
Leído: Drácula, de Bram Stoker
BLOG DE FELIKIS
Extenuado me hallo. Entre los cursos realizados en los últimos dos meses, y mi recién re-incorporación al mundo laboral, no sé cómo saco tiempo ni ganas para escribir este blog. Pero, ¡oh, debo hacerlo! ¡Pues la escritura es lo único que salvará mi cerebro del aturdimiento, del agotamiento intelectual! ¡Quiera el MEV que logre publicarla antes de caer rendido contra el teclado!
...
Entradas de diario como esa son las que componen Drácula, de Bram Stoker. Porque me ha dado por ponerme al día con los clásicos de la literatura. Y a este paso el blog se va a quedar únicamente para reseñar series y libros, pero bueno. No me inspiran muchas más cosas para escribir. ... Ya estoy divagando, perdón. Ah, y posibles spoilers.
La novela se nos presenta de forma epistolar. En otras palabras, la narración se produce a través de los diarios de los personajes, así como de las cartas que se envían entre ellos, fragmentos de periódicos, y notas ocasionales, ordenados más o menos cronológicamente (hay momentos en que se nos presentan varios días seguidos del diario de un personaje, para luego retroceder en el tiempo y ofrecer las vivencias de otro), lo cual enriquece bastante la lectura.
La historia comienza en en el viaje de Jonathan Harker, un abogado inglés que ha sido invitado al castillo del conde Drácula, en los Cárpatos, para cerrar unas ventas con él. Poco a poco, los rasgos de la personalidad del conde irán confundiendo a Jonathan, hasta que se encuentre en lo que él considera un peligro inminente cuando se da cuenta de que el conde está haciéndose pasar por él. Poco tiempo después, Wilhemina "Mina" Murray, la prometida de Jonathan, acude a pasar unas vacaciones con Lucy Westenra, la cual padece de sonambulismo por alguna extraña razón. Poco a poco, esta enfermedad la irá superando. El grupo protagonista lo cierran Arthur Holmwood, el prometido de Lucy; Quincey Morris, el doctor Seward (ambos dos habían sido pretendientes de Lucy); y por último el profesor Van Helsing.
Podríamos distinguir cinco bloques argumentales cronológicos a partir de todos ellos: la introducción (narrada exclusivamente por Harker) en la cual se nos presenta la figura del conde; las investigaciones del doctor Seward de uno de los pacientes de su manicomio; el progreso, con sus altibajos, de la enfermedad de Lucy, el punto en que su historia se mezcla con la del conde, y finalmente, la persecución final al rey de los vampiros.
La mayoría de contenido del libro es el narrado por Harker, Mina, Lucy y el doctor Seward (con un par de notas de Van Helsing), ofreciéndonos su forma de vivir esa lucha contra el mal que termina suponiendo el conde Drácula, el cual había aprovechado la visita de Harker para planear un viaje a Londres, desde donde expandir su poder. De esta forma, se entra en una extraña dinámica de caza del ratón.
Aunque normalmente la narración es bastante dinámica, lo que permite disfrutar de pasajes con mucha y rica información de lo que puede pasar, hay ciertos puntos en que la falta de progresos de los personajes frenan ese avance (porque errare humanum est), pero especialmente cuando a Stoker le da por poner en el modo más descriptivo posible a sus personajes cuando visitan ciertos parajes, quitando trabajo a la imaginación (y para los que somos como yo, haciéndonos pasar a la lectura en diagonal).
Quiero añadir también que siempre me han hecho gracia esta clase de relatos, en los cuales los personajes que escriben su diario son capaces de hacerlo con pelos y señales, recordando hasta el más mínimo detalle, y estilizándolo al tipo novela. Por alguna razón.
Con todo esto, permitiéndonos conocer a unos personajes que cuentan la historia tan rica en detalles, se nos ofrece ese halo entre el misterio, el terror, y el peligro que les acecha, cuando la suerte parece sonreír al enemigo y cuando los esfuerzos de los protagonistas parecen en vano. Pero en vano de que en ciertos momentos yo me quedé en plan: "¡Venga ya! ¡No me lo puedo yo de creer!".
Ojo. Insisto en que he disfrutado la lectura. Tengo que decir también que tuve que meterme un poco en el contexto histórico de la obra, ya que abundan las expresiones largas, un empleo quizá abusivo de "querido/a", "amado/a", "amigo/a" cuando se hablan entre ellos, y por supuesto, esas normas sociales antiguas machistas en las que se definía lo que a un hombre hacía un hombre y lo que a una mujer hacía una mujer y cómo se debían comportar en ciertas situaciones y todas esas mierdas.
Pero obviando esa parte, es una lectura que engancha, en su forma de explicar las cosas, y de cómo todo lleva un proceso lógico y no todo es "porque sí" y averiguando con los personajes qué es lo que ocurre o lo que puede ocurrir (dejando al margen que cualquiera que sepa un poco de Drácula o sobre vampiros en la cultura popular, esas cosas le pueden parecer obvias desde el primer momento). Me ha "molao". Una novela si no de sobresaliente, de notable alto.
(PD: Y me apetece decirlo: a mi me gustó la película Van Helsing (2004). A pesar de que sea otro concepto diferente al de la obra. Me la pela).
Día del Libro (and again...)

Tras un año sin publicar una entrada dedicada a los libros (y más de un mes sin publicar una entrada, a secas, cabrón) otro año vamos allá con recomendaciones de libros. Y esta vez, algunos títulos que por H o por B (o por vago, cabrón), no haya reseñado en entradas de post anteriormente.
