Nueva vida, nuevos problemas (VI)



 (previously...
Rafa y su primo Álex quedaron con Laura y Judith, la chica que visitó la tienda. Rafa consigue su número. Al día siguiente, queda con un amigo, quien logra que empiece una conversación por mensajería con la chica.)

Capítulo VI

Teseo siempre había sido así. Por lo menos conmigo. Tenía comprobado, por el día que me animó a ir con él a la oficina, que con los usuarios que debía antender, era poco... brusco en sus formas. Pero al margen de eso era buen tipo. Se podía contar con él. Aunque la jugarreta que me había hecho con el teléfono... la madre que lo parió. ¿Y qué le respondía a Judith? ¡Si no tenía nada que decirle en ese momento!

"Si no tienes nada que perder, haz la prueba", me dijeron en su día. Por eso no probé las drogas, por aquello de no perder la vida. Pero mira... por lo menos a mi lado de la pantalla me sentía más seguro. Inspiré fuertemente y le envié un mensaje: "¿Tienes algo que hacer mañana?". Y esperé a que me respondiera. O que no. Quien sabía. En cualquier caso, Teseo se alejaba calle abajo, y yo iba a hacer lo mismo de vuelta a mi piso.

Y recibí algo en el teléfono según llegaba a mi puerta. Saqué el móvil, más esperanzado de lo que hubiera admitido. "Selección de personal en Fruterías Peláez...". ¡Puto spam! Siempre en el momento más inoportuno. Me volví a guardar el móvil en el bolsillo, abrí la puerta, y me metí para el piso.

Ahí estaba. Mi primo, poniéndose ciego a chocolate con porras, despeinado, en calzoncillos... La viva imagen del erotismo. ¿Qué chica no querría acostarse con él en ese estado?

—¡Primo! ¿De dónde sales!
—... No salgo, he salido —le dije cuando pude procesar un sarcasmo—. Te he dejado una nota.
—¿Ah, sí? A ver... ¿es esta?

Supuse que sí, era ese papel... Claro, usé una servilleta, y él la había usado para limpiarse. La nota estaba ya achocolatada. Pero aún se podía distinguir mi mensaje. "Salgo. -Rafa". ¿Para qué iba a complicarme más? Dejé el móvil encima de la mesa, y me dirigí a mi dormitorio. Iba a buscar algo de lectura, ya que entre semana no solía ponerme, y tenía en un punto muy interesante la novela El signo de los cuatro, de Conan Doyle. En ese momento, un ruido bastante desagradable.

—¡'imooooooo, e' 'oviiiiiil! —qué voz tan cantarina la de mi primo cuando tenía una porra en la... boca... Jejejeje. Qué mal suena, ¿a que sí?
—¿Qué dices? —respondí.
—¡Que te suena el móvil! ¡Tienes un mensaje o algo!
—O gonorrea. Eso es una posibilidad del "o algo" —le respondí cuando volví al salón—. Será más spam. Paso de mirar.
—A ver si va a ser importante.
—No creo. Tengo bloqueado al presidente del Gobierno, que se pone muy pesado, y no me gustó mucho la noche con Blanca Suárez, así que no voy a responder si es ella —le dije, con todo el sarcasmo que me cabía en el cuerpo.
—Tú mismo. ¿Una porra?
—Operación bikini, ¿recuerdas?

Se rió. En lugar de poner la tele convencional, decidió conectar el disco duro, y nos vimos en una mañana cuatro episodios de Breaking Bad. Llegaba la hora de comer, pero no estábamos por la labor de cocinar ninguno.

—¿Y si nos comemos una hamburguesa por ahí? —propuso mi primo.
—¿Llevas dinero acaso?
—Sí.
—Perfecto, que hoy no pienso invitarte. Vámonos.
—¿Pretendes que salga así a la calle? —me preguntó. "Sí", me dieron ganas de responderle—. Espera, que me visto en cinco minutos.

Tuve que borrar de mi mente la imagen de mi primo subiéndose el bóxer cuando se dirigía a su dormitorio. ¿Por qué no se depilaba un poco? Seguro que hasta perdía peso. Alargué la mano a por mi teléfono, que se había quedado reposando hacía rato sobre la mesa sin molestarme más. Eché un vistazo.

Mierda. "No, estoy libre :) Si quieres podemos quedar". De Judith. Mierda, mierda, mierda... ¡JODER! Siempre igual, me entero de toda la basura y los mensajes importantes se me pasan por algo. Me cago en... Bueno, calma. No estaría todo perdido, ¿no? A ver... "Perdona, estaba liado. ¡Me encantaría! ¿Dónde nos vemos?"

