Sleepy Hollow (la serie)

Hacía tiempo que no dedicaba unas líneas a alguna delicia televisiva, y dado que Sleepy Hollow cerró su segunda temporada recientemente, me ha parecido un buen momento para comentarla.

La serie se aleja bastante de la película que Johnny Depp protagonizara en 1999. De 2013, fue una de las nuevas adaptaciones de historias clásicas al tiempo contemporáneo. Así, como en Sherlock o Elementary, la serie trae los elementos de la ficción al siglo XXI, con la diferencia de que aquí se hacen alusiones al pasado.

De esta forma nos topamos a Ichabod Crane, capitán del ejército patriota de EE.UU. en la Guerra de Independencia, que halla la muerte en el campo de batalla a manos del Jinete de la Muerte. Sin embargo, su mujer, Katrina, le salva de perecer, dejándole en un sueño profundo durante doscientos años hasta nuestra época. Crane despierta en el soglo XXI donde conoce a Abbie Mills, de la oficinal del sherriff de Sleepy Hollow. Ambos se verán inmersos en la mayor guerra que ha visto la humanidad: la lucha contra el apocalipsis, y el demonio Moloch.

Bajo esta premisa tenemos una serie al estilo policíaca (como Castle), sólo que en los casos, Abbie y Crane deben enfrentarse a criaturas sobrenaturales, que tienen también su propio motivo de estar en la guerra. Además, Crane deberá asimilar su vida en nuestra época y conoceremos detalles del pasado, y que la historia americana no es como la han contado... al menos en el contexto de la propia serie.

Crane (interpretado por Tom Mison) se aleja del personaje de la película, y se convierte en un soldado, con habilidades y tendencias a recordar el pasado mientras se va haciendo con la vida del siglo actual, y aunque tiene ciertas excentricidades, no puede llegar a compararse con homólogos de otras series. Abbie (Nicole Beharie) se convierte en la compañera, la que tiene "los pies en el suelo". Sin embargo su personaje va más allá, y su relación con Crane viene desde tiempo atrás. Un personaje muy completo, y entre ambos se demuestra cierta química, aunque no terminan juntos. Una de esas (pocas) series que pueden poner la verdadera amistad entre un hombre y una mujer sin que "tenga que pasar algo más".

Pero no estan sólos. Orlando Jones interpreta a Frank Irving (por coincidencia o adrede, el mismo apellido de Washington Irving, autor del libro original "La leyenda de Sleepy Hollow"), jefe del departamento de policía, y muy escéptico al principio, aunque no tarda en darse cuenta de que algo no anda vien en el pueblo de Sleepy Hollow. Katia Winter es Katrina Crane, la mujer de Ichabod, atrapada en el purgatorio por Moloch, y desde ahí intenta ayudar a su marido a completar la tarea que le ha sido encomendada. Y, recurrentes en la primera temporada, y ascencidos a principales en la segunda, tenemos a Lyndie Greenwood como Jenny Mills, la hermana de Abbie, y que desde hace años subre las consecuencias colaterales de la guerra entre el bien y el mal; y también a John Noble (aquí muchos aplauden) como Henry Parish, un devorador de pecados, que también sabe más de lo que aparenta.

Como todas las series de este estilo, muchos episodios parecen tener relleno, pero las tramas, en mayor o menos medida, avanzan en todos los episodios. De esta forma tenemos la primera temporada, en la que Crane y Mills hacen todo lo que pueden para detener el plan de Moloch, y empiezan a descubrir todo lo relacionado con su pasado y su presente en la guerra. La segunda temporada nos muestran su pelea constante contra Moloch, que ha encontrado la forma de entrar en nuestro mundo, con un aliado imprevisto. A través de estos episodios descubiremos monstruos de la historia, así como algunos capítulos "apócrifos" de la Biblia. Unos textos que sería interesante estudiar.

Una serie buena para ver. De 13 episodios la primera temporada y 18 la segunda, merece la pena. El final de la primera temporada vaticinó una segunda, que ha cerrado con un final abierto. Podría quedar ahí, con un episodio final de broche de oro, o continuarla. En cuyo caso, habría que esperar que no la destrozaran... o fingir, simplemente, que no existe tal continuación. Pueden quedar historias por contar... pero hay que hacerlo bien, sin que se erosione la serie. En cualquier caso, a día de hoy, se disfruta de verla. Y si os gustó la película, os puedo asegurar que la serie puede disfrutarse de la misma forma.