Y por qué no empezar con algo de humor. Un mal principio es el primer libro de la saga "Una serie de catastróficas desdichas", de Lemony Snicket. Dejada la review de la serie de televisión, leer los libros al respecto era poco menos que una obligación, y al igual que el audiovisual, no decepciona. Es el inicio de la historia de los hermanos Bodelaire: Violet, Klaus y Sunny, que tras quedar huérfanos, terminan siendo tutelados por el diabólico conde Olaf, quien no busca otra cosa sino hacerse con la fortuna de los niños, la cual es intocable hasta que Violet, la mayor, cumpla la mayoría de edad. ¿La gracia? La serie de catastróficas desdichas. Los hermanos no hacen sino pasar por una serie de penurias sin conseguir remontar en ningún momento, añadido por una narración mordaz de parte del autor (Lemony), provocando una lectura amena, entretenida, ligera y que se hace breve (porque siendo sinceros, el libro es cortito). De momento sólo he leído el primero de 13, pero parece que el lanzamiento de la serie ha servido para volver a editar los libros en castellano, cuando originalmente sólo publicaron hasta el 8.
Muy por el contrario, una lectura larga y para fans del detective más famoso de todos los tiempos, recomiendo la antología Todo Sherlock Holmes, por supuesto, de Arthur Conan Doyle y Jesús Orceloy como responsable de la edición. Un recopilatorio de todo el canon holmesiano oficial, es decir: las 4 novelas, y los 56 relatos, cronológicamente ordenados (por línea temporal de la historia, que no coincide con la de publicación), con una serie de notas, curiosidades, etc. de lo más interesantes. Una verdadera joyita, especialmente para tener en un único volumen recopilatorio todo el canon, o para completar una colección en caso de no tener todos los libros. ¿Su punto flaco? Creo que quizá la calidad del papel deja un pelín de nada que desear, pero merece la pena el tomo.
Otro tipo de narrativa. Las vivencias de un informático convertidas a blog convertido en libro. Wardog y el mundo, de Wardog... bueno, Ismael Trancón Martín, sysadmin de profesión, que nos deleita con sus aventuras (o quizá desventuras) en la empresa cuyo sistemas administra, mostrándonos el lado más oscuro de los que nos dedicamos, entre otras cosas, a la atención del usuario... y los motivos que producen esa enemistad. Que si os parecemos malos, no lo somos por gusto. ¿Quieres conocer los motivos? Bueno, tienes la opción también de leer su blog. Eso sí, un pequeño warning que él mismo hace: Aviso para lusers: no te creas lo que veas aquí escrito, pero grábatelo a fuego en la memoria. Sólo por si acaso. Para que veáis "de qué palo" va la cosa.
Sumergiendonos un poco en el mundo de la novela "policíaca", le añadimos el género "medicina", y eso conlleva a Robin Cook y en este caso, su novela Nano. No será de sus mejores escritos, pero la parte en la que se habla de cómo la nanotecnología podría usarse en el campo de la medicina para curar enfermedades, es cuando menos curioso. Y eso por no mencionar el sub-fondo que hay por lo general en las novelas de Cook: los intereses detrás de cualquier hecho, tanto personales como empresariales. Cook suele mostrar sus tramas mostrándo más allá de lo que ven el resto de los personajes, de forma que se nos permite anticipar algunos movimientos. Algunos...
No tengo mucha más idea de qué podría recomendaros en la sección "Libros". Pero no todo va a ser novelas y similares. Ah, el poder de la imagen... voy a cerrar el post con dos ejemplos de ello.
Y una de ellas es (tenía que ser) V de Vendetta, de Alan Moore. De sus obras más conocidas (y remakeada por las Wachowski en 2005 en película), se nos presenta una sociedad reprimida por un estado totalitario, contra el cual se subleva V, un misterioso hombre enmascarado que empieza a liquidar a algunos miembros del partido mientras se gesta su plan. La historia de V se va entremezclando con la de más personajes, como Evey, una chica que es salvada por V al principio de la obra, así como personajes relacionados con el gobierno controlador y las decisiones que van tomando según se desarrollan los acontecimientos. Altamente recomendable su lectura, la cual, como la película, no siempre es entendida por toda la gente.
Y no podía dejar la ocasión de comentar Sherlock: Estudio en rosa, adaptación a manga del primer episodio de la genial serie de televisión, respetando el guión original de Mark Gattis y Steven Moffat, y dibujado por el mangaka Jay. Nos vamos a encontrar con eso mismo: el episodio, adaptado sin omitir el más pequeño detalle (o quizá alguno sí, microscópico, como la diferencia entre la traducción de la serie y la del manga), pero la misma historia genialmente ambientada. Merece la pena disfrutar de su lectura y tacto en papel.
Esto ha sido todo por este año. Siempre podéis revisar la etiqueta de "libros" del blog para ver más obras que haya podido reseñar. Y querría escribir más, pero como siempre lo digo y luego no lo hago, ¿para qué vamos a andar con compromisos que no se si voy a poder cumplir? (por vago, cabrón). Saludos, y hasta la próxima entrada.
Leído: Pokémon: Oro, Plata y Cristal (tomos 5 a 8)
Tras la lectura de los tomos 1 a 4 de Pokémon (la serie de Rojo, Verde, Azul y Amarillo) debo confesar que la continuación en los tomos de Oro, Plata y Cristal fue una grata sorpresa. La continuidad de la historia (proseguida por Hidenori Kusaka al guión y Mato al dibujo) es una secuela que iguala a la original.
