que, realmente, para los niños puede resultar entretenido, y para los adultos llamarles la atención de esa explicación tan simple (que es donde radica su genialidad). Es una película de doble lectura (o visionado) y suerte de los niños que ahora es "una peli de dibus" y cuando la vuelvan a ver, seguramente pensarán "ostias... así que esto es esto, y aquello es aquello". Me recuerda bastante al caso de la película de animación basada en "Rebelión en la granja".

Los personajes... qué decir, me han encantado. Todos. De hecho me he identificado con uno: Miedo. Cosas mías, pero ya he encontrado gente que afirma que es algo que me pega, así que no les voy a quitar la razón, jejeje.

Un buen guión, unos personajes que caen bien por su propio peso, una animación perfecta (elemental). Creo que no le puedo ver ningún punto flojo a la película. Quizá lo haya en la parte más técnica, sobre si la representación que se hace de la mente es buena (aunque por lo que tengo entendido, se han asesorado bien para hacer la película, de forma que no creo que tengamos ahí un error). Desde luego, una de las películas del año.

Y para cerrar la entrada, he aquí "mis cinco Felikis internos", durante la proyección de la película:


Un mes



¿Qué mejor forma hay de empezar un mes que cumplirlo contigo?

Después de tanto tiempo, por fin logramos estar juntos. Lo mejor que me ha podido pasar. El tiempo juntos, breve, pero intenso. Tenerte entre mis brazos. Fue una gran idea aprovechar ese fin de semana, que tanto me marcó. Estar a tu lado es una sensación que no puedo describir con palabras.

Siempre me había considerado un "Sheldon" de la vida pero tú has demostrado que eso no es cierto. Me importas, te quiero muchísimo, y te echo mortalmente de menos. Mi debilidad... mi cariño... mi amor. Creo que no existe vocabulario suficiente para expresar todo lo que representas para mi.

Te quiero. Y cuento con que muy pronto vamos a volver a vernos. Y repetir aquella maravilla de sensaciones al estar contigo. Por los meses que quedan por venir, y que estemos juntos en todos ellos.

Un beso con todo mi cariño ❤

El último pasajero

Aunque dije que el siguiente libro sería 1984, me quedé enganchado con la lectura de El último pasajero. De la pluma (o el boli, o la máquina de escribir, o el ordenador...) de Manel Loureiro, el mismo autor de la trilogía de Apocalipsis Z: El principio del fin, Los días oscuros y La ira de los Justos, que ya reseñé en su día.

La Voz de Galicia llegó a definir a Loureiro como "el Stephen King español". Tal vez sea algo prematuro definirlo así, pero desde luego, el hombre apunta maneras. Pese a que, de buenas a primeras, los argumentos de sus novelas pueden parecer "uno más" (primero zombis, y ahora, un barco fantasma), Loureiro tiene un toque que le personaliza y hace que te enganches a la lectura.

El argumento nos habla del Valkirie, un barco que, fletado en agosto de 1939, aparece cinco días después en alta mar, sin un sólo pasajero, a excepción de un bebé de pocos meses de vida con un colgante de la estrella de David. Setenta años después, Kate Kilroy, una periodista recientemente enviudada, recibe un trabajo de investigación: el millonario y mafioso Isaac Feldman ha adquirido el Valkirie, con la intención de repetir el último viaje del trasatlántico.

De esta forma, el autor nor sumerge en el interior del barco. En los primeros capítulos, como introducción, el encontronazo entre el Pass of Ballaster con el Valkirie, narrando con un toque de suspense la expedición de la tripulación en as entrañas del barco vacío hasta encontrar al niño.

El grueso de la novela lo ocupa el seguimiento de Kate, una periodista que intenta superar la pérdida de Robert, su marido, periodista como ella. Kate no dudará, al encontrar una jugosa historia en lo que respecta al Valkirie a empezar sus indagaciones, que derivarán en un encuentro con Isaac Feldman. El hombre está obsesionado con saber qué ocurrió a bordo de ese barco para que, setenta años antes, desaparecieran todos los pasajeros, y ha usado todos sus recursos financieros para comprar el barco y ponerlo en perfecto estado, con el mismo estilo que en los años treinta y cuarenta.

