Cell

Llevaba tiempo sin actualizar los libros que leo, pero he tenido una época bastante ajetreada. Por lo menos me alegra decir que el libro séptimo de mi reto sea a su vez el que leo en el séptimo mes.

Leí La cúpula. Leí Carrie. Y empecé Cell con la esperanza de disfrutar de una lectura igual de buena. Lamentablemente, creo que este libro es el que demuestra que hasta un genio como King tiene sus fallos. Ojo, que van spoilers.

Y es que esperaba bastante más de esta novela de 2006, en la que se nos presenta a Clayton "Clay" Riddell, un novelista gráfico de Maine, que, justo el día que consigue un buen contrato para trabajar, observa ante sus ojos el comienzo de El Pulso: todo aquel que responde a una llama telefónica cae víctima de la demencia y de impulsos asesinos. En su intento por ponerse a salvo en primera instancia conoce a Tom McCourt y Alice Maxwell, con quienes intentará sobrevivir a los ataques diurnos de "los chiflados telefónicos". La gente normal ya sólo puede desplazarse de noche de forma segura... o casi.

De esta forma, lo que parece una aventura de supervivencia zombi se cuela en una trama con muchos altibajos. Al principio me enganchaba, cuando se trataba de vivir esquivando a los chiflados, pero de ahí termina divagando a una trama lenta, mientras observan el lento cambio de estas no-personas, que empiezan a moverse en rebaños por el día, y escuchan música con equipos que, por algún motivo, aún funcionan.

El libro recupera parte de su intensidad (y debo recalcar que parte) cuando (después de encontrar a un chaval llamado Jordan y al director de la escuela de este), los telefónicos, como se les empieza a llamar, empiezan a desarrollar poderes telequinéticos, así como una especie de conciencia global, que sin embargo no llega a engancharme tanto como me hubiera gustado. Visiones, ser controlados por los seres... Clay lucha contra todo eso en la búsqueda de su hijo, Johnny, y su mujer, Sharon.

Y no tengo mucho que reseñar del libro. Se me ha hecho largo. Muy largo. Tanto que tenía la lectura a medias desde hacía tiempo y decidí ponerme las pilas por lo menos para ver cómo terminaba, obligándome en varias ocasiones a hacer un poco de lectura en diagonal. Creo que el libro, por lo general, está bastante bien valorado, pero desde luego, no es mi lectura favorita del autor. Tiene su estilo narrativo, pero es la narración en sí, los hechos que ocurren que no me llegan a enganchar tanto como las obras anteriores de King que me he leído.

Por lo pronto, voy a hacer una pausa con este autor. Empiezo ahora con la lectura de 1984, de George Orwell. Espero terminármelo en agosto. ¿Seré capaz?

Nueva vida, nuevos problemas (VII)



 (previously...
Rafa consiguió una cita -o algo parecido- con Judith gracias a la intervención de Teseo. Sin embargo, no todo son buenas noticias para él.)

Capítulo VII

No soy una persona de las que se quedan sin palabras normalmente, pero en aquel momento, tardé unos cuantos segundos en poder reaccionar ante semejante noticia.

—¿Despedirme?
—Sí —respondió él, secamente.
—... Sin más. Adiós y muy buenas. Sin motivo.
—Despido improcedente, te pagaré lo que te corresponda... —respondió Aarón. Desde luego, no parecía él.

Se hizo un silencio denso. E incómodo. Mi exjefe me miraba con plena calma. ¿Había remordimiento en su mirada? Qué coño, no podía ser que de un viernes a un lunes decidiera echarme. Veamos... que yo recordara, no habría queja de mi trabajo. Los equipos que montaba los verificaba varias veces para que no hubiera reclamaciones. ¿Sería que me vio con Judith y planeaba venganza? Cosas más raras se habían visto.

Y hablando de ver, vi algo. Unos papeles sobre su mesa. Aarón se dio cuenta e intentó guardarlos. Pero uno tiene los reflejos en condiciones, y logré adelantarme para leer esos papeles. Cuanto más leía, más comprendía su actitud. Hijo de...

