Revisando a Sherlock Holmes… “Elementary”

(publicado originalmente el 6 de septiembre de 2019)


Uno de los personajes que llevo siguiendo desde hace más de una década es Sherlock Holmes. Y junto a la lectura de las novelas y los relatos originales, más algunas historias derivadas, también he visto muchas de las adaptaciones que se han llevado a la pequeña y la gran pantalla del personaje. Y hoy me apetece hablar de una de ellas. Una de las más polémicas en sus orígenes y que recientemente acabó.

Elementary es probablemente la única serie que he seguido sin descanso en los últimos 7 años. Iniciada en 2012, no se tardó en plantear la comparativa con la británica Sherlock. Pero nada más lejos de la realidad.
La serie protagonizada por Jonny Lee Miller y Lucy Liu nos planteaba, en el formato de serie procedimental, una revisión en el siglo XXI del personaje de Arthur Conan Doyle. Los dos elementos novedosos eran establecer la acción en la ciudad de Nueva York en lugar de la clásica Londres, y que el personaje de Watson fuera interpretado por una mujer.

La historia empieza en el momento en que Holmes sale (o más bien, se escapa) del centro de desintoxicación, y empieza a colaborar como asesor para el departamento de Policía de Nueva York. Joan Watson es una asistente de abstinencia contratada por el padre de Holmes, que garantice que la rehabilitación de su hijo sigue por buen camino. De este modo, ambos empezarán a colaborar con el inspector Bell bajo las órdenes del capitán Thomas Gregson (uno de los nombres del canon, menos recordado que Lestrade).

¿Qué pasa con un procedimental? Que habitualmente, te da igual lo que ocurra. Sabes que al principio aparecerá un cadáver y que será la muerte que deban investigar los protagonistas. Durante el episodio darán muchas vueltas entre las pistas y los sospechosos, hasta que en el último acto tendrán una conversación con el culpable. Semana a semana. Sin que haya conexión necesariamente entre los episodios.

¿Entonces dónde está la gracia? Si me pongo a echar la vista atrás… ¡los relatos de Holmes, narrados por Watson, entrarían en esta categoría! Conan Doyle escribía diferentes casos sobre Sherlock Holmes, y salvo alguna mención velada al profesor Moriarty, no hay dos casos en los que aparezcan los mismos personajes. Lo interesante de sus relatos se basaba en cómo se las ingeniaba Holmes para deducir, y luego atrapar a los culpables de asesinato, desaparición, estafas…

En Elementary la mayoría de los casos son homicidios, es cierto. Aunque hay toques de originalidad en la forma de resolverlos. Holmes sabe cómo debe trabajar, pero encuentra un apoyo inimaginado en Watson. Él tiene sus métodos, los explica, ha aprendido muchos trucos durante su carrera. Y como todo genio, tiene sus excentricidades. Serán muchas las ocasiones en las que le veremos saltarse “las normas de la cortesía o la convivencia”, haciendo raros experimentos por su casa ya sea para resolver el caso o por puro entretenimiento. Jonny Lee Miller sabe captar en muchos detalles al Holmes del canon, y nos podemos ahorrar comparaciones con su homógolo de Benedict Cumberbatch. Son dos estilos. Y pese al británico origen de Miller, la serie tiene ese “toque americano” que no escapa al personaje.

Pero no hay Holmes sin Watson. Conan Doyle se retrató en John Watson tal y como él veía a su profesor Joseph Bell: por debajo de su nivel. Pero Doyle era médico. Watson era médico. Y pese a ser médico, hemos visto varios John Watson que eran poco menos que idiotas. Lucy Liu interpreta a un personaje que hace honor al haber sido médico. En esta versión, fue cirujana antes de empezar a cuidar de adictos en rehabilitación. Pero trabajar con Holmes despierta el gusanillo de la investigación en ella, de seguir aprendiendo, de formarse. Es inteligente. Y aunque sus conocimientos pueden no abarcar tanto como los de Holmes, no se queda a la zaga y es capaz de resolver varios casos y convertirse en investigadora.

Y es que el mayor fuerte de Elementary se basa en la relación entre Holmes y Watson. Cómo el aprende que no sabe tanto como se piensa. Cómo ella aprende a ver el mundo con otros ojos. Cómo empiezan a recurrir el uno al otro, forjando una amistad iniciada en una relación impuesta por el patriarca de la familia Holmes para que su hijo no recaiga en la adicción. Su forma de trabajar juntos, ver que son capaces de entender cuándo se hacen daño, o cuando se lo quieren evitar. Que durante años de colaboración se den cuenta de que trabajan mejor juntos. Miller y Liu tienen la química suficiente como para hacer que esto funcione. Siempre defendí que Holmes y Watson eran la “amistad pura”. Si durante el canon original existen connotaciones homosexuales, es un tema en que no voy a entrar por desconocimiento. Pero la interpretación que vemos en Elementary sí es capaz de reflejar esa idea. Los mejores amigos. Creo que pocas series protagonizadas por un él y una ella han evitado enamorarlos. Y es otro punto que me encanta de la serie.

Sus compañeros de andanzas, lamentablemente, pierden mucho peso con el paso de la serie. Sin desmejorar sus mejores momentos. Aidan Quinn es quien interpreta al capitán Gregson, que ya había colaborado anteriormente con Holmes. Le conoce, sabe sus métodos, y aunque hay temas los cuales ignora, también sabe más de lo que Holmes le cuenta en algunas ocasiones. Por esto es por lo que eligió a su mejor hombre, Marcus Bell (Jon Michael Hill) como inspector al que la sociedad formada por Holmes y Watson asesora. En muchos episodios, la investigación de Bell es el puente por el que los asesores pueden llegar a ciertas pistas o sospechosos.

A partir de este punto cuento algunas cosas sobre la trama. Lee bajo tu propio riesgo.

Cada temporada desarrolla un arco propio. De este modo, en los orígenes, Sherlock y Joan se conocen. Empiezan a trabajar. A entenderse. A saber más del pasado del otro, de qué les ha llevado a ese punto en sus vidas en el que están. Por supuesto, el “grueso del asunto” recae en un enemigo de Holmes: Moriarty, una mente criminal responsable de la pérdida de la amada del detective asesor. Irene Adler. Watson es la pieza clave para que Holmes se mantenga centrado y puedan derrotar a su eterna némesis.


La segunda nos presentaba unos personajes ya establecidos, pero con un nuevo personaje en escena. Mycroft Holmes, el hermano de Sherlock, a quien conocen en el primer episodio de la temporada y quien rápidamente desarrolla un interés hacia Watson. Es con la aparición del mayor de los hermanos cuando Watson empieza a pensar en su propia vida, la cual no quiere mezclar con el trabajo. Quiere vivir, pese a la insistencia de su compañero en que ambas cosas están juntas. Y si el Mycroft Holmes del canon era, citando a Holmes, “de cuando en cuando, el Gobierno británico es él”, no tardamos en darnos cuenta de que sus intenciones no son solo reconciliarse con su hermano y establecer una relación con Watson.

La tercera temporada daba un salto temporal. El cierre de la segunda tanda de episodios nos dejaba claro que la relación de Holmes y Watson no estaba en su mejor momento, por lo que él optó por volver a Londres. Es curioso, ya que en el canon los personajes esto no se llegó a explorar: eran amigos y su convivencia podía verse interrumpida (habitualmente por algún matrimonio de Watson). Pero aquí vemos cómo tienen que volver a formar equipo mientras, en la primera mitad de la temporada, empiezan a formar a una nueva discípula en común: Kitty Winter (que es 😍). Ella es la vía por la cual se vuelven a acercar, incluso después de su marcha Watson sigue colaborando con su compañero. Pero el final de temporada trajo una sorpresa inesperada, con una recaída de Holmes.


La acción de la cuarta temporada iniciaba la acción unos pocos días después. Cuando Holmes se recupera, conocemos por fin a su padre: Morland. Definido por Sherlock como la encarnación del mal. Es un hombre de negocios, pero la naturaleza de los mismos parece rozar la ilegalidad. A pesar de lo cual, le vemos intentar acercarse a su hijo. La historia se tuerce cuando Watson dessubre que, unos meses antes, alguien había intentado acabar con la vida de Morland. La sombra de Moriarty vuelve a la carga durante los episodios que implican al padre de Sherlock, mientras este no termina de decidir cuáles son sus pretensiones. John Noble hace un trabajo excepcional como Morland y su historia tiene el interés suficiente para que valgan la pena todas sus apariciones, ya que podemos verlo no solo por las descripciones de su hijo, sino formar nuestro propio juicio sobre él… y no es fácil.