Se nos presenta a Oro, el protagonista, un joven que tiene un montón de Pokémon, marcado por su denotable arrogancia, y que empieza un viaje por la región Johto. En su viaje terminará cruzando su camino con Plata, un ladrón de Pokémon. A mitad de la serie, abandonamos a ambos temporalmente para conocer a Cristal, una experta capturadora Pokémon, quien recibe la tarea de completar la enciclopedia sobre estos, alias Pokédex. La historia nos narra cómo estos tres personajes deberán superarse a si mismos para ayudar a una región que vuelve a ser azotada por el Team Rocket, así como por un extraño personaje con habilidades de hielo, y volvemos a ver caras conocidas de las sagas anteriores, como Rojo, Azul, Misty o Brock.
Esa intercalación entre varias historias y no centrarse tanto en el protagonista funcionó muy bien en Amarillo y vuelve a funcionar aquí. Todos los personajes tienen un pasado o crisis sobre sus objetivos en la vida, las cuales se ponen a prueba a lo largo de las páginas de estos tomos.
Le tengo además cierto cariño adicional a esta parte de la historia, ya que pertenecería a la conocida "segunda generación Pokémon", mi favorita, que se desarrolla en la región Johto (también mi favorita) y tengo que admitir que me di cierta prisa con la lectura porque me tenía enganchado.
Por un lado, la historia de Oro, aprendiendo que no se puede ir por la vida atropellando a la gente, le hará plantearse qué está haciendo como entrenador; Plata, por su parte, parece tener que cerrar un capítulo de su infancia, mientras Cristal tiene sus propios problemas existenciales tras recibir su tarea. El grueso de muchas historias es precisamente ver a sus protagonistas crecer (y no que se lo den todo hecho como a Kirito) y aquí podemos ver precisamente eso...
... sin olvidarnos de Rojo, Azul, Verde y Amarillo, quienes también asoman en los momentos más tensos de la historia para enfrentarse al villano (quizá uno de los puntos flojos de la historia, que no cierran bien su círculo, precipitándolo mucho). Además, esta generación supuso de la introducción de la mitología Pokémon, la cual también es tratada y desarrollada en la historia por los Pokémon legendarios protagonistas. Una mezcla que funciona bastante bien.
Una lectura entretenida, fiel al espíritu de las primeras entregas, pero innovando a la par. Me gusta. Ahora toca ver el universo de Rubí y Zafiro.
Se nos presenta a Oro, el protagonista, un joven que tiene un montón de Pokémon, marcado por su denotable arrogancia, y que empieza un viaje por la región Johto. En su viaje terminará cruzando su camino con Plata, un ladrón de Pokémon. A mitad de la serie, abandonamos a ambos temporalmente para conocer a Cristal, una experta capturadora Pokémon, quien recibe la tarea de completar la enciclopedia sobre estos, alias Pokédex. La historia nos narra cómo estos tres personajes deberán superarse a si mismos para ayudar a una región que vuelve a ser azotada por el Team Rocket, así como por un extraño personaje con habilidades de hielo, y volvemos a ver caras conocidas de las sagas anteriores, como Rojo, Azul, Misty o Brock.
Esa intercalación entre varias historias y no centrarse tanto en el protagonista funcionó muy bien en Amarillo y vuelve a funcionar aquí. Todos los personajes tienen un pasado o crisis sobre sus objetivos en la vida, las cuales se ponen a prueba a lo largo de las páginas de estos tomos.
Le tengo además cierto cariño adicional a esta parte de la historia, ya que pertenecería a la conocida "segunda generación Pokémon", mi favorita, que se desarrolla en la región Johto (también mi favorita) y tengo que admitir que me di cierta prisa con la lectura porque me tenía enganchado.
Por un lado, la historia de Oro, aprendiendo que no se puede ir por la vida atropellando a la gente, le hará plantearse qué está haciendo como entrenador; Plata, por su parte, parece tener que cerrar un capítulo de su infancia, mientras Cristal tiene sus propios problemas existenciales tras recibir su tarea. El grueso de muchas historias es precisamente ver a sus protagonistas crecer (
... sin olvidarnos de Rojo, Azul, Verde y Amarillo, quienes también asoman en los momentos más tensos de la historia para enfrentarse al villano (quizá uno de los puntos flojos de la historia, que no cierran bien su círculo, precipitándolo mucho). Además, esta generación supuso de la introducción de la mitología Pokémon, la cual también es tratada y desarrollada en la historia por los Pokémon legendarios protagonistas. Una mezcla que funciona bastante bien.
Una lectura entretenida, fiel al espíritu de las primeras entregas, pero innovando a la par. Me gusta. Ahora toca ver el universo de Rubí y Zafiro.
Leído: Songokumanía: el big bang del manga, de Oriol Estrada Rangil
Ostia, si Felikis leía cosas y las reseñaba, no me acordaba. Y ha puesto en el título de la entrada el nombre del autor, con el nombre del libro en cursiva, a lo profesional.
La verdad, es raro que hasta pleno marzo no haya hecho ninguna reseña de un libro. Y eso que llevo unos cuantos leídos. El guión original de Animales fantásticos y dónde encontrarlos (pero ya reseñé la película), he terminado la saga Oro, Plata y Cristal de Pokémon (que reseñaré la semana que viene), la tetralogía de Código Lyoko (para lo cual también tendría que reseñar la serie), un libro sobre materia oscura y el primero de Una serie de catastróficas desdichas (que reseñada la serie, sería simplemente como comentar el primer capítulo de la misma). Pero vamos, que podéis seguirme en GoodReads para comprobarlo. Y tras este parrafón, al lío:
"Songokumanía: el big bang del manga" es un libro de... historia contemporánea reciente en la que Oriol Estrada Rangil hace un repaso a la llegada del manga y el anime a España. Empezando un recorrido allá por los años 80, nos cuenta el boom que, para ser un proceso relativamente lento, en términos generales en realidad supuso un cambio en muy pocos años en lo referente a consumo de televisión y cómic/manga en nuestro país.