—Becarios. Tienes intención de irme sustituyendo por becarios —le solté. No respondió—. De esos que no tienes que pagar y encima te desgravan —sin respuesta—. Y me imagino que al de la tarde también le echarás —la falta de respuesta de Aarón aumentaba mi deseo de macharcarle el cuello con la grapadora.
—Rafa, la crisis... —empezó a hablar, por fin, pero esta vez decidí cortarle.
—Ni crisis ni ostias. Tienes beneficio suficiente para mantener el negocio así. Simplemente pretendes llevarte más dinero cada mes.
—Tu finiquito —dijo, ignorándome, y poniendo un sobre encima de la mesa—. Y la carta de despido.

Firmé en el acto. No tenía la más mínima intención de quedarme más tiempo del necesario. Lo que era necesario era aire. Necesitaba aire fresco, respirar un poco, y tranquilizarme. Me tengo por una persona pacífica, pero en ese momento no había tortura que se ajustara lo bastante a lo que me apetecía hacerle al que había sido mi jefe durante aquel tiempo.

Tuve que pillarme un buen rebote, pues no recuerdo lo que pasó desde ese momento hasta que me encontré a mi mismo sentado en el sofá de mi casa, tumbado bocarriba, con las piernas recogidas, pensando en cosas alegres como "asesinato", "mutilación", "cadáveres" y "lanzallamas". Y de lejos, la voz de mi primo llamándome. "Rafa... Rafa... ¿qué ha pasado, Rafa?... Rafa, me estás asustando...".

—Me han despedido —respondí finalmente.
—¡Eso ya me lo has dicho tres veces! —protestó Álex—. ¿Me quieres explicar con detalle qué cojones ha pasado?

Suspiré. Me intenté incorporar, pero me fallaban las fuerzas. Finalmente logré sentarme, pero me eché hacia atrás en el sofá, repantingándome.

—He llegado, y prácticamente, después del buenos días... me ha dicho que me echaba.
—¿Pero es por algo que has hecho?
—Sí. Por cobrar. Ha decidido tirar de becarios de esos que le salen gratis —respondí.
—Hijo de la gran puta... —soltó mi primo. Entre muchas otras lindezas dedicadas a mi exjefe, cosa que agradecí y le di la razón mentalmente—. Pero no te puede echar sólo por eso...
—Lo se. De forma que directamente tiene indenminzarme. Como si se pudiera vivir de una indemnización.

Y en ese momento caí en lo grave: mi independencia peligraba. Con lo que llevaba trabajado, el paro se me iba a quedar escaso. Y ni con finiquito ni indemnización podría sobrevivir más de dos meses antes de volverme a meter en la casa de mis padres. Estaba bien jodido. Y tenía ganas de maldecir, de cagarme en todo lo cagable, en romper cosas, en gritarle a algún tertuliano de televisión a través de la pantalla, para desahogar.

—Me estás asustando, primo...

Apenas era consciente de estarme balanceando y gruñendo por lo bajini mientras contemplaba la nada.

—Perdona... me voy a ir a dar una vuelta... necesito aire... —dije.
—¿Estás bien?

"Estoy de puta madre. En paro, teniendo que pagar el alquiler y los gastos", estuve tentado de soltarle. Y de añadir "tontopollas". Pero me mordí la lengua, y me limité a decir:

—No mucho.

Salí del comedor, atravesé el portal, y el viento de la calle me acarició la cara. Probablemente debía tener mala pinta moviéndome por la calle. Con las manos en los bolsillos, y una expresión de enfado que no me molestaba en ocultar, hubo alguno que optó por quitarse de mi "camino en línea recta" cuando me acercaba. Pero mejor, no me apetecía charlar con nadie.

Se me acercó un cani en cierto momento. O para pedirme la hora, o para pedirme un leuro, pero me le quité de encima sacudiendo el hombro cuando me lo tocó. Me tuvo que gritar algo como "¡gilipollas!", y yo le respondí amablemente con un corte de mangas. Sin tener muy claro dónde debía ir, se me ocurrió el mismo parque donde estuve el día anterior. Ese tipo de parajes me ayudaban a relajarme.

Me senté en la hierba. Noté humedad en la espalda. Debían haber regado hacía poco. Pero no me importó. Si todos los problemas fueran tener la espalda mojada... Miré el reloj. Casi era la hora de comer. Joder. ¿Tanto tiempo me había pasado en Babia?