Decidí que lo mejor era cambiar su tono de mensaje, y distinguirlo de los demás. Una excepción que nunca me ha gustado (porque tiendo a pensar "no, mi móvil no suena así") y estaría en las mismas, pero debía intentarlo. En ese momento salió mi primo, más adecentado, de su habitación, y salimos en busca de alguna hamburguesería. Luego se querría tomar el café con sacarina, el cabrón.

—¿Con quién hablas tanto, primo? —me preguntó Álex. Bueno, eso es lo que intuí. Con la boca llena de hamburguesa, lo que le escuché fue "¿'on fien habas tanto, pimo?". Agradecí que no me salpicara de comida masticada.
—Con Judith —le dije, tranquilo. Intenté no darle mucha importancia, y se rirónico y sarcástico le haría insistir más. Al igual que la respuesta que le di.
—¡No pierdes el tiempo! —exclamó, ya después de haber tragado—. ¿Os habéis enviado fotos? —inquirió.
—Sí, de gatitos.
—De vosotros. Que tenéis química.
—La habré visto como cuatro veces, tengo su número desde ayer, y ya pretendes que me envíe fotos con ella —le dije, esta vez con tono de sarcasmo.

Él sacó su teléfono, y me mostró una foto. Qué cabrón. Laura, su "amiguita", en sujetador.

—No deberías airear esas fotos. Y además, vosotros os conocéis de clase, mientras yo sólo la había visto en la tienda.
—Da igual. Tú a saco. ¿Vais a quedar?
—¡Tres cojones te importa! —le solté.
—Entonces sí. ¿Será mañana? ¿Te importa si mientras se viene Laura a casa?
—Haz lo que te de la gana —respondí sin ganas. Terminé de concretar la quedada (cita, pensó mi mente), y me dediqué de nuevo a mi hamburguesa, dejando que mi teléfono reposara en calma.

Si hace un tiempo me hubieran dicho que por una cita me iba a poner nervioso, me hubiera entrado la risa. Pero en ese momento, domingo, después de comer, un rato antes de haber quedado, lo estaba. Llevaba algún tiempo sin planear algo así (había conocido chicas, pero en las escasas ocasiones en que quedaba con algún ex-compañero de estudios). Quedar de forma planificada... Fácilmente desde el instituto, en el último año. Un desastre.

En fin... Tampoco había mucha variedad en mi armario. Un pantalón vaquero de color negro, una camiseta blanca, y las zapatillas. La colonia me parecía excesivo (y no tenía, además), pero sí me puse desodorante. La higiene es muy importante. Me miré al espejo, y salí, no sin antes soportar las risas de mi primo, y un comentario de "A por ella, machote". Criaturica. Con lo mono que está dormido... para asfixiarle con la almohada.

En la puerta de la calle me crucé con Laura. Sonreímos en forma de saludo, y procuré no acordarme de la foto que mi primo me había enseñado tan alegremente. Me fui hasta la estación de Metro y no tardé mucho en llegar donde había quedado con Judith.

—¡Buenas tardes! —saludó. ¿Era mi impresión o estaba más guapa que el día anterior? ¿Y por qué sonreía?
—Buenas tardes —respondí yo. Besos en la mejilla de rigor en plan saludo—. ¿Qué tal?

No sé qué llegó a responderme. La veía preciosa y por un momento me quedé atónito. Una camiseta holgada de color rojo, un pantalón vaquero muy corto (pero MUY corto), y juraría que las mariposas volaban a su alrededor. Vale, esto último es pura poesía, pero ¿a que queda guay?

Habíamos quedado por el parque. Nos metimos y nos pusimos a charlar. Era raro, pues ya habíamos hablado el día anterior. Y juraría que algún tema quedó "repe". Pero bueno, resultaba agradable. Y me permitió saber un poco más de ella. Es perfecta. Tienes que entrarle antes de que se te adelanten, me decía mi mente. Yo intentaba no pensarlo.

En esas estaba yo pensando cuando llegamos a la altura del lago. Y después de un rato caminando, nos pareció buena idea sentarnos en un banco a descansar. Quedamos un rato en silencio, y decidí romperlo con una banalidad.