Nueva vida, nuevos problemas (I)



Capítulo I

You were always faster than me
I'll never catch up with you, with you
Oh I can feel them coming for me

Apagué el despertador de un golpe. ¿Cómo se me ocurriría poner "No One's Here To Sleep" como tono de alarma? Bueno, daba igual. O anyway, que diría mi prima. La que no sabe inglés. Me levanté de la cama, y fue hacia la cocina. En perspectiva, parecía un caminante de The Walking Dead. Aunque hasta que no me tomo el primer café del día, me siento también de esa forma. Puse una de las cápsulas en la cafetera, y mientras iba echando ese líquido amargo que tanto me gusta, fui buscando algo para acompañar. Unas galletas con chocolate. La cafetera terminó de hacer ruido, y retiré el vaso. Un poco de leche, y a desayunar.

Yo soy de los que les gusta desayunar con las noticias puestas. Pero no en la tele, que no me creo ni una palabra. Y la radio está igual de contaminada. Así que encendí el portátil, y tras elegir el sistema operativo, esperé a que cargara y abrí mi web favorita, un agregador de noticias. La política me ponía de los nervios. Pero pensar que las Oculus Rift, las ganas de realidad virtual, estaban muy cerca, me subía el ánimo. Sí, me va el rollo tecnológico y geek.

O "friki", que diría un tío mío. Menos mal que es de esos que sólo veo en navidades. Y cuando se le jode el ordenador. La última vez me llegó con el famoso "virus de la policía". Le dije que iba a ser mucho trabajo, pero me insistió tanto que lo terminé haciendo. Eso sí, os juro que se come muy bien en una marisquería cuando te invitan.

Al margen de la familia, voy a presentarme un poco, que es lo que se suele hacer. Por aquello de conocer al narrador si es un relato en primera persona. Rafael me llamo. Acabo de cumplir la veintena, y con la crisis que azota el país, he tenido la suerte de ponerme a currar a media jornada. Paso cuatro horas matutinas en una tienda, montando y reparando equipos informáticos. No es el mayor sueño de mi vida, pero hay que empezar por algo. Lo que me molaría sería ser administrador de sistemas. O sysadmin, que se lleva mucho esa palabra ahora. Llevo el pelo castaño, corto, una complexión decentilla, y (afortunadamente) barbilampiño.

Terminado el café, limpié el vaso y me preparé para irme. Con el trabajo me podía permitir vivir sólo. El alquiler no era excesivamente caro, y me permitía algún capricho, como el ADSL o el móvil. Aunque había una habitación extra (donde almacenaba TODO lo que me llevé de la casa de mis padres), el piso tampoco era la gran cosa. Los dos dormitorios, un comedor-cocina-salón muy íntimo (esto es, pequeño), y un baño con plato de postre ducha. Lo justo para poder vivir a mi bola, vaya.

Me puse mi sudadera favorita (una blanca, con un trébol, y el texto "No tengo suerte. Soy bueno" plasmado en ella), y por encima, la de "uniforme" de la tienda, una azul claro, con el nombre de "R-Para" a un lado y mi nombre en una chapa en otro. A veces me sentía que trabajaba para una cadena d erestaurantes de comida rápida cuando la llevaba puesta. Pero ¿qué sabré yo de moda? Un pantalón vaquero negro, y todo preparado para irme.

Bajé los peldaños de dos en dos. Cinco minutos andando a paso apretado y llegué a la parada del circular por los pelos. Tras diez minutos de trayecto, llegué a la tienda. No está mal situada. Cerca del centro de la ciudad, y en un tramo de acera donde no había aparcamiento. Así era más difícil que nos tapara de la vista alguna furgoneta. El jefe tiene olfato para estas cosas, desde luego. Por algo es el jefe.

Mi primera alegría aquella mañana fue que el jefe aún no había llegado. Eso me permitía abrir, y sobre todo, elegir el ambiente de la tienda. Me gusta más trabajar escuchando Extremoduro que Rihanna, la verdad. Pero ese hombre tiene la costumbre de trabajar escuchando música irritante. Si la radio le dice "Esta es la música que mola" de ahí no le bajes, que el va a escuchar "la música que mola". Así terminó votando a quien votó. El caso es que subí la puerta metálica y abrí. Encendí luces, preparé mi banco de trabajo, y eché un vistazo en el ordenador. El que venía por las tardes, un chaval que nunca he visto, pero que trabajaba bien, me había dejado anotado todo lo que no se terminó por la noche. De momento esas eran mis tareas (por norma, atendíamos siempre de lo más veterano a lo más novedoso).