En cualquier caso, no tenía hambre. Estaba demasiado enfadado. Escuché una canción, "A Horse With No Name", de America. Y que algo me vibraba en la nalga. Mi teléfono, que lo llevaba ahí. Me estaban llamando. Preferí ignorarlo. Supuse que sería mi primo, y no me hallaba en condiciones de hablar con él. Hubo un segundo intento de llamada, y al tercero, llevé la mano al bolsillo y descolgué.

—Dime.
—Rafa, tenemos que hablar.

Su puta madre. No era Álex. Era Aarón.

—¿Hablar de qué? —dije, con mi mejor tono de desprecio.
—No te puedes ir así. Después del tiempo que llevas trabajando conmigo...
—¡Después del tiempo que he estado trabajando contigo me parece de miserable que me des la patada de esta forma! ¿Pero sabes lo que te digo? ¡Que te den por culo! ¡Que te follen! ¡Que te opere de fimosis un cocodrilo a bocados!

Y colgué. Resoplé. Vi otro intento de llamada por su parte. Colgué. Y me puse a buscar en la tienda de aplicaciones móviles alguna que me permitiera rechazar automáticamente todas las llamadas desde su número. Pasando de él.

Me tiré un rato largo dando una vuelta. Dicen que en frío se piensan mejor las cosas. Y era cierto. Era obvio que tenía los mismos problemas que con enfado, pero al menos lo veía más claro. Lo primero sería darme de alta en el SEPE, y lo segundo (o lo cero), ponerme a echar currículums como si no hubiera mañana.

Volví a casa por la tarde ese día. Tenía bastante hambre, aunque pocas ganas de comer. Mi primo no se atrevió a decirme gran cosa, y vimos, mientras degustábamos unos fideos instantáneos (que de instantáneos los cojones, cinco minutos no es instantáneo), toda una temporada de The IT Crowd hasta que nos fuimos a la cama. Desconozco si mi primo durmió bien esa noche, pero yo di vueltas en el colchón sin encontrar una posición cómoda. Y cada dos por tres, la expresión "En paroooo, en paroooo..." resonaba en mi cabeza.

Al día siguiente me levanté temprano. Más de lo habitual. Me miré en el espejo del baño. Tenía tales ojeras que parecía un tejón, o el Llanero Solitario. Lo mismo me daba. Debía tomarme un café rápido e irme a la oficina del paro, antes de que se llenara de gente. Algo difícil en este país. Si lo conseguía seguro que pasaba alguien con un cartel poniendo "Logro desbºloqueado". Un ruido similar al de una motosierra me indicó que Álex estaba roncando como un bendito, así que me fui sin decir nada. No dejé ni una nota.

Cuando llegué ya había algo de cola. Apenas cuatro personas, pero me jode esperar en los sitios. Me pongo malo. De forma que me dispuse a matar el tiempo mirando mi Twitter. Teseo había publicado uno hacía unos segundos: "#ElTípicoUsuarioQue olvida las contraseñas. #ains". Y en ese momento, publicó otro: "#ElTípicoUsuarioQue olvida qué es lo que hace en la empresa. #facepalm". Tuve que contener la risa, pues el SEPE no me parecía el sitio más apropiado para reírme.

Teseo... Podría comentarlo con él. Alguna vez me había comentado que podría intentar meterme donde estaba trabajando. Sin embargo, no me apetecía recurrir a eso tan pronto. Por no ponerle en un compromiso y por demostrar mi valía personal. Debía encontrar algo por mérito propio.

En cierto modo era una tontería. Le conocía desde que tenía memoria. Literalmente. Era el hermano más joven de una amiga de mi madre. Once años tenía él cuando yo nací. Obviamente no empecé a conocerle hasta que empecé a tener uso de razón. Nos juntábamos con bastante frecuencia. Y (por lo que cuentan testigos oculares, que un servidor no tiene memoria de eso) nos pasábamos la tarde jugando a la SuperNes. O más bien, él jugando y yo matándome en cada nivel del Mario Bros. Y pillándome berrinches. Aún tengo guardada la consola. Para la "Partida Anual" como lo llamamos. Aunque pensándolo bien, desde hacía ya tres años no celebrábamos esa competición.