Kate no tarda en darse cuenta de que hay algo que no está bien en ese barco. Se siente constantemente observada, y se da cuenta de que no es la única que siente y ve cosas. Ella y Feldman compartirán el barco con gente como Senka, una ayudante de Feldman, que anteriormente trabajó para un servicio secreto, con mucha oscuridad en su corazón; o Moore, el jefe -paranoico- de seguridad, como figuras más relevantes. Y por supuesto... ella.

Loureiro nos mete en un barco tenebroso, oscuro, en que lo natural y lo sobrenatural parecen coexistir, así como el flujo del tiempo actual con el de 1939. Un estilo narrativo bastante rápido, con muchos diálogos, e inluso, un par de escenas para adultos. Terror, sobrenaturismo, un poco de Historia... Una novela que se lee fácilmente, y, valga el juego de palabras, te atrapa dentro.

Muy recomendable de leer. Poco falta para que Fulgor, la próxima novela del autor, salga a la venta. Y como continúe así, tendrá un hueco a perpetuidad en mi estantería. Mientras, me pondré las pilas con más lecturas de la lista.

Nuevo aspecto

Nuevo aspecto (web)

Que llevaba yo un tiempo ya pensando en renovar el aspecto del blog. Y tras mucho pensarlo he decidido tornarlo entero a una gama de azules. Admito que quizá un poco excesivo, ¿no? Personalmente me gusta, pero tiene que ser cómodo de leer. Judgaz vosotros mismos. De paso, también queda cambiado el aspecto del blog en móvil, y he vuelto a añadir el reloj, que seguramente en algunos navegadores empezaba a dar fallos (Flash...).

Pues eso. Un saludo. Y a ver cuando me pongo con entradas más serias.

Nuevo aspecto (móvil)

Dragon Ball Super

Me hacía ilusión poner así el avatar, hoyga.

Este era el año. 42 tomos de cómic, tres series televisivas (dos de ellas muy bien aclamadas), películas, merchandising... y en 2015 disfrutamos de Dragon Ball Super, la nueva secuela de Dragon Ball y Dragon Ball Z.

Este nuevo anime pretende, según parece en los cuatro episodios que lleva emitidos, reescribir los hechos de la penúltima película que ya reseñé, La Batalla de los Dioses, hace un par de años. Un cambio bastante lógico. Las películas de Dragon Ball normalmente presentan historias complementarias o reboots (el ejemplo más claro lo tenemos en El camino hacia el más fuerte), de forma que, para muchos, esto puede suponer una buena noticia: la gente que no quedó satisfecha con la película podrá resarcirse con una historia contada en bastante más tiempo (la promesa de un mínimo de 100 episodios es tentadora).

Esto nos sitúa a Goku y los Guerreros Z seis meses después de la derrota de Majin Boo. La vida en la Tierra parece pacífica. Parece. El anciano Kaio Shin, Kibitoshin, y Kaio del Norte (en España llamado Kaito, y mola) se han dado cuenta de que Bills, el dios de la destrucción, ha despertado. El peligro aumenta cuando este dios recuerda una profecía sobre el Super Saiyan Dios.

Pese a la gran similitud del argumento con el de la película (lo he dicho: la reescribe), no es idéntica. Es bastante más lento el anime. Es más, la aparición de Bills me recuerda bastante a los episodios iniciales de Drabon Ball Z con la aparición de Raditz en busca de Kakarotto.


Creo que el nuevo anime pinta bastante bien. Mantiene la esencia del original (podría casi decir que la recupera). Que nadie espere ver una revisión madura de la serie. Es una continuación de lo que nos gustó en la infancia y la adolescencia. La lucha de Goku y Vegeta por defender la Tierra (¿veremos al Príncipe de los Saiyan corrompido una vez más?), así como una interesante premisa que contaré... en el botón de spoiler.