—"Cientos han vivido sin amor, pero nadie sin agua", Auden —cité.
—¿Y eso? —me preguntó ella.
—Pensaba en voz alta.
—¿Te gusta la poesía?
—No es mi especialidad. Soy más de narrativa... y aún así no leo todo lo que me gustaría. El curro, que es muy absorbente —dije, como excusa.
—Me ocurre lo mismo desde que estoy en la Universidad. Pero bueno, siempre se saca tiempo, ¿no?
—Sí. Creo que tengo algún libro que podría gustarte.
—¿Sí?
—Sí. Podemos quedar en otra ocasión, y te lo traigo... —dejé caer. No tenía ni idea de por dónde llevar la conversación, pero si por lo menos conseguía una excusa para volver a quedar, me iba a dar por satisfecho.
—También puedo ir ahora, ¿no? —dijo ella—. Vamos, cuando nos cansemos de estar aquí.
—... Sí, claro. Cómo no.

Estaba confuso. ¿Eso era una indirecta? ¿O quizá así tendríamos que evitar vernos tres veces, limitándolo a ese día y cuando me devolviera el libro? Nunca he sido experto en mujeres, y lamenté no ser Brad Pitt, que seguro que lo tenía más fácil. En cualquier caso, estaba bien si se atrevía a venir. ¿O no?

La conversación de libros nos llevó a la de cine, momento en el que retomamos el paseo. En el camino nos topamos con una máquina de bebidas, y saqué sendas cocacolas para paliar la sed. Una charla como esa dejaba la garganta seca, y aparte, los médicos recomiendan hidratarse.

Pasamos una tarde bastante agradable. No sabía si aquello iba a desembocar en algo, pero al menos me lo estaba pasando bien. Y cuando ya iba atardeciendo para anochecer, nos pusimos en marcha hacia mi piso, para prestarle el libro. Y luego quizá salir a tomar algo. Quien sabía.

El trayecto se me hizo muy corto. Judith iba mirando a todas partes. Nunca había estado por aquella zona de la ciudad, y le estaba gustando, según parecía. Le molaba la zona donde vivía. Y bueno, si tenía la dirección, sería más fácil que se dejara caer por aquí, aunque fuera en plan casual... A ver si luego me podía enterar yo de donde vivía ella.

Pero cuando entramos en mi piso, me temí lo peor. El salón estaba vacío. Pero la puerta del dormitorio de mi primo estaba cerrada. Y salía cierto ruido de la habitación bastante indistinguible. Gemidos. Joder... Mejor si nos dábamos prisa.

—Pasa por aquí —le indiqué a Judith, apremiándola para poder cerrar la puerta de mi cuarto.
—Parece que tu primo... Se lo está pasando bien, ¿no? —me dijo, claramente, cortada por la situación. "Si tú supieras con quién está...", pensé yo.
—Bueno, a puerta cerrada no se oye tanto —dije, intentando quitarle importancia.

Rebusqué un poco entre el montón de libros que tenía. Ahí estaba: El guardián entre el centeno, de Salinger. Se lo pasé, mientras agradecía para mis adentros que Álex no lo hubiera tomado prestado. No querría entrar en la habitación en ese momento. Y tampoco me abriría la puerta, vaya.

—Tiene buena pinta —me dijo ella, leyendo el argumento en la contracubierta—. Te lo cuidaré.
—En ello confío. ¿Nos vamos? —propuse.
—¡Por supuesto! ¿Algún sitio concreto? —me preguntó. ¿Volvía a sonreír?
—Sí, conozco uno —dije—. No te importa que no avise a mi primo, ¿verdad? Creo que está ocupado —bromeé.

Y una vez más, soltó una carcajada, como el día anterior. Empecé a confiarme. ¿Lo estaba haciendo bien? Podía ser. En cualquier caso, de momento parecía que estábamos en comodidad. Vale, yo estaba algo nervioso, pero lo estaba llevando mejor de lo que creía. Suficiente por lo pronto.

Hice un gesto hacia la puerta, para indicar a Judith que fuéramos saliendo. Ella tiró del manillar. Y en ese momento, se abrió la puerta del dormitorio de mi primo, desde el cual salió Laura... envuelta en la colcha de la cama. Ambas amigas se quedaron mirando por unos momentos.

—Judith... ¿qué haces aquí? —preguntó Laura, bastante azorada.
—Casi podría preguntarte lo mismo... —respondió la otra—. Rafa, ¿podemos irnos?
—... Sí, claro —dije, algo confuso. Procuré no mirar dentro del dormitorio, donde sin duda estaría mi primo "con las vergüenzas al aire" que diría mi abuela, y seguí a Judith a la calle.

Tuve varias dudas en esos momentos. Semejante situación... ¿acaso ella también estaba detrás de mi primo? No podía descartarlo, claro, si no se lo había tomado bien. No dijimos nada durante un rato, mientras la conducía hacia el bar que me conocía yo. Nos sentamos fuera.