Es un libro para disfrute de dos tipos de lectores. Uno de ellos, el lector que vivió aquella época. El que creció en los ochenta, el que conoció de primera mano Dragon Ball en la televisión y que se emocionó con aquella historia del niño con cola de mono que emprendía el viaje con una chica muy inteligente en busca de las bolas de dragón que conceden cualquier deseo. Para ellos, la lectura debe ser algo así como volver a aquella época.
El segundo lector es... o somos, los que conocimos Dragon Ball muy a posteriori, ya fuera por nacimiento, o porque por alguna razón, tardó más en llamar nuestra atención, y en cuyo caso, no podemos sino sorprendernos por cómo era la cultura pop de la época, y del cambio que supuso el fenómeno de este anime, y luego manga, al llegar a nuestro país.
Mola que hablen un poco del inicio de aquello, cuando sólo se conocía el cómic europeo y americano, y sólo hubieran llegado hasta aquí casos contados como Akira, hasta lo que supondría en televisión esta serie.
No hay duda de que resulta, cuando menos, chocante como eran aquellos orígenes en las que las distribuidoras españolas prácticamente no conocían Japón, y alguien (spoiler: Màrius Bistagne) compró 26 episodios (spoiler: pensando que era la serie completa), que eran los que abarcaban desde el inicio de la aventura hasta finales (que no final) del Gran Torneo de las Artes Marciales. Todo lo que llevó consigo esa pequeña fracción del anime dio pie a la gran industria del manga y el anime que tenemos ahora en España (en honor a la verdad, hace mucho hincapié en lo que supuso en Cataluña... también es cierto que muchas veces son los que más lo viven).
Desde luego, leído el libro, casi se puede hablar de una Odisea, valga la referencia a Homero, y en vista de lo leído, creo que nunca un producto de la cultura de un país hizo tanto para la misma como supuso Dragon Ball al salir de las fronteras de Japón.
En resumen, una lectura ligera y amena que nos cuenta un poco más de aquellos años en los que se gestaba el fenómeno otaku en España. Si le tuviera que echar algo en falta, yo hubiera rellenado un poco más el libro en la parte en la que se habla de la censura que sufrió el anime, un tema que sigue en boga (especialmente para los que estamos siguiendo la emisión de Dragon Ball Super en Boing). Tiene muchos datos, cuanto menos, curiosos al respecto. Y si me tengo que poner en plan abuelo Cebolleta: "Las cosas antes sí que eran difíciles que ni había internés ni móviles". Cómo hemos cambiado.
La verdad, es raro que hasta pleno marzo no haya hecho ninguna reseña de un libro. Y eso que llevo unos cuantos leídos. El guión original de Animales fantásticos y dónde encontrarlos (pero ya reseñé la película), he terminado la saga Oro, Plata y Cristal de Pokémon (que reseñaré la semana que viene), la tetralogía de Código Lyoko (para lo cual también tendría que reseñar la serie), un libro sobre materia oscura y el primero de Una serie de catastróficas desdichas (que reseñada la serie, sería simplemente como comentar el primer capítulo de la misma). Pero vamos, que podéis seguirme en GoodReads para comprobarlo. Y tras este parrafón, al lío:
"Songokumanía: el big bang del manga" es un libro de... historia contemporánea reciente en la que Oriol Estrada Rangil hace un repaso a la llegada del manga y el anime a España. Empezando un recorrido allá por los años 80, nos cuenta el boom que, para ser un proceso relativamente lento, en términos generales en realidad supuso un cambio en muy pocos años en lo referente a consumo de televisión y cómic/manga en nuestro país.
Es un libro para disfrute de dos tipos de lectores. Uno de ellos, el lector que vivió aquella época. El que creció en los ochenta, el que conoció de primera mano Dragon Ball en la televisión y que se emocionó con aquella historia del niño con cola de mono que emprendía el viaje con una chica muy inteligente en busca de las bolas de dragón que conceden cualquier deseo. Para ellos, la lectura debe ser algo así como volver a aquella época.
El segundo lector es... o somos, los que conocimos Dragon Ball muy a posteriori, ya fuera por nacimiento, o porque por alguna razón, tardó más en llamar nuestra atención, y en cuyo caso, no podemos sino sorprendernos por cómo era la cultura pop de la época, y del cambio que supuso el fenómeno de este anime, y luego manga, al llegar a nuestro país.
Mola que hablen un poco del inicio de aquello, cuando sólo se conocía el cómic europeo y americano, y sólo hubieran llegado hasta aquí casos contados como Akira, hasta lo que supondría en televisión esta serie.
No hay duda de que resulta, cuando menos, chocante como eran aquellos orígenes en las que las distribuidoras españolas prácticamente no conocían Japón, y alguien (spoiler: Màrius Bistagne) compró 26 episodios (spoiler: pensando que era la serie completa), que eran los que abarcaban desde el inicio de la aventura hasta finales (que no final) del Gran Torneo de las Artes Marciales. Todo lo que llevó consigo esa pequeña fracción del anime dio pie a la gran industria del manga y el anime que tenemos ahora en España (en honor a la verdad, hace mucho hincapié en lo que supuso en Cataluña... también es cierto que muchas veces son los que más lo viven).