Y lo gracioso es que fue por ello que me empecé a interesar por la cacharrería de los ordenadores. Diez años antes me fue enseñando alguna cosilla, y fue cuando empecé a pensar que me molaría pertenecer al mundo de lo virtual. También por aquella época empecé a verle un poco menos. Se había echado novia. Y claro, entre la pareja y un amigo canijo... comprendo perfectamente su elección. El tema es que nunca le guardé rencor por ello. Yo siempre iba a mo bola por ahí. Y ya cuando rompieron, restablecimos el contacto habitual de antaño. Aunque en los últimos meses volvíamos a estar un poco en la situación de poca comunicación.

En esas cosas andaba yo recreando mi mente cuando me tocó el turno. Me atendió una mujer que debió haber nacido en Mordor, por la pinta que tenía. Después de soltarme todo el rollo de mis obligaciones, de que tengo que fichar, de las entrevistas, de los cursos, de que qué tiempo de mierda hace en fin de semana... logré liberarme de ella y volver a casa. A lo tonto me había dado la hora de comer, por segundo día consecutivo, y había un buen puñado de gente esperando aún. Pobriños.

Llegué, pensando que habría algo preparado para comer. O que podría hacer algo rápido. Quizá mi primo se había ido a estudiar, o le había dado por ver a Arguiñano, o por volver a zumbarse a Laura. O las tres cosas a la vez. Eliminé la imagen mental de mi primo practicando sexo en clase mirando la tele por el móvil y abrí el portal. Entré y miré el buzón. Nada, Pues a casa.

—Hola.

Casi me cái de espaldas cuando entré en casa y llegué al salón. Mi primo en el sofá, y en el sillón, como si me esperase, mi madre. Sólo le había faltado estar en un butacón de esos que giran, y haber hecho la típica entrada de cine a lo "Te estaba esperando".

—... Hola. ¿Qué tal, mamá?

Me miró con una cara que no me gustó nada. Yo le lancé una mirada asesina a mi primo. Era obvio que él se había encargado de llamar a mi madre y contarle lo ocurrido. Iba a ser difícil. Mi madre, de 45 años, siempre había sido muy cabezota. Y con aquello de "lo digo/hago por tu bien" me había sacado de quicio en muchas ocasiones. Lo que no impedía que la quisiese, pero me daba en la nariz que iba a haber bronca ese día.

—¿Qué tal tú, hijo? Anda que me llamas —me dijo ella, con el mismo tono de voz que cuando me decía de niño "Eso está mal".
—Ayer no tuve mi mejor día —respondí, alargando la mano para pillar una silla por el respaldo y arrastrarla hacia mi.
—Ya me ha contado tu primo... ¡Despedido! Nunca me gustó ese jefe tuyo. Como todos, va der majo y resulta ser un pedazo de...

Agradezco haberme criado en un entorno de izquierdas que va con el proletariado.

—Bueno, sí, mamá, pero ya no podemos hacer nada. Encontraré otro trabajo.
—¿Y mientras tanto?
—Tía, creo que nos podremos apañar mientras que Rafa...

Pero mi madre le hizo un gesto a Álex para que se callase.

—Rafa, si tienes que volver a casa...
—No. Te lo agradezco, mamá, pero de momento quiero apañármelas por mi cuenta.
—Siempre igual, siempre igual... —dijo ella, más como un pensamiento propio que dirigiéndose a mi.
—Me fui de casa con todas las consecuencias. Como bien señalaste ese día —le recordé, sin levantar la voz. No quería sonar a mal, aunque me temo que era imposible.
—Ay, hijo, sabes que no lo decía en serio. Pero si volvieras a casa, podrías volver a estudiar mientras encuentras otro trabajo sin prisas...
—Sí, de ingeniero, ¿no?

Mis padres nunca habían aprobado mi elección de meterme en informática. Ellos querían que hiciera el bachiller, luego la universidad y hacerme ingeniero. Pero no me salió de las narices. Después de suspender deliberadamente el primer año de bachillerato (pude haber aprobado, si me hubiera salido de las narices estudiar) me pasé a estudiar informática en Formación Profesional. Y desde entonces, mi relación con mis progenitores no había vuelto a ser perfecta. Que tuviera la informática de hobbie era una cosa. Que me quisiera dedicar a ello era otra cosa.