—Estás muy callada... —dije finalmente. La sonrisa había desaparecido de su rostro.
—Lo se. Lo siento —me respondió—. Es que... lo que acabo de ver...
—Entiendo —comenté. Mis sospechas se confirmaban.
—Es que es muy duro... Mira, Laura y yo nos conocemos desde niñas, y verla ahí, cuando está también tonteando con mi hermano...

Espera. ¿Qué? ¿Qué acaba de decir? "Tonteando con su hermano", ¿verdad?

—¿Tu hermano?
—Sí... —dijo ella, torciendo el gesto—. No te quiero aburrir... Es sólo que sé que tienen algo... pero claro, también iba a por tu primo, pero contaba con que se esperase un poco más...
—Sí que te preocupas por él —dije, mientras en mi interior bailaba una conga.
—Y él por mi. Pero bueno... Dejémoslo. Bastante difícil va a ser ya estar mañana con ellos en clase.

Y optó por cambiar la conversación en ese momento, algo que agradecí. Finalmente no fui con ella hacia su casa una vez terminamos, pues me dijo que necesitaba un rato para ella. Yo también lo necesitaría después de lo visto en mi casa, y bastante había aguantado si aún había aceptado a tomar una copa. Volví a casa, confiando en que sólo quedara mi primo. Lo que menos me apetecía, después de un día bueno, era toparme a esos dos montándoselo en mi sofá.

Llegó el lunes. Álex no se había atrevido a salir del dormitorio, aunque Laura se había ido antes de mi llegada la noche anterior. Ya hablaría con él con calma. Yo debía llegar a trabajar. De forma que hice mi rutina diaria para llegar a la tienda. Sorprendentemente, ya estaba abierta.

—Buenos días —saludé.
—Hola, Rafa... —dijo Aarón—. ¿Podemos hablar?
—La última persona que me dijo eso terminó rompiendo conmigo, no me asustes —bromeé.

Peor Aarón no se rió. Me senté delante de su mesa, como si fuera un cliente. Él se sentó también y me miró muy serio.

—Rafa... no me quiero andar con tapujos, porque respeto el trabajo que has estado hacienod conmigo todo este tiempo —empezó Aarón. Sacó un sobre del cajón, lo puso sobre la mesa, y lo deslizó hasta mi—. Lamentandolo mucho, voy a tener que despedirte.

Los límites del humor... y otros límites

Ya me curro las viñetas en el Paint y todo. #Crack

Han pasado varios días desde el escándalo de Zapata. Errare humanum est. Dimitió de su cargo, ya que la sociedad prácticamente ha terminado pidiendo su cabeza sobre la mesa por las aberraciones que publicó. ¿Cómo es posible que un tío se supone progresista publique unos chistes de semejante mal gusto, tan ofensivos, tan asquerosos, verdad? O al menos, es una de las opiniones, ya que este caso, creo que puedo afirmar que no ha dejado indiferente a nadie.

No voy a justificar los chistes. Quiero empezar hablando de contexto. ¿Qué es el contexto? La situación y condiciones en que se dice o se hace algo. ¿Podemos comparar un "Qué cabrón estás hecho" dicho entre colegas, con un "Qué cabrón está hecho" cuando oímos que el concejal Tal Ycual se llevó taitantos millones por aprobar la venta de suelo público? ¿Podemos comparar un robo realizado por una persona en paro para alimentar a sus hijos, con un robo para llevarse varios millones a un paraíso fiscal en Suiza?

Pues bien, el contexto, que todos los detractores de Zapata se han pasado por el Arco del Triunfo (por aquello de ahorrarme alusiones a los testículos) era el contexto en el que iban. Para empezar, entrecomillados. Uno de los múltiples usos de las comillas es el tono sarcástico. O incluso, una cita. En este caso, hubo un poco de cada: Zapta estaba debatiendo con Gabilondo, precisamente sobre este tipo de humor (Hola, Sheldon Cooper, soy Coco y vamos a aprender a distinguir el sarcasmo de un tono serio) (← ¿este comentario podría ser tachado de humor negro?).

¿Es lo mismo hacer un chiste sobre negros si eres negro, que si eres blanco -y racista-? ¿Es lo mismo que un gay cuente un chiste de gays, a que lo haga un homófobo? O si a un judío le da por contar un chiste del Holocausto, ¿es lo mismo a que si lo hace un neonazi? Me parece que no. Pero luego volveré con este tema.