Desde luego, leído el libro, casi se puede hablar de una Odisea, valga la referencia a Homero, y en vista de lo leído, creo que nunca un producto de la cultura de un país hizo tanto para la misma como supuso Dragon Ball al salir de las fronteras de Japón.
En resumen, una lectura ligera y amena que nos cuenta un poco más de aquellos años en los que se gestaba el fenómeno otaku en España. Si le tuviera que echar algo en falta, yo hubiera rellenado un poco más el libro en la parte en la que se habla de la censura que sufrió el anime, un tema que sigue en boga (especialmente para los que estamos siguiendo la emisión de Dragon Ball Super en Boing). Tiene muchos datos, cuanto menos, curiosos al respecto. Y si me tengo que poner en plan abuelo Cebolleta: "Las cosas antes sí que eran difíciles que ni había internés ni móviles". Cómo hemos cambiado.
Sword Art Online no es tan buena
Hace bastante tiempo, reseñé el anime de Accel World. El autor de la novela ligera de AW, Reki Kawahara, también es el creador de Sword Art Online. Y bajo esa premisa, me animé a verme las dos temporadas del anime.
Tengo que decir que el primer episodio de Sword Art Online me encantó. Situado unos años años antes que Accel World, narraba la aparición en el mundo de los cascos de juegos de realidad virtual, y el lanzamiento de SAO, un videojuego para esta plataforma en la cual se deben superar niveles, al estilo de los MMORPG, pero en primerísima persona. La sorpresa llega cuando, tras acabar la beta, en el lanzamiento del videojuego se desvela que Akihiko Kayaba, el creador del juego, ha hecho prisioneros a todos los jugadores, que no podrán desconectarse hasta que completen el juego. La historia sigue a Kazuto Kirigaya, alias Kirito, uno de los probadores originales del juego, que está decidido a completar el juego para poder salir.
Bajo esa magnífica premisa del 26 minutos, nos encontramos con una historia que no hace más que descender en la calidad de la historia, y lo que tenemos es una animación excelentemente cuidada sobre lo maravilloso, genial, poderoso, atractivo, imbatible y todos los adjetivos positivos posibles sobre el protagonista. En serio. No es más.
Los episodios resultan facilones y aburridos, en lo que lo más interesante es eso: ver lo bien que se han currado una animación para una historia muy por debajo de ese nivel. Kirito conoce en este arco a Asuna, quien será su compañera maravillosa, genial, poderosa, atractiva, imbatible y todos los adjetivos posibles sobre ella, formando una pareja maravillosa, genial, poderosa, atractiva, imbatible, y etecé.
Me decía un antiguo compañero de trabajo que él prefería SAO antes que AW porque "historias de protagonistas que tienen que superar una serie de dificultades hay muchas". Razón tiene, pero... diablos, ¿qué emoción tiene un argumento en que todo lo hacen con una facilidad insultante? Y más cuando aparece Asuna, momento en que los intentos pos completar SAO pasan prácticamente a segundo plano.
Es aburrida, es sosa, y su fanservice tiene la misma justificación que todo lo que ocurre en el argumento: ninguna, es un "porque sí". Y muchas de las cosas que han ido apareciendo durante los episodios (especialmente hacia el final, cuando se vuelve totalmente insoportable) me han crispado los nervios.
Por ejemplo, cuando ves que el protagonista es tan maravilloso que...
... y que además de eso...
y cuando te das cuenta de cuánto de lo que tiene el anime merece la pena...
Pero bueno, por lo menos me echo unas risas yo solo:
Podría continuar con esta estela, pero no. No lo vale. Los siguientes arcos argumentales (que deberían cambiarle el título al anime respectivamente... aunque yo optaría por titularlo Kirito's Harem) siguen en caída constante hasta el último episodio de la segunda temporada. Ni siquiera los primeros capítulos de cada arco tienen la suficiente "chicha" como para poder enganchar.
En resumen: si no has visto Sword Art Online, puedes ahorrártelo. Hay anime de mucha mejor calidad disponible. Y si te ha gustado, pues me alegro por ti, pero no te entiendo.
Tengo que decir que el primer episodio de Sword Art Online me encantó. Situado unos años años antes que Accel World, narraba la aparición en el mundo de los cascos de juegos de realidad virtual, y el lanzamiento de SAO, un videojuego para esta plataforma en la cual se deben superar niveles, al estilo de los MMORPG, pero en primerísima persona. La sorpresa llega cuando, tras acabar la beta, en el lanzamiento del videojuego se desvela que Akihiko Kayaba, el creador del juego, ha hecho prisioneros a todos los jugadores, que no podrán desconectarse hasta que completen el juego. La historia sigue a Kazuto Kirigaya, alias Kirito, uno de los probadores originales del juego, que está decidido a completar el juego para poder salir.
Bajo esa magnífica premisa del 26 minutos, nos encontramos con una historia que no hace más que descender en la calidad de la historia, y lo que tenemos es una animación excelentemente cuidada sobre lo maravilloso, genial, poderoso, atractivo, imbatible y todos los adjetivos positivos posibles sobre el protagonista. En serio. No es más.
Los episodios resultan facilones y aburridos, en lo que lo más interesante es eso: ver lo bien que se han currado una animación para una historia muy por debajo de ese nivel. Kirito conoce en este arco a Asuna, quien será su compañera maravillosa, genial, poderosa, atractiva, imbatible y todos los adjetivos posibles sobre ella, formando una pareja maravillosa, genial, poderosa, atractiva, imbatible, y etecé.