—¡Buenos días! —saludó una voz de hombre serio.
—¡Hola! Pase por aquí.

La tienda era un espacio de unos 100 metros cuadrados. Aunque la zona de clientes era más bien pequeña, pues la mayor parte del espacio lo ocupaban las máquinas que había que arreglar y las piezas nuevas. Así como los bancos de trabajo, claro. Dividida en dos, prácticamente, teníamos un par de mostradores (el del feje, y el que era mío por la mañana) y en medio de ambos, la caja registradora. El hombre se acercó, con una caja de ordenador en brazos.

—¿Qué se le ofrece? —le pregunté, con una sonrisa ensayada. Ante todo, educación.
—Pues que me ha gripado el cacharro este —me dijo, y puso, con poca delicadeza (de un golpe), la caja sobre el mostrador—. El otro día lo estaba usando tranquilamente, de pronto sonó como un ¡pum! y se apagó. Y ya no enciende ni nada.
—A bote pronto, la fuente de alimentación —le dije—. ¿Sabe qué es lo que tiene conectado? —dado que me miró como si no me entendiera, fui más específico—. ¿Qué tiene conectado de discos duros, lectores de DVD, gráfica...?
—No se... Tiene ya sus años... Eso lo lleva mi hijo.

Que tenía ya sus años no hace falta que me lo diga. Por lo menos la caja había tenido días mejores. Me daba miedo, a la par que curiosidad, lo que podía encontrarme dentro. Quizá el Santo Grial. Porque el Arca Perdida no cabe. Jejeje. Antes de que le pudiera decir nada más entró otra persona en la tienda que conocía muy bien: el jefe. De nombre, Aarón.

—¡Buenos días! —saluda—. Caballero, ¿qué tal le está tratando nuestro jefe de taller? Hágale caso, que sabe de lo que habla.

Si no tuviera tanto autocontrol, me le habría quedado mirando con cara de gilipollas. ¿Jefe de taller? ¿Yo? ¿Desde cuando? Coño, eso merecía un aumentito, ¿no? Pero claro, siempre se van a fiar más de ti cuanto más alto cargo tienes. Mientras mi jefe cambiaba la emosira de la radio, volví a atender a nuestro cliente.

—Pues si nos da sus datos, se lo puedo mirar durante la mañana, le llamo y le confirmo el problema y el precio de la reparación.
—Si lo mira hoy, sí. Lo necesito para mañana.
—Sin problema.

Le tomé los datos, dejé una nota en la caja para mirarla más adelante. Una fuente de alimentación se mira en nada, tenía tiempo, y por consejo del jefe, no era bueno dar la impresión de tener poco trabajo. Mejor dedicarme a otras cosas más prioritarias.

Habían encargado un ordenador algo caro. Un i7, con placa gráfica potente, 16GB de RAM, dos teras de disco, y uno de estado sólido para el sistema operativo. Una caja con refrigeración líquida, placa base con todos los puertos y conexiones posibles, y una fuente de alimentación de 800W. Estos me encantaba montarlos. Daba gusto manipular piezas caras, aunque no sea para uno mismo. Sobre todo porque siempre había cierta comisión por estos equipos. Traje una de las cajas y las piezas antes de comenzar a montar mi "pequeño Frankenstein". El jefe se me acercó en ese momento.

No tenía mal tipo el jefe. El pelo en una coleta, con barba de un día (sí, esa que parece una sombra en el rostro), alto, y una ligera gordura. Yo no sabía si eso era atractivo o no, pues en mis gustos sólo entraba el género femenino, pero algo debía tener porque sabía que varias clientas habían terminado en su cama. Pero pocas volvían después de eso. Jejeje.

