26-J


No me cabe en la cabeza. No. No me lo explico. ¿Soy el único que llevo cuatro años soportando una serie de recortes a cual más grande? ¿Unas subidas de impuestos que no iban a hacer? ¿Un recorte de libertades terribles más digna de una dictadura que de una democracia? Lo cual no es de extrañar, pues parece que en este país se añora el fascismo y la represión. Algo que para alguien que tiene las ideas más propias de este siglo, le da verdadero miedo.

Estos señores han estado robando como no se ha visto nunca y se han follado a la justicia sin ponerle vaselina, moviendo a los jueces como les ha convenido, utilizando la prensa en su beneficio propio, se la han estado chupando mutuamente para obtener una serie de beneficios que han jodido el pueblo. Y aún así, ese pueblo vuelve a darles su apoyo para que nos vuelvan a gobernar. ¿Nos hemos vuelto locos?

Realmente el problema no está ahí. Del todo. Hay que tener en cuenta una cosa. La participación ha sido bajísima. La gente deja de ir a votar. Pero los que dejan de ir a votar es la izquierda. La derecha no. La derecha acudió en masa este domingo para fichar. Para cumplir esa responsabilidad que parece que tienen para que España siga anclada en una época que debería haber muerto con la persona de la cual recibe nombre (pero no es así).

La abstención nos ha jodido. El problema en la izquierda es que tenemos a los "antisistema", que se niegan a participar. Algo que me parecería cojonudo, de no ser porque haciendo eso le están dando fuerzas a aquel que les jode la vida. En lugar de hacer el cambio desde dentro, participando, como si de una bacteria se tratasen, deciden... ¡no pelearlo! ¡Cómo vamos a cambiar nada así, almacantaros!

Lo de este país es de chiste... pero no tiene ni puta gracia.

Mis últimas cuatro lecturas

El problema cuando te haces un reto de lectura para un blog y dejas de publicar en ese blog mientras mantienes el ritmo de lectura es que al final tienes dos opciones: ponerte a publicar 4 entradas (que dejándolas programadas te ahorran pensar entradas nuevas por una o dos semanas, pero monopolizas el contenido) o dedicar una entrada a esos últimos libros que se has leído y te apetece presentar al público. Así que vamos a ello con esta segunda opción.

Y empezamos por uno de política. Dándome cuenta de que el año pasado no reseñé "Nadie es más que nadie", este sí hablo de "La jungla de los listos", del actual presidente de Cantabria Miguel Ángel Revilla. El político, al igual que hiciera en su anterior obra, Revilla se explaya en sus vivencias, en lo que ha visto, y en lo que opina del caos que se ha apoderado del país, señalando todo aquello que considera que se ha hecho mal.

Y me ha gustado bastante dicha lectura (exceptuando que no comparto con Revilla su opinión sobre lo que él llama "comunismo"). Le tengo bien valorado como político y es por estas cosas que cuenta que continúo así con él. Se equivocará, como todo el mundo, pero este libro es un "sin pelos en la lengua" como él sabe, para quien le guste y para quien no. Razón los que dicen que más políticos hacen falta en este país, y no nos iría mal. Por lo menos, Revilla parece no haberse aburguesado, leyendo lo que se lee en las páginas de sus libros.

Volviendo al género de la narrativa, también he leído en este tiempo "Maldito karma", del autor alemán David Safier. Aquí se nos presenta a Kim Lange, una mujer triunfadora, pero insatisfecha con su vida. Su triunfo no ha sido barato. Ha tenido que ir pisando a mucha gente para llegar donde está, llegando incluso a engañar a su marido en la noche que gana un premio. Casualidades de la vida, esa noche le cae un lavabo de una estación espacial rusa, y fallece, reencarnándose en hormiga. Buda le comunica que la única forma de reencarnarse en algo mejor es ir acumulando buen karma.

Lejos de lo surrealista que pueda sonarme el concepto del karma (o de que casualmente te caiga un lavabo espacial en la cabeza, lo típico...), es de las pocas novelas en las que he llegado a odiar a la protagonista. Bueno, más que llegar, fue una mala primera impresión que se fue acentuando con el paso de las páginas. Kim es una persona egoísta, y que le cuesta dejar de hacer las cosas pensando en ella misma y hacerlas por preocuparse por los demás (paradoja similar a la de la serie de televisión Me llamo Earl). Mejor me cae su amigo, Casanova, otra hormiga castigada con quien emprende la búsqueda de quemar el mal karma y tener una vida mejor que la de una hormiga.