En "La Batalla de los Dioses", se contó la existencia de los multiversos. En este anime, según declaraciones, y por la insinuación del opening, veremos a los Saiyan abandonando el Universo 7 (el de la serie) para visitar otros diferentes. Pinta bien, ¿verdad?

Van 4 episodios. Quedan al menos 96 más. Para ellos, contamos con ver de nuevo la transformación de Super Saiyan Dios. La gran duda que tenemos ahora es... ¿qué pasará con Dragon Ball GT, la amada por pocos y odiada por muchos? Porque según parece, Super eliminará la trama de GT... Aunque siempre es posible que encuentren la forma de solaparlo. ¿Os gustaría? Personalmente, no me desagradaría, y...



... si es cierto que existen multiversos, será más posible que puedan hacer ahí un apaño, ¿no?. Vale que GT no sea una obra maestra, pero es emotiva, cohone (y para que yo diga eso...)

Pues queda dicho. Me voy a ir preparando para el quinto episodio, y de paso, ver si hay alguna novedad de si la traerán a España. En Selecta Visión confío para ello. No es publicidad gratuita, es que tienen las licencias de districubión de nuestro país ;)

Cell

Llevaba tiempo sin actualizar los libros que leo, pero he tenido una época bastante ajetreada. Por lo menos me alegra decir que el libro séptimo de mi reto sea a su vez el que leo en el séptimo mes.

Leí La cúpula. Leí Carrie. Y empecé Cell con la esperanza de disfrutar de una lectura igual de buena. Lamentablemente, creo que este libro es el que demuestra que hasta un genio como King tiene sus fallos. Ojo, que van spoilers.

Y es que esperaba bastante más de esta novela de 2006, en la que se nos presenta a Clayton "Clay" Riddell, un novelista gráfico de Maine, que, justo el día que consigue un buen contrato para trabajar, observa ante sus ojos el comienzo de El Pulso: todo aquel que responde a una llama telefónica cae víctima de la demencia y de impulsos asesinos. En su intento por ponerse a salvo en primera instancia conoce a Tom McCourt y Alice Maxwell, con quienes intentará sobrevivir a los ataques diurnos de "los chiflados telefónicos". La gente normal ya sólo puede desplazarse de noche de forma segura... o casi.

De esta forma, lo que parece una aventura de supervivencia zombi se cuela en una trama con muchos altibajos. Al principio me enganchaba, cuando se trataba de vivir esquivando a los chiflados, pero de ahí termina divagando a una trama lenta, mientras observan el lento cambio de estas no-personas, que empiezan a moverse en rebaños por el día, y escuchan música con equipos que, por algún motivo, aún funcionan.

El libro recupera parte de su intensidad (y debo recalcar que parte) cuando (después de encontrar a un chaval llamado Jordan y al director de la escuela de este), los telefónicos, como se les empieza a llamar, empiezan a desarrollar poderes telequinéticos, así como una especie de conciencia global, que sin embargo no llega a engancharme tanto como me hubiera gustado. Visiones, ser controlados por los seres... Clay lucha contra todo eso en la búsqueda de su hijo, Johnny, y su mujer, Sharon.

Y no tengo mucho que reseñar del libro. Se me ha hecho largo. Muy largo. Tanto que tenía la lectura a medias desde hacía tiempo y decidí ponerme las pilas por lo menos para ver cómo terminaba, obligándome en varias ocasiones a hacer un poco de lectura en diagonal. Creo que el libro, por lo general, está bastante bien valorado, pero desde luego, no es mi lectura favorita del autor. Tiene su estilo narrativo, pero es la narración en sí, los hechos que ocurren que no me llegan a enganchar tanto como las obras anteriores de King que me he leído.

Por lo pronto, voy a hacer una pausa con este autor. Empiezo ahora con la lectura de 1984, de George Orwell. Espero terminármelo en agosto. ¿Seré capaz?