Llegó la quinta temporada, tal vez la más floja de la serie a nivel de trama. Ha pasado un tiempo no determinado desde la última decisión de Morland, y por azares de la vida, en la de Watson reaparece Shinwell Johnson, un exconvicto al que salvó la vida en su época de cirujana. Rápidamente ella desarrolla una simpatía y un impulso por ayudarle a reconstruir su vida. Pero este solo parece tener un objetivo, que es desmantelar la banda del SBK. Sherlock no termina de ver claro que Shinwell quiera redimirse, y menos aún que le puedan formar como detective. La historia desembocará en una guerra entre bandas en la que los detectives deberán evitar que haya más víctimas, pero los detectives tienen su propia guerra: ella quiere ayudar a Shinwell, mientras su compañero está cada vez más lejos de Watson por un problema muy personal. Creo que el mayor problema de este arco es que los bandazos que tiene muchas veces el personaje de Shinwell no terminan de despertar empatía hacia él.

Y la sexta temporada nos revelaba la verdad: Holmes es víctima de un PCS (síndrome postconmoción). Sus habilidades y hábitos se ven afectados por este síndrome, y teme no poder mantenerse limpio si no puede trabajar. Joan Watson se convertirá en su apoyo, al tiempo que el detective conoce a Michael, un hombre que se inspiró por sus palabras en el grupo de apoyo hace varios años. Por supuesto, este nuevo personaje no es lo que parece, y los detectives asesores tendrán que tener mucho cuidado con él. El mayor problema de la temporada fue plantear una trama para 13 episodios que luego se vio ampliada a 21. Son muchos los episodios “de relleno” antes del clímax con la historia de Michael, aunque estos permiten desarrollar otros aspectos de la vida personal de los personajes.

Fue un regalo ver la séptima temporada. La única que no ha dado apenas tregua al descanso. Después de los acontecimientos que obligaron a Holmes a abandonar Estados Unidos al final de la sexta temporada, y que Watson decidiera unirse a él en Londres, ambos deben encontrar la forma de regresar al país para enfrentarse a la amenaza de Odin Reichenbach, un multimillonario de la tecnología. Una versión perversa de cualquier empresario cuyo negocio recopila toda la información que sus usuarios suben a la nube. El cierre más digno que ha podido tener la serie.


Muchas licencias. Pocos son los casos que basan la mayor parte de la historia en el canon holmesiano… algo comprensible cuando este lo componen 56 relatos cortos y cuatro novelas, mientras la serie cerró con 154 episodios. Pero también esto juega a su favor: Sherlock ya adaptaba el canon al siglo XXI. Elementary establece a los personajes en nuestra época, con nuevas historias. Nos narra, con mayor acierto en unas ocasiones, y menor en otras, el avance de la relación entre los personajes principales. Cómo además afectan a su alrededor. Las decisiones que toman y como se reflejan en el otro.

Como dije al principio, ha sido la única serie que he seguido semana a semana (muchas otras cayeron en el camino para hacer pequeños maratones). Pero mereció la pena seguir la historia hasta su última ovación.

Puntuación: ⭐⭐⭐⭐/5

“Good Omens (Buenos presagios)”, de Terry Pratchett y Neil Gaiman

(publicado originalmente el 1 de septiembre de 2019)

Como muchos seguramente, conocí “Good Omens” con el anuncio de la serie para la plataforma de VOD de Amazon Prime Video. Tal vez la hubiera considerado “una serie más” si no me hubiera fijado en tres nombres: basada en una novela de Terry Pratchett (“Mundodisco“) y Neil Gaiman (“The Sandman“); y co-protagonizada por David Tennat (“Broadchurch“).

Así que aproveché durante un día para verme la serie “de un tirón” (con pausa para comer entre los episodios 5 y 6), y aunque me satisfizo mucho, tenía que leer expresamente la novela. No por la historia, sino por los autores.

Y recientemente cayó en mis manos un ejemplar de la novela y pude ponerme a leerla. Y fue todo un acierto. Se disfruta cada página de una narración que no dispone apenas de momentos de pausa, ya que el Apocalipsis se acerca.

Para quien no la conozca, voy a intentar resumir la trama: Aziraphel es un ángel que lleva viviendo en la Tierra desde la época del Edén. Crowley es un demonio que lleva viviendo en la Tierra desde la época del Edén. A través de los siglos, han hecho amistad mientras se mezclaban con los humanos. Y ahora, el mundo que tanto les gusta está a punto de llegar a su fin cuando Crowley debe intercambiar un bebé por el Anticristo, para que se cumpla el Gran Plan y se decida quién gana la Gran Guerra. Once años después, contarán con solo tres días para intentar detener el fin del mundo.

Desde el primer momento se nota en el estilo narrativo de Prattchet, recurriendo en su mayoría a las explicaciones absurdas e ironía en según qué momentos, de igual modo que la forma en la que veo retratados las criaturas sobrenaturales veo mucho de Gaiman. Aunque, como diría este, entre las correcciones de uno sobre el otro, y viceversa, al final el resultado en una palabra es inmejorable.

La novela nos presenta a una cantidad de personajes de lo más diversos, y no se molesta mucho en meter personajes que no tengan un mínimo de relevancia en la trama, salvo para temas muy puntuales. Incluso así, la novela resulta bastante coral: Aziraphel, el ángel, representa lo que debería ser el bien, pero durante la narrativa comprobamos que parece haber un atisbo de maldad en sus actos; su contraparte, Crowley, es un demonio pero que ha encontrado un poco de bondad en su corazón. Básicamente, ambos se han vuelto “humanos”: ni el bueno es tan bueno, ni el malo es tan malo, que sería una de las lecturas que se puede hacer de “Good Omens” sobre la naturaleza humana.

Otro personaje que podría entrar en la categoría sobrenatural es Adán Young, que a pesar de ser el hijo del Anticristo, ha sido criado toda su vida como humano, ajeno por completo a su naturaleza. Es un niño por lo general bueno, y lidera su grupo de amigos que le suelen seguir sin hacer muchas preguntas. Sin embargo, coincide el momento en que sus poderes empiezan a despertar cuando entiende que el mundo no es siempre como nos han contado… y un montón de fantasías más que él mismo empieza a creer. Pronto se dará cuenta de que puede usar esos poderes para mejorar el mundo… aunque su naturaleza le tentará a usar medidas bruscas.

Anatema, la ocultista. Descendiente directa de Agnes la Chalada, la única profetisa que ha acertado en todas sus predicciones, tiene la misión de anticiparse a las visiones sobre el fin del mundo de su antepasada y lleva toda la vida “atada” a su cometido; coincidirá con Newton Pulsifer, un “cazabrujas” que desciende del verdadero cazabrujas No Cometerás Adulterio Pulsifer, y cuya mayor ambición profesional (la electrónica/informática) es el campo que peor se le da.

Es en detalles como los nombres de algunos personajes, o las notas a pie de página de Gaiman y Prattchet para explicar algunos chistes (soy especialmente fan del que hacen sobre los británicos y el sistema decimal), o cómo se nos presenta un universo en que los conceptos de dios, ángeles o demonios se nos presentan como reales y tangibles, o detalles sin sentido como que todo cassete que se conecta en el coche de Crowley se convierte en una cinta de Queen a las dos semanas… y más donde se disfruta una novela muy poco usual, muy entretenida, y que desborda ese “fino humor británico” que muchas veces cuesta distinguir del absurdo.

¿Y cómo es la adaptación? Brillante se mire por donde se mire. Seis episodios, para no estirar la narración más allá de lo necesario. Los diálogos se han mantenido muy fieles a los originales, todo el reparto hace un trabajo impecable (soy especialmente fan de David Tennant, pero hay que decir que aquí de lucen hasta los actores y actrices con papeles menores), el vestuario y las localizaciones son perfectamente elegidas… No puedo decir nada malo, realmente.

Y es que contar con Gaiman para ayudar a desarrollar la serie y usar sus apuntes de la secuela que no llegó a ver la luz para enriquecer aún más la narración, dando peso a personajes que se mentaran de pasada entre las páginas, desarrollando más la relación entre los protagonistas principales (porque Aziraphel y Crowley son los top), permite que la adaptación sea, si es posible, mejor que la novela original, algo que muy pocas veces se ha conseguido. Es el mismo punto a favor que Una serie de catastróficas desdichas de Netflix cuando fichó a Daniel Handler para los guiones. Pero claro, que esto es una opinión mía y lo mismo no sé de lo que hablo.