También debemos darnos cuenta de una cosa: los tuits fueron publicados hace 4 años. 4 años, que se dice pronto. Es el tiempo entre dos Olimpiadas, el tiempo promedio de las pausas publicitarias de Antena 3. Se vieron en su momento, y en ese momento, Twitter respiraba tranquilo, no se dijo una voz más alta que la otra, y la vida continuó en paz y armonía con la crisis económica. Pero de pronto, a este señor le ponen un cargo de concejal, y se lía parda (por aquello de usar un lenguaje coloquial).

Creo que el único error que se le puede atribuir a Zapata, en mi opinión, fue borrar la cuenta cuando los medios se hicieron eco de estos polémicos tuits. Hizo bien en asumir la culpa, incluso en presentar su dimisión, que era lo que pedía el pueblo (no olvidemos que el político debe cumplir la voluntad del pueblo, y no al revés). Pero personalmente no habría eliminado ni los tuits ni la cuenta: es un error, debe quedarse y ser asumido. Pero tampoco era plan de que la gente se cebara tanto con él.

Como decía, prácticamente han pedido su cabeza, en bandeja de plata. Zapata se disculpó, etc., incluso telefoneó al padre de Marta del Castillo, la joven desaparecida hace varios años, siendo ella una de las personas agraviadas por el texto, por si se había ofendido. Y el señor aceptó las disculpas.

¿Por qué "Por si se había ofendido"? Porque no se ha ofendido todo el mundo. Hay gente que directamente se habrá reído con los tuits, y también hay gente que dice que no ha sido para tanto. Pero el caso más particular ha sido el de Irene Villa. Conocida víctima del terrorismo, publicaba en su columna del periódico lo siguiente:

Jamás me sentí ofendida ni aludida por esos chistes que me consta que han hecho más daño a la dignidad de todo el país, que a los propios protagonistas. Lo que de verdad me duele en el alma son los insultos, amenazas que están sufriendo los propios políticos que, sin haber empezado apenas su labor, son ultrajados de una forma tan antihumanitaria, injusta e incluso demente [...].
Un sonoro aplauso, por favor, y esto sí que va sin humores. Es loable que se tome con ese sentido del humor los chistes. Puede ser también porque debe tener los chistes sobre ella más que conocidos (y, según dice ella misma, en ese arma peligrosa que es Twitter, su chiste favorito es el que dice que es una mujer explosiva; desconozco si es cierto o si fue para quitar hierro al asunto, pero lo afirmó).

Los límites del humor, con lo que cada uno estamos dispuestos (o incluso sin saberlo, nos terminamos riendo de ello) lo marcamos nosotros mismos. Cada uno tiene us límites, y al igual que nuestras ideas políticas, convicciones religiosas, o cualquier cosa que dependa del libre albedrío u opinión, no es imponible a los demás. No se puede hacer esa caza de brujas. La vida ya es demasiado seria como para no poder tener un poco de humor. Por algo es humor: pretende hacer gracia. A costa de unas cosas o de otras. Pide que no te cuenten un chiste, pero no se lo impidas oír a otros.

Es más, lo ejemplos más claros lo tenemos en televisión. 'The Big Bang Theory' o 'Silicon Valley' juegan con tópicos de los nerds (problemas sociales, con las chicas, fanatismo por su mundo). 'Aída' hacía un montón de chistes racistas a base de Mauricio Colmenero (Mariano Peña). La actual 'Anclados' se ha puesto a hacer chistes sobre los gitanos (lo que, todo sea dicho, les ha costado una queja). ¿Y qué hay de 'Gym Tony', en el que Nieves (Mariam Hernández) maltrata física y verbalmente a su pareja Chema (Gerald B. Filmore)? Que lo hicieran a la inversa, a ver qué ocurría. O con el scketch de "Mi marido me pega", de Martes y Trece, considerados por muchos el mejor dúo cómico de este país (opinión de la cual discrepo, pero bueno...).

Está claro que la libertad de expresión es un castillo en el aire (y más ahora que en julio se aprueba, si no hay marcha atrás, la famosa Ley Mordaza), y el humor, hay que sostenerlo con pinzas.

Pero ahora, ¿qué ocurre con los límites? No del humor, los generales. Me explico.

Me repito por tercera vez: muchos han pedido la cabeza de Zapata por los tuits. Zapata renunció. Ahora, ¿qué ocurre con toda la gente que publica tuits, que suelta vilipendios, que se comportan de manera deleznable? Hablo de gente que afirma que "a los arquitectos habría que matarlos"; hablo de gente que dice que "Pablo Iglesias se merece dos tiros en la nuca"; hablo de gente patriota que cuando hay manifestación de Podemos afirman y reafirman que habría que aprovechar para bombardear la plaza; hablo de gente que está en contra de las protestas, salvo que sea para ponerte en la puerta de una clínica para abortar; hablo de gente que se le llena la boca definiendo a todos los que difieren de sus opiniones con palabras como "Cuba", "Venezuela", "ETA", "chavismo", "bolivariano", y demás términos en connotación peyorativa; hablo de gente que ha soltado citas célebres como "¿Y tú casada con un negro? No sé qué es peor.", "Las leyes son como las mujeres, están para volarlas.", o "Metes a un moro, un negro y un gintano en el coche. ¿Quién lo conduce? La policía".