Nueva vida, nuevos problemas (VII)



 (previously...
Rafa consiguió una cita -o algo parecido- con Judith gracias a la intervención de Teseo. Sin embargo, no todo son buenas noticias para él.)

Capítulo VII

No soy una persona de las que se quedan sin palabras normalmente, pero en aquel momento, tardé unos cuantos segundos en poder reaccionar ante semejante noticia.

—¿Despedirme?
—Sí —respondió él, secamente.
—... Sin más. Adiós y muy buenas. Sin motivo.
—Despido improcedente, te pagaré lo que te corresponda... —respondió Aarón. Desde luego, no parecía él.

Se hizo un silencio denso. E incómodo. Mi exjefe me miraba con plena calma. ¿Había remordimiento en su mirada? Qué coño, no podía ser que de un viernes a un lunes decidiera echarme. Veamos... que yo recordara, no habría queja de mi trabajo. Los equipos que montaba los verificaba varias veces para que no hubiera reclamaciones. ¿Sería que me vio con Judith y planeaba venganza? Cosas más raras se habían visto.

Y hablando de ver, vi algo. Unos papeles sobre su mesa. Aarón se dio cuenta e intentó guardarlos. Pero uno tiene los reflejos en condiciones, y logré adelantarme para leer esos papeles. Cuanto más leía, más comprendía su actitud. Hijo de...

—Becarios. Tienes intención de irme sustituyendo por becarios —le solté. No respondió—. De esos que no tienes que pagar y encima te desgravan —sin respuesta—. Y me imagino que al de la tarde también le echarás —la falta de respuesta de Aarón aumentaba mi deseo de macharcarle el cuello con la grapadora.
—Rafa, la crisis... —empezó a hablar, por fin, pero esta vez decidí cortarle.
—Ni crisis ni ostias. Tienes beneficio suficiente para mantener el negocio así. Simplemente pretendes llevarte más dinero cada mes.
—Tu finiquito —dijo, ignorándome, y poniendo un sobre encima de la mesa—. Y la carta de despido.

Firmé en el acto. No tenía la más mínima intención de quedarme más tiempo del necesario. Lo que era necesario era aire. Necesitaba aire fresco, respirar un poco, y tranquilizarme. Me tengo por una persona pacífica, pero en ese momento no había tortura que se ajustara lo bastante a lo que me apetecía hacerle al que había sido mi jefe durante aquel tiempo.

Tuve que pillarme un buen rebote, pues no recuerdo lo que pasó desde ese momento hasta que me encontré a mi mismo sentado en el sofá de mi casa, tumbado bocarriba, con las piernas recogidas, pensando en cosas alegres como "asesinato", "mutilación", "cadáveres" y "lanzallamas". Y de lejos, la voz de mi primo llamándome. "Rafa... Rafa... ¿qué ha pasado, Rafa?... Rafa, me estás asustando...".

—Me han despedido —respondí finalmente.
—¡Eso ya me lo has dicho tres veces! —protestó Álex—. ¿Me quieres explicar con detalle qué cojones ha pasado?

Suspiré. Me intenté incorporar, pero me fallaban las fuerzas. Finalmente logré sentarme, pero me eché hacia atrás en el sofá, repantingándome.

—He llegado, y prácticamente, después del buenos días... me ha dicho que me echaba.
—¿Pero es por algo que has hecho?
—Sí. Por cobrar. Ha decidido tirar de becarios de esos que le salen gratis —respondí.
—Hijo de la gran puta... —soltó mi primo. Entre muchas otras lindezas dedicadas a mi exjefe, cosa que agradecí y le di la razón mentalmente—. Pero no te puede echar sólo por eso...
—Lo se. De forma que directamente tiene indenminzarme. Como si se pudiera vivir de una indemnización.