—Así que Jefe de Taller —le dije, con tono cachondo—. ¿Y a qué se debe el ascenso? ¿Dan subvenciones?
—No, pero quedas mejor de cara al público. Ya te llegará el ascenso real.
—Un ascenso virtual, vamos. No me sorprende —añadí, mientras quitaba las tapas del ordenador y empezaba a pasar los cables para que no estorbaran antes de empezar con la alimentación.
—¿Has mirado si hay algo interesante que montar hoy? —me preguntó. Le encantaba elegir lo que arreglar. Aunque no era muy amigo de los ordenadores de sobremesa. Las tablets y los portátiles eran lo que más beneficio generaban, claro. Ese era "su campo". No por la tecnología en sí, sino por la pasta.
—Un iPad —le dije—. Con la pantalla rota.

Si le hubiera mirado los ojos con un microscopio, vería sus pupilas con la forma del símbolo del euro (€). Eso generaba dinero, sobre todo porque era difícil hacer la reparación. Esos productos solía repararlos el fabricante. Si los traían aquí... Dinero fresco.

—Pues no le hemos dado presupuesto —me comentó, viendo la copia del recibo en el papel—. Ayer no pude venir por la tarde y veo que se ha acumulado un poco de trabajo.
—Y como las tarifas... las marcas... tú... —respondí, mientras apretaba la placa base, que quedara bien fija—. ¿Le llamo o le llamas?
—No, sigue con ese ordenador, ya le llamo yo.

Qué bien se debía vivir así. Pero bueno, yo a lo mío. No hacía más de lo necesario nunca, pues estaba claro que no iba a heredar la tienda. Así que continué montando el equipo. Le monté los discos duros y la gráfica antes de conectar las alimentaciones. El jefe, al terminar la llamada, se puso a... yo que sé. Estaba en su puesto. Lo mismo estaba haciendo algún pedido que jugando al buscaminas. O chateando con alguna novieta. Estaba ya terminando el equipo cuando entró alguien más en la tienda.

 —Hola... —saludó una voz así como muy dulce.

Miré hacia la puerta y encontes la vi. Un bombón. Una joven rubia, así de mi quinta, con el pelo rubio y corto, y una cara que radiaba belleza y perfección. Y un cuerpo que quitaba el sentido. Joder, ¿y esa tía y yo éramos de la misma especie? Pero antes de poder devolver el saludo, apareció el lado Mister Hyde de mi jefe. O Casanova.

—¡Buenos días! —saludó enérgico, y salió del mostrador para ponerse frente a ella. La madre que lo parió—. ¿Qué puedo hacer por usted?
—Pues estoy buscando una tablet que sea buena —dijo ella, con una sonrisa que emanaba más perfección.
—¿Qué uso va a darle? Seguro que la necesita para la universidad —dijo él, intentando desplegar sus encantos, mientras yo me preparaba para desplegar la instalación de Windows en el equipo ya terminado de montar.
—Pues sí, principalmente. ¡Hola! —añadió, y de reojo ví que me hablaba a mi.
—Buenos días —saludé. Entré en la BIOS del equipo. Fui despacio, la mitad de mi concentración estaba pendientes del jefe y de aquella cliente.
—Me llamo Aarón —se apresuró a presentarse el jefe. Ahí, acaparando la atención—. Él es Rafa, el becario.

Pedazo de hijo de puta. Así que antes era Jefe de Taller y ahora un mero becario. Así yo no le impresionaría, claro. Me contuve las ganas de hacerle un corte de manga y continué configurando el equipo nuevo. Una tarea rutinaria, y mientras que se iba completando, opté por sacar la caja del cliente anterior y comprobar la fuente.

—Pues nos llegan un par de esas mañana —le informó el jefe a la chica—. Si me dejas tu número, en cuanto llegue el pedido te aviso —y el cabrón ya había pasado al tuteo. Pichabrava.
—Claro —dijo ella. El jefe corrió a sentarse en su ordenador para tomarle los datos—. Mi teléfono es el 6XY ZXX YYZ. Me llamo Judith.
—Anotado pues. Y lo dicho, en cuanto nos llegue, se lo haré saber.
—Muchas gracias. ¡Hasta luego!
—Hasta luego.

Según salió por la puerta, el jefe corrió a guardar ese número en su teléfono, como si lo necesitara más que el oxígeno para respirar. Me tentó decirle que se limpiara la baba. En lugar de eso, me fui al estante donde teníamos fuentes de alimentación estándar (500W) y se la puse al equipo de nuestro primer cliente.