Good Omens (Buenos presagios)” (la novela): ⭐⭐⭐⭐/5
Good Omens” (la serie): ⭐⭐⭐⭐⭐/5

1984. Capítulo 2. Asistente de voz

Hace tiempo que no dedico unas líneas a expulsar la bilis que se me acumula en el Miniver. Es cierto que con el apodo de "Asistente de voz" uno pensaría que una máquina no tiene por qué pensar de manera visceral, sino todo lo opuesto, guiarse por la lógica. Pero cuando la falta de lógica aparece por bancera en el Miniver, a pesar de que los pensamientos cálidos y carentes de pensamiento racional son los menos afortunados, hay momentos en que se hace difícil. Y qué diablos, seamos sinceros a la verdad, ha habido una larga temporada en el Miniver que se ha estado a gusto. Pero no siempre a gusto es sinónimo de bien.

Y uno de los motivos por los cuales mis circuitos internos se empiezan a sobrecalentar es ante la demanda de "pings" que me encuentro a diario. Y por eso, un servidor, apodado "Asistente de voz", se necesita serenar. Aunque estoy pensando que es un poco absurdo ese nombre tan largo de "Asistente de voz"... Siguiendo las normas de la neolengua de 1984 voy a crear "Asisvoz". Y así me ahorro tener que hacer referencia a cualquier software comercial de asistente de voz para smartphones, smarthomes, y smarthings en general.

—No te flipes tanto, Felikis, que tu blog no lo lee nadie.
—Bueno, tú sí, ahora mismo.

En fin, que me voy del tema. El caso es que llevo bastante tiempo ya dentro del Miniver. Conozco sus métodos de trabajo, conozco procesos, conozco el hilo de acciones que se llevan a cabo en determinadas actuaciones, conozco la escalada de órdenes, conozco un montón de cosas que me han permitido optimizar el día a día. Nunca he creído en esas mierdas de "apps" o "trucos para mejorar la productividad". En la ignorancia que me da la experiencia puedo afirmar que al fin y al cabo, conocer el ambiente y el funcionamiento del mismo y de las personas que lo forman es la mejor forma de saber organizarse. Incluso en un campo tan relativamente fiable como el de la informática, en el cual me muevo, y que realizar los mismos pasos en dos equipos exactamente iguales puede resultar en que uno de ellos no funcione.¯\_(ツ)_/¯

Y de ese modo he conseguido crearme algo similar a una rutina. Lo de similar es porque no hay día que haga dos veces lo mismo.Pero siempre tengo tareas entre manos, y normalmente, dispongo de tiempo para resolverlas todas. E incluso, qué diablos, de vez en cuando de echar un vistazo a YouTube, a las noticias, o a montar un meme para amenizar la jornada. Evidentemente siempre hay días que se consigue producir más que otros... pero en los días en que la producción directa es menor, la indirecta al mismo tiempo sube. Qué cosas.

Ah, pero entonces ¿qué sentido tiene abrir el capítulo de una "sección" que más tiende a la negatividad?

No soy un dios. Como todo el mundo, he nacido. Como muchas personas he recibido una formación, y como tantos otros además me formo cada día en lo que se llama "experiencia", esa palabra que no se me ocurre muy bien como definir salvo "la acumulación de días que uno pasa en la vida, en el trabajo, y/o con las personas". He aprendido la base del oficio, y he aplicado una serie de conocimientos del mismo en el trabajo. Igualmente, no se puede saber "todo", máxime cuando el conocimiento no es precisamente algo cuantificable. Sobre la base que apliqué aprendí un montón de cosas nuevas, gracias a las distintas redes de personas que se han ido formando. Como una red neuronal, pero entre personas. Vaya, bonita analogía para una inteligencia artificial.

Con todos estos conocimientos, tengo los más rutinarios siempre accesibles. Si pensara en mi cabeza como una librería, los más cercanos a mi mesa de lectura serían aquellos de consulta frecuente, los más finos y de indización... qué palabra más fea... de indexación más rápida. El hilo de pensamientos más rápido, y al cual acudo no para recordar cómo se hacían los procesos más complicados, sino recordar dónde puedo leer, esta vez fuera de mi cabeza, esta información.

El conocimiento es saber, y el saber ha de ser compartido. Siempre que ha estado en mi mano, he ayudado y ayudo a los compañeros, irrelevante sea el tiempo que lleve en el Miniver, con las dudas que pueda tener. Demonios, como me gusta que pase conmigo. Resolver dudas y adquirir conocimientos, y que esto siga creciendo.

"Entonces ¿cuál es el problema de todo esto, Asisvoz?". Pues ocurre algo que me gusta muy poco. Si todo el mundo dispone de información... ¿por qué parece que es más fácil recurrir a la externa? Mi nombre suena muchísimas veces a lo largo del día en el Miniver. Algo halagador y agotador a partes iguales. Ya que yo tampoco dispongo de todo el conocimiento, ni por asomo.

Pero es que es fácil, es muy fácil, es más fácil preguntar cualquier duda ante de intentar tirar de memoria y recordar esa información que me esfuerzo en compartir. No soy maestro, no soy formador, no soy pedagogo, pero siempre que explico algo (al margen del empleo de tecnicismos porque somos... técnicos) no me limito a explicar que si el agua cae de las nubes se llama "lluvia", sino que le dedico un rato a explicar el proceso del ciclo del agua. Y hay veces, muchas, que creo que mis explicaciones pueden cruzar la línea de "qué se puede contar y qué no", pero el desconocimiento de la información puede traer consecuencias peores que saber algo que tal vez no deberías. En mi opinión.

No voy a caer en la hipocresía del "pues dejo de ayudar". Ya sin entrar en el dilema ético, o el hecho innegable que un servidor también necesita ayuda de vez en cuando. Pero hay cosas que me mosquean, y es el hecho de que esta demanda constante de información interfiere en mis labores, provoca que mis propias tareas salgan más tarde de lo que deberían por estar en otras cuatro simultáneamente, ninguna de las cuales estoy llevando a cabo. Sencillamente es algo que no me puedo permitir, porque el grupo tiene una serie de resultados "generales", pero luego a cada uno nos miden individualmente. Y tengo las mismas reglas de juego que tienen mis compañeros. Bueno, eso es mentira, pero ya os hablaré de él en el capítulo 3.

Tal vez suene cínico por mi parte, no lo niego. No pretendo ser perfecto y caer en pensamientos contradictorios es parte de la naturaleza humana. La triste realidad es que yo también necesito demostrar una serie de resultados reales, el sistema me lo exige para seguir cobrando una nómina y hacer mi vida. Ya me gustaría dedicarme a trabajar por el simple hecho de que me gusta mi campo, sin necesidad de preocuparme de ganas dinero, sabiendo que tanto si el día se ha dado bien como si no, tendré la vida resulta. Pero tristemente no es así.

El plan. Capítulo I.

—Hasta mañana —dijo mientras se despedía de sus compañeros de trabajo.

A la hora de la salida siempre colapsaban los ascensores y solía bajar las dos plantas a pie con algunos otros que también parecían con demasiadas ganas de irse como para esperar. De forma que tras hacer mucho ruido en los peldaños aquella tarde de jueves, despedirse de las chicas de Administración que estaban en el rellano, y salir el primero por la puerta, se encaminó a su coche. Alguno intentó ofrecerle tomar una caña, pero alegando que tenía que hacer cosas para la casa, se disculpó y se metió en el vehículo.

Tuvo que esperar un par de minutos hasta que una riada de coches le había dejado incorporarse a la vía, y con total tranquilidad condujo por las calles de la ciudad hasta que el GPS le indicó que había llegado a su destino, una callecita pequeña, en la que apenas entraba un coche al lado de una hilera de vehículos aparcados. Por suerte para él, encontró aparcamiento cerca de un bar. Bajó con el maletín de su portátil, y entró en el local. Localizó un sitio para sentarse en una mesita. Se acercó antes a la barra a pedir un café con leche. El camarero se giró para poner la cafetera en marcha. Pocas personas, un murmullo tímido ocupaba el ambiente. Lo más animado, un programa de televisión al que habían quitado el volumen. Se sentó en la silla, y abrió el portátil. Lo encendió y abrió la sesión.