Contra esta gente no se han publicado portadas. Contra esta gente no se han abierto procesos legales. Esta gente no ha dimitido de su cargo. Esa gente se permite soltar todas esas cosas, sin si quiera un contexto humorístico (diréis "La última cita era un chiste"; sí, contado por uno de las Nuevas deGeneraciones: es el mismo caso que el de un nazi contando chistes de judíos). Esa gente se cree (o se debe creer) con una moral superior que les permite juzgar qué es correcto y qué no sin molestarse en hacer primero autocrítica, cuyos valores morales parecen desaparecidos.

La culpa no es de ellos, claro. Es de la sociedad, que les defiende. O se calla. Y de la prensa, todo sea dicho, que pasan de puntillas cuando una noticia negativa afecta a sus amigos, y disparan toda su tralla contra los bandos contrarios. ¿Es normal acaso que, unos días después de esa noticia, se publicara otra que en resumidas cuentas dice que "La nueva presidenta del Parlamento navarro bebió una vez cerveza y además a morro del grifo"? ¿Eso acaso es noticia? ¿Resulta relevante? ¡Parece una coña de El Mundo Today y lo ponen como periodismo, sólo porque es una anécdota real! Claro, una foto de su Twitter, de hace año... De aquí a poco, "Twitter es terrorismo", en las portadas de los "grandes" periódicos de la nación.

Todo esto tiene su aquel, claro. Las últimas elecciones han sido el comienzo del cambio. Gente, que en su día dijeron "Si tanto se quejan, que se presenten a las elecciones", ahora que lo han hecho tienen miedo. Es gente que ha vivido en la realidad, no en el mundo de ficción, fantasía, de la casa de gominola en la calle de la piruleta, con la que el "chollo" que tenían antes, se acaba. De ahí que, mientras los grupos tradicionales han sido salpicados pos escándalos de corrupción, desfalco, etc., intentan manchar la imagen de sus rivales por motivos como "comprar camisas en Alcampo", "tuitear", "beber a morro de un grifo de birra" o "ir al Ayuntamiento en una bicicleta de hace quince años". Irónicamente, esa es la imagen que se podía tener de ellos: de gente normal que hace esas cosas normales. La gente normal no se gasta diez mil euros en una camisa, o tienen coche oficial. Se quiere política real con gente real, y eso se está consiguiendo. La lucha, ya hemos visto hacia dónde torna: a intentar una vez más que nos distanciemos de los grupos políticos, de que la gente deje de creer en ellos por pecata minuta, mientras los de siempre esperan a que sus propios delitos expiren.

Así que desde aquí animo a la gente a contar el chiste más vulgar y zafio que se sepan; a beber a morro no del grifo, sino del propio barril; a comprar la ropa en Alcampo, o en el mercadillo; a que intentemos reirnos con cosas que a priori no nos pueden hacer gracia; a disfrutar nuestros derechos sin pisotear los de los demás; y a pasar un rato entretenido, que la vida ya nos la joden bastante como para jodernos entre nosotros.

Los más reciente sobre la piratería


Parece que por más intentos de la industria, las webs de enlaces siguen sin ser delito. Alguno maldecirá por lo bajini (o lo altini), ya que esta nueva resolución implicaría que SeriesLy no hubiera tenido que cerrar los enlaces.

Como siempre, no todo el mundo está de acuerdo con esta resolución. Desconozco si Antonio Resines conocía esta noticia antes o después de sus recientes declaraciones. Resines (Amanece que no es poco, Los Serrano...) ha dicho recientemente que la solución pasa por cortar la conexión a Internet a quienes descargan contenidos ilegalmente. Con un par de huevos. Es algo tan racional como "a quien robe una barra de pan le cortamos la mano". Decía también el actor que el problema es que "nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato".