Aunque todo sea dicho, me da curiosidad que [posible SPOILER] según Buda en el libro, al morir cada uno va al cielo correspondiente a sus creencias. Pensándolo en frío, molaría que fuera así, e ir a entrenar con Kaio del Norte.

Después me leí "Armada", de Ernest Cline. Creo que no me equivoco si afirmo que después de "Ready Player One" las expectativas sobre este libro eran demasiado elevadas. Fue una novela que le puso el listón tan alto que Cline no ha podido superarse. Ni igualarse. Lo que no implica que la historia no me haya gustado, a pesar de ello.

Zack Lightman es un estudiante a punto de graduarse que se pasa las horas en casa y en el trabajo jugando a "Armada", uno de los mejores juegos de lucha contra extraterrestres. Huérfano de padre (uno conspiranoico que afirmaba que todo lo que se nos había presentado sobre alienígenas, desde las "máquinas de marcianitos" hasta Star Wars o E.T.), empieza a preocuparse el día que ve una de las mismas naves contra las que se enfrenta en sus videojuegos en el cielo del mundo real.

Predecible en algunos aspectos, la novela no deja de ser entretenida. Otra historia sobre invasiones alienígenas pero que apetece leer, sobre todo por las referencias frikis que uno puede ir encontrando por el camino. Insisto, es más floja que "Ready Player One", pero incluso siendo así, me ha gustado.

Y el más reciente que llevo es "La hora de la verdad", de Jesús Cintora. Este me ha recordado mucho a otro que leí en 2015, "No estamos solos", del Gran Wyoming, por el estilo. Cintora nos presenta aquí una serie de conversaciones y charlas y puntos de vista sobre la situación del país. Revilla, Sor Lucía, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Alberto Garzón... Son sólo algunos de los ejemplos de los que Cintora comparte algún recuerdo con ellos y lo que opinan sobre la situación del país.

Quizá esperaba un poco más con en lo que respecta a las opiniones del propio Cintora (qué menos que un capítulo respondiendo él mismo a las preguntas que hacer a los invitados de su libro), pero siempre es interesante leer este tipo de "recopilaciones" de declaraciones, y cómo incluso considerando quién está en qué bando, cómo no todas las opiniones son las mismas. Por cierto, y esto lo añado para presumir, conocí a Cintora este año en la Feria del Libro y me cayó muy bien.

Pues eso ha sido todo. Por ahora. Tengo intención de seguir leyendo por mucho tiempo, ya que la lectura es el mejor de los placeres no carnales. ¡Hasta la próxima entrada!

Ou may god (12)



Dicen que la primavera, la sangre altera. Sobre todo en la oficina. Y más cuando se acerca el verano. La gente se encuentra ociosa pero sigue en el departamento no paramos con la informática. Siempre hay cosas que hacer. Actualizar servidores, ver series, testear aplicaciones, ver películas, ordenar el rack, escuchar música... Lo habitual en la oficina.

—Informática, dígame. ¿Ha probado a apagarlo y encenderlo otra vez? —parece mentira, pero me lo paso bien imitando a Roy.
—¡Hola! —voz fémina al canto—. ¿Me puedes ayudar?
—Eso depende.
—Soy Mayte Lovendo, comercial —me dicen al otro lado de la línea—. Que tengo un problema con el programa y...
—Un momento, un momento, un momeeeeeento —le pido, antes de que se embale mucho—. ¿Has puesto ticket?

Por cosas del departamento de Calidad hay que hacer que todo problema de nuestro departamento lleve un "ticket" con el problema, la solución que se da, quién lo resuelve y cuánto tiempo se ha dedicado. Personalmente me parece más bien una venganza contra alguna broma que les haya podido gastar, pero en fin... Hay batallas que no se pueden ganar.

—¿Y eso donde es?
—Pues mira... —le explico cómo entrar por la aplicación web—. Ale, déjalo ahí y lo miro cuando tenga un rato. O alguno de mis compañeros.
—¡Vale, gracias!

Echo un vistazo a la aplicación. Nada nuevo. Dalia tiene asignada una tarea de preparar un portátil para otro de Comercial, Rafa cambiando piezas de una CPU, y Guillermo parece que está revisando el log de los servidores. Espero que no se lleve ningún susto, la última vez que falló una copia de seguridad tuvimos que llevarle a la enfermería por un ataque de ansiedad.