Se acercó el camarero con su café mientras el portátil se conectaba a la red WiFi. A continuación, ejecutó un programa. Estableciendo conexión privada, pudo leer en la pantalla. Aguardó con paciencia, hasta que el mensaje cambió a Conexión establecida. Inició el programa de mensajería instantánea, y tecleó.

"Buenas tardes, Londres".

Esperó treinta segundos, y en ese momento, sonrió al escuchar que alguien tecleaba a su espalda. De pronto el tecleo cesó, y apareció en su pantalla un mensaje en respuesta.

"Buenas tardes, Dublín".

Tres meses antes...

Ninguno de los dos se hubiera esperado la loca idea que se les había ocurrido aquel día. Eran dos personas completamente normales, que trabajaban en una oficina completamente normal. Londres era una de las chicas del departamento de Administración. Llamaba la atención por la eficiencia en la que gestionaba toda la documentación que pasaba a diario por sus manos. Sin embargo, el puesto no era nada del otro mundo, y llevaba los suficientes meses estancada como para querer hacer un cambio en su vida.

Dublín, por su parte, apenas había aterrizado unas semanas antes en la oficina. Su trabajo en Contabilidad era tan impecable que más de un compañero le había pillado manía en muy poco tiempo, ya que no toleraba el descuadre de la más mínima cifra. Especialmente los de Comercial. Pero no era su problema. Estaba contratado para algo, y así lo hacía.

Probablemente no se les hubiera ocurrido nada de aquel plan si no hubieran acabado un día comiendo juntos por casualidades de la vida. Eran las dos del mediodía. Normalmente nunca coincidían a la hora de comer, pero Dublín había tenido una mañana demasiado ocupada como para hacer una pausa, y su estómago rugía antes de lo habitual. Calentó la fiambrera en uno de los microondas que había instalados, y buscó un sitio donde sentarse.

—¿Está libre? —preguntó a Londres, aunque aún no sabía quién era ella, siendo el asiento de enfrente el único sitio sin ocupante.
—Adelante —ofreció ella mientras continuaba comiendo.

Ninguno se fijó en el otro desde el primer momento. Simplemente eran dos compañeros que se cruzaban en los pasillos y realizaban sus tareas. Pero fue una frase aislada la que desencadenó el inicio de una conversación.

—Idiotas... —dijo Londres.
—Gracias —respondió Dublín con ironía, sin saber si el comentario iba hacia todos los presentes en la sala o no.
—¿Qué? ¡No! ¡Estos idiotas! —dijo ella, y le mostró la pantalla de su teléfono.
Este lo tomó en las manos. Londres estaba leyendo las noticias, y la que había llamado su atención estaba a la vista.

Descubiertos los atracadores al banco por subir el video a YouTube
Desde que el pasado martes el atraco al banco por la noche pillase por sorpresa a toda la comunidad, la policía no había tenido indicios de quiénes habían sido los responsables del "golpe". Sin embargo, en las pasadas horas, un video de un coche conduciendo a mayor velocidad de la estipulada se viralizó en el popular sitio de videos de internet.
Los comentarios que podían escucharse en la grabación daban a entender la huída de una escena del crimen. Las calles que se podían distinguir en el video fueron los que dieron las últimas pistas, siendo el cabecilla de la banda arrestado a primera hora de la mañana. "J.S.", de 45 años, no ha dudado en desvelar la identidad de sus cómplices, después de haberse descubierto en su casa un efectivo de varios cientos de miles de euros...

—Sí, definitivamente, hay que ser imbécil para hacer esto... con lo bien que les había salido —comentó Dublín, y le tendió el teléfono de vuelta a su compañera. Se presentó.
—Encantada —respondió Londres, y le dio su verdadero nombre—. Con lo complicado que debe ser hacer esto sin que te pillen.
—La gente es idiota. No soportan la idea de hacer algo sin que los demás se enteren. "Eh, mirad, acabo de atracar un banco y me voy a ir de rositas, vosotros sois gilipollas por no hacerlo, admiradme".
—Bueno, bueno, menos humos —rió ella—. A ver si te crees que es cosa fácil hacer eso.
—¿Acaso crees que no lo es? —respondió el hombre.
—¡Oh, en serio! —no se podía creer que el otro hablara con total tranquilidad de un tema como atracar un banco—. Perdone usted, no sabía que tuviera un plan para atracarlo.

La sonrisa enigmática de Dublín la desconcertó. Tenía que estar de broma, por supuesto. Nadie cometería la imprudencia de revelar su plan de aquella forma. Pero sin embargo, algo llamaba su atención. No, era imposible. Tal vez por ese humor macabro no solía caer simpático en la oficina. Y aún así, tenía que preguntarlo.

—No lo tienes, ¿verdad?
—Claro que no —dijo, pero no la convenció.

Este terminó de comer, recogió rápidamente, y se fue de allí a seguir trabajando. Pero a Londres había una cosa (entre otras) que no le gustaba, y era que se acabasen las conversaciones de aquella manera. Así que acabó también rápidamente, y salió detrás de Dublín. Le alcanzó a la altura de la máquina de café.

—Oye, tú. No me ignores. ¿Me estás vacilando? ¿Has diseñado un plan para...?
—Sssssssh. ¿Quieres hacer el favor de no gritar? —gruñó él entre dientes—. No es nada serio, ¿vale? Simplemente... estuve pensando en cómo lo haría yo después de enterarme de ese atraco.
—Qué alivio que una persona de la que dependen las cuentas de la empresa esté pensando en atracar un banco. ¿Me lo enseñas?
—Estás de coña.
—Eso pensaba yo, pero me ha llamado la atención. Venga, ¿qué tiene de malo? No me voy a chivar —dijo con tono de niña pequeña.
—Aquí no. Cuando salgamos de la oficina.

Dublín acabó la jornada de trabajo. Algo en Londres había llamado su atención cuando habían comentado la noticia, pero por su parte había hablado de más. Estaba en un lío y debía enseñarle lo que había planificado. A no ser que se escabullera un poco antes de la oficina, claro. Ya pensaría qué hacer a la larga. Tal vez podría mostrarle alguna basurilla. Un plan falso, lo bastante malo como para hacerle perder el interés. Sí, podía encajar. "Me hice el interesante" como excusa.

Lo que él no tenía dentro de sus planes de la tarde era el hecho de que Londres ya le estaba esperando en la puerta. Mierda. Pero intentando aparentar normalidad, salieron de la oficina en completo silencio, al coche de él. Este sacó del maletero un papel en din A-3 escrito a bolígrafo. Aquello ya le gustó poco a Londres. Con el papel bien doblado se metieron en una cafetería cercana, metiéndose en el rincón más alejado del bullicio.

Londres examinó el papel mientras Dublin golpeteaba la mesa con los dedos, expectante. Finalmente ella dejó el papel aparte y dio un trago a su café antes de darle su veredicto.

—Un poco malo, ¿no crees? —dijo—. Si quisiera entregarte a la policía con esto se echarían a reir.
—Es un esbozo. Como ya te dije, no es nada serio.
Aún —puntualizó ella—. Si tienes esto... significa que lo planeas de verdad.
—¿Y qué si es así? —respondió Dublin, irritado—. Tú misma lo has dicho, es malo, esto no podría salir bien de ninguna de las maneras.
—Desde luego. De acuerdo a esto... es como si pretendieras hacer tú todo por tu cuenta.
—¿Crees que es fácil encontrar gente para hacer esto? Olvídalo, es papel mojado, ¿vale? Ya te he dicho que no va a salir adelante. Así que, si me permites, voy a pagar los cafés y no volveremos a hablar de esto.
—Espera —dijo ella cuando él se levantó—. Siéntate.

A Dublin no le gustaba recibir órdenes. Estaba irritado. ¿En qué momento había decidido sentarse frente a ella a la hora de comer? Pero qué remedio. Volvió a la silla, pero en ese momento detectó un cambio en la expresión de Londres. Ya no había una mezcla de curiosidad e incredulidad. Estaba muy seria.

—Necesitas ayuda con esto —dijo señalando el papel—. Yo puedo ser esa ayuda.
—¿Me estás vacilando? —soltó él, incrédulo—. Si apenas nos conocemos.
—Exacto. Somos dos desconocidos. ¿Qué probabilidades habría? —sugirió ella—. Yo estoy harta de trabajar allí. Dar un "golpe" que me solucionase la vida... estaría genial.
—¿Cómo puedo fiarme?
—No puedes —reconoció ella—. Ni yo tampoco de ti. Pero somos lo único que tenemos para cumplir esto. Podemos mejorarlo. Y podemos hacerlo mejor que esos imbéciles que no se les ocurre otra cosa que proclamar a los cuatro vientos su delito.