—Tampoco te haría daño. Es otra salida profesional que...
—... que también están buscando trabajo. Y se tienen que conformar con cualquier cosa.
—Por eso, tú vales más que...
—Hasta aquí —corté—. Me meteré a preparar hamburguesas antes que ponerme a estudiar algo que no me gusta. ¿Te quedas a comer?

Mi madre frunció los labios. Me miró enfadada. Pero no tenía yo la menor intención de ceder. Un trabajo en un fast food no era para nada deshonroso, y me permitiría al menos salir del paso. Y no había hueco a discusión. Mi primo nos miraba alternativamente, como si no supiera a quién debía apoyar en esta discusión. Mi madre finalmente aceptó mi invitación, y nos pasamos la comida hablando de otros temas, como la operación de cadera de mi tío segundo, o lo caro que estaba todo.

Mantuve un poco el tipo hasta que, bien entrada la tarde, mi madre se fue para su casa. Aproveché ese momento para volver a mi dormitorio y tumbarme en la cama, mirando a la nada. Primer día en paro y ya había roto mi promesa de ponerme a echar currículums. Me daba mucha pereza ponerme en ese momento. Al día siguiente sí o sí debía ponerme con ello.

Sonó el timbre de la puerta cuando debía llevar como media hora viendo figuras en el gotelé del techo.

—¡Primoooooooo! ¡La puertaaaaaaa! —voceé. Me apetecía levantarme tanto como pasarme una semana a base de coles de Bruselas.

Escuché cómo mi primo abría la puerta, y un murmullo. Me la pelaba bastante quién estuviera. Hasta que oí como unos nudillos tocaban en el marco de la puerta de mi dormitorio, que había dejado abierta.

—Buenas... —saludó una voz que conocía.

Levanté la cabeza y miré. Judith. ¿Qué hacía allí?

—¿Te he despertado? —preguntó con cautela.
—No, tranquila. Simplemente pensaba. No esperaba esta visita... —comenté, intentando que me diera alguna pista de por qué había venido.
—Ya... es que Álex nos ha contado esta mañana lo tuyo...
—¿"Nos"?
—Sí, Laura también ha venido. Queríamos ver cómo estabas.
—Oh... pues muchas gracias —dije—. Y bueno... tan bien como se puede estoy. Tengo que empezar a moverme para encontrar otro trabajo...
—¡Hola! —saludó Laura, apareciendo tras Judith—. ¿Cenamos algo mientras le damos consuelo? Yo tengo hambre.
—Yo también —dijo mi primo, y tuvo que marcar el número de la pizzería, porque media hora después llegaba el repartidor con dos de cuatro quesos y una de bacon y jamón.

Tenía curiosidad por saber cómo había terminado la situación de Judith con Laura después de lo que había pasado el fin de semana, pero dado que habían venido las dos, no parecía que estuviera mal la cosa. Claro que no me iba a arriesgar a hacer la pregunta en voz alta.

Después de cenar nos quedamos un rato viendo la tele, hasta que mi primo decidió irse a dormir. Laura dijo que se debía ir a casa, de forma que quedamos Judith y yo en el salón.

—Llevo toda la tarde con la pregunta en la cabeza... —le dije, una vez que me aseguré que los afectados no podían oírnos—. ¿Qué pasa al final con lo de Laura y...?
—Bueno... digamos que Laura me prometió dejar las cosas claras con mi hermano... por eso no me quería ir antes que ella, para asegurarme.

Muy astuta.

Unos minutos después, la acompañé a la puerta. Judith sonrió y de pronto, me dio un abrazo. Me lo esperaba tan poco que por unos momentos estuve en tensión.

—Verás como muy pronto te sale algo. Se nota que vales.

Y se marchó, dejandome con cara de imbécil en el marco de la puerta principal de mi casa. Volví para dentro, y me puse un rato la tele para pasar el rato hasta que me entraran ganas de dormir. Y tuve que lograrlo, porque antes de irme a mi habitación, me quedé dormido.

Por la mañana alguien me despertó. O lo intentó. Yo estaba muy a gusto abrazando uno de los cojines, con los ohjos cerrados, y el piar de los pájaros entrando por la ventana.

