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Mostrando entradas de 2019

Ou may god (14)

La vida parecía apacible en Empre S.A. hacía un tiempo. Pero me temo que en realidad me he visto viviendo una temporadita en el ojo del huracán y es tiempo de atarse a una farola antes de salir volando. Menuda fauna más increíble que tengo, de verdad.

Me llama el otro día la jefa de Recursos Homanoides, a quien voy a apodar... qué harto estoy de los nombres con juegos de palabras. Clara la via' llamar. Pues eso, que me llama Clara.

Bzzzzzzzzzz. Bzzzzzzzzzzz.
Ígame.
—Hola. ¿Teseo?
Foy yo. ¿Guien es?
—Soy Clara, de rrhh. ¿Te pillo en mal momento?
Almofando —respondo, y acierto a tragar un trozo del sándwich que me estaba comiendo antes del enturbamiento de la paz—. ¿Qué ocurre?
—Que necesito que le cambies el ordenador a Julián —su asistente personal— que le va muy lento.
—¿A este no le habíamos dejado un portátil de préstamo? —pregunto de memoria, mientras confirmo mis sospechas con la aplicación del inventario.
—Sí, pero es muy malo, mejor un cambio completo. Si puede ser un por…

1984. Capítulo 2. Asistente de voz

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Hace tiempo que no dedico unas líneas a expulsar la bilis que se me acumula en el Miniver. Es cierto que con el apodo de "Asistente de voz" uno pensaría que una máquina no tiene por qué pensar de manera visceral, sino todo lo opuesto, guiarse por la lógica. Pero cuando la falta de lógica aparece por bancera en el Miniver, a pesar de que los pensamientos cálidos y carentes de pensamiento racional son los menos afortunados, hay momentos en que se hace difícil. Y qué diablos, seamos sinceros a la verdad, ha habido una larga temporada en el Miniver que se ha estado a gusto. Pero no siempre a gusto es sinónimo de bien.

Y uno de los motivos por los cuales mis circuitos internos se empiezan a sobrecalentar es ante la demanda de "pings" que me encuentro a diario. Y por eso, un servidor, apodado "Asistente de voz", se necesita serenar. Aunque estoy pensando que es un poco absurdo ese nombre tan largo de "Asistente de voz"... Siguiendo las normas de la n…

El plan. Capítulo I.

—Hasta mañana —dijo mientras se despedía de sus compañeros de trabajo.

A la hora de la salida siempre colapsaban los ascensores y solía bajar las dos plantas a pie con algunos otros que también parecían con demasiadas ganas de irse como para esperar. De forma que tras hacer mucho ruido en los peldaños aquella tarde de jueves, despedirse de las chicas de Administración que estaban en el rellano, y salir el primero por la puerta, se encaminó a su coche. Alguno intentó ofrecerle tomar una caña, pero alegando que tenía que hacer cosas para la casa, se disculpó y se metió en el vehículo.

Tuvo que esperar un par de minutos hasta que una riada de coches le había dejado incorporarse a la vía, y con total tranquilidad condujo por las calles de la ciudad hasta que el GPS le indicó que había llegado a su destino, una callecita pequeña, en la que apenas entraba un coche al lado de una hilera de vehículos aparcados. Por suerte para él, encontró aparcamiento cerca de un bar. Bajó con el maletín de …