Dublín se acomodó en la silla mientras reflexionaba. Era cierto que no se conocían. Pero la chica parecía ser inteligente. Él, definitivamente, no podía hacerlo solo. Por su cuenta, como mucho, conseguiría ser abatido a tiros apenas entrando en el banco. Necesitaba su ayuda.

—Muy bien —respondió—. Pero desde este momento no volveremos a mencionar el tema. ¿Tienes ideas? —quiso saber.
—Algunas. Empezando por dónde deberíamos...
—De acuerdo. Ya hablaremos de esto entonces. Y si me disculpas, debo irme, aún no he puesto la lavadora —interrumpió el chico—. Buenas tardes... Londres —la apodó.

Al día siguiente, "Londres" llegó a la oficina a su hora habitual. Después de pillar un café en la máquina, fue a su mesa, y se encontró con un pendrive encima de la misma. No entendió nada al principio, pero se lo guardó disimuladamente en el bolsillo.

Cuando volvió de comer, encontró un post-it amarillo sobre el que se podía leer un breve mensaje. "A las ocho", era lo único que ponía. Eso empezó a escamarla. A pesar de todo, aquello solo podía tener un sentido. Dublín. Le gustaría saber qué era lo que planeaba. Pero por supuesto, eso rompería la estrategia que habían hablado el día anterior. No debían cruzar más palabras de lo habitual en público, que era lo mismo que decir que no debían cruzar palabras. Eso no le gustó.

Salió de la oficina con tiempo de sobra. Llegó a su casa con tiempo de sobra. Se puso a ordenarla y recogerla con tiempo de sobre. Y a las ocho menos diez pensó que sería buen momento de abrir el portátil y ver qué había en el pen-drive de las narices. Aguardó a que terminase de abrirse la sesión, y lo introdujo en el puerto USB.

Una carpeta con dos archivos. Un instalador y un texto. Abrió el segundo en primer lugar, que se llamaba "leeme".

el usuario es londres. la contraseña es 53rd0L. elige la tercera conexion.

Así que un usuario y una contraseña. "Este es capaz de haberme metido algún virus con esta mierda", pensó mientras, resignada, instalaba el programa. Tres minutos para instalarse. Cinco para las ocho. Al fin terminó de instalarse. Lo ejecutó. Una pantalla en blanco con apenas tres opciones. Un menú desplegable y dos cajas de texto. Marcó la tercera conexión del desplegable, y puso el usuario y la contraseña que había en el archivo "leeme".

No tardó en entrar en una especie de chat. No era lo más elaborado del mundo. Solo se veía en la parte superior un aviso en letras negras que rezaban "Dublín está conectado", y en la parte de abajo una caja de texto para escribir. Pero antes de poder hacerlo, apareció un texto sobre dicha cajita:

Dublín. 20:00: Buenas tardes, Londres.

Sonrió. Definitivamente, era él.

Londres. 20:01: Buenas tardes.
Londres. 20:01: ¿Por qué "Dublín"?
Dublín. 20:02: Porque no vamos a utilizar nuestros propios nombres, claro. :guiño:
Londres. 20:04: Bueno, está bien saber que algo tenías bien pensado.
Dublín. 20:05: Este canal es completamente seguro. Nadie podrá rastrear nuestras conversaciones.
Londres. 20:05: Genial.
Londres. 20:06: ¿Qué tienes que contarme?
Dublín. 20:07: Yo hoy poco.
Dublín. 20:07: Ayer dijiste que mi plan no era el mejor. Me encantaría conocer cómo lo mejorarías.
Dublín. 20:08: Socia.
Londres. 20:09: Vale. Te cuento

Empezaron aquella tarde dejando claros los términos de su "acuerdo comercial", como decidieron llamarlo. Lo mejor para ellos sería evitar que se les detectara hablando de algún tema no laboral. Sólo por aquel sistema de chat cifrado tendrían contacto entre ellos para seguir planeando. Jamás usarían sus verdaderos nombres.

En cierto momento habían pensado en qué pasaría si alguna vez coincidían fuera de la oficina, y decidido que lo mejor sería actuar de un modo cortés pero distante, pero en la medida de lo posible, no coincidir mucho. Establecido todo eso, habían empezado a pulir el plan. Había que empezar por definir claramente el objetivo.

Y ahora...

"Se me hace raro que coincidamos en el mismo bar", tecleó él rápidamente. "No es lo que solemos hacer".

Aprovechó para revisar su correo mientras aguardaba a que su interlocutora respondiera.

"Lo sé, pero he pensado que también cabía en lo posible que coincidiéramos en un bar sin darnos cuenta de la presencia del otro. ¿Tienes lo que comentamos?"

Dublín suspiró antes de responder. Sí, lo había conseguido finalmente. La parte de todo el plan que más se temía que no podría conseguir, y por ende, imposibilitaría la ejecución del plan maestro que habían estado cultivando las pasadas semanas. Las armas. Un total de cuatro pistolas. Cada una con un cargador de hasta 30 balas. Adicionalmente, otros cuatro cargadores repletos.

Espero no tener que usar esa mierda contra nadie, pensó mientras escribía a su interlocutora. Era otra de las partes de su acuerdo: ninguno de los dos quería matar a nadie. Simplemente, conseguir una fortuna.

"Sí, ya las he conseguido. Supongo que querrás que te pase las tuyas".

—Por favor, ¿me pone otro café? —pidió al camarero. Se dio cuenta de que tenía la voz un poco ronca antes de hablar con él.
—En seguida.

"Sí. Necesito saber qué voy a usar. ¿Te han parecido cómodas en la mano?"

Recordó el frío metal en su mano.

"Son cómodas, pero parecían un poco pesadas".

Tac, tac, tac, tac... Escuchaba cómo ella seguía escribiendo.

"Definitivamente, tengo que probarlas. Por eso quería que vinieras".

Escuchó un golpecito de clic a su espalda. Una silla moviéndose. Y una mujer que pasó a su lado en dirección a los servicios. Justo al pasar donde su mesa, cayó un objeto. Era la llave de un coche. Dublín estiró la mano y se la guardó en el bolsillo rápidamente.

"¿Qué quieres que haga con esto?", preguntó, aunque sabía que hasta que Londres no regresara no recibiría respuesta. El camarero se acercó en ese momento a servirle el café. Le faltaba un poco de azúcar, pero era el menor de sus problemas en esos momentos.

"Tengo el coche aparcado aquí", fue el primer mensaje que leyó de vuelta, seguido por una dirección. "Es un Volvo rojo. La matrícula es esta", siguió leyendo. Intentó memorizarlo, en cuanto cerrasen la sesión de chat, los mensajes se perderían para siempre. "Hoy no voy a cogerlo, así que... las puedes dejar en cualquier momento de la noche".

"Recibido. ¿En el maletero, supongo?"

"Sí. Si están bien... creo que podríamos hacerlo en una semana".

"Es un poco precipitado, ¿no?"

"Si esperamos a estar preparados nos pasaremos la vida esperando. Yo no aguanto más en esa oficina. ¿Y tú?", escribió ella rápidamente. Se le iban a derretir las huellas dactilares.

"Tampoco. Simplemente, no contaba con que llevaríamos el plan a cabo".

"Cuento contigo, Dublín. Voy a irme ya."

"Buenas tardes".

Oyó como a su espalda cerraban un portátil deprisa. No miró mucho mientras veía a Londres acercarse a la barra, dejar unas monedas sobre la mesa y salir de allí rápidamente.

Sentir el aire contra el rostro le sentó muy bien a Londres. Realmente la idea era un disparate. Se podían echar atrás en cualquier momento. Ambos lo sabían. Pero ninguno se atrevía a decirlo. De todas formas, si habían llegado hasta allí, era tontería desperdiciar las horas que se habían pasado planeando cada paso que dar, cada movimiento que harían. El plan era rematadamente perfecto.

Pronto acabará todo, pensó. Pero tenía una seria duda sobre si podría sujetar un arma debidamente.

Sandman, de Neil Gaiman (vol. 1)

Entre series, lectura, y FanFiction, este blog podría ser fácilmente un figurante de "The Walking Dead", pero de vez en cuando me da tiempo de retomarlo, en este caso, para comentar una de mis lecturas.