Me decía un antiguo compañero de trabajo que él prefería SAO antes que AW porque "historias de protagonistas que tienen que superar una serie de dificultades hay muchas". Razón tiene, pero... diablos, ¿qué emoción tiene un argumento en que todo lo hacen con una facilidad insultante? Y más cuando aparece Asuna, momento en que los intentos pos completar SAO pasan prácticamente a segundo plano.
Es aburrida, es sosa, y su fanservice tiene la misma justificación que todo lo que ocurre en el argumento: ninguna, es un "porque sí". Y muchas de las cosas que han ido apareciendo durante los episodios (especialmente hacia el final, cuando se vuelve totalmente insoportable) me han crispado los nervios.
Por ejemplo, cuando ves que el protagonista es tan maravilloso que...
#SwordArtOnline es la típica serie realista en que todas las chicas se enamoran del protagonista.— F (@Felikis93) 7 de diciembre de 2015
... y que además de eso...
#SwordArtOnline es una serie que demuestra que si eres solitario te haces amigo de todo el mundo y molas cantidubi— F (@Felikis93) 7 de diciembre de 2015
y cuando te das cuenta de cuánto de lo que tiene el anime merece la pena...
#SwordArtOnline condensado dura menos que #PuellaMagiMadokaMagica— F (@Felikis93) 7 de diciembre de 2015
#Record Primera cosa interesante que pasa en #SwordArtOnline en el episodio 14. Con dos pelotas.— F (@Felikis93) 11 de diciembre de 2015
Pero bueno, por lo menos me echo unas risas yo solo:
"Quiero la mitad [del conejo]", "dejame probarlo [tu conejo]". #SwordArtOnline Echándome unas risas y tal.— F (@Felikis93) 7 de diciembre de 2015
Un personaje de #SwordArtOnline se llama Asada, y me pregunto si tendrá hermanas llamadas Frita o Cocida.#ChisteMalo— F (@Felikis93) 26 de febrero de 2017
Podría continuar con esta estela, pero no. No lo vale. Los siguientes arcos argumentales (que deberían cambiarle el título al anime respectivamente... aunque yo optaría por titularlo Kirito's Harem) siguen en caída constante hasta el último episodio de la segunda temporada. Ni siquiera los primeros capítulos de cada arco tienen la suficiente "chicha" como para poder enganchar.
En resumen: si no has visto Sword Art Online, puedes ahorrártelo. Hay anime de mucha mejor calidad disponible. Y si te ha gustado, pues me alegro por ti, pero no te entiendo.
Comunicación y mensajería

Orden de preferencias para comunicarme con las personas:
1. En persona (esto preferiblemente va acompañado de un café).
2. Aplicaciones de mensajería instantánea.
3. Hablar por teléfono.
Es curioso, porque estoy seguro de que mucha gente habría puesto "hablar por teléfono" antes que la mensajería instantánea, pero en mi caso no es así.
Por supuesto, mi primera elección siempre es en persona. Tener a la persona enfrente permite una conversación personal (única forma), de modo que además de la conversación en sí, tenemos el apoyo visual de la comunicación no verbal. Decimos muchas veces más con los gestos que hablando, y nos permite una comunicación insuperable.
Obviamente, en una conversación por teléfono, perdemos ese apoyo, y como mucho dependemos del tono de voz de nuestro interlocutor para saber en qué vaina nos movemos. En conversación de mensajería instantánea únicamente disponemos de un texto plano de libre interpretación. Y entonces, ¿cómo es posible que me guste más la mensajería instantánea que la conversación por teléfono?
En primer lugar, por la comodidad. Tener el teléfono pegado en la oreja es un puto rollo. De hecho, reduce mi propia expresión corporal, porque muchas veces, pese a no tener a mi interlocutor delante, tiendo a hacer los mismos gestos que hablando en persona.
En segundo lugar, por mi atención. Puedo dedicar dos horas a ver Animales fantásticos y dónde encontrarlos, o sumergirme durante un buen rato en la lectura de un libro. Pero cuando en una conversación hay un teléfono de por medio, mi mente hace las maletas y se pone a divagar. No lo hago adrede, es inconsciente
En tercer lugar, porque en definitiva no es lo mismo hablar por teléfono. Ni por asomo. Es más incómodo con diferencia. Me agota hablar por teléfono, me cansa, me hastía. Estoy hablando con una persona que no tengo delante, y al no tenerla delante, podría ponerme con más cosas en lo que prosigue la conversación, que es lo que consigo con la mensajería instantánea.
Es curioso que tanto por teléfono como en mensajería instantánea me encuentro con el mismo problema: la intervención. Porque yo soy de los que esperan a que la otra persona calle al teléfono (es algo más limitado que la conversación en persona, no se debe interrumpir), o que se fijan si el conversador está "... escribiendo" para aguardar a que acabe. Pero hay gente que no. Que les da lo mismo, como si hablaran en persona.
Sin embargo, le encuentro otras ventajas a la mensajería instantánea. Y entre ellas es que el mensaje llega rápido (y no, instantáneo no es que tengamos la obligación de responder al instante) y el interlocutor tiene todo el tiempo que quiera para procesarlo y responderlo (o no). Te permite leer un mensaje, y contestar en el momento en que nos venga bien (aunque la sociedad parece querer malcriarnos en lo contrario), pero yo sigo a mi ritmo.
También hay veces que uno tiene que prepararse, en caso de decir algo complicado. Personalmente, pensarlo bien y escribirlo me resulta más cómodo que tener que memorizar las cosas. De igual modo, ayuda poder repasar el texto y ver si hemos dicho algo fuera de tono (cuando en el cara a cara podemos cagarla en un segundo).
Por supuesto, cada cual tendrá sus preferencias. Personalmente, me quedo con las que veo más cómodas.