—Arriba —dijo una voz que en ese momento no relacionaba con nadie. Es más, me sonaba muy muy lejana, como si me hablaran de una montaña a otra.
—Cinco minutos más...

Oí fuertes pasos que se alejaban y luego que se volvían a acercar. De pronto, lo que al tacto parecía unos vaqueros cayeron sobre mi cabeza.

—¡Arriba!

300






300 entradas. Casi nada. Fue hace 5 años y un mes cuando reabrí mi blog por vez tercera (por cosas que explico en la entrada de por aquel entonces) y desde entonces he dedicado un total de 300 textos a hablar y contar lo que me ha venido en gana, básicamente. Intentando mantener un ritmo más o menos constante (que, admitámoslo, me ha salido como el culo) en las publicaciones, llego hasta aquí...

.. y sigo, por supuesto. Ahora que he añadido a una fémina a mi elenco de "monigotes" (no es coña que aún no tenga nombre: admito sugerencias, y que se tiña el pelo; y la forma en que he dibujado sus pechos será corregida, lo prometo), pero por supuesto siempre en situaciones relacionadas con el tema a tratar. Y continuar con la publicación de "Nueva vida, nuevos problemas", que ya estoy escribiendo el séptimo capítulo, y espero que os guste.

Pues nada. Gracias por aguantarme hasta hoy. Y lo que os queda, majetes.

Madrid V.O.



Nada, hoyga. Que eso del cambio se nos resiste. O que la gente está habituada a "que las cosas cambien para que nada cambie", que en cuanto hay novedades salen las trompetas anticomunistas, antiJedis, y antítesis. Y por eso mismo, ni un día duró la polémica con la apertura de MadridVO, una web/blog del Ayuntamiento de Madrid, en la que irán señalando versión de las noticias de la prensa, corrigiendo o desmintiendo aquellas que consideran erróneas, falsas o incompletas.

Es posible que "Madrid Versión Original" no sea el nombre más apropiado. Quizá peca de confianza en el nombre. Que no en la intención. Que un Ayuntamiento aproveche la tecnología para hacer difundir su palabra (con hechos, no con opiniones) es un paso que debería hacerse en cada municipio. Pues voy a empezar por ´la pregunta básica elemental: ¿qué habría pasado si la webla hubiera hecho PP-PSOE? Nada. Absolutamente nada.

Pero "lo han hecho los rojos, los totalitarios, los nuevos que no saben hacer las cosas". Y la prensa, muy orgullosa ella, de la manita de toda la oposición, a por ellos. A nadie le importa que la Unión Europea tenga el suyo. Lo que importa es machacar a los actuales mandatarios del Ayuntamiento madrileño, que no hacen las cosas como Dios manda.

Zona F.A.Q.

¿Debe un organismo público rectificar las noticias por medio de un blog?
Por supuesto que no. Deben hacerlo en un rinconcito de los periódicos. O no siquiera. Que el periódico dedique una línea para decir "Nos hemos equivocado. Venezuela".

¿Debe un organismo público montar un blog con tecnología WordPress? 
Tampoco. Deben sacar un concurso público para ver qué diseñador jeta les hace el presupuesto más inflado para llevarse, tanto el organismo como el diseñador, una suma sustanciosa pa' la saca.

¿Es democrático que un organismo público conteste a las informaciones erróneas de la prensa mediante una web?
Ni de coña. Lo demócrata es poseer la prensa escrita, así como los telediarios. Y una web propia es populista. ¡Como este blog! ¡Podemita! ¡Chavista! ¡Comunazi!

Se han dicho verdaderas barbaridades de esta web. Comparaciones absurdas con los métodos de los regímenes totalitarios para difundir la palabra de los altos mandatarios. Ni que fuera el Arriba.Repito: "versión original" puede ser un poco prepotente. Pero no se desencamina: es una versión. La que da el propio Ayuntamiento. Punto. Contraste de información. ¿Qué hay de malo en eso?

Personalmente creo que esto no es sino un intento más de atacar a un nuevo equipo de gobierno municipal contra el que no tienen ninguna prueba sólida en contra. Una pena.

¿Qué tiene el verano?