—Me he enamorado —me dijo Aarón. Creo que me lo dijo dos veces, porque a la primera yo estaba en mi mundo probando el ordenador y verificando que ya iba correctamente.
—¿No me dices eso cada semana? —le preguntó, de coña, mientras revisaba el resto del equipo, por si hubiera alguna pieza quemada.
—Esta es la buena.
—Dos cosas. La primera, eso me lo dices cada semana también. La segunda, podría ser tu hija —mentira, los genes de mi jefe se alejan mucho de los de Judith. Jejejeje.
—Pensaba que eras de los que creían que el amor no va unido a la edad. ¿Y no tenía que darle el presupuesto primero al cliente antes de cambiarle la fuente?
—Lo sigo pensando. Y sí, estaba comprobando que la fuente nueva funcionaría. Pero estoy seguro de que aceptará el presupuesto.

Me dediqué a dejar el ordenador caro rematado y luego a formatear un par de portátiles antes de llamar al de la fuente de alimentación. Desde luego, había días que apenas cundían nada para trabajar. Practicamente terminada la jornada, me tomé un momento para mirar el calendario. Mañana sería día uno. Y el alquiler me tocaba pagarlo el dos. Le solté una pequeña indirecta al jefe sobre el día de cobro antes de que cerrásemos por aquel entonces.

Volví a mi piso, haciendo la ruta inversa. Llegué al portal y al comprobar que no tenía correspondenci, subí. Por cosas de la vida, me topé con una sorpresa inclasificable. Tenía visita. Y me daba que no auguraba nada bueno. Pensé en darme la vuelta y que volviera otro día, pero no. Fui para allá, y saludé.

—Hola.
—Hola —dijo mi visita, un hombre de esos de traje, con maletín, y tarjeta de visita—. ¿Tú eres Rafa?
—En persona. ¿Y usted es...?
—Soy Alberto Martín, el hijo de tu casero.

El señor Martín era el que me había alquilado el piso. Un señor de cierta edad, pero muy simpático, y con quien había llegado a un buen acuerdo por el alquiler del piso. Desde entonces, el señor Martín se había ido a vivir con su hijo. En el contrato de alquiler estaba estipulado que los cobros se harían el día dos de cada mes. Me dio más miedo aún la visita de aquel hombre. Y más porque iba a tocar revisión en breve.

—¿Hay algún problema?
—Mi padre falleció la semana pasada —me informó—. El piso lo he heredado yo, de forma que ahora soy tu casero.
—Le acompaño en el sentimiento, me caía bien su padre —le dije, con sinceridad—. ¿Quiere revisar algo al respecto del contrato?
—En líneas generales no —me dijo. Suspiré aliviado. Demasiado pronto—. Con la salvedad de que el precio de alquiler es muy bajo. Voy a tener que subirte el precio.

Nunca lo había pasado tan mal hablando de dinero. No llegaba a duplicarse la cantidad, pero era demasiado, y eso que mi ritmo de vida no era nada extraordinario. Me despedí de mi nuevo casero, con mal cuerpo que se me quedó.

Me senté en el sofá y miré hacia el techo. Era una subida importante. Con lo que cobraba, era imposible mantener el piso yo solo desde ahora. Este primer mes lo iba a dejar con el antiguo alquiler, por no haberme avisado antes, pero el mes siguiente se aplicaría la subida. Y entonces me di cuenta de que tenía que hacer lo que había evitado desde el momento en que me fui de casa de mis padres: buscarme un compañero de piso.

Televisión, anime, contenidos, y tal

Hace ya algún tiempo (finales de 2013) estuve comentando el anime de "To Aru Majustsu No Index" y su spin-off "To Aru Kagaku No Railgun". Me encantó y ahora he decidido ponerme a ver las segundas temporadas de ambos animes. En la línea general, los personajes se mantienen.

En primera línea quiero destacar a Shirai Kuroko, personaje del spin-off que es lesbiana. El personaje desde su origen roza ser pervertida. Si nos ponemos con Touma Kamijou, el protagonista de la original, pelea (físicamente, con los puños) contra sus enemigos, pues su mano derecha puede anular sus magias. En el episodio más reciente que he visto, golpeó a una enemiga (lo recalco, mujer) en la mejilla, dos veces.