Virus
No se me ocurre una palabra mejor que defina al ser humano. A lo que se ha convertido después de años y años de una evolución que debería haber sido para bien, pero ha terminado desembocando en la criatura más obscena que ha pisado la faz de la Tierra.
El ser humano no ha parado hasta la dominación completa del planeta, infectando y exterminando allá donde ha ido la huella de la civilización. Somos lo peor que le ha podido pasar a la vida en el mundo, porque para ella, hemos eliminado muchas otras. El intelecto con el cual se nos ha dotado no ha servido sino para manipular y destruir todo a nuestro paso, dando igual las consecuencias que tendrían a futuro. ¿Qué más da, si no vamos a estar ahí para verlo?
No sólo hemos destruido lo que nos "estorba". Nuestro instinto vírico se impone sobre la capacidad de pensar, y acaba de igual forma con todo lo que nos puede beneficiar. Son muy pocos los planetas en los que la vida es, teóricamente, posible. Somos tan geniales que nos cargamos las defensas del nuestro. Sin descanso, día tras día. El virus no va a parar hasta que la infección sea completa. Y para entonces ya será tarde.
El ser humano ha demostrado su crueldad con el paso de los siglos. Y aún a día de hoy, se planea llevar a una raza como esta al espacio, por instinto de supervivencia. Hay días que me cuestiono si merecemos tal honor. El espacio poblado de una civilización tan egoísta... Es una imagen que me da escalofríos.
Y no nos damos cuenta de que el virus es tan dañino que se ha vuelto en nuestra propia contra. El virus humano se ataca a sí mismo, le da igual, piensa que no le afecta. Se autoataca y autodestruye. Y si continúa así, acabará consigo mismo. No es un planteamiento que me vaya a hacer llorar, pero sí reflexionar cómo se puede ser tan tonto como para permitirse su propia aniquilación.
No sé qué llagará primero. El autoexterminio o la huída al espacio. Y si llega lo segundo, espero que la humanidad se haya desprendido de su parte virus. No repitamos tantos errores en otras galaxias.
PD: No es mi mejor entrada soltando bilis, pero tenía la necesidad de decirlo.
El ser humano no ha parado hasta la dominación completa del planeta, infectando y exterminando allá donde ha ido la huella de la civilización. Somos lo peor que le ha podido pasar a la vida en el mundo, porque para ella, hemos eliminado muchas otras. El intelecto con el cual se nos ha dotado no ha servido sino para manipular y destruir todo a nuestro paso, dando igual las consecuencias que tendrían a futuro. ¿Qué más da, si no vamos a estar ahí para verlo?
No sólo hemos destruido lo que nos "estorba". Nuestro instinto vírico se impone sobre la capacidad de pensar, y acaba de igual forma con todo lo que nos puede beneficiar. Son muy pocos los planetas en los que la vida es, teóricamente, posible. Somos tan geniales que nos cargamos las defensas del nuestro. Sin descanso, día tras día. El virus no va a parar hasta que la infección sea completa. Y para entonces ya será tarde.
El ser humano ha demostrado su crueldad con el paso de los siglos. Y aún a día de hoy, se planea llevar a una raza como esta al espacio, por instinto de supervivencia. Hay días que me cuestiono si merecemos tal honor. El espacio poblado de una civilización tan egoísta... Es una imagen que me da escalofríos.
Y no nos damos cuenta de que el virus es tan dañino que se ha vuelto en nuestra propia contra. El virus humano se ataca a sí mismo, le da igual, piensa que no le afecta. Se autoataca y autodestruye. Y si continúa así, acabará consigo mismo. No es un planteamiento que me vaya a hacer llorar, pero sí reflexionar cómo se puede ser tan tonto como para permitirse su propia aniquilación.
No sé qué llagará primero. El autoexterminio o la huída al espacio. Y si llega lo segundo, espero que la humanidad se haya desprendido de su parte virus. No repitamos tantos errores en otras galaxias.

PD: No es mi mejor entrada soltando bilis, pero tenía la necesidad de decirlo.
Desintoxicación mediática - Un mes después

Hace ya un mes dije que tenía como objetivo alejarme lo máximo posible de las noticias. No tenía interés en pasar tiempo leyendo titulares que me indignaban, noticias que me enfadaban, sucesos que me tocaban las pelotas. Y llega el momento de hacer una pequeña valoración al respecto de la experiencia:
Maravillosa.
En este mundo que el ser humano ha enmierdado, pasar un tiempo alejado de un mundo mediático también hecho mierda. Obviamente, era imposible no enterarse de algunas cosas. Pero mantenerse a una distancia prudencial ha sido algo muy positivo.
Principalmente, enterarme de tan poco ha ayudado a moderar mi enfado con las noticias. Se leen desde un punto de vista más sosegado, más racional. Siguen muchas veces tocando los cojones, pero en general, provoca bastante menos enfado, algo que sin duda debe agradecer mi sistema nervioso.
También ayuda para ver cuales son los filtros de la gente. Cuales son los temas que se hablan en más mayorías. Desconozco si eso es algo positivo o negativo, pero desde luego, la cantidad de información que me ha llegado ha sido siempre la más sonada.
Por supuesto, ahora toca volver a empaparse un poco más en lo que va sucediendo en el mundo. Pero intentando mantenerme en esta especie de estado zen en el que me encuentro. No sea que en una semana vuelva a estar desquiciado por todo lo que no me he enterado en un mes.