¡Toc, toc, toc! Qué sonido más raro. Miro el teléfono. No. Los demás parecen absortos en lo que hacen. Pues nada. ¡Toc, toc, toc! ¡Ñiiiiiiick! ¡Ostia, la puerta! Qué raro. Si normalmente nadie asoma por aquí la cabeza. Menos la de la limpieza, que tiene barra libre para entrar y salir. Me giro en la silla. Este me suena de algo. Camisa, sin corbata, no muy peinado, y pinta de humilde. Vamos bien.

—¿Informática, verdad?
—Informática es ella —digo, señalando a Dalia—. Yo, informático.

Parece cuestionarse si le estoy vacilando, pero decide ignorar la tontería y continuar con lo que necesita.

—Mira, tengo un problema con mi ordenador —me dice.
—¿Has puesto ticket?
—No puedo... Es que estoy sin Internet.
—Ah, bueno... Para eso suelen telefonear, pero ya que has venido... —me levanto—. Vamos a echar un ojo.

Se entretiene con el móvil en lo que bajamos por el ascensor. Mismamente. Total, no me viene muy mal darme por ahí un garbeo, de forma que le sigo hasta su mesa. Efectivamente, icono de Advertencia amarillo sobre el icono de red. Bueno. Desactivamos, Activamos... Coño-. "Conflicto de dirección IP".

Esto es raro. Tengo todas las IP reservadas para la gente de la empresa. Vale que últimamente vamos un poco cortos de ellas. Pero si este tío tenía una reservada, no puede haber alguien que se la robe. Tomo nota de sus datos y me vuelvo al redil para arreglarlo.

Veamos... Se ha corrompido la reserva. Qué raro. En cualquier caso, me lo cargo, y vuelvo a configurarle la dirección en un momentito. Le llamo al teléfono para que conecte el cable que le he quitado y pregunto si funciona. Que todo bien, todo correcto. Pues ale, a otra cosa. ¡Ñiiiiiiick! ¿La puerta de nuevo? Pues sí. Ahora es una mujer. De unos cuarenta, normalilla... Ni recordaba su nombre.

—¿Esto es informática?
—También llamada "La Sala de Castigos". ¿Qué pasa?
—Que no me arranca el ordenador.

Mmmmm... Me acabo de sentar de nuevo. Paso.

—Anda, Rafa, ve a echar un vistazo —le digo.

Dudo que se niegue y efectivamente así es. Se levanta y sigue a la mujer. No se si me lo parece a mi o le va mirando el culo, pero en cualquier caso, decido por curiosidad ver que no hay ninguna reserva más corrupta. Por si acaso.

Voy haciendo scroll, revisando, pero no me encuentro nada. Sería algo puntual, espero. Me pongo a mirar las antenas de WiFi... Cuanto joputa enganchado. Menos mal que la instalación de fibra es capaz de soportar a tanta gente. Vuelvo a oír la puerta, y es Rafa. Me mira con cara de "sin comentarios". Pues yo quiero comentarios.

—¿Qué le pasaba? ¿Estaba desenchufado?
—No, no era eso...
—¿Entonces?
—Nada, si he llegado y el ordenador estaba encendido.

Je. Empiezo a temerme el problema.

—¿Y entonces?
—Pues que me ha dicho "no, si enciende, pero que no se abre la aplicación de Ventas, se sale error".

Hago un exagerado movimiento de cabeza circular para expresar exasperación.

—A cualquier cosa le llaman "no arranca"... Lo flipo —comenta Rafa, antes de volver a enfrascarse con el equipo que tenia en plena autopsia.
—Sí, pasa bastante... Te dicen una cosa y lo que les pasa no tiene nada que ver —comento despreocupado, con ganas de ponerme los auriculares y disfrutar del especial de 'Sherlock'.
—Harta me tienen —dice Dalia, que no ha podido evitar unirse a la conversación—. Es como si les dijeran al médico que les duele la cabeza cuando lo que tienen es la pierna rota.

Me rio y abro mis archivos de video. Series. Sherlock. Temporada 4. Doble clic, y... ¡Bzzzzzzz! ¡Bzzzzzzzz! No puede ser. Descuelgo el teléfono.

—¿Quién y qué? —pregunto. Quizá con subtítulos mientras me cuenta su rollo.
—Oye, que soy el de antes. Que otra vez.