Y en ese momento caí en lo grave: mi independencia peligraba. Con lo que llevaba trabajado, el paro se me iba a quedar escaso. Y ni con finiquito ni indemnización podría sobrevivir más de dos meses antes de volverme a meter en la casa de mis padres. Estaba bien jodido. Y tenía ganas de maldecir, de cagarme en todo lo cagable, en romper cosas, en gritarle a algún tertuliano de televisión a través de la pantalla, para desahogar.

—Me estás asustando, primo...

Apenas era consciente de estarme balanceando y gruñendo por lo bajini mientras contemplaba la nada.

—Perdona... me voy a ir a dar una vuelta... necesito aire... —dije.
—¿Estás bien?

"Estoy de puta madre. En paro, teniendo que pagar el alquiler y los gastos", estuve tentado de soltarle. Y de añadir "tontopollas". Pero me mordí la lengua, y me limité a decir:

—No mucho.

Salí del comedor, atravesé el portal, y el viento de la calle me acarició la cara. Probablemente debía tener mala pinta moviéndome por la calle. Con las manos en los bolsillos, y una expresión de enfado que no me molestaba en ocultar, hubo alguno que optó por quitarse de mi "camino en línea recta" cuando me acercaba. Pero mejor, no me apetecía charlar con nadie.

Se me acercó un cani en cierto momento. O para pedirme la hora, o para pedirme un leuro, pero me le quité de encima sacudiendo el hombro cuando me lo tocó. Me tuvo que gritar algo como "¡gilipollas!", y yo le respondí amablemente con un corte de mangas. Sin tener muy claro dónde debía ir, se me ocurrió el mismo parque donde estuve el día anterior. Ese tipo de parajes me ayudaban a relajarme.

Me senté en la hierba. Noté humedad en la espalda. Debían haber regado hacía poco. Pero no me importó. Si todos los problemas fueran tener la espalda mojada... Miré el reloj. Casi era la hora de comer. Joder. ¿Tanto tiempo me había pasado en Babia?

En cualquier caso, no tenía hambre. Estaba demasiado enfadado. Escuché una canción, "A Horse With No Name", de America. Y que algo me vibraba en la nalga. Mi teléfono, que lo llevaba ahí. Me estaban llamando. Preferí ignorarlo. Supuse que sería mi primo, y no me hallaba en condiciones de hablar con él. Hubo un segundo intento de llamada, y al tercero, llevé la mano al bolsillo y descolgué.

—Dime.
—Rafa, tenemos que hablar.

Su puta madre. No era Álex. Era Aarón.

—¿Hablar de qué? —dije, con mi mejor tono de desprecio.
—No te puedes ir así. Después del tiempo que llevas trabajando conmigo...
—¡Después del tiempo que he estado trabajando contigo me parece de miserable que me des la patada de esta forma! ¿Pero sabes lo que te digo? ¡Que te den por culo! ¡Que te follen! ¡Que te opere de fimosis un cocodrilo a bocados!

Y colgué. Resoplé. Vi otro intento de llamada por su parte. Colgué. Y me puse a buscar en la tienda de aplicaciones móviles alguna que me permitiera rechazar automáticamente todas las llamadas desde su número. Pasando de él.

Me tiré un rato largo dando una vuelta. Dicen que en frío se piensan mejor las cosas. Y era cierto. Era obvio que tenía los mismos problemas que con enfado, pero al menos lo veía más claro. Lo primero sería darme de alta en el SEPE, y lo segundo (o lo cero), ponerme a echar currículums como si no hubiera mañana.

Volví a casa por la tarde ese día. Tenía bastante hambre, aunque pocas ganas de comer. Mi primo no se atrevió a decirme gran cosa, y vimos, mientras degustábamos unos fideos instantáneos (que de instantáneos los cojones, cinco minutos no es instantáneo), toda una temporada de The IT Crowd hasta que nos fuimos a la cama. Desconozco si mi primo durmió bien esa noche, pero yo di vueltas en el colchón sin encontrar una posición cómoda. Y cada dos por tres, la expresión "En paroooo, en paroooo..." resonaba en mi cabeza.