Aquí ya es cuando llega el Estado Censor y la prohíbe, ¿no? Lo primero, por homofobia, lo segundo, por violencia de género. Y ya está, a otra cosa, no pasa nada más. Así funcionamos cuando algo ya puede dar según qué imagen.

Pues yo voy a ir más allá. Lejos de la obsesión enfermiza que tiene Kuroko por su compañera de habitación, entre ambas hay forjado un vínculo de amistad indestructible. ¡Coño, lo que se llaman valores positivos! Vayamos con el otro: se estaba enfrentando a un grupo con el fin de proteger... ¡joder, a una chica! cuando las soldados de ese grupo estaban intentando matarla. Cómo ha cambiado el trasfondo de golpe. Cambia, pero ya no podemos sacarnos el prejuicio de la cabeza. Esas cosas no están bien y deben prohibirse.

Y ya no me limito a este anime, el concepto general de la animación japonesa es mirada con lupa en España practicamente. Para ver si podemos prohibirlo, ojo. Ejemplos claros: Dragon Ball. Etiquetado muchas veces como un anime violento (siendo censuradas multitud de escenas en las fronteras del país), cuando en el trasfondo tenemos al personaje de Goku, que lucha por el bien, y que es capaz de pelear al lado de sus enemigos, y hacerse amigo de los mismos. ¿Cuánta gente debería aprender eso? ¿No son acaso unos valores positivos para la gente? De Pokémon he llegado a leer que "¿cómo va a ser bueno unos dibujos en los que la gente usa a sus animales para pelear?". Sin palabras me quedo.

Obviamente me tengo que estar refiriendo al público infantil. Un público adulto y maduro mentalmente puede ver esto sin necesidad de ir pregonando que se hace apología de cualquier cosa. Pero claro, tenemos que pensar en los niños, ¿no? Pues pensemos en condiciones. Con dos dedos de frente.

Hemos llegado al punto en que los niños deben estar como "aislados" del mundo adulto. Es extremista. Ni una palabra fuera de lugar, unos dibujos animados que me da que les atontecen más de lo que les peudan educar. Señores, que yo la infancia la pasé hace no mucho. Y he crecido viendo en la tele series como Digimon, o con Doraemon (con las correspondientes escenas subidas de tono de Sizuka) o partiéndome el pecho con las salidas de tono de ShinChan (unas risas que a día de hoy sigo consiguiendo gracias a las reposiciones de Neox por las mañanas). Y no se... Estudio, soy un ciudadano normal, no voy quemando containers o agrediendo mujeres o chutándome farlopa... En resumen, que pese haber visto esas "incitaciones a la violencia" o cosas similares que puedan etiquetarse, no han influído en mi. Carezco de sentimientos racistas o machistas (otra cosa es que una persona de otro país o una mujer no me puedan caer mal, que los hay. Pero también españoles y hombres, como todo).

Tampoco voy a decir que se lo debo a lo que vi de niño. Al contrario, todo se lo debo al ambiente en que me crié. Vale que hay gente se es más influenciable que otra. Pero se está atacando un género que queda desconocido, y se prefiere pintar "un mundo de color de rosa" para los niños cuando en los dibujos que veía de niño se podía ver una ficicón quizá más aproximada a la realidad, que puede animar a luchar contra las adversidades. Es la impresión que tengo, debo añadir que me siento viejuno por escribir post como este en este tono.

Esto puede quedar censurado en los próximos meses.
Sin venir a cuento.

Por cierto, estas absurdeces han llevado a, en las próximas reformas del código penal, a considerar pornografía infantil cualquier dibujo en que alguien se pueda ser confundido con un menor de edad aparezca desnudo. Falta la aprobación por el Senado. Pero es que tengo que echarme a reír. He hecho la mención antes adrede: Doraemon. En muchos episodios, la típica ráfaga de viento, le levantaba la falda a Sizuka. En otro buen puñado de episodios, por errores de Nobita, aparecía ella en la bañera, escandalizándose y avergonzandose de que la vieran (también hay que decirlo, qué obsesión la de la chica por bañarse; espero que su gel fuera con PH neutro). De acuerdo a esa nueva ley... Doraemon sería ilegal. O al menos esos episodios. De una serie infantil, que se ve desde ojos inocentes, sin la maldad que tenemos los adultos. Pero así van a pintar la ley. Otro ejemplo pasaría con ShinChan... La duda que me asalta, ¿si sólo enseña el culo es ilegal también o debe ser nudismo por completo? Y podríamos revisar un amplio catálogo de animes (y los manga que publican las editoriales en nuestro país: que se preparen) e ir censurando. Y debo decirlo: me parece una falta de respeto comparar un DIBUJO con imágenes o videos de GENTE REAL. No son equiparables. O no deberían serlo al menos. Es la diferencia entre la ficción y la realidad.