Joder. A ver... Le pido que aguante un momento mientras me voy cagando en todo lo cagable. Y miro en las reservas también. Otra vez se ha jodido. Mmmm. Veamos... Peña que hay en el WiFi

A lo tonto me va a dar la hora de comer. Pues ya me veré luego el ¡Bzzzzzzz! ¡Bzzzzzz! episodio me cagontó...

—¿Sí?
—¡Oye, que soy Mayte otra vez!
—Cuééééntame —le pido. Paso de tickets.
—Oye, que tengo un problema con lo de los tiques esos.
—¿Cual?
—Nada, que te iba a poner un pantallazo de esos, pero no sé.

No es tan difícil, pienso, y también pienso en la forma menos borde de decírselo. Hay gente que no sabe de informática, me recuerdo a mi mismo.

 —Pues en el teclado hay una tecla que pone Imprimir Pantalla... Bueno, Impr Pant —pronuncio de alguna forma que pueda.

Espero, espero, espero... Me miro las uñas, espero... Me muerdo una, espero...

—Oye, que no.
—¿Que no qué?
—Que no está.
—¡Cómo no va a estar! —digo.
—Que en este teclado no está. Si ya había mirado antes de llamar pero sigo sin verla.

Paciencia, me recuerdo. A ver cómo le explico yo dónde mirar en el teclado.

—Mira encima de las flechas —le indico. El sitio universal de la tecla de Imprimir Pantalla.
—Estoy mirando y sigo sin verlo.

A ver... Que esto ya es raro. No puede tener un teclado sin Imprimir Pantalla. O sí, pero... No me cuadra especialmente. Le pido que me mande una foto. Por lo menos sabe hacer fotos con el teléfono y enviarlas por correo electrónico. Tras tan interesante charla, voy a comer un momento.

A la que vuelvo, leo su correo y abro la foto. Joder... Foto del teclado entero con poca resolución. No se ve nada. Pero al menos sí me doy cuenta de algo. Es de portátil. Acabáramos. Le respondo que me mande foto de cerca de las teclas que hay por arriba y el lateral derecho del teclado.

Y en lo que voy esperando, otra llamada. El mismo de esta mañana. Joder...

—Dime.
—¡Otra vez! ¡Ha vuelto a fallar! ¡Esto es un pitorreo! ¡Exijo soluciones!

Decido tomármelo en serio. Más por orgullo personal que porque el panoli este se ponga chulo. Me meto en la WiFi y empiezo a cargarme los teléfonos de la gente. Que usen sus datos, coño. Ahora toca mirar la reserva, que volvía a estar corrupta. Y entonces...

Echo un vistazo al Sistema de Nombres, y ahí me encuentro el problema. Lo tiene antiquísimo. Esto no renueva ni queriendo. Decido quitar el registro, y tras comprobar que nadie me ha quitado la IP de esa persona, la vuelvo a reservar para él. Le telefoneo para que mire si ya funciona, y que se lo coma con patatas.

De vuelta al correo, empiezo a ver las fotos hasta que la distingo. Pues sí, está chiquitillo. Le doy un toque.

—¿Hola?
—Sí, mira, soy Teseo. Que ya te he encontrado la tecla.
—¡Ah, ¿y cuál es?!
—Mira, ¿ves la tecla de Borrar?
—Sí.
—Encima hay una de Ins.
—Ajááá...
—Pues justo debajo de Ins en la misma tecla pone en pequeño Impr pant.
—A ver... ¡Joooooodeeeeeeeer! ¡No lo podían poner más pequeño, no!
—Vale, pues mira. Para que haga la captura, abajo a la izquierda hay otra tecla que pone fn. Tienes que pulsar esa primero, y mientras está pulsada, la que te acabo de decir.
—Vale, muchas gracias.
—De nada.

Cuelgo. Pues dentro de lo malo, hoy un parece que haya sido un día con muchas tonterías. Me queda una horita para irme a casa y ¡Bzzzzzzzz! ¡Bzzzzzzz! he colgado hace cinco minutos no me puede estar llamando de nuevo...

—¡Mayte, que me borras la línea!
—¡Ay, que tengo un problema!
—¿Qué pasa ahora?
—Pues que con esto de la foto... se me ha olvidado qué era lo que iba a enviar de incidencia.

Esto ya es más normal. ¡Y a mi que me cuenta, señora!