Sí, hago copy-paste de mi avatar. ¿Qué pasa? No se dibujar, ¿recordáis?
¿Qué tiene el verano? Que parece que a la gente le gusta. Y me parece bien, hoygan. Aunque no lo comparta. "Es que en verano los días son más largos". Hasta donde yo sé, el día sigue teniendo 24 horas, sea verano, invierno, primavera u otoño. "Me refiero a que hay más horas de luz". ¡Oh, genial! ¡Más horas recibiendo luz natural del atro rey! Una maravilla... de no ser por el calor que viene unido de la mano. Cuarentaytantos grados centígrados. Ambientales. Apuesto a que el asfalto en plena calícula tras varias horas de recibir rayos solares está bastante más calentito. ¿A quien le apetece hacer huevos fritos en la acera?

Y no solo eso. "El día es más largo y se puede aprovechar más el tiempo". ¡Y una mierda gorda! ¿Qué aprovechar? ¡Si por la tarde no hay quien salga! Es el momento "me quedo en casa viendo la tele hasta que se pueda salir a la calle". Mucho el día así no se aprovecha. Como mucho, se aprovecha la tarde-noche, y eso cuando estás desocupado. Cuando tienes trabajo, cuando la gente está de jolgorio y jarana, toca acostarse temprano, que toca madrugar.

¿Qué más tiene el verano? La gente. Yo concretamente que vivo en un bloque, tengo a mis vecinos, que parece que no se quieren ir de vacaciones. Y con la ventana abierta... si en invierno normalmente gritan, ahora es como si les tuviera al lado. ¿No les podría aguantar la familia en su pueblo? O darles una afonía o algo... Y ya de paso, joderle los altavoces al mamón que, al intentar dormir, pone su coche bajo tu ventana, a todo volúmen de requesón reguetón. Sí, ese, ESE que tanta rabia da.

Por no hablar de que el calor elimina las ganas de hacer cualquier cosa. Incluso de hablar. ¿Cuántas veces al día se comenta el calor que hace? ¡Si no me lo dicen siete personas al día salgo a la calle en abrigo por si las moscas! (). Si, señores, hace calor, y la única forma buena de librarse de eso es cambiar de hemisferio durante los meses calurosos. O pasar el día en uno de esos almacenes frigoríficos para carne y pescado. Lo mismo ahí podéis incluso sacar la rebequita. Pero si no, nos toca tragar, qué remedio, mal que nos pese.

Otro problema de estos del verano: los mosquitos. Esos bichos descendientes de banqueros, que te pican y te dejan una marca que más te vale no rascarte por muchas ganas que tengas. Y las moscas cojoneras, y esa gran fauna que representa la época actual (¿qué tal las medusas por la playa?).

El veano es la época de los ventiladores y los aires acondicionados. Unos grandes inventos... El primero, que se limita a mover el aire, y enfría poco, y el segundo, que sí enfría y puede costar más de un dolor de garganta. Al igual que todas esas comidas frías que hay ahora. Que sí, que hay que combatir el calor, pero llega el punto en el que pasa factura cuellil.

O que nos pasamos el día bebiendo. Venga a tomar agua y agua. Y a sudar. Y a beber más. Y al baño para echar todo ese agua que hemos bebido. Y vuelta a empezar el ciclo. ¿Merece la pena? "Para eso es mejor la cerveza". Ya, porque eso no lo meas, ¿no? Lo retienes, no te j...

Y qué hay de esa sensacion al pisar la calle y sentir que te sobra la ropa. Que el nudismo no está del todo bien visto aún, hay sitios donde multan y todo, por mucho que nos apetezca arrancarnos hasta la piel porque es insoportable este tiempo.

Yo soy y seré proinvierno siempre. Prefiero arroparme por el frio que no poder quitarme nada de ropa. Prefiero tomarme un buen cocido a una ensaladilla rusa. Prefiero moverme a hacer cosas a las cuatro de la tarde que pasármela sin hacer nada porque esté sin ánimos. Prefiero tener la casa cerrada e intentar ignorar a mis "amados" vecinos. Prefiero una estufa, que caldea la habitación, a un ventilador que da "hasta donde llegue la corriente". Y prefiero que haga frío antes que calor para evitar el efecto invernadero.