En parte es cierto. Es innegable que, en estos casos, sería la caída de las empresas de telefonía: cortar la conexión a internet supondría la desaparición del ADSL y la fibra óptica en este país. Pero incluso desde los inicios de la aplicación, cuando se dieran los primeros casos. Sin descargas, internet se queda para mirar el correo, unas búsquedas en Google, y poco más: en resumen, nada que necesite gran velocidad. ¿Para qué voy a gastar dinero en fibra óptica si no puedo dar rienda suelta a la banda ancha? Todavía la gente que juegue online tiene la excusa para mantenerlo, pero no es una cuota de mercado tan grande como "banda ancha para todos".

Algunas operadoras toman ciertas medidas (por ejemplo, capar el acceso a webs como ThePirateBay). Aunque seguramente esto también lo considera ineficiente. Claro, lo mejor sería poder pagar por los contenidos y acceder a ellos legalmente. Y no lo digo con sarcasmo. Pero tenemos ciertos problemas para eso.

El problema es el de siempre: querer vivir toda la vida de un producto. Pretender ganar dinero con cada copia física de una película. E insistir en que "cada descarga es una venta menos". Es ridículo. Es decir, si yo pago por ver una película en el cine (que lo hago)... ¿por qué si luego quiero una copia para mi la tengo que volver a pagar? ¿Gastos de distribución, etc.? Paso. Yo quiero una copia digital, para almacenar en mi disco duro. Y si me vas a vender una copia física, dame un incentivo extra para ello. Que ya existen: las ediciones de coleccionista. Son caras, sin duda, pero hay gente que las compra porque les gustan (y se lo pueden permitir), pero no es lo mismo comprar eso que desembolsar 20 euros por un cacho de plástico con la película grabada.

Otro tanto ocurriría con las reposiciones de series. Hay productos que se repiten hasta la saciedad en televisión, en lugar de llenar esas franjas con contenido nuevo, y nuevo y nuevo. Todo reposición, con sus anuncios incluídos (un pago indirecto, al fin y al cabo). Pero como se te ocurra descargar la serie para verla en un momento más oportuno para tí, ya la tenemos liada (gran ejemplo, Friends; en EEUU están amonestando con 20$ a la gente que se la descarga ilegalmente, cuando por "vía legal" en televisión ya no hay manera de verla). Claro, los derechos de autor parece que tienen que ser eternos. Esto es igual de aplicable a la inductria de la música. ¿A que suena ridículo tener que pagar por cada vez que escuchamos una canción? Se acaba antes haciendo un pago único por esa canción.

Y tanto los actores como los cantantes tienen un elemento común. El único elemento por el que sí hay que pagar cada vez: el directo. Una obra de teatro, o un concierto. Ahí se paga no solo por la obra en sí, sino por todo el trabajo realizado ese día. Y en el siguiente, por el trabajo del día siguiente. Y así un día, y otro, y otro. Son trabajos más esforzados, que obligan a mantenerse en movimiento. No quiero decir que hacer una serie o una película, o que los ensayos para grabar un CD sean poca cosa. Pero ahí, el resultado final es perpetuo. Es el mismo. Una canción de un CD suena igual hoy que mañana. Un actor dirá la misma frase con la misma intensidad si me veo la película hoy o en un mes. Pero una obra de teatro y un concierto tienen una magia plus, no hay nunca dos iguales, y ahí sí se paga. Y eso es inpirateable.

Es por ahí por donde pasa la solución a la piratería. Internet deja los contenidos más accesibles a la mano de todos. Hay formas de hacer negocio legal mediante las plataformas (televisión inteligente de las operadoras, o negocios tipo Netflix, que pronto llegará a nuestras fronteras -a buenas horas, mangas verdes-), pero seguir pagando por cada copia que se haga de una obra es cosa del pasado, y está destinado a desaparecer. El mundo se mueve, avanza, y si el oficio de escribano murió dejando paso a la imprenta, lo mismo va a ocurrir con la industria tradicional. Punto.

Eso sí, no quería cerrar la entrada sin mencionar que Resines justifica las ayudas que recibe el cine. Ya que "todas las industrias de este país están ayudadas o subvencionadas". De acuerdo, aceptemos su declaración. Pero aquí tenemos el tema de siempre: ¿por qué entonces sale tan caro el cine? Especialmente el cine español. Si se trata de una película subvencionada, aunque sea en parte, por el dinero de los contribuyentes... ¿por qué esa entrada tiene el mismo precio que una que una distribuidora ha comprado al mercado estadounidense, o inglés, o francés? Parece que esto es el "copago" del cine (que al igual que el sanitario, no era copago, sino repago?