Al día siguiente me levanté temprano. Más de lo habitual. Me miré en el espejo del baño. Tenía tales ojeras que parecía un tejón, o el Llanero Solitario. Lo mismo me daba. Debía tomarme un café rápido e irme a la oficina del paro, antes de que se llenara de gente. Algo difícil en este país. Si lo conseguía seguro que pasaba alguien con un cartel poniendo "Logro desbºloqueado". Un ruido similar al de una motosierra me indicó que Álex estaba roncando como un bendito, así que me fui sin decir nada. No dejé ni una nota.

Cuando llegué ya había algo de cola. Apenas cuatro personas, pero me jode esperar en los sitios. Me pongo malo. De forma que me dispuse a matar el tiempo mirando mi Twitter. Teseo había publicado uno hacía unos segundos: "#ElTípicoUsuarioQue olvida las contraseñas. #ains". Y en ese momento, publicó otro: "#ElTípicoUsuarioQue olvida qué es lo que hace en la empresa. #facepalm". Tuve que contener la risa, pues el SEPE no me parecía el sitio más apropiado para reírme.

Teseo... Podría comentarlo con él. Alguna vez me había comentado que podría intentar meterme donde estaba trabajando. Sin embargo, no me apetecía recurrir a eso tan pronto. Por no ponerle en un compromiso y por demostrar mi valía personal. Debía encontrar algo por mérito propio.

En cierto modo era una tontería. Le conocía desde que tenía memoria. Literalmente. Era el hermano más joven de una amiga de mi madre. Once años tenía él cuando yo nací. Obviamente no empecé a conocerle hasta que empecé a tener uso de razón. Nos juntábamos con bastante frecuencia. Y (por lo que cuentan testigos oculares, que un servidor no tiene memoria de eso) nos pasábamos la tarde jugando a la SuperNes. O más bien, él jugando y yo matándome en cada nivel del Mario Bros. Y pillándome berrinches. Aún tengo guardada la consola. Para la "Partida Anual" como lo llamamos. Aunque pensándolo bien, desde hacía ya tres años no celebrábamos esa competición.

Y lo gracioso es que fue por ello que me empecé a interesar por la cacharrería de los ordenadores. Diez años antes me fue enseñando alguna cosilla, y fue cuando empecé a pensar que me molaría pertenecer al mundo de lo virtual. También por aquella época empecé a verle un poco menos. Se había echado novia. Y claro, entre la pareja y un amigo canijo... comprendo perfectamente su elección. El tema es que nunca le guardé rencor por ello. Yo siempre iba a mo bola por ahí. Y ya cuando rompieron, restablecimos el contacto habitual de antaño. Aunque en los últimos meses volvíamos a estar un poco en la situación de poca comunicación.

En esas cosas andaba yo recreando mi mente cuando me tocó el turno. Me atendió una mujer que debió haber nacido en Mordor, por la pinta que tenía. Después de soltarme todo el rollo de mis obligaciones, de que tengo que fichar, de las entrevistas, de los cursos, de que qué tiempo de mierda hace en fin de semana... logré liberarme de ella y volver a casa. A lo tonto me había dado la hora de comer, por segundo día consecutivo, y había un buen puñado de gente esperando aún. Pobriños.

Llegué, pensando que habría algo preparado para comer. O que podría hacer algo rápido. Quizá mi primo se había ido a estudiar, o le había dado por ver a Arguiñano, o por volver a zumbarse a Laura. O las tres cosas a la vez. Eliminé la imagen mental de mi primo practicando sexo en clase mirando la tele por el móvil y abrí el portal. Entré y miré el buzón. Nada, Pues a casa.

—Hola.

Casi me cái de espaldas cuando entré en casa y llegué al salón. Mi primo en el sofá, y en el sillón, como si me esperase, mi madre. Sólo le había faltado estar en un butacón de esos que giran, y haber hecho la típica entrada de cine a lo "Te estaba esperando".

—... Hola. ¿Qué tal, mamá?