Eso sí, luego se pueden emitir novelas en las que la mala malísima se va cargando y hace sufrir a los demás (hasta que al final, después de 300 capítulos) termina perdiendo, o poner una corte de gente respetable que se llaman de puta para arriba. Eso no hay ningún problema con ello, claro que no. O toros, ya que estamos. Total, como dice cierta presentadora de La 1, eso es como la acupuntura, ¿no? Eso puede emitirse toda la tarde que no genera nada de violencia, ni discriminaciones, y nos enseña a ser todos amigos del alma.

Así nos luce el sol. Que pena.

Coma



Nuevo libro que leo, nuevo libro que comento. Ya leí el ño pasado un par de libros de Robin Cook ("Contagio" y "Crisis"), y este ha tocado el libro Coma, anterior a ambos y que se remonta a sus inicios. Fue su segundo libro, pero primera gran publicación (ya había probado suerte con Médico interno, pero no se vendió muy bien; cómo me gusta informarme para hablar de estas cosas).

En "Coma" nos encontramos  Susan Wheeler, estudiante de medicina, 23 años, y muy atractiva que termina en el Boston Memorial Hospital con cuatro compañeros para empezar su formación práctica. Por casualidades de la vida, se encuentra con que unos días antes, una joven de su misma edad terminó en coma durante una operación rutinaria, por un problema con la anestesia y el oxígeno. Ese mismo día, un paciente con quien ella habla, sufre el mismo revés. Susan decide entonces investigar cómo es posible que dos pacientes terminen de la misma forma.

Ya desde este libro puede verse cual es una línea argumental común del señor Cook. Veo varias similitudes entre Coma y Contagio, en sus argumentos y narraciones. Incluso el estilo del final es bastante similar, aunque a efectos prácticos el final es totalmente direfente. No obstante sigue siendo un libro muy detallado (algo bastante útil), incluyendo un montón de terminología médica que no he comprendido. No es mi campo, y tampoco lo considero fundamental para entender la historia. Fundamental sería si mañana me diera por practicar operaciones a corazón abierto (?)

No es una novela especialmente coral, por lo menos en lo que se refiere a personajes importantes. Susan es acompañada por Mark Bellows, residente de cirugía con quien tiene química muy pronto, aunque no comparte la creencia de Susan de que haya algo oscuro; Howard Stark (que con ese apellido no he podido evitar ponerle el rostro de Robert Downey Jr., por Iron Man), el jefe del Departamento de Cirugía, que no hace oídos sordos a todo lo que Susan le cuenta; D'Ambrosio, un sicario destinado a detener a Susan cuando sus progresos hacen enfadar a varios de los médicos del hospital (Harris, Nelson...), y Walters, un médico que desaparece justo cuando un buen puñado de medicamentos y drogas aparecen en uno de los armarios del hospital.

La historia nos sumerge también en el tema del machismo médico. Desde los ojos de Susan podemos ver cómo una mujer intenta hacerse su hueco en un mundo donde predomina el género masculino. Muchas alusiones que la irritan (y con razón) sobre su sexo, sobre que la mayoría de sus colegas la verían siempre primero como mujer y luego como médico... Y finalizando el libro con una nota explicatoria al respecto al tema principal del que se habla en el libro, la donación de órganos.

Con todo una historia buena, que invita a pensar y reflexionar, tensa, aunque en algunas ocasiones no pude evitar hacer "lectura en diagonal". Con sus casi 400 páginas, merece la pena leerlo, para los fans de historia de misterio.

¿Por qué hacemos lo que hacemos?

¿Por qué hacemos lo que hacemos? He aquí mi propio ejemplo. ¿Por qué empecé un blog? Porque me gusta escribir. He empezado un curso de Windows Server. ¿Por qué? Porque me gusta la informática. Soy de los que se bajan las series al día siguiente de su emisión original. ¿Por qué? Porque me puede la curiosidad por enterarme cuanto antes de cómo avanzan las tramas. Me gusta planificar el día con la mayor antelación posible. ¿Por qué? Porque odio los imprevistos.