Una serie de catastróficas desdichas (serie de 2017)
Trece años tras la película antagonizada por Jim Carrey, Netflix nos ha presentado la serie de Una serie de catastróficas desdichas (valga la redundancia). Redundancia en este caso es una repetición de palabras para expresar una idea o concepto. Basada esta primera temporada en los 4 primeros libros de la serie (dedicando dos episodios a cada libro), el título no puede ser más acertado.
Para desconocedores del argumento, la historia habla de los niños Bodelaire: Klaus (Louis Hynes), Violet (Malina Weissman), y Sunny (Presley Smith), el bebé. Inteligentes y de familia adinerada, quedan repentinamente huérfanos tras un incencio en su casa. La noticia les es dada por el señor Poe (K. Todd Freeman), albacea de sus padres, quienes establecieron que en esta situación, deberían ir con el pariente más cercano: el Conde Olaf (Neil Patrick Harris), villano por excelencia que busca adueñarse de la fortuna Bodelaire. La historia es narrada por Lemony Snicket (Patrick Warburton), el autor de los libros, y ya desde el principio de la historia, se nos deja claro que la serie no tiene momentos felices. Y desde luego, no nos engaña.
La serie es deliciosamente cruel y absurda, y es indudable el abuso que sufren los niños Bodelaire en un mundo de adultos que no les comprenden, especialmente por lo disparatado de las situaciones. Disparatado es una palabra que significa algo que excede o sobrepasa los límites de lo común o lo ordinario. Y precisamente es en ese plano de surrealismo donde la serie tiene su fuerte, al que hay que añadir la crítica (no tan) velada a los adultos que no los entienden, y de los cuales muy pocos sienten verdadera preocupación por sus problemas.
Aunque hay que decir que el trío protagonista es un poco deus ex (pues logran salir de todos los problemas, que no hacen más que acumularse), no es nada cómodo verles en esas situaciones, en las cuales, desde este lado de la pantalla sólo puedes preguntarte: "No. ¿No? ¡No! ¿En serio? No, no puede ser. ¡¿En puto serio?!". Y sí, en puto serio. La inocencia de los adultos supera con mucho la de los niños, que deben ser espabilados para conseguir salir airosos.
Aunque debo decir que mis personajes favoritos no son los críos, sino los tres principales adultos de la serie. El conde Olaf, magistralmente interpretado porBarney Stinson Neil Patrick Harris, consigue ese tono oscuro en un personaje de apariencia ridícula, y que sin embargo, lleva la crueldad por bandera. En contraparte está el señor Poe, quien va llevando a los niños de tutor legal en tutor legal, sin detenerse a pensar en ellos: es lo que está estipulado y él tiene demasiada prisa en ascender en el banco, tanto que se traga con mucha ingenuidad las absurdas estratagemas del conde. Y por supuesto, Lemony Snicket, quien nos aconseja con frecuencia que dejemos de ver la serie en los pocos momentos felices que tiene, y que comparte con muchos personajes del reparto la costumbre de explicar una palabra, muchas veces innecesariamente. Innecesariamente es una palabra que significa algo que no es necesario,
La serie se ve rápido, y para los amantes de lo mordaz, puede ser una delicia. Hay que añadirle la ambientación a lo steampunk, que lo convierten en un placer visual y auditivo, y creo que se puede recomendar incluso a los que no les gustó la película de 2004. Esta adaptación es más pausada, y nos permite conocer mejor a ese grupo de personajes extravagantes, y su serie de catastróficas desdichas.
Para desconocedores del argumento, la historia habla de los niños Bodelaire: Klaus (Louis Hynes), Violet (Malina Weissman), y Sunny (Presley Smith), el bebé. Inteligentes y de familia adinerada, quedan repentinamente huérfanos tras un incencio en su casa. La noticia les es dada por el señor Poe (K. Todd Freeman), albacea de sus padres, quienes establecieron que en esta situación, deberían ir con el pariente más cercano: el Conde Olaf (Neil Patrick Harris), villano por excelencia que busca adueñarse de la fortuna Bodelaire. La historia es narrada por Lemony Snicket (Patrick Warburton), el autor de los libros, y ya desde el principio de la historia, se nos deja claro que la serie no tiene momentos felices. Y desde luego, no nos engaña.
La serie es deliciosamente cruel y absurda, y es indudable el abuso que sufren los niños Bodelaire en un mundo de adultos que no les comprenden, especialmente por lo disparatado de las situaciones. Disparatado es una palabra que significa algo que excede o sobrepasa los límites de lo común o lo ordinario. Y precisamente es en ese plano de surrealismo donde la serie tiene su fuerte, al que hay que añadir la crítica (no tan) velada a los adultos que no los entienden, y de los cuales muy pocos sienten verdadera preocupación por sus problemas.
Aunque hay que decir que el trío protagonista es un poco deus ex (pues logran salir de todos los problemas, que no hacen más que acumularse), no es nada cómodo verles en esas situaciones, en las cuales, desde este lado de la pantalla sólo puedes preguntarte: "No. ¿No? ¡No! ¿En serio? No, no puede ser. ¡¿En puto serio?!". Y sí, en puto serio. La inocencia de los adultos supera con mucho la de los niños, que deben ser espabilados para conseguir salir airosos.
Aunque debo decir que mis personajes favoritos no son los críos, sino los tres principales adultos de la serie. El conde Olaf, magistralmente interpretado por
La serie se ve rápido, y para los amantes de lo mordaz, puede ser una delicia. Hay que añadirle la ambientación a lo steampunk, que lo convierten en un placer visual y auditivo, y creo que se puede recomendar incluso a los que no les gustó la película de 2004. Esta adaptación es más pausada, y nos permite conocer mejor a ese grupo de personajes extravagantes, y su serie de catastróficas desdichas.
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