Me miró con una cara que no me gustó nada. Yo le lancé una mirada asesina a mi primo. Era obvio que él se había encargado de llamar a mi madre y contarle lo ocurrido. Iba a ser difícil. Mi madre, de 45 años, siempre había sido muy cabezota. Y con aquello de "lo digo/hago por tu bien" me había sacado de quicio en muchas ocasiones. Lo que no impedía que la quisiese, pero me daba en la nariz que iba a haber bronca ese día.

—¿Qué tal tú, hijo? Anda que me llamas —me dijo ella, con el mismo tono de voz que cuando me decía de niño "Eso está mal".
—Ayer no tuve mi mejor día —respondí, alargando la mano para pillar una silla por el respaldo y arrastrarla hacia mi.
—Ya me ha contado tu primo... ¡Despedido! Nunca me gustó ese jefe tuyo. Como todos, va der majo y resulta ser un pedazo de...

Agradezco haberme criado en un entorno de izquierdas que va con el proletariado.

—Bueno, sí, mamá, pero ya no podemos hacer nada. Encontraré otro trabajo.
—¿Y mientras tanto?
—Tía, creo que nos podremos apañar mientras que Rafa...

Pero mi madre le hizo un gesto a Álex para que se callase.

—Rafa, si tienes que volver a casa...
—No. Te lo agradezco, mamá, pero de momento quiero apañármelas por mi cuenta.
—Siempre igual, siempre igual... —dijo ella, más como un pensamiento propio que dirigiéndose a mi.
—Me fui de casa con todas las consecuencias. Como bien señalaste ese día —le recordé, sin levantar la voz. No quería sonar a mal, aunque me temo que era imposible.
—Ay, hijo, sabes que no lo decía en serio. Pero si volvieras a casa, podrías volver a estudiar mientras encuentras otro trabajo sin prisas...
—Sí, de ingeniero, ¿no?

Mis padres nunca habían aprobado mi elección de meterme en informática. Ellos querían que hiciera el bachiller, luego la universidad y hacerme ingeniero. Pero no me salió de las narices. Después de suspender deliberadamente el primer año de bachillerato (pude haber aprobado, si me hubiera salido de las narices estudiar) me pasé a estudiar informática en Formación Profesional. Y desde entonces, mi relación con mis progenitores no había vuelto a ser perfecta. Que tuviera la informática de hobbie era una cosa. Que me quisiera dedicar a ello era otra cosa.

—Tampoco te haría daño. Es otra salida profesional que...
—... que también están buscando trabajo. Y se tienen que conformar con cualquier cosa.
—Por eso, tú vales más que...
—Hasta aquí —corté—. Me meteré a preparar hamburguesas antes que ponerme a estudiar algo que no me gusta. ¿Te quedas a comer?

Mi madre frunció los labios. Me miró enfadada. Pero no tenía yo la menor intención de ceder. Un trabajo en un fast food no era para nada deshonroso, y me permitiría al menos salir del paso. Y no había hueco a discusión. Mi primo nos miraba alternativamente, como si no supiera a quién debía apoyar en esta discusión. Mi madre finalmente aceptó mi invitación, y nos pasamos la comida hablando de otros temas, como la operación de cadera de mi tío segundo, o lo caro que estaba todo.

Mantuve un poco el tipo hasta que, bien entrada la tarde, mi madre se fue para su casa. Aproveché ese momento para volver a mi dormitorio y tumbarme en la cama, mirando a la nada. Primer día en paro y ya había roto mi promesa de ponerme a echar currículums. Me daba mucha pereza ponerme en ese momento. Al día siguiente sí o sí debía ponerme con ello.

Sonó el timbre de la puerta cuando debía llevar como media hora viendo figuras en el gotelé del techo.

—¡Primoooooooo! ¡La puertaaaaaaa! —voceé. Me apetecía levantarme tanto como pasarme una semana a base de coles de Bruselas.