Es que se traduce como "dame dinero para que yo haga lo que quier y luego págame por verlo". ¿Soy el único al que le parece que hay que ser mu tonto para aceptar? Y más cuando en este país, se han hecho películas que eran un truño, una mierda, una basura. No lo niego, especialmente en estos últimos años se han hecho y subvencionado películas que merecen la pena (pero que del mismo modo debería ser más barato verlas), pero otras en cambio eran una puta castaña pilonga. Incluso algunas películas subvencionadas no han llegado a estrenarse. Eso sí, el dinero se cobró. Y eso es una vergüenza.

Álex de la Iglesia, te echo de menos como director de la Academia de Cine. Tienes más sentido común que tus sucesores con respecto a la piratería. Aunque espero que en algún momento se den cuenta de cual es el camino a seguir para evitar la piratería sin criminalizar Internet.

La escritura


Mi mente, cuando no encuentra sobre qué escribir

Llevo ya varios días sin ponerme a escribir unas líneas para el blog. Ni en concepto general. He tenido poca actividad en la mayoría de las redes sociales también (salvo WhatsApp si me apuráis, aunque ni de coña lo puedo llamar escribir a eso). Y eso que llevamos un par de semanas muy jugosas después del último resultaod electoral. O ahora que tenemos tanto remake, secuela, y la madre que lo parió de películas y series de hace tiempo (señores, no vuelvan a tocar lo que funcionó en su día, que no va a ser igual ni de broma).

En parte se debe al curro (sí, el milagro conocido como "encontrar empleo" se hizo realidad; no es un mito, existen los puestos de trabajo). Dedicar varias horas al día a ganarse el sueldo hace que el resto del tiempo deba repartirse de distinta forma. Y la inspiración para escribir, y para cualquier cosa, te tiene que pillar dedicándote a eso. Si no coincide motivación con inspiración, no habrá nada que hacer.

Por otra parte, el calor es un desmotivador muy grande. Sólo motiva para ir a la playa o a la piscina ahora que vuelve la temporada de chicas en bikini, pero el resto de actividades se tienden a dejar para "otras horas". Escribir a las cinco de la tarde con todo el calor no es la mejor idea (y menos cuando empleas un portátil, que desprende su buena dosis de calor adicional al ambiente).

Pero en otra parte se debe al cambio de concepto. Es decir, al hecho de "Tengo que escribir". "¿Tengo que?". Es el quid, pues estoy en cierto punto en que no emplear la comunicación escrita me supone una especie de sentimiento de culpa, una sensación bastante desagradable. Es como si me hubiera dado un capricho tonto (¿He abierto un blog para no escribir?).

Especialmente cuando uno ha hablado varias veces de lo mismo, o escrito varias veces de lo mismo, es como ¿y tanto para esto? Tengo desde hace tiempo una cuenta en FanFiction.net. Anoche, alguno de mis seguidores esperaría que publicase. Como nota, la tónica de lo que publico ahí se acerca (y va más allá) de lo que he publicado en el blog con El encuentro esperado. Pero después de una serie de relatos independientes (59) y una historia que ha alcanzado la cifra de 100 capítulos (y los que me quedan), necesito algo más. La motivación de escribir es muy diferente a cuando empecé.

Me encanta la ficción. De ahí que lo que empezó como una chorradita como Ou may god lo derivase en una historia con algo más de cuerpo. O comenzar una nueva historia con "Rafa" en Nueva vida, nuevos problemas. Escribir de todo eso siempre ha tenido un motivo y una motivación detrás, que en estos días me cuesta un poco más encontrar. Busco algo nuevo (que de hecho, lo he encontrado), pero al mismo tiempo me encuentro en "deuda" con todo lo que he dejado abierto en este camino.

No tengo intención de abandonar FanFiction.net, o dejar de venir aquí a hablar de política, de lo mala o buena que me ha parecido una película, o de desarrollar un poco las historias que empecé y deben ser continuadas, por respeto a mi mismo y a lo que he invertido en las mismas. Pero así mismo necesito algo más. Tengo un proyecto de novela en mente, pero aún aśi, me resulta un poco insuficiente. Necesito tiempo, pero al mismo ídem necesito ideas. Algo que me haga volver a escribir con ganas, y no tomármelo sólo como "debo hacerlo por lo que he hecho ya", sino como "me apetece una barbaridad y lo voy a disfrutar como Tyrion Lannister un enano valga la redundancia".

Por suerte, o por desgracia, el verano es muy largo. Y creo que podré encontrar alguna idea que me llame lo bastante como para poder comentarla. De forma que espero, durante la semana que viene, poder ponerme un poco al día con algunos temas que tengo aún en el tintero por comentar y conseguir volver de tal forma que sea apetecible ponerme a teclear como un loco, en lugar de un "joder, voy a poner cualquier gilipollez aunque sea".