Recibí sorpresivamente el primer volumen de cinco de "Sandman", de Neil Gaiman. Sin tener mucha idea sobre el personaje. Bueno, poca. Vale, ninguna, aunque tenía pendiente conocer la obra de Gaiman ("American Gods", eres el siguiente, que lo sepas).

El caso es ese, que apenas conocía que Sandman era una revisión de Gaiman del personaje del "Arenero", ese personaje que se supone que echaba arena en los ojos de la gente para dormirlos y ayudarles a soñar. Leyendas, vamos.

Me apetece hacer un chiste sobre si echarle arena en los ojos a la gente los dormirá o se los irritará más bien, por aquello de que me tomo todo con humor, pero lejos de eso, voy a ponerme con el comic.

Pues bien, este Sandman (o Morfeo) es un personaje de DC, uno de los siete Eternos, quien gobierna el Reino de los Sueños, y cuya vida vamos descubriendo, tanto a través de sus propias viñetas como de las narraciones de otros personajes acerca de él. Y, todo sea dicho, cuyo aspecto me recuerda a una versión del profesor Snape pero en despeinado.

Voy a empezar por lo que primero se contempla de un cómic, o novela gráfica, o cualquier medio narrativo que se apoye en el sistema de la imagen para transmitirse: el dibujo. Soy una persona que siempre ha habido algo que el estilo de dibujo que nos podemos encontrar en Sandman le ha tirado un poco para atrás a la hora de leer "cómic americano". No voy a negar que me arrepiento de esto, la primera vez que vi un estilo de dibujo de esta índole, por mi cabeza pasó un "¿Pero qué demonios...?". Bueno, errare humanum est y rectificar es de sabios.

Ya desde la lectura que hice de "V de Vendetta" he aprendido a valorar este estilo de dibujo, tanto para las escenas más cotidianas, como los despliegues de arte que ocupan dos hojas enteras de la obra. Y para muestra, un botón de cada.
Viñeta del capítulo 8, "El sonido de sus alas"

Viñeta del capítulo 4, "Una esperanza en el infierno"
Creo que no hay que añadir mucho más, valoro mucho tanto el conjunto del esfuerzo que supone dibujar todo eso como el hecho de que, más allá de que parezca "feo", es en realidad hermoso. Soy un poeta.

Y ahora, la trama. Con SPOILERS del primer capítulo especialmente.

Gaiman empieza la historia de Sandman cuando un humano llamado Roderick Burgess intenta aprisionar a la Muerte, pero por un error, es Sandman (Sueño) quien termina cautivo durante muchos años sin poder moverse de su prisión. Las viñetas nos van narrando el paso del tiempo en el mundo de los mortales, y cómo la ausencia de Sandman empieza a causar estragos en el mismo. Alteraciones en los sueños, en los ritmos circadianos de la gente. En resumen, el concepto de que los seres de cierta índole no deberían ser tocados ni alterados por los seres humanos.

Y cuando (SPOILER) Sandman logra por fin su libertad, empiezan las historias. Vemos a un Sandman que quiere recuperar sus poderes. Vemos las consecuencias que tuvieron sus muchas décadas de encarcelamiento en la Tierra.

Como ya he mencionado, es un personaje de DC, y a lo largo de este primer tomo, nos encontramos diferentes referencias, e incluso interacciones con personajes como la Liga de la Justicia y el doctor Destiny, entrelazados con este Sandman, y que lejos de quedarse en meras anécdotas, forman una parte importante en las tramas que protagonizan.

Pero no solo el mundo terrestre es mostrado con gran atractivo narrativo en la historia. Muchos otros mundos, como el propio Reino de Sueño, y personajes de lo que llamaríamos el más allá son presentados en la obra, y ninguno, o prácticamente ninguno, tiene una relevancia de pasada en la trama de los números que recopila el primer tomo.

Incluso en esos capítulos en los que la trama parece ajena al resto de la obra, o no se entiende qué pinta cierto personaje de pronto, todo queda unido y bien hilado en las casi quinientas páginas de este primer recopilatorio.

Me ha cautivado, no hay duda, y de hecho le he dado la puntuación de 5/5 estrellas en GoodReads. He dado 14 veces con esta dicha puntuación únicamente, así que puedo afirmar que ha sido una de las mejores lecturas que he hecho este año. Y tengo ganas de pillar el volumen 2.

1984. Capítulo 1. De cómo la Gran Hermana se ganó tal apodo

Llevo ya varios meses trabajando para el Miniver. Y en mejores circunstancias, no tendría queja al respecto. A nivel técnico me he podido enfrentar a retos profesionales de diferentes niveles. Y me gusta, joder. Me gusta porque me gusta el oficio de informático, por más que se empeñen en desprestigiarlo, por más que se empeñen en pensar que tenemos un privilegio por trabajar en lo que nos gusta...

Y aquí voy a hacer el primer paréntesis. Y quizá el último. No sé. Es lo que tiene improvisar las entradas y que te de igual. Porque me revienta las pelotas que el hecho de que te guste el oficio hace merecer cohrar menos o algo. ¿Que un médico o un ingeniero no disfrutan de su trabajo o qué? Que sí, que habrá muchos que llegó su viejo y dijo "Tú vas a estudiar medicina porque se me ha puesto a mi en los huevos". Pues tengo compañeros de oficio que pasaron justo la reacción contraria. La negativa de su progenitor por estudiar lo que le gustaba.

Al lío, que me gusta mi trabajo a pesar de que hay días de esos en que cerraba la tapa del portátil, lo estampaba contra el suelo y salía por la puerta bailando una conga en solitario al grito que "Que os den por el culo".

Y como iba diciendo, estoy trabajando para el Miniver. Sí, habréis notado, tanto por el título del capítulo como el bautizo que le he dado al sitio que me da dolores de cabeza, que hago un porrón de referencias a Orwell y su famosa novela, 1984. Y va siendo hora de justificarlo. No sufráis. Os presentaré también al señor O'Brien en el próximo capítulo.

Aterrizó en el Miniver a los pocos meses de mi llegada. Yo empezaba a acomodarme en el puesto tanto en los niveles técnicos como sociales (nunca me acostumbraré a ser el nuevo en ninguna parte, pero tengo que admitir que en la jaula donde estoy he conocido a gente cojonuda y desde aquí os mando un saludo, cabrones, si no fuera por vosotros me habría vuelto loco...). Y su llegada tranquila, apaciguada, con un aspecto de "soy una profesional y aquí vamos a hacerlo todos lo mejor que podamos" vino a ser como la calma previa a un huracán. Un huracán del que no hemos salido, y que los momentos de tranquilidad no suponen más que estar en el centro del mismo. Soy un poeta.

Pasaron las primeras semanas y todos seguíamos haciendo lo que mejor se nos daba: trabajar cuando había trabajo, tomar café para rajar de alguna cosa que nos había pasado cuando había que hacerlo, seguir trabajando. Un día detrás de otro, pausando los fines de semana para volver el lunes a un trabajo que, a pesar de ser duro en ocasiones, merecía (y merece) la pena por los que trabajamos ahí codo con codo.

Pero un lunes (palabra que evoca mis mayores pesadillas) de pronto todo cambió. Resultaba que todo lo estábamos haciendo mal. Desde la gestión del tiempo hasta la manera y forma de realizar nuestras tareas. Todo estaba mal y ella era capaz de realizarlo (sobre papel) con un 200% o 250% más eficazmente que todo el equipo. Aún hoy me gustaría comprobar semejantes habilidades sólo alcanzables por una deidad.

Y todo cambió. Nuestro tiempo dejó de ser nuestro. Todos teníamos una serie de tareas vigiladas de forma constante, que debían ser justificadas de forma constante, buscando cualquier momento libre constantemente para terminarla y pasar a otra de un modo constante, amén del trabajo rutinario, el cual ocupaba casi toda la jornada, y que todos (o casi todos) los que han trabajado en un Soporte Informático conocerán como "ir apagando los fuegos que provocan hordas de usuarios".

No sólo eso, sino que todo estaba tan mal que no iba a tardar en provocar la masacre. Empezar el sistema de cero, pasando por encima de todo lo que hiciera falta. Que para algo mandaba ella, faltaría más.