Escuché cómo mi primo abría la puerta, y un murmullo. Me la pelaba bastante quién estuviera. Hasta que oí como unos nudillos tocaban en el marco de la puerta de mi dormitorio, que había dejado abierta.

—Buenas... —saludó una voz que conocía.

Levanté la cabeza y miré. Judith. ¿Qué hacía allí?

—¿Te he despertado? —preguntó con cautela.
—No, tranquila. Simplemente pensaba. No esperaba esta visita... —comenté, intentando que me diera alguna pista de por qué había venido.
—Ya... es que Álex nos ha contado esta mañana lo tuyo...
—¿"Nos"?
—Sí, Laura también ha venido. Queríamos ver cómo estabas.
—Oh... pues muchas gracias —dije—. Y bueno... tan bien como se puede estoy. Tengo que empezar a moverme para encontrar otro trabajo...
—¡Hola! —saludó Laura, apareciendo tras Judith—. ¿Cenamos algo mientras le damos consuelo? Yo tengo hambre.
—Yo también —dijo mi primo, y tuvo que marcar el número de la pizzería, porque media hora después llegaba el repartidor con dos de cuatro quesos y una de bacon y jamón.

Tenía curiosidad por saber cómo había terminado la situación de Judith con Laura después de lo que había pasado el fin de semana, pero dado que habían venido las dos, no parecía que estuviera mal la cosa. Claro que no me iba a arriesgar a hacer la pregunta en voz alta.

Después de cenar nos quedamos un rato viendo la tele, hasta que mi primo decidió irse a dormir. Laura dijo que se debía ir a casa, de forma que quedamos Judith y yo en el salón.

—Llevo toda la tarde con la pregunta en la cabeza... —le dije, una vez que me aseguré que los afectados no podían oírnos—. ¿Qué pasa al final con lo de Laura y...?
—Bueno... digamos que Laura me prometió dejar las cosas claras con mi hermano... por eso no me quería ir antes que ella, para asegurarme.

Muy astuta.

Unos minutos después, la acompañé a la puerta. Judith sonrió y de pronto, me dio un abrazo. Me lo esperaba tan poco que por unos momentos estuve en tensión.

—Verás como muy pronto te sale algo. Se nota que vales.

Y se marchó, dejandome con cara de imbécil en el marco de la puerta principal de mi casa. Volví para dentro, y me puse un rato la tele para pasar el rato hasta que me entraran ganas de dormir. Y tuve que lograrlo, porque antes de irme a mi habitación, me quedé dormido.

Por la mañana alguien me despertó. O lo intentó. Yo estaba muy a gusto abrazando uno de los cojines, con los ohjos cerrados, y el piar de los pájaros entrando por la ventana.

—Arriba —dijo una voz que en ese momento no relacionaba con nadie. Es más, me sonaba muy muy lejana, como si me hablaran de una montaña a otra.
—Cinco minutos más...

Oí fuertes pasos que se alejaban y luego que se volvían a acercar. De pronto, lo que al tacto parecía unos vaqueros cayeron sobre mi cabeza.

—¡Arriba!

300






300 entradas. Casi nada. Fue hace 5 años y un mes cuando reabrí mi blog por vez tercera (por cosas que explico en la entrada de por aquel entonces) y desde entonces he dedicado un total de 300 textos a hablar y contar lo que me ha venido en gana, básicamente. Intentando mantener un ritmo más o menos constante (que, admitámoslo, me ha salido como el culo) en las publicaciones, llego hasta aquí...

.. y sigo, por supuesto. Ahora que he añadido a una fémina a mi elenco de "monigotes" (no es coña que aún no tenga nombre: admito sugerencias, y que se tiña el pelo; y la forma en que he dibujado sus pechos será corregida, lo prometo), pero por supuesto siempre en situaciones relacionadas con el tema a tratar. Y continuar con la publicación de "Nueva vida, nuevos problemas", que ya estoy escribiendo el séptimo capítulo, y espero que os guste.

Pues nada. Gracias por aguantarme hasta hoy. Y lo que os queda, majetes.