Pero miro alrededor y me cuestiono cosas. ¿Por qué la gente hace lo que hace? Por ejemplo, la gente que parece tener la necesidad imperiosa de llevarse una botella de alcohol a los labios. ¿Por qué lo hace? Esa gente que parece contentarse con lo que hay. ¿Por qué? Masas de gente que se decantan más por un tipo de contenido televisivo que por otro. ¿Por qué?

Impulso: me voy a comprar este libro.
Motivo: me gusta la lectura.

Y todo esto me lleva a darme cuenta... de que todo lo que hacemos tiene un motivo, lo veamos o no. Parece una obviedad, pero uno lo piensa. Y no hay nada que nos haga movernos "porque sí". Cualquier cosa, el acto más pequeño, está impulsado por algo. Incluso tenido algún motivo para hacer algo... también tenemos cosas que nos hacen cambiar de idea.

Impulso: consumir drogas.
Motivo: curiosidad. ¿Cómo son? ¿Cómo la gente se puede divertir con ellas?
Impulso 2: no consumas.
Motivo 2: Has conocido muchos casos de malos resultados. Se te puede ir de las manos. No se controla.

Impulso: ir a un bar de alterne.
Motivo: impulso sexual / ¿cómo es ese ambiente?
Impulso 2: No ir.
Motivo 2:  Código ético personal / Preferir no saberlo.

Yo sigo los reportes de Elementary. Me gusta la serie, e ir viendo qué se avecina antes de que se emita. Yo miro esa información por curiosidad, por el gusto de hacerlo. Y al mismo tiempo, hay otras tantas personas que entran a la vez que yo a leerlo. ¿Les interesa también? ¿Lo siguen con frecuencia? Al otro lado, está el que publica. ¿Le pagan por ello? ¿Esa web de información de series que visito es un negocio o algo hecho por gusto? ¿Podría conocer al tipo (o tipos) que lo lleve y tener una conversación sobre la serie?

Va todo siempre llevado por algún motivo. El más placentero siempre es el del gusto, por supuesto, aunque hay varios otros aspectos que nos llevan a hacer o no hacer las cosas. Lo políticamente correcto, las convenciones sociales, las normas concretas de un sitio donde estamos también influyen o no en nuestra toma de decisiones.

Y el hecho de que hagamos esto, me hace darme cuenta de que nos hace tener aficiones, cosas que hacer, en resumen, cosas que completan nuestra existencia. Placeres ocultos, excentricidades, todo eso es un "algo que hacemos" por un "algo" que nos impulsa, y lo hacemos.. No todo el mundo tiene la suerte de poder exhibir según qué cosas (aunque estamos trabajando en ello) pero es algo a lo que tampoco querríamos renunciar.

También me doy cuenta de que si hacemos algo que se comparte con el resto del mundo, esto también puede influir. Para bien. Pero también para mal. Una persona, por ejemplo, que le gusten los animales compartirá su hobby sin problemas, puede unirse a causas y todo lo que le parezca. Eso ya le lleva a condicionarse a hacer otras cosas. O a llevarlo también, pero irá cambiando la forma de hacerlo. Yo, por el lado contrario, me he topado con el lado reverso.

He empezado diciendo que me gusta escribir y fue lo que me llevó a abrir un blog. Pero eso me ha supuesto a la vez un problema. El hecho de que sea más público que privado ya me lleva a pensar temas y hablar de ellos. Antes podía estar días sin escribir y luego darme una pechá. Ahora tengo sentimiento de culpa si no actualizo con X frecuencia. También escribo fanfiction, del tipo picantón. Empecé también por gusto. Ahora lo pienso y me digo: "¿qué coño haces presionandote para publicar un capítulo semanal?".

Cuando nuestro "por qué" cambia, es el momento de hacer reflexiones. ¿Se debe seguir? Salvo contadas excepciones, creo, indudablemente sí. Siempre quedan el "gusto" en primera instancia. Simplemente hay que encontrar la forma de que eso vuelva a la cima de los motivos, y el resto, priorizarlos. Cosas a disgusto tenemos que hacer todos. Pero si son por gusto... Debe prevalecer la satisfacción.