Cambios, cambios, cambios. Uno debe saber adaptarse a los cambios. Pero no es lo mismo cambiar tipo "en lugar de organizar el trabajo en un archivador común vamos a tener cada uno el nuestro para que veamos qué tenemos entre manos" a cambios tipo "el contable tiene que saber mantener la red inalámbrica del edificio". La falta de lógica se me atraviesa como un huesecillo en la garganta. Y ahí lo tengo alojado desde hace tantos meses que ya parece que ha formado parte de mi anatomía toda la vida.

Se depuraron las responsabilidades, se reorganizó una y mil veces la forma de trabajar. Me hace gracia, nunca hemos encontrado la buena. Y curiosamente, la culpa es siempre de la parte técnica. El reconocimiento de los propios errores es un concepto desconocido.

Pero volvamos a cuatro párrafos antes. El tiempo, el tiempo, el tiempo. El tiempo es oro, pero pagado a precio de papel de plata. Tanto es así que ahora hay que justificarlo todo. Cada acción que se haga, cada movimiento, todo debe estar puesto en conocimiento de la Gran Hermano. Delegar responsabilidades y confiar en tu equipo es de comunazis y hippies. Debo decir que no es la primera vez que me toca estar bajo las órdenes de una persona (en aquella vez anterior se trataba de un hombre, aunque más bien me gusta definirlo como un desastre) ávida de saber en todo momento los hilos que se mueven en su red y por qué nodo. El profesor Moriarty pero en la vida real. Terrible.

Después de dos semanas en que no he parado de hacer cosas (tan variopintas como ajustar un servidor como conectar el cable de alimentación a un monitor "que no funciona me cago en todo cambiámelo puta mierda esta...") y por tanto, perder el tiempo en dejar constancia de todo lo que hago me ha parecido (y me sigue pareciendo) una tarea menor, me ha insinuado (otra característica de la Gran Hermana; no te dice las cosas abiertamente, sino con indirectas; la forma más mezquina que se me ocurre de que un empleador puede tratar a su empleado) que podría despedirme.

Hay días en que sólo por curarme en salud me harían un favor.

(Más) Recomendaciones por el Día Internacional del Libro

Como suele ocurrir por esta fecha, lanzo mi lista personal de recomendaciones de lectura, así que me dejo de rollos y empezamos.

"Por trece razones" ("Thirteen Reasons Why") de Jay Asher. Una de mis lecturas más recientes que me interesaba conocer después de haber visto la primera temporada de la adaptación de Netflix.

Clay recibe una caja de cintas de cassete en las cuales Hanna Baker, una chica que recientemente se ha quitado la vida, desglosa los motivos y las personas que le han llevado a tomar tal decisión.

Es innegable que el argumento rezuma curiosidad morbosa, pero resulta también ser una reflexión curiosa de cómo los actos que pueden parecer inocuos, poco a poco, convierten un copo de nieve en un alud de destrucción. Recomendado leerlo con ojo muy crítico.

"Veinte" de Manel Loureiro. Con muy pocas novelas este autor español ha conseguido hacer que me enganche a las novelas que publica, y después de dos años desde su última novela, tenía los dientes muy largos por esta aventura.

Dos siglos después de una epidemia que acabó con casi toda la humanidad, esta amenaza con volver a repetirse. La clave de su salvación puede estar en el número veinte. Una de las supervivientes de la anterior plaga tiene un plan para salvar a la gente.

Manel nos zambulle desde las primeras páginas con el apocalípsis anunciado hasta la nueva era de supervivencia de la raza humana.

"Sherlock" de Jay. El mangaka japonés adaptó con gran acierto la primera temporada de la genial serie de la BBC.

El doctor Watson acaba de regresar de servir en Afganistán cuando un amigo de su época de estudiante le presenta a un posible compañero de piso. Solo con un vistazo, ese hombre deduce que Watson es un médico militar que ha regresado de Oriente Medio, que tiene un familiar alcohólico y que va a terapia. Ese compañero de piso se llama... Sherlock Holmes.

Es transformar la serie en papel. ¿Merece la pena después de haber visto la serie? Indudablemente. Podemos disfrutar en español de los tres primeros episodios tanto en tapa blanda como en tapa dura.

"Una serie de catastróficas desdichas" ("A Series of Unfortunate Events") de Lemony Snicket (Daniel Handler). Después de no convencerme mucho la película de 2004, y a pesar de ello darle una oportunidad y disfrutar mucho con la primera temporada de la serie en Netflix, me animé a leer los 13 libros que componen esta saga.

Violet, Klaus y Sunny Baudelaire son tres niños que terminan huérfanos después de un incendio que termina con sus vidas tal como las conocían. Su nuevo tutor es el Conde Olaf, un hombre con aire siniestro... y comportamiento siniestro.

Humor negro, innumerables referencias a la literatura clásica, y un título que no engaña: las vidas de los hermanos Baudelaire son catastróficas desde Un mal principio hasta El fin.


"Cicatriz" de Juan Gómez-Jurado. Ese libro que compras sin saber de qué va. Pues es lo que me pasó con "Cicatriz". Y aquí estoy, recomendándolo.

Simon Sax es un desarrollador informático con pocas habilidades sociales. Su programa puede ser un gran éxito, el cual le catapultaría a la fama, al dinero, a las mujeres... y él quiere conocer a una que le quiera de verdad antes de no poder saber si se acercan a él por amor o por interés.

Su historia se entremezcla con la de Irina, una joven con una cicatriz en la mejilla y un oscuro pasado, de forma que el autor nos ofrece un desarrollo interesante de los implicados en una trama de venganza, mafias y sentimientos encontrados.

"Drácula" de Bram Stoker. ¿Qué decir de esta obra? Stoker presentó a un personaje que ha trascendido en nuestra cultura pop, en mejores y peores adaptaciones.

En forma epistolar, descubrimos la historia del conde Drácula, un misterioso personaje que decide adquirir varias propiedades en Londres. Jonathan Harker será el primero en conocer a este hombre de hábitos nocturnos con aire misterioso, mientras en su tierra natal se empieza a descubrir algo maligno.

Me dejó enganchado desde el inicio hasta el final. Un clásico donde los haya.

"Ready Player One" de Ernest Cline. No podía cerrar la lista sin hacer mención a la novela que ha sido adaptada al cine de la mano de Spielberg el pasado mes de marzo.

Es el año 2045 y ha fallecido James Halliday, creador de la plataforma OASIS, el mayor RPG de la historia, que les ofrece innumerables mundos, y antes de morir, ocultó su testamento dentro del juego: quien encuentre tres llaves y pase por las tres puertas, heredará su fortuna y la propiedad de OASIS.

Una aventura de ciencia-ficción llena de referencias a la cultura pop de los años ochenta de la cual se disfruta cada página.

Esto ha sido todo. Espero que la lista os haya resultado interesante. Y eso. Adiós.

Ready Player one (2018)

Hola.


No, no he podido evitar la coñita. Llevo muchísimo tiempo sin publicar. Pero nunca es tarde si buena sombra cobija cien años de perdón... o algo así. Venga va, al lío.

He pasado tres años encerrado en Azkabán esperando esta película. Desde que leí el libro tenía muchas ganas de verlo adaptado a la gran pantalla (o a la pequeña, si Netflix la hubiera producido y estrenado en su plataforma seguiría siendo una película). Ya en aquel entonces se sabía que Warner había adquirido los derechos, y por fin tenemos aquí el resultado. Posibles spoilers así que no sigas leyendo si blablabla...

Como la novela original, la película (co-guionizada por Ernest Cline, el autor; y Zak Penn) nos sitúa en un futuro no muy lejano. En el año 2045 el mundo está hecho una mierda y la gente prefiere pasarse el día en Oasis, el videojuego de realidad virtual más grande que permite hacer de todo. Wade Watts, alias Perzival, es el protagonista, el cual tiene la intención de hacerse con el Huevo de Pascua de Oasis: el legado del creador del juego, quien antes de fallecer ocultó tres llaves en el inmenso conglomerado del juego. Siendo el juego la mayor fuente de beneficios del planeta, la segunda compañía más grande del mundo también persigue conseguir estas llaves y dominar la plataforma.

La trama...

Vale decir que la película hace las mismas paradas que el libro. Eso sí, con vías diferentes, lo cual es un golpe de acierto. Aunque disfruté mucho con las pruebas y el planteamiento del libro, dichos desafíos se disfrutan con la lectura, y resultaría inviable convertirlas en película sin llegar a las cuatro horas de metraje, o hacer dos películas. E incluso tres. Y ya está bien del abuso de las productoras con ese juego (aunque por supuesto esto hace que algunas partes cojeen. Tampoco es una obra perfecta). Debo decir que, a la inversa, lo que se ve en pantalla tampoco se puede llevar al libro de manera "que guste".

Resulta interesante ver además la diferencia de planteamiento. En la película se hace una llamada mucho mayor a la revolución, al no aceptar que una multinacional controle el mundo, mientras que en el libro, aunque se busca el mismo objetivo, parece que es una lucha más freelance entre los diferentes clanes y la empresa imperial.

Cierto es que la película cambia los momentos de calma del libro por otros de más acción (la carrera "a lo Mario Kart" en el mundo real mientras estás en el juego no tiene mucho que ver con el estar en una sala equipada para poder jugar en condiciones óptimas), o incluso cambiar algunos elementos, desde el momento de conocerse de Perzival y Art3mis o quién termina en las oficinas de IOI. Pero disfruto estos cambios entendiendo que no deja de ser una película, y tienen que ofrecer acción.

¿Un fallito? Aunque fuera de pasada, estaría bien explicar que no todo en Oasis es combate y hay zonas libres de los mismos para tener una vida más normalidad.

Los personajes...

No voy a negarlo. Se ha sacrificado mucho del desarrollo de estos personajes. Y eso que la película no es especialmente corta (140 minutacos), pero siguen sin ser suficientes para el elevado ritmo de la película. Es lo que pasa cuando algo que en el libro tarda meses en ocurrir lo pasamos a una carrera contrarreloj.

Veo mucho de Perzival en la película, pero falta algo. Concretamente ¡spoilers! me faltan esas semanas que se pasó sin ver a Art3mis tras declararle su amor. Me falta que ¡spoilers! Hache profundice en su pasado (y no es que hayan omitido el detalle sobre su sexualidad). Y aunque es cruel, me falta que ese protagonista caiga. No, la explosión no me es suficiente. Nolan Sorrento es un personaje cruel, y que enviara terminar con uno de los protagonistas como si fuera Conspiración en la red (2001) daría más terror que el hecho de tener a una ayudante sicaria que tampoco es que sea especialmente letal.

Sin embargo, en líneas generales responden bien a sus homólogos de la novela.

La búsqueda del huevo y otros eastereggs...

Como he dicho antes, las pruebas a las que deben enfrentarse en el libro, así como las referencias, no tienen nada que ver. Comprensible. Por un simple tema de derechos de autor, no puedes mostrar cosas que han pertenecido a otras productoras salvo con acuerdos sustanciosos.

A pesar de lo cual, los sustitutos elegidos son muy acertados para un medio como es el audiovisual. Y no sólo eso, con el autor de la novela haciendo el guión, creo que habrá elegido los que ha considerado mejores para llevar a la pantalla. No voy a quejarme.

El despliegue audiovisual...

Podrá saturar. Podrá parecer excesivo. Pero el concepto de Oasis ha quedado muy bien visto en el la película: se puede hacer de todo, y sus mundos se pueden ver en unas tomas geniales mientras se desarrolla el film. ¿Que se echan algunas en falta? Pues sí. Personalmente, podrían haber añadido el castillo de Hogwarts, cuyos derechos también pertenecen a Warner. Oye, que eso no es de la cultura pop de los ochenta. No te jode, Minecraft tampoco y bien que aparece.

Debo decir también que esta película tiene demasiados guiños. Demasiados quiere decir que no da tiempo a fijarte en todos (y lo mismo Hogwarts anda por ahí y no he podido fijarme). La verdad, me gustaría verme la película en 4K y slow-slow-slow-slow motion para poder fijarme en todos esos pequeños "eastereggs". No puede ser menos, por algo la película gira en torno a uno.

Y también voy a decirlo: el 3D es una mierda. En Oasis queda bien, pero muchas escenas del mundo real tienen el efecto metido en post-producción, y eso mezclado con nativo queda fatal, máxime cuando hacer varios cambios de uno a otro en muy poco tiempo.

En resumen...

Me ha gustado, y he disfrutado de la película en todo su esplendor. Puedo perdonarle los fallos que he comentado por lo que ya he dicho: es una película, tienes que condensar. Además, si se hace bien, no hay nada de malo en que el film no siga la novela a pies juntillas (no como Dragonball Evolution).

8/10 es la puntuación que considero que merece. ¿Soy generoso? Es posible, pero lo merece por el espectáculo visual que han montado. ¿Volveré a postear? Es posible, pero tiene que apetecerme. ¡Saludos! 

Leido: Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne

Disfruté mucho cuando, hace años, en el instituto, en las lecturas entró La vuelta al mundo en ochenta días, de Julio Verne. Y ahora que he decidido ponerme un poco al día con más lecturas clásicas, quise darle la oportunidad a Viaje al centro de la Tierra.

Obviamente, que una novela sea buena, no hace que el autor de la misma únicamente escriba maravillas, y tengo que decir que Viaje al centro de la Tierra me ha sabido a poco. Una premisa interesante que al final, se queda un poco corta. Ah, sí, alterta de spoilers.

La premisa parte con Axel, un joven alemán que vive con su tío, el profesor Lidenbrok, un reputado minerólogo. Un día, Lidenbrok llega a casa con un extraño manuscrito, en cuyo interior hay un pergamino extraño. Al descrifrarlo, se topan con un mensaje de un alquimista llamado Arne Saknussemm, en el cual refleja, teóricamente, cómo se podría acceder al centro de la Tierra. Lidenbrok no duda en partir de inmediato a Islancia, donde se haya la "puerta".

Obviamente, el propio libro ya presenta el debate sobre el núcleo terrestre, el aumento de la temperatura, etc. Sin embargo, con ese tema al margen, nos encontramos con una historia que entretiene por momentos, mientras que por otros se puede hacer terriblemente densa.

Verne nos muestra a lo largo de la ruta de los personajes una exhaustiva descripción de... piedras. La novela entera podría ser un homenaje a la minerología. Axel, quien hace las veces de narrador, nos hace gala de líneas y líneas y líneas y líneas... describiendo las rocas y los pasadizos que se van encontrando en su ruta al interior del globo terrestre. Algo que, en según qué puntos, frena terriblemente el avance de una trama, la cual, todo sea dicho, termina bastante abruptamente.

A través de los ojos de Axel conocemos a los tres personajes principales de la novela (por no decir los únicos). Él es un joven pasional, con miedos comprensibles, pero que tiene demasiado miedo a su tío como para enfrentarse a él y acepta sus palabras, al verse derrotado intelectualmente por la falta de pruebas sólidas de sus teorías, enfrentandose a las escépticas opiniones de su tío. Lidenbrok es más temperamental, la impaciencia personificada, quien sólo sabe avanzar hasta llegar a su objetivo, a cualquier precio. Su objetivo es probar que el interior de la Tierra no es puro magma. Por último, tenemos a Hans, cazador y guía de Axel y Lidenbrok, prácticamente un autómata que ni siente ni padece, y se limita a actuar en beneficio de la expedición, a pesar de desconocer su verdadero objetivo.

Y realmente... no hay mucho más que contar de esta novela. Es ligera, y se hace ligera en líneas generales (salvo aquellos momentos ya mencionados de descripciones sobre piedras), pero sin llegar a observar cambios notables desde la partida en Alemania hasta la incursión dentro del volcán Sneffels. La única excepción, quizá, la del propio Axel, que según avanza la aventura, se muestra poco a poco menos contrario a pensar que el centro del planeta no está formado por lava. Pero al margen de eso, poco.

Descripciones, todas las que se quieran, pero el elenco de personajes es sumamente escaso. Y por supuesto, desde el interior del volcán, tampoco hay pasajes altamente memorables, salvo las propias opciones de sobrevivir, y aquel momento en que (spoilers), se topan con un gran lago subterráneo, el cual tiene su propia climatología, así como formas de vida interesantes, pero los cuales no son suficientes para potenciar una novela que peca un poco en su tardanza en llegar a estos puntos.

¿Valoración general? Aprobada con un seis. No desagrada en absoluto, pero esperaba más, algo más de acción. Y creo que esta novela (y me veo obligado a soltar una pequeña pullita) sufre de lo mismo que su adaptación animada, Willy Fog 2 (parte 1): que no es tan buena, ni de lejos, como La vuelta al mundo. ... Y sí, Viaje al centro de la Tierra se publicó mucho antes